Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (2023)


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Economía. Teoría y práctica, NUEVA ÉPOCA, no. 6

1996

DCSH, División de Ciencias Sociales y Humanidades, UAM, Universidad Autónoma Metropolitana

México

El análisis de la balanza de pagos, para los que tienen prisa

Raúl Morales Castañeda
Profesor-investigador titular del Departamento de Economía de la uam-Azcapotzalco


Este texto es una versión sucinta del trabajo La balanza de pagos y su integración a las cuentas nacionales: Estructura contable y aspectos analíticos, libro en preparación, del mismo autor.

Estoy en deuda con mi colega y amigo, el profesor Eloy González,
quien leyó con simpatía la penúltima versión de este artículo e
hizo innumerables sugerencias para mejorarlo en diversos puntos.
Dos dictaminadores anónimos hicieron comentarios a una versión
previa. María de Jesús Vázquez ayudó en la preparación de los
cuadros. La responsabilidad del texto final es exclusiva del autor.


Introducción

Para establecer la naturaleza y la magnitud de las transacciones económicas de los residentes de un país con los residentes del exterior, así como para apreciar sus implicaciones económicas generales, son necesarias la utilización y la comprensión de las balanzas de pagos. Entender la forma y el carácter de los registros que se realizan en esas balanzas es necesario, por otra parte, para hacer un uso adecuado de la información estadística contenida en ellas. Esto hace conveniente la comprensión de la estructura de las mismas y del significado de sus componentes.

El presente es una síntesis de un trabajo más amplio que examina los aspectos contables y estadísticos básicos de las balanzas de pagos, tal y como han sido compiladas y presentadas por el Banco de México en años recientes. Proporciona, de esa manera, los elementos fundamentales para interpretar el estado global de las relaciones económicas del país con el exterior.

El examen conceptual de la balanza de pagos es usualmente el punto de partida para el estudio de lo que se incluye en el campo de análisis de los aspectos monetarios del comercio exterior; es decir, el examen del mercado de divisas, de diversos enfoques en el análisis de la devaluación y el estudio de los sistemas cambiarios y sus implicaciones para las políticas macroeconómicas. En las recién pasadas décadas, este campo ha evolucionado hacia la elaboración de una variedad de modelos dentro de lo que genéricamente se llama macroeconomía de una economía abierta. El estudio de esos temas puede emprenderse a partir de una serie de manuales cuyo propósito es, precisamente, el de analizarlos.1 Este texto, sin embargo, sólo tiene como objetivo examinar dicho punto de partida, la balanza de pagos conceptual y estadística, tal y como se le elabora y presenta en México.

Incluso ciertos aspectos contables y analíticos de la balanza de pagos, en su relación con las cuentas nacionales de producción e ingreso y las del sector monetario-financiero, de una importancia y riqueza significativas, son examinados aquí de manera limitada, dada la extensión del texto y su carácter sucinto. Estos aspectos son tratados por el autor de manera amplia en otro lugar.2

En la sección I se proporcionan una definición y una caracterización rápidas de la balanza de pagos. En la sección II, por su parte, se presentan las balanzas de pagos estadísticas del Banco de México y se describe su estructura de cuentas. En la III se explican los principios de registro de las transacciones, de acuerdo con las prácticas contables de la partida doble y los criterios establecidos por la cuarta edición del Manual de balanza de pagos del fmi (1977), el cual proporciona la base metodológica que tiende a seguir el Banco de México en la actualidad. En la sección IV se ofrecen doce ejemplos de registro de transacciones de acuerdo con los criterios señalados, lo cual permite una comprensión más clara tanto de los principios de registro como del significado de las balanzas de pagos estadísticas que suele presentar el Banco de México. En la sección V se examinan las balanzas parciales de carácter analítico y algunos de sus posibles usos. Por último, en la sección VI se presentan elementos del análisis de la balanza de pagos para caracterizar el estado global de las transacciones económicas y de los pagos de un país con el exterior.

I. Definición

La balanza de pagos usual es un registro estadístico, con formato contable, de las transacciones económicas de todo tipo entre los residentes de un país y los residentes del resto del mundo, que suele calcularse para periodos anuales o trimestrales.

Con ella sucede, sin embargo, lo que con Catalina la Grande de Rusia, cuyo nombre llamaba a engaño. Catalina, ni se llamaba así, ni era grande, ni era de Rusia. La balanza de pagos, a su vez, aunque su nombre pudiera sugerirlo, no es un balance ni registra pagos de manera exclusiva. Dimensionalmente se parece a un estado de usos y fuentes de recursos, y como él registra flujos de recursos reales o financieros durante periodos específicos. Difiere por tanto de cualquier balance, el cual mide acervos o existencias en fechas determinadas.3 Por otra parte, como se verá más adelante, en ocasiones registra transacciones que no implican pago alguno.

Usualmente registra también algunas transacciones que ocurren sólo entre residentes del país para el cual se compila, e incluso registra cambios en ciertos rubros que

no corresponden a transacciones propiamente dichas.4

II. Las balanzas de pagos estadísticas del Banco de México


1. Rubros principales

La mejor manera de empezar a estudiarlas es mediante su observación. En los cuadros 1 al 3 se encuentran las balanzas de pagos correspondientes a varios años, tal como en su oportunidad las presentara el Banco de México. En cada una de ellas el lector observará cuatro rubros principales: la cuenta corriente, la cuenta de capital, los errores y omisiones y la variación de la reserva bruta del banco central.

La cuenta corriente registra el valor del flujo de exportaciones y de importaciones, tanto de bienes como de servicios no factoriales y de servicios factoriales, además de las transferencias otorgadas a, o recibidas por, los residentes del país. El flujo de exportaciones corresponde a demanda del exterior que se dirige a la producción interna; el flujo de importaciones a demanda interna que se dirige a la producción del exterior.

Cuadro 1
México. balanza
de pagosa
(Millones de dólares)
Concepto

1993

1994

I. Cuenta
corriente

-23 399.20

-28 785.5

A. Ingresos

67 752.1

78 102.7

1. Exportación de
mercancíasb

51 886.0

60 882.2

2. Servicios no
factoriales

9 419.2

9 737.3

a) Viajeros

6 167.0

6 317.1

b) Otros

3 252.2

3 420.2

3. Servicios
factoriales

2 790.0

3 452.3

a)
Intereses

2 048.0

2 699.6

b) Otros

742.0

752.7

4. Transferencias

3 656.9

4 030.9

B. Egresos

91 151.3

106 888.2

1. Importación de
mercancíasb

65 366.5

79 345.9

2. Servicios no
factoriales

11 549.2

11 909.8

a) Fletes y
seguros

2 180.7

2 639.8

b) Viajeros

5 561.8

5 362.0

c) Otros

3 806.7

3 908.0

3. Servicios
factoriales

14 219.1

15 615.4

a)
Intereses

10 934.4

12 031.4

-
De valores moneda nacional

2 874.4

2 437.6

-
Otros intereses

8 060.0

9 593.8

b) Otros

3 284.7

3 584.0

4. Transferencias

16.5

17.1

II. Cuenta de
capital

32 582.1

11 548.6

A. Pasivos

36 184.7

17 018.6

1. Por créditos y
depósitos

2 876.6

852.8

a) Banca de
desarrollo

193.6

1 329.3

b) Banca
comercial

3 427.9

1 180.6

c) Banco de
México

-1 174.9

-1 203.2

d) Público

-2 402.1

-1 690.3

e) Privado

2 832.1

1 236.4

2.Inversión extranjera

33 308.1

16 165.8

a) Directa

4 388.8

7 979.6

b) De
cartera

28 919.3

8 186.2

-
Mercado accionario

10 716.6

4 087.7

-
Valores moneda nacional

7 405.7

-2 225.3

a) Sector
público

7 012.7

-1 942.3

b) Sector
privado

393.0

-283.0

-
Valores moneda extranjera

10 797.0

6 323.8

a) Sector
público

4 872.0

3 979.8

b) Banca
comercial

1 345.0

100.0

c) Privado no
bancario

4 580.0

2 244.0

B. Activos

-3 602.6

-5 470.0

1. Bancos del exterior

-1 280.4

-3 503.5

2. Créditos al exterior

-281.1

-40.8

3. Garantías de deuda
externa

-564.3

-615.1

4. Otros

-1 476.8

-1 310.6

III. Errores y
omisiones

-3 142.3

-1 649.5

IV. Variación de la
reserva bruta

6 083.2

-18 884.4

Ajustes oro-plata y
valoración

-42.6

-2.0

a Cifras preliminares.

b Incluye las de las maquiladoras.
Fuente: Tomado de Banco de
México, Informe anual, 1994.

Cuadro 2
México. balanza
de pagosa
(Millones de dólares)
Concepto 1991 1992
Cuenta
corriente

-13 789
c

-22 809

Ingresos

57 135

60 855

Exportación de
mercancíasb

42 688

46 196

Servicios no
factoriales

8 714

9 104

Viajeros al
interior

3 784

3 868

Viajeros
fronterizos

2 099

2 129

Otros

2 831

3 107

Servicios
factoriales

3 529

3 151

Intereses

2 906

2 509

Otros

623

643

Transferencias

2 205

2 404

Egresos

70 924

83 664

Importación de
mercancíasb

49 967

62 129

Servicios no
factoriales

10 541

11 488

Fletes y
seguros

1 758

2 084

Viajeros al
interior

1 879

2 079

Viajeros
fronterizos

3 934

4 028

Otros

2 970

3 297

Servicios
factoriales

10 398

10 027

Intereses

8 390

7 743

Otros

2 007

2 284

Transferencias

19

19

Cuenta de
capital

24 134

25 955

Pasivos

25 133

22 289

Endeudamiento

10 501

3 370

Banca de
desarrollo

2 341

1 730

Banca
comercial

5 253

804

Banco de
México

-220

-460

Público no
bancario

-586

-3 709

Privado

3 714

5 005

Inversión
extranjera

14 632

18 919

Directa

4 762

5 366

De cartera

9 870

13 553

De renta variable

6 332

4 783

De renta fija

3 538

8 770

Activos

-1 000

3 666

En bancos del
exterior

921

2 191

Créditos al
exterior

19

-878

Garantías de deuda
externa

-604

542

Otros

-1 335

1 811

Errores y
omisiones
Banco de
México
Variación de la reserva
brutac

7 822

1 161

Ajustes oro-plata y
valoración

316

12

aCifras
preliminares.
bIncluye las de las maquiladoras.
cLa
reserva está computarizada con el criterio del Fondo Monetario
Internacional.
El signo negativo significa egreso de
divisas.
Fuente: Tomado de Banco de México, Informe anual,
1992.
Cuadro 3a
México. balanza
de pagosa
(Millones de dólares)
Concepto 1987 1988
Saldo de la cuenta
corriente
3 966.5 -2 901.2c
Ingresos 30 568.6 32 463.1
Exportación de
mercancíasb
20 656.2 20 657.6
Servicios no
factoriales
6 957.7 8 416.9
Servicios por
transformación
1 598.1 2 337.4
Transportes
diversos
664.5 663.7
Viajeros al
interior
2 274.4 2 544.3
Viajeros
fronterizos
1 225.1 1 450.0
Otros
servicios
1 195.7 1 421.4
Servicios
factoriales
2 287.8 2 757.7
Intereses 1 888.1 2 312.1
Otros 399.6 445.7
Transferencias 666.9 630.9
Egresos 26 602.1 35 364.3
Importación de
mercancíasb
12 222.9 18 903.4
Servicios no
factoriales
5 011.1 6 120.3
Fletes y
seguros
537.9 821.9
Transportes
diversos
800.0 709.4
Viajeros al
interior
784.2 1 104.8
Viajeros
fronterizos
1 581.5 2 092.0
Otros
servicios
1 307.5 1 392.3
Servicios
factoriales
9 349.9 10 325.7
Financieros 9 083.8 10 024.2
Utilidades
remitidas
412.5 519.1
Utilidades
reinvertidas
481.4 563.7
Intereses 8 096.7 8 891.1
Sector
bancario
3 169.7 3 743.9
Sector no
bancario
4 927.0 5 147.2
Público 3 501.3 4 095.8
Privado 1 425.7 1 051.4
Comisiones 93.2 50.4
No
financieros
266.2 301.5
Transferencias 18.2 14.9
aCifras preliminares. El decimal de las cifras
puede que no sume el total, debido al redondeo.
bNo incluye las
correspondientes a las maquiladoras.
cEl signo negativo significa
egreso de divisas.

La cuenta de capital registra las variaciones en los activos y pasivos de los residentes frente a los residentes del resto del mundo. Se sitúan por separado los cambios en los pasivos y en los activos, clasificados a veces por plazos: ya sean a largo (más de un año) o a corto plazo (un año o menos). También suelen especificarse otros aspectos: sectores acreedores o deudores internos o externos, o bien el tipo de moneda en que están denominados los activos o pasivos. Nótese que de los cuadros 1 a 3, sólo el último presenta un desglose de la variación de activos y pasivos por plazo.

Los errores y omisiones son un residuo que no aparecería en un registro ideal, perfecto, de la balanza de pagos, como el que pudiera derivarse de las transacciones hipotéticas de la sección IV, más adelante. Pero como las estadísticas son imperfectas, al estimarse, a partir de fuentes diversas, los asientos de débito y de crédito que requiere la partida doble, unos y otros no coinciden de manera cabal. Quienes recopilan la información para elaborar las balanzas, después de realizar los refinamientos pertinentes, atribuyen las diferencias a errores y omisiones. Cuando éstos son de magnitud pequeña, digamos menores del 2% del valor absoluto de las importaciones, puede suponerse que realmente son errores y omisiones diversos. Cuanto más excedan esa proporción, más probable será, sin embargo, que reflejen movimientos no registrados de capital.

La variación de la reserva bruta registra las variaciones en los activos internacionales del Banco de México o en el valor de los mismos. La mayor parte de tales variaciones suele deberse a los registros de la cuenta corriente y de la cuenta de capital. Otras son producto de ciertos cambios en la tenencia de metales monetarios (oro o plata), de cambios en el valor en dólares de las tenencias de otras monedas y de la asignación de derechos especiales de giro (deg) al Banco de México por el Fondo Monetario Internacional.5 Una comprensión más plena del segundo tipo de variaciones será posible a partir del examen de las transacciones 9 y 10 en la sección IV, más adelante.

Cuadro 3b
México. balanza
de pagosa
(Millones de dólares)
Concepto

1987

1988

Cuenta de
capital

-575.8

-3
361.4c

Largo plazo

4 472.4

-592.7

Pasivos

5 055.2

47.6

Sector
bancario

546.5

1 653.4

Banca de
desarrollo

77.3

515.8

Disposiciones

1 636.6

2 509.1

Amortizaciones

-1 559.3

-1 993.3

Banca
comercial

41.1

1 231.9

Banco de
México

428.1

-94.3

Sector no
bancario

5 958.4

-737.7

Público

4 996.6

221.6

Disposiciones

6 689.9

2 179.6

Amortizaciones

-1 693.3

2 401.2

Privado

961.8

-516.1

Inversión extranjera
directa

3 247.6

2 594.7

Nuevas inversiones

2 910.9

2 410.0

Reinversiones

481.4

563.7

Cuentas con la matriz

-144.7

-379.0

Compras de empresas
extranjeras

b

b

Otros pasivos

-2 285.8

3 110.8

Empresas con
participación extranjera

-1 661.9

1 887.7

Otras
empresas

-623.9

-1 223.1

Redocumentaciones y
otros financiamientos

-1 449.6

-868.1

Activos

-582.8

-640.3

Corto plazo

-5 048.2

-2 768.8

Pasivos

-833.3

-802.1

Sector
bancario

248.2

-504.1

Banca de
desarrollo

242.8

-662.2

Banca
comercial

5.4

158.1

Sector no
bancario

-1 081.6

-298.0

Público

766.1

18.9

Privado

-315.5

-316.9

Empresas con
participación extranjera

-323.0

-250.3

Otras
empresas

7.6

-66.6

Redocumentaciones y
otros financiamientos

b

b

Activos

-4 214.9

-1 966.7

Errores y
omisiones

2 709.7

-470.8

Banco de
México
Variación de la reserva
bruta

6 924.4

-7 127.0

Asignación de derechos
especiales de giro

Compra-venta de oro y
plata

-115.6

-20.8

Ajustes por la
valoración

-708.4

414.3

aCifras
preliminares.
bNo hubo movimiento.
cEl signo negativo
significa egreso de divisas.
i) El
decimal de las cifras, debido al redondeo puede no sumar el total,

ii
) la reserva está computada con el
criterio del Fondo Monetario Internacional, más la plata, y

iii
) las tenencias de oro están
valuadas a 42.22 dólares la onza.
Fuente: Tomado de Banco de México,
Informe anual, 1988.

2. Las balanzas parciales de categorías homogéneas

La balanza de pagos total, que habremos de diferenciar de lo que llamaremos balanza global, siempre está equilibrada, dada su naturaleza de registro contable por partida doble. Pero con ella están asociados diversos déficit o superávit que se refieren a balanzas parciales de la balanza de pagos. De éstas las hay de dos tipos generales: una, que podemos llamar balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas; otro, que podemos llamar balanzas parciales de carácter analítico. Las primeras son descritas y analizadas en esta sección; las segundas lo serán en las secciones V y VI, cuando el lector tenga más elementos para comprender el significado de las mismas.

Entre las balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas se encuentran las siguientes:

Balanza comercial (o de bienes)
Registra las exportaciones e importaciones de todo tipo de bienes, que usualmente pasan por aduana, realizadas por los residentes. Incluye, por ejemplo, las exportaciones de jitomate, camarón, automóviles y otros. También la importación de máquinas-herramienta, partes automotrices y bienes de consumo. El Banco de México suele presentar información adicional por separado, con desgloses por tipo de bienes exportados y tipo de bienes importados (véase el cuadro 4). No debería confundirse esta balanza con la de bienes y servicios o la de cuenta corriente, algo que lamentablemente es común.

Balanza de servicios no factoriales
La distinción entre servicios no factoriales y servicios factoriales dentro de la cuenta corriente fue establecida por la cuarta edición del Manual del fmi, con el propósito de hacer compatibles las estadísticas de balanza de pagos con las de las cuentas nacionales de producción e ingreso.6 La distinción entre unos y otros debiera quedarle clara al lector.

Los servicios factoriales registran las rentas o ingresos de los propietarios de los factores de la producción (trabajo y capital) cuando los servicios de éstos son prestados en un país y los propietarios residen en otro.

Los servicios no factoriales comprenden, a su vez, la compra-venta –entre residentes de un país y los residentes de otro– de servicios que no corresponden a factores de la producción y que en su mayor parte tienen carácter final, como los servicios turísticos y de transporte aéreo. Algunos son, sin embargo, servicios intermedios cuyo valor agregado se incorpora a la producción, como por ejemplo las llamadas telefónicas internacionales de ciertas empresas, que resultan necesarias para producir bienes de consumo o de inversión y de otros servicios. La balanza de servicios no factoriales incluye, entonces, servicios turísticos, desglosados en el rubro de viajeros al interior y el de viajeros fronterizos; pasajes de avión, incluido en el rubro de transportes diversos; renta de películas, pago por llamadas telefónicas y muchos más, según el rubro de otros.

Dos rubros importantes y especiales son el de servicios por transformación y el de fletes y seguros. El primero registraba todavía en 19917 la exportación neta de las empresas maquiladoras, correspondiente a su valor agregado en territorio mexicano; aparecía sólo en el lado de los ingresos (cuadro 3a). El segundo, que está incluido en el renglón de servicios no factoriales en las balanzas de los cuadros 1 al 3, corresponde al pago de transportes y seguros relacionados con las importaciones. Todavía en las balanzas de los años setenta, éstas se registraban con valor cif (costo, seguro y flete) y las exportaciones fob (libre a bordo). Ya en los años ochenta, tanto las importaciones como las exportaciones se registraban fob y el pago de seguros y fletes correspondientes a las primeras se registraba como un renglón separado, el cual sólo aparece en el lado de los egresos.

Balanza de bienes y servicios no factoriales
La suma de las dos balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores da como resultado la balanza de bienes y servicios no factoriales. Esta entra en la identidad del producto interno bruto, como se verá más adelante en la sección V.

Cuadro 4
México.
Exportaciones e importaciones de mercancías por tipo de bien,
en años
seleccionados del periodo 1981-1994
a
(Millones de
dólares corrientes)

1993

1994

1981
b

1985
b

1990
b

Maquiladoras

No
maquiladoras

Total

Maquiladoras

No
maquiladoras

Total

Conceptos
Exportaciones
totales

19 420

21 664

26 838

21 853

30 033

51 886

26 269

34 613

60 882

Petroleras

13 830

14 767

10 104

7 418

7 418

7 445

7 445

Agropecuarias

1 481

1 409

2 162

2 504

2 504

2 678

2 678

Extractivas

677

510

617

278

278

357

357

Manufactureras

3 432

4 978

13 955

21 853

19 832

41 685

26 269

24 133

50 402

Importaciones
totales

23 929

13 212

31 272

16 443

48 924

65 367

20 466

58 880

79 346

Bienes de consumo

2 809

1 082

5 099

7 842

7 842

9 510

9 510

Bienes de uso
intermedio

13 545

8 966

19 384

16 443

30 025

46 468

20 466

36 048

56 514

Bienes de capital

7 575

3 165

6 790

11 056

11 056

13 322

13 322

a Los totales puede
ser que no correspondan a la suma de las partes, debido al redondeo.
b
Excluyen las exportaciones e importaciones correspondientes a las
maquiladoras.
Fuente: Elaboración propia con base en datos del Banco de
México, Informes anuales, 1982, 1986, 1991 y
1994.

Balanza de servicios factoriales
Estos servicios corresponden a los prestados por los factores de la producción. Incluyen: i) los prestados en el país por el capital del exterior (propiedad de residentes del exterior), sea como inversión extranjera directa (ied), inversión de cartera, o de préstamos del exterior denominados en moneda extranjera o en moneda nacional; ii) los prestados por el capital de residentes del país a residentes del resto del mundo; los que pueden incluir la posesión de una empresa o una casa en el exterior, o la concesión de financiamiento por medio de adquisición de títulos de deuda o mediante la realización de un depósito en un banco del exterior; iii) los prestados en el país por personas físicas residentes del exterior: ingenieros, cantantes y otros por el estilo, y iv) los prestados en el exterior por personas físicas residentes del país: un ingeniero que va a trabajar al extranjero menos de un año; o un trabajador que vive en Nogales, Sonora, y que viaja diariamente a Nogales, Arizona, para trabajar.

Es útil, en relación con estos servicios, observar la balanza de pagos del cuadro 3, la cual presenta un mayor desglose que las de los cuadros 1 y 2. Allí los servicios factoriales, por el lado de los egresos, se separan en financieros y no financieros, y los primeros, a su vez, en utilidades, intereses y comisiones. Las utilidades se desglosan en remitidas y reinvertidas, para hacer corresponder estas últimas con un aumento de pasivos que aparece con el mismo rubro en la cuenta de capital (véase también la transacción 11, en la sección IV.1). Los intereses se desglosan de acuerdo con el sector institucional de residentes que los paga.

Balanza de bienes y servicios totales
La suma de las tres balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores da como resultado la balanza de bienes y servicios totales. Ésta entra en la identidad del producto nacional bruto, como se verá en la sección V, más adelante.

Balanza de transferencias
El renglón de transferencias registra la contrapartida de flujos reales o financieros sin quid pro quo económico entre residentes del país y residentes del exterior. Cuando se exporta un bien y se recibe un pago en divisas a cambio, el flujo real de mercancías tiene como contrapartida un flujo monetario-financiero. Uno es el quid pro quo del otro. Cuando un residente recibe un donativo en divisas enviado por un pariente que reside en los Estados Unidos, empero, el flujo monetario-financiero no tiene un quid pro quo económico. Es, sencillamente, un pago a cambio de nada, en el sentido económico, aun si de por medio existiera una relación afectiva o de parentesco que explicara la donación.

Las transferencias corrientes proceden del ingreso corriente del donador y se suman al ingreso corriente del receptor para su uso en consumo o ahorro. Por convención se supone, para propósitos de balanza de pagos, que todas las transferencias son corrientes y que no hay transferencias de capital. En el caso de México destacan las remesas en efectivo y en especie recibidas por familiares, residentes en el país, de mexicanos residentes en los Estados Unidos o de estadunidenses de origen mexicano y con residencia en ese país (véase la transacción 6 en la sección IV.1).

Balanza de cuenta corriente
La suma de las 4 balanzas parciales de categorías homogéneas anteriores constituye la balanza de cuenta corriente. La característica de los renglones de esta balanza es la de registrar los flujos reales de bienes y servicios o la contrapartida de transferencias reales o financieras. Entra en la identidad del producto nacional bruto disponible, como se verá en la sección V, más adelante.

Balanza de capital
Las variaciones en los activos y pasivos de residentes frente a residentes del exterior que se registran en la cuenta de capital, pueden clasificarse de acuerdo con varios criterios, entre ellos el plazo, el que sean cuentas de activo o de pasivo, por sector deudor o acreedor interno (bancario o no bancario; público o privado), o deudor externo (si la información estuviese disponible). Sobre la base de esos criterios podrían identificarse diversas balanzas parciales con categorías homogéneas de cuentas.

En los recién pasados años, el Banco de México ha presentado desgloses de cuentas de pasivos y activos, y por sector acreedor o deudor interno. En el caso de los pasivos, distingue créditos y depósitos, por una parte, y la inversión extranjera, por la otra. Esta última la subdivide, a su vez, en directa y de cartera. Al mismo tiempo, ha omitido los desgloses por plazo, tal vez porque considera que tal distinción es un tanto artificiosa. La inversión extranjera de cartera en el mercado accionario, por ejemplo, aunque nominalmente de largo plazo, puede resultar en los hechos de corto plazo, por la existencia de un mercado secundario para las acciones, lo cual le permite al inversionista desinvertir de manera expedita. En las balanzas del cuadro 3, sin embargo, aún se separaba el capital de acuerdo con el plazo. Tómese nota del desglose relativamente amplio de la cuenta de capital en este caso.

En la mayoría de los países, los datos de esta cuenta suelen ser menos precisos que los correspondientes a los de la cuenta corriente.

Balanza de cuentas de compensación
Estas cuentas corresponden a los tres rubros que el Banco de México registra debajo de las variaciones de la reserva bruta (últimos tres renglones en el cuadro 3b). Están asociadas a cambios en la reserva distintos a los debidos a los resultados de la cuenta corriente y de la cuenta de capital.

Una presentación de balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas se realiza en el cuadro 5.

3. Balanzas resumidas

Una balanza de pagos en su presentación detallada usual, como las ejemplificadas por los cuadros 1 al 3, posee una riqueza informativa considerable, que puede resultar útil para propósitos analíticos diversos. Su uso apropiado puede requerir, sin embargo, un conocimiento preciso no sólo de lo que cubre este artículo, incluyendo el apéndice B, sino también de una fuente metodológica, como el Manual del fmi y de las notas metodológicas ocasionales que publica el Banco de México.8

El observador no especializado, sin embargo, debiera acostumbrarse principalmente a manejar datos de las que llamaremos balanzas de pagos resumidas, que sólo presentan los saldos de los rubros agregados más importantes: la balanza de cuenta corriente; la balanza de capital (neta de errores y omisiones), y la variación de la reserva bruta del Banco de México (neta de las cuentas de compensación). La suma de las dos primeras constituye la que llamamos balanza global. Estos rubros se aprecian en el cuadro 6.

Cuadro 5
México. Balanzas
parciales de categorías homogéneas de cuentas, en años
seleccionados
a
(Millones de dólares
corrientes)
Conceptos

1991

1992

1993

1994

I.Cuenta
corriente

-13 789

-24 804.4

-23 399.2

-28 785.5

1.

Balanza comercial
b

-7 279

-15 933.7

-13 480.5

-18 463.7

2.

Balanza de servicios no
factoriales

-1 827

-2 296.2

-2 130.0

-2 172.5

3.

Balanza de servicios
factoriales

-6 869

-9 594.8

-11 429.1

-12 163.1

4.

Balanza de
transferencias

2 189

3 020.4

3 640.4

4 013.8

II.Cuenta de
capital

24 134

26 542.3

32 582.1

11 548.6

1.

Balanza de pasivos

25 133

20 990.4

36 184.7

17 018.6

a.

Balanza de
endeudamiento

10 501

-1 413.2

2 876.6

852.8

b.

Balanza de inversión
extranjera

14 632

22 403.6

33 308.1

16 165.8

2.

Balanza de activos

-1 000

5 551.9

-3 602.6

-5 470.0

III.Errores y
omisiones

-2 208

-564.6

-3 142.3

-1 649.5

IV.Variación de
reservas de Baxico
c

-7 822

-1 161.4

-6 083.2

18 884.4

V.Balanza de cuentas
de compensación de reservas
c

-316

-11.9

42.6

2.0

aLa suma
algebraica de los rubros con números romanos o balanza total es igual a
cero, excepto por pequeñas diferencias debidas al
redondeo.
bIncluye exportaciones e importaciones de bienes de las
maquiladoras.
cA estos rubros se les ha puesto el signo que les
corresponde de acuerdo con los principios contables, el contrario al que
les pone el Banco de México.
Fuente: Elaboración propia con base en
datos del Banco de México contenidos en el cuadro 1 (para 1993 y 1994); el
cuadro 2 (para 1991), y el Informe anual de 1993 (para
1992).

Cuadro 6
Balanzas de pagos
resumidaS en años seleccionados
(Millones de dólares
corrientes)
Concepto

1989

1990

1991

1992

1993

1994

Cuenta corriente

-6 085

-8 163

-15 040

-24 804

-23 399

-28 785

Cuenta de capital
a

6 481

11 339

23 177

25 978

29 440

9 899

Variación de reservas
b

-396

-3 176

-8 177

-1 174

-6 041

18 886

Balanza global
c

396

3 176

8 177

1 174

6 041

-18 886

Neta de errores y
omisiones.
Debida exclusivamente al resultado de la cuenta corriente y
la cuenta de capital (neta de errores y omisiones).
Esta es la suma de
las balanzas de cuenta corriente y de cuenta de capital.
Fuente:
Elaboración propia con base en datos de Banco de México, Informe
anual
, varios años, e Indicadores
económicos
.

La presentación de la balanza de cuenta de
capital, neta de errores y omisiones, surge de que las cifras de magnitud
considerable en este último renglón suelen estar asociadas con movimientos de
capital no registrado. Al presentar de esa manera la cuenta de capital se
obtiene una aproximación mejor al verdadero saldo de la misma, de manera
particular cuando el saldo de errores y omisiones es mayor que lo usual. El dato
de la variación de la reserva, neta de las cuentas de compensación, nos deja la
variación en dicho rubro que está asociada de manera exclusiva al comportamiento
de las cuentas corriente y de capital.

Las balanzas resumidas del cuadro 6 nos
permiten identificar, de manera fácil, lo fundamental de la situación global de
las relaciones económicas y de los pagos de un país con el exterior. Por
ejemplo, nos muestra que en México, desde 1989 hasta 1993 inclusive, entradas de
capital, de magnitud grande y creciente, permitieron financiar de manera sobrada
el déficit de cuenta corriente, que también era de gran magnitud. En 1990, 1991
y 1993, las fuertes entradas de capital permitieron financiar acumulaciones
considerables de reservas. En 1994, sin embargo, por el aumento en el déficit de
cuenta corriente y por la disminución significativa en las entradas netas de
capital, tal déficit ya no pudo ser financiado de manera completa por éstas sino
que lo fue, sobre todo, por una disminución cuantiosa en la reserva bruta del
Banco de México.

III. Los principios de registro
de las transacciones

La comprensión precisa de la balanza de pagos
desglosada, así como de lo que constituye y significa un déficit o superávit de
la misma, requiere del conocimiento de los principios de registro de las
transacciones de la balanza de pagos. Para el efecto es útil el uso de una
cuenta T imaginaria, en la que a los registros en el debe se les adjudica un
signo menos y a los del haber un signo más. Esto hace explícito el formato
contable en el que de hecho se registran todos los componentes de la balanza de
pagos, incluso los de cuenta corriente, cuyo carácter contable, de partida
doble, no resulta explícito en las balanzas estadísticas del Banco de
México.

1. Registros en la cuenta
corriente

En la cuenta corriente se registran en el haber
las transacciones que proporcionan divisas, como las exportaciones de bienes o
servicios y la recepción de transferencias del exterior, en tanto que en el debe
se registran las transacciones que hacen uso de divisas, como las importaciones
de bienes o servicios y el otorgamiento de transferencias a residentes del
exterior. Esto se presenta en el cuadro 7.

Cuadro 7
Cuenta
corriente
Debe (-) Haber (+)
Exportación de
mercancías
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (1)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (2)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (3)
Importación de
mercancías
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (4)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (5)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (6)
Exportación de
servicios
No factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (7)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (8)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (9)
Factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (10)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (11)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (12)
Importación de
servicios
No factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (13)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (14)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (15)
Factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (16)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (17)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (18)
Transferencias
recibidas
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (19)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (20)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (21)
Transferencias
otorgadas
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (22)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (23)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (24)

En las balanzas del Banco de México presentadas
en los cuadros 1 al 3, los componentes de la cuenta corriente sólo tienen signos
de manera implícita, en donde los ingresos corresponden a registros del haber
(con signo positivo) y los egresos a registros del debe (con signo negativo). En
éstas sólo se hace explícito el signo del saldo total de la cuenta corriente:
negativo cuando hay déficit; positivo cuando hay superávit.

2. Registros de la cuenta de
capital

La cuenta de capital registra las variaciones
de los activos o pasivos de los residentes frente a los residentes del exterior.
De acuerdo con los principios contables, se registran en el haber tanto los
aumentos de pasivos como las disminuciones de activos (ambos proporcionan
divisas), y en el debe tanto los aumentos de activos como las disminuciones de
pasivos (ambos requieren divisas). Las variaciones pueden ser en activos y
pasivos de largo o de corto plazo, desglose que no se realiza en el cuadro 8,
aunque sí se presenta en el cuadro 10.

En las balanzas de pagos del Banco de México
presentadas en los cuadros 1 al 3, los signos de los registros de la cuenta de
capital se hacen explícitos.

cuadro 8
Cuenta de
capital
Debe (-) Haber (+)
Aumentos de pasivos Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (25)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (26)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (27)
Disminuciones de
pasivos
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (28)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (29)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (30)
Aumentos de activos Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (31)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (32)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (33)
Disminuciones de
activos
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (34)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (35)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (36)

3. Registros de la variación de
reservas

Los principios de registro de éstas
corresponden a los de la cuenta de capital, pues las reservas son sencillamente
activos internacionales (activos frente a residentes del exterior) del banco
central. Un aumento de activos requeriría un signo negativo; una disminución
pediría un signo positivo.

Como se hace evidente en las balanzas
desglosadas de los cuadros 1 al 3, en ellas el Banco de México sí le pone un
signo a la variación de reservas, aunque por convención pone el signo contrario
al que le correspondería contablemente. Al parecer, esto es para evitar que un
aumento de reservas, que llevaría signo negativo, pudiera ser interpretado como
una disminución. Nótese, en contraste, cómo las balanzas de los cuadros 5 y 6 sí
presentan las variaciones de reservas con los signos que corresponden a los
principios contables.

Hay, asimismo, ciertas partidas de compensación
que el Banco de México anota en el rubro global de reservas, porque dan origen a
una variación en las mismas, pero sin que se relacionen con operaciones de la
cuenta corriente o la cuenta de capital. Un ejemplo de una situación que
requiere del uso de tales cuentas es un aumento del valor en dólares de las
reservas de francos suizos en poder del banco, en el caso de que esta moneda se
revaluara frente al dólar. Por un lado se registraría el aumento en las
reservas, en el debe, con signo negativo, y en una cuenta de compensación,
llamada ajustes por valoración, se haría una anotación en el haber, con signo
positivo (véase la transacción 10, sección IV.1). Los registros en la cuenta de
compensación pueden ir, de manera general, ya sea en el debe o en el haber,
dependiendo de si hubo una disminución o un aumento en el valor de las reservas.
A todos estos registros, sin embargo, el Banco de México, por convención, les
cambia el signo que les correspondería de acuerdo con los principios
contables.

El cuadro 9 ejemplifica la manera en que se
harían los registros en el rubro de reservas de acuerdo con tales
principios.

cuadro 9
Variación de
reservas y contrapartidas
Debe (-) Haber (+)
Variación de
reservas
Aumento de reservas Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (37)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (38)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (39)
Disminución de reservas Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (40)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (41)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (42)
Contrapartidas de
variación de reservas
Ajustes por valoración Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (43)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (44)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (45) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (46)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (47)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (48)
Oro y plata monetarios Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (49)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (50)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (51) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (52)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (53)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (54)
Asignación de deg Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (55)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (56)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (57) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (58)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (59)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (60)

En el cuadro 10 se presenta un resumen global
de los principios de registro de las transacciones de la balanza de
pagos.

cuadro 10
Resumen global
de los principios de registro de las transacciones de la balanza de
pagos
Debe (-) Haber (+)
Cuenta
corriente
Exportación de
mercancías
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (61)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (62)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (63)
Importación de
mercancías
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (64)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (65)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (66)
Exportación de
servicios
No factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (67)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (68)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (69)
Factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (70)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (71)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (72)
Importación de
servicios
No factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (73)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (74)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (75)
Factoriales Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (76)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (77)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (78)
Transferencias
recibidas
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (79)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (80)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (81)
Transferencias
otorgadas
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (82)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (83)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (84)
Cuenta de
capital
Aumentos de
pasivos
Largo plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (85)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (86)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (87)
Corto plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (88)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (89)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (90)
Disminuciones de
pasivos
Largo plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (91)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (92)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (93)
Corto plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (94)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (95)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (96)
Aumentos de
activos
Largo plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (97)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (98)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (99)
Corto plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (100)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (101)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (102)
Disminuciones de
activos
Largo plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (103)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (104)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (105)
Corto plazo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (106)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (107)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (108)
Variación de
reservas
Aumentos Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (109)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (110)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (111)
Disminuciones Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (112)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (113)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (114)
Contrapartidas de
variación de reservas
Ajustes por
valoración
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (115)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (116)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (117) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (118)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (119)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (120)
Oro y plata
monetarios
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (121)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (122)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (123) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (124)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (125)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (126)
Asignación de
deg
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (127)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (128)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (129) Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (130)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (131)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (132)

IV. Ejemplos de registro de las
transacciones de la balanza de pagos

Las transacciones que se presentan a
continuación se registran desde el punto de vista de un país imaginario llamado
Tortilandia, cuyos residentes las realizan con los residentes de otros países
también imaginarios. Cada transacción da lugar a un registro por partida doble,
al menos un asiento en el debe y al menos otro en el haber, los que se realizan
bajo rubros amplios. Esto se hace así, de manera particular, en el caso de las
operaciones que afectan a la cuenta de capital.

Los registros se realizan de acuerdo con los
principios contables, las bases metodológicas establecidas en el Manual del fmi
y los desgloses particulares de cuentas presentados por Banco de México en las
balanzas de los cuadros 1 al 3a y b. Suponen implícitamente que se posée
información completa de cada transacción individual.

1. El registro de las
transacciones

Transacción 1. Se exportan mercancías de
índole diversa por valor de 2 350 millones de unidades monetarias del exterior
(ume). Las divisas se venden al banco central de Tortilandia.

Explicación. La exportación de mercancías
proporciona divisas y se registra por ello en el haber del rubro
correspondiente. El aumento de las mismas en poder del banco central se asienta
en el debe de la variación de reservas. Esto se presenta en el cuadro
11.1.

cuadro
11.1
Debe (-) Haber (+)
Cuenta
corriente
Exportación de
mercancías

2 350

Cuenta de
capital
Variación de
reservas
Aumentos

2 350

Esta transacción da lugar a una situación en la
que las exportaciones “financian” la acumulación de divisas por el banco
central.

Transacción 2. Personas físicas
residentes de Tortilandia depositan a la vista 60 millones de unidades
monetarias extranjeras (ume) en bancos de Orolandia; adquirieron las divisas del
banco central de su país.

Explicación. El banco central de
Tortilandia experimenta una disminución en sus reservas por el monto de las
divisas vendidas a las personas físicas; los activos a corto plazo de estas
personas residentes del país, frente a residentes del exterior (los bancos
comerciales), aumentan en la misma magnitud. Se registra el cambio de tenedor
interno de un activo internacional, sin que se registre el cambio de acreedor
externo (ahora el banco comercial en vez del banco central del otro país). La
transacción se registra en el cuadro 11.2.

Esta transacción puede interpretarse como una
“fuga” de capitales financiada por una disminución en la reserva de divisas del
banco central. Desde cierta perspectiva hubiese sido igual si tales residentes
sencillamente guardaran las divisas en sus casas debajo del colchón, porque esas
divisas serían un pasivo de una institución bancaria extranjera y, como quiera
que fuera, ya no estarían en poder del banco central de Tortilandia para ser
utilizadas en sostener el tipo de cambio. Ahora bien, en el caso del depósito en
un banco comercial del exterior es posible que el banco central de Tortilandia
obtenga la información correspondiente y aparezca como tal en la balanza
estadística; en el caso de que las divisas sean guardadas en casa, el banco
central probablemente no obtendría la información y la contrapartida de la
variación de reservas aparecería en el rubro de errores y omisiones en la
balanza estadística.

cuadro
11.2

Debe (-)

Haber (+)

Cuenta corriente
Cuenta de capital
Aumentos de activos
Corto plazo

60

Variación de reservas
Disminuciones

60

Transacción 3. Una empresa de
Tortilandia coloca bonos a cinco años plazo, en el mercado internacional de
capitales, por valor de 2 mil millones de ume. La mitad de esa cifra se utiliza
para cubrir importaciones de bienes de capital. El resto se utilizará para
financiar gastos de inversión en bienes y servicios del país. Las divisas se
venden al banco central.

Explicación. La importación por mil
millones de ume se registra en el rubro correspondiente en el debe. La
adquisición de pasivos por un residente frente a residentes del exterior, por 2
mil millones, en el haber de aumento de pasivos a largo plazo. El aumento de
reservas en el debe de la cuenta correspondiente. Todo ello se registra en el
cuadro 11.3.

cuadro
11.3

Debe (-)

Haber (+)

Cuenta
corriente
Importación de
mercancías

1 000

Cuenta de
capital
Aumentos de
pasivos
Largo plazo

2 000

Variación de
reservas
Aumentos

1 000

Nótese que esta transacción puede interpretarse
como una en la cual la entrada de capital de largo plazo financia tanto las
importaciones de bienes como un aumento en las reservas del banco
central.

Transacción 4. Turistas del exterior
gastan 1200 millones de ume en artesanías, hoteles y restaurantes del
país. En éste, como en otros casos, se supondrá que las divisas son vendidas al
banco central.

Explicación. El gasto de los turistas del
exterior, que proporciona divisas, se registra en el haber de exportación de
servicios no factoriales. El aumento en las reservas de divisas del banco
central, en el debe de la cuenta correspondiente. El registro se realiza en el
cuadro 11.4.

cuadro
11.4
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Exportación de
servicios
No factoriales
Viajes 1 200
Cuenta de capital
Variación de reservas
Aumentos 1 200

Esta puede interpretarse como una transacción
en la que la exportación de servicios turísticos financia la acumulación de
reservas por el banco central.

Transacción 5. Empresas maquiladoras
importan bienes intermedios por 1 700 millones de ume, mismos que son
reexportados en una etapa más avanzada de elaboración por valor de 2 800
millones.

Explicación. Tal como lo sugiere la
transacción, se realizaría un registro en el debe de importación de mercancías
por valor de 1 700 millones de ume, otro en el haber de exportación de
mercancías por valor de 2 800, y un tercero, por la diferencia, en el debe de
variación de reservas. El valor de la exportación neta conduce a un aumento de
reservas en poder del banco central. Esta es la manera en que se registra en el
cuadro 11.5a y esa es la manera en que lo registraría en la actualidad el Banco
de México.

cuadro
11.5a
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Exportación de
mercancías

2 800

Importación de
mercancías

1 700

Cuenta de capital
Variación de reservas
Aumentos

1 100

Hasta fecha reciente, sin embargo, como es
evidente en la primera de las balanzas desglosadas, en el cuadro 3, el Banco de
México sólo hubiese registrado el valor de la exportación neta (valor agregado
interno) como servicios por transformación, y como contrapartida el aumento de
divisas del banco central. Esta manera de realizar el registro se presenta en el
cuadro 11.5b.

cuadro
11.5b
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Exportación de
servicios
No factoriales
Servicios por
transformación

1 100

Cuenta de capital
Variación de reservas
Aumentos

1 100

Transacción 6. Ciudadanos de Tortilandia
residentes en Orolandia hacen un donativo a sus parientes, con residencia en el
primero de los dos países, consistente en bienes por valor de 130 millones de
ume y saldos líquidos por 1 070 millones. Estos saldos se venden al banco
central.

Explicación. Los bienes pasan por
aduanas, hacia el interior, y se registran en consecuencia como importación de
mercancías, en el debe; pero no hay un pago a cambio, pues se trata de una
donación o transferencia. La contrapartida es un registro en el haber, en
transferencias recibidas, por el mismo valor de la importación, con lo que se
mantiene el registro por partida doble. Esta parte de la transacción justifica
el señalamiento de que en la balanza de pagos a veces se realizan registros que
no implican pago alguno.

Hay también un ingreso de divisas que al final
de cuentas aumenta la reserva del banco central. Pero ésta no es producto de una
exportación ni de la adquisición de una deuda frente a residentes del exterior,
pues también se trata de una transferencia a cambio de nada. La contrapartida es
un registro en el haber, en transferencias recibidas, por el mismo valor del
aumento de la reserva. Las dos partes de la transacción conducirían a un
registro como el que sigue:

cuadro
11.6
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Importación de
mercancías

130

Transferencias
recibidas

1 200

Cuenta de capital
Variación de reservas
Aumentos

1 070

Transacción 7. El gobierno de
Tortilandia paga intereses al exterior de la deuda pública externa por 1 700
millones de ume.

Explicación. Este es un pago al factor
capital, que se obtuvo mediante endeudamiento público externo, por lo cual se
realiza un registro en el debe de servicios factoriales, el cual se compensa con
otro en el haber de reservas, por la disminución que experimentan éstas (véase
cuadro 11.7).

Ésta se puede interpretar como una transacción
en la que el pago al exterior de los servicios factoriales se financia mediante
una disminución de la reserva de divisas del banco central.

Transacción 8. Inversionistas de
Orolandia compran en Tortilandia: i) empresas ya establecidas por 400 millones
de ume, con lo cual obtienen el 100% de la propiedad de las mismas; ii) acciones
en el mercado secundario por 200 millones de ume, lo cual no les da una
participación controladora en ninguna de las empresas implicadas; iii)
certificados de tesorería del gobierno a 28 y 91 días, por 500 millones de
ume.

cuadro
11.7
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Importación de
servicios
Factoriales
Intereses

1700

Cuenta de capital
Variación de reservas
Disminuciones

1 700

Explicación. Las tres operaciones dan
lugar a entradas de capital, por medio de las cuales ciertos residentes del país
(las empresas implicadas y el gobierno) adquieren pasivos frente a residentes
del exterior (los inversionistas). La primera y la segunda partes de la
operación corresponden a movimientos de capital real o nominalmente a largo
plazo; la tercera, a movimientos de capital a corto plazo. La primera operación
constituye lo que se llama inversión extranjera directa (ied), pues los
inversionistas adquieren una participación controladora. La segunda y la tercera
constituyen inversión extranjera de cartera (o indirecta) en dos modalidades
distintas, una accionaria y a largo plazo y otra de renta fija y a corto
plazo.

Las operaciones requieren tres asientos en el
haber, bajo diferentes rubros, para registrar el aumento de los pasivos de
residentes del país frente a residentes del exterior, y un asiento en el debe de
reservas, para registrar el aumento que experimentan éstas. El registro se
presenta en el cuadro 11.8.

Nótese que el desglose en este registro es
similar al presentado en la balanza de pagos del cuadro 1. Hay una diferencia
con este último relacionada con la distinción que aquí se presenta entre capital
de largo y de corto plazo. En este caso, entradas diversas de capital financian
un aumento de la reserva de divisas del banco central.

cuadro
11.8
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Cuenta de capital
Aumento de pasivos
Largo plazo
IED

400

IE de cartera
Mercado accionario

200

Corto plazo
Valores moneda nacional
Sector público

500

Variación de reservas
Aumentos

1100

Transacción 9. El banco central de
Tortilandia compra oro a mineros de su país, por valor de 150 millones de
ume.

Explicación. Esta transacción, aunque es
entre residentes de la misma Tortilandia, requiere un registro en la balanza de
pagos para dar cuenta de la variación en la reserva de oro y divisas del banco
central, que son activos internacionales cuyo poder de compra en el exterior
puede llegar a ser ejercido por residentes de Tortilandia.

El aumento del valor de las reservas requiere
un asiento en el debe de reservas, al cual debe corresponder, como
contrapartida, un asiento en el haber, en la cuenta de compensación llamada oro
y plata monetarios. El registro se presenta en el cuadro 11.9.

cuadro
11.9
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Cuenta de capital
Variación de reservas
Aumentos

150

Contrapartidas de variación de
reservas
Oro y plata monetarios

150

Nótese que en el cambio de la reserva no está
implicada ninguna de las cuentas que se agrupan en la balanza de cuenta
corriente o en la de capital.

Transacción 10. Los francos en poder del
banco central de Tortilandia, que constituyen parte de la reserva de divisas de
éste, pierden valor por 75 millones de ume, como resultado de la devaluación de
la primera moneda.

Explicación. En este caso no hay ninguna
transacción, pero el hecho requiere un registro en la balanza de pagos, para dar
cuenta de la variación en el valor en ume de la reserva de oro y divisas del
banco central. Nuevamente, no está implicada ninguna de las cuentas que se
agrupan en la balanza de cuenta corriente o en la de capital.

La disminución del valor en ume de las divisas
pide un asiento en el haber de reservas, al cual debe corresponder, como
contrapartida, un asiento en el debe de la cuenta de compensación llamada
ajustes por valoración. El registro se realiza en el cuadro 11.10.

cuadro
11.10
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Cuenta de capital
Variación de reservas
Disminuciones

75

Contrapartidas de variación de
reservas
Ajustes por valoración

75

Transacción 11. Empresas privadas de
inversión extranjera total, residentes en Tortilandia, obtuvieron utilidades por
1 200 millones de ume, de las cuales remitieron al exterior 850 millones por
concepto de dividendos y reinvirtieron 350 millones en la ampliación de sus
plantas en ese país.

Explicación. Las utilidades de estas
empresas constituyen una retribución al factor capital del exterior, obtenido
mediante inversión extranjera directa, que debe registrarse en el debe de
servicios factoriales en la cuenta corriente por dar lugar, en principio, a una
salidad de divisas. Ahora bien, la parte de las utilidades que se reinvierte no
sale del país, sino que conduce a un aumento en los pasivos de residentes (las
empresas) frente a residentes del exterior (los dueños o accionistas de las
mismas). Por esta razón, el registro de la transacción se haría de la siguiente
manera:

Dos asientos en el debe de servicios
factoriales, uno en utilidades remitidas y otro en utilidades reinvertidas.
Asimismo dos asientos en el haber, uno en capital a largo plazo, inversión
extranjera directa, utilidades reinvertidas, para dar cuenta del aumento de
pasivos, y otro en reservas, para dar cuenta de la disminución que experimentan
éstas. Al hacer este registro se está siguiendo el tipo de desglose presentado
por el Banco de México en la balanza de pagos de los cuadros 3a y b. El registro
se presenta en el cuadro 11.11.

cuadro
11.11
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Importación de
servicios
Factoriales
Utilidades remitidas

850

Utilidades reinvertidas

350

Cuenta de capital
Aumento de pasivos
Largo plazo
IED
Utilidades reinvertidas

350

Variación de reservas
Disminuciones

850

Esta transacción se puede interpretar como un
pago al exterior de servicios factoriales por 1 200 millones de ume, el que se
financia con una reducción de reservas por 850 millones y un aumento de pasivos
de largo plazo frente al exterior de 350 millones.

Transacción 12. Personas físicas
residentes en Tortilandia compran divisas por valor de 15 millones de ume del
banco central de ese país, las que retienen en su posesión directa.

Explicación. Esta transacción entre
residentes de Tortilandia requiere de un registro en la balanza de pagos, para
dar cuenta de la reducción del monto de divisas en poder del banco central.
Aunque el monto neto de los activos de todos los residentes frente a residentes
del exterior no ha variado, sí se modificó su distribución entre los residentes
del país, y con ello la capacidad de toma de decisiones de éstos en relación con
dichos activos. Ahora, por ejemplo, el banco central ya no puede utilizar esos
15 millones de ume para el sostenimiento del tipo de cambio.

El registro de la transacción se realiza
mediante dos asientos. Según el supuesto de que se tiene información completa de
cada transacción individual, uno va en el debe de movimientos de capital,
activos de corto plazo de residentes, y otro en el haber de reservas del banco
central, para dar cuenta de la disminución de éstas. En esencia, se registraría
el cambio de sector acreedor interno respecto de un pasivo de un residente del
exterior (el banco central de otro país). Véase cuadro 11.12.

cuadro
11.12
Debe (-) Haber (+)
Cuenta corriente
Cuenta de capital
Aumento de activos
Corto plazo

15

Variación de reservas
Disminuciones

15

En los hechos es probable que el banco central
no obtenga información de lo que sucede con estas divisas y por tanto el
registro en el debe aparecería en el rubro de errores y omisiones en una balanza
estadística. Tómese nota de la similitud de esta transacción con la 2, ya
registrada. En ambos casos, la compra de divisas al banco central podría
interpretarse como “fuga” de capitales.

2. Comentario general de las
transacciones

Al realizar el registro de las transacciones
anteriores se ha supuesto que no existe un mercado de divisas y que si las
requieren o aportan van contra la reserva del banco central. En la práctica, sin
embargo, las casas de cambio, los bancos y las operaciones al mayoreo en la
bolsa, constituyen un sistema que realiza funciones de compensación entre las
operaciones que requieren y las que aportan divisas, de tal manera que sólo las
diferencias no compensadas repercuten en la reserva del banco central. Sin
embargo, la modalidad de registro adoptada no afecta el resultado neto de todas
las transacciones realizadas respecto a variación de dicha reserva .

Estas transacciones hipotéticas, y las
complementarias que se presentan en el apéndice A, para que el lector se
ejercite en el registro de ellas, son la base para la construcción de la balanza
de pagos del cuadro 12. Ésta también tiene formato contable, pero no registra
estadísticas sino datos imaginarios. No es, por tanto, una balanza de pagos
estadística. Como es un registro ideal, derivado de transacciones que se conocen
plenamente, no incluye un renglón de errores y omisiones.

Al realizar el registro de las transacciones
anteriores, se ha supuesto de manera implícita que se posée conocimiento
perfecto de todas y cada una de ellas. En la práctica, desde luego, la situación
es distinta. Los encargados de recopilar los datos de una balanza de pagos
estadística desconocen la mayoría de las transacciones individuales, y tienen
que recurrir por ello a diversos sistemas de medición y cálculo, incluyendo
encuestas por muestreo. Para imaginar la magnitud del problema de cálculo, baste
señalar que el cruce de mexicanos y estadunidenses, a uno y otro lado de la
frontera entre México y Estados Unidos, da por resultado varios millones de
transacciones al año. Estas se desconocen en lo individual, y de ellas sólo se
tiene información agregada e indirecta, por medio de los movimientos de divisas
en las casas de cambio y los bancos de ambos lados de la frontera, e información
directa sólo por sistemas de muestreo. Estas transacciones se registran como
viajeros fronterizos en las balanzas de pagos de México (cuadros 2 y 3a y
b).

El resultado final de los diversos cálculos
señalados son balanzas de pagos estadísticas necesariamente imperfectas, aun
cuando sean muy aproximadas y confiables. Ello explica que en la balanza de
pagos usual aparezca un renglón de errores y omisiones, el cual permite que la
balanza de pagos sea congruente desde el punto de vista de la partida doble, que
sin embargo no aparecería en un registro contable ideal.

cuadro
12
Tortilandia. Balanzas hipotéticas parciales de categorías homogéneas de
cuentasa

I. Cuenta
corriente

-3 069

1. Mercancías

-1 950

2. Servicios no
factoriales

330

3. Servicios
factoriales

-2 649

4. Transferencias

1 200

II. Cuenta de
capital

2 807

1. Largo plazo

2 182

2. Corto plazo

625

III. Variación de las reservas
del Banco de México

107

IV. Balanza de cuentas de
compensación

155

1. Oro y plata

150

2. Ajustes por
valoración

-75

3. Asignación de deg

80

aEstas balanzas
resultan de las transacciones 1 a la 12 del texto principal y las 13 a 24
del apéndice A.
V. Las balanzas parciales de carácter
analítico

Como es evidente para el lector,
particularmente a partir de las balanzas de los cuadros 5 y 6, la balanza de
pagos total siempre está equilibrada, en el sentido de que la suma algebraica de
todos sus asientos de debe (con signo negativo) y de sus asientos de haber (con
signo positivo) es igual a cero. Tal resultado es consecuencia necesaria de los
registros por partida doble.

Es posible, sin embargo, construir una variedad
de balanzas parciales con propósitos analíticos diversos. Para ello puede
resultar útil la información de balanzas de pagos como las de los cuadros 1 al
3, también los desgloses del comercio de bienes presentados en el cuadro 4, así
como desgloses de otros rubros, no presentados en este artículo pero sí
contenidos en la publicación mensual Indicadores económicos, del Banco de
México.

Hay quienes, por ejemplo, construyen y utilizan
balanzas del sector agropecuario, o de la subrama automotriz, o de la actividad
turística u otras por el estilo. En otros casos se calculan balanzas de bienes
por países. Las mismas balanzas parciales de categorías homogéneas de cuentas,
del cuadro 5, pueden ser utilizadas con propósitos de análisis y convertirse,
por ello, en balanzas parciales de carácter analítico.

En este artículo no se podrían tratar todas las
posibilidades al respecto. Sólo se examinarán de manera breve las balanzas
parciales de carácter analítico que interesan: i) por su vinculación con las
cuentas nacionales de producción e ingreso; ii) por su vinculación con las
cuentas del sector monetario-financiero, y iii) por su utilidad en la
interpretación del estado global de las transacciones y los pagos con el
exterior. Los dos primeros grupos se tratan en esta sección; el tercero en la
sección VI.

1. Balanzas parciales vinculadas a las
cuentas nacionales de producción e ingreso

Están dadas por diversas agrupaciones de las
balanzas de categorías homogéneas de cuentas incluidas en la balanza de cuenta
corriente, las que se integran en las identidades de diversos conceptos de
producto bruto correspondientes a una economía abierta.

  • Balanza de bienes y servicios no factoriales
    [Bnf = Xnf - Mnf].

Es la suma de las balanzas comercial y de
servicios no factoriales. Se utiliza en el cálculo del pib:

PIB = Cp + Ibp + G + Xnf -
Mnf,

= C + Ib + Xnf - Mnf

= GIB + Bnf,

donde:

Cp = consumo privado
Ibp = inversión bruta
privada
G = gasto del gobierno en consumo e inversión bruta
Cg = consumo
gubernamental
Ibg = inversión bruta gubernamental
C = consumo total
(privado y gubernamental)
Ib = inversión bruta total (privada y
gubernamental)
Xnf = exportaciones de bienes y servicios no
factoriales
Mnf = importaciones de bienes y servicios no factoriales
Bnf =
balanza de bienes y servicios no factoriales
GIB = gasto interno bruto
G =
Cg + Ibg
C = Cp + Cg
Ib = Ibp + Ibg, y
GIB = Cp + Ibp + G = C +
Ib.

  • Balanza de bienes y servicios totales [Bbs =
    X - M].

Es la suma de las balanzas comercial, de
servicios no factoriales y de servicios factoriales. Se utiliza en el cálculo
del pnb:

pnb = Cp + Ibp + G + X -
M

= C + Ib + X - M

= GIB + Bbs,

donde:

X = exportaciones de bienes y servicios
totales
M = importaciones de bienes y servicios totales, y
Bbs = balanza
de bienes y servicios totales.

  • Balanza de cuenta corriente [Bcte = X - M +
    Tri]

Se utiliza en el cálculo del producto nacional
bruto disponible (pnbd), un concepto de producto nacional disponible calculado
de manera bruta cuyo uso he propuesto en otro lugar (Morales Castañeda,
1986).

pnbd = C v + Ib v + G + X - M +
Tri

= C + Ib + X - M + Tri

= GIB + Bcte,

donde:

Tri = transferencias internacionales, y
Bcte
= balanza de cuenta corriente.

Un concepto similar, calculado de manera neta,
es el ingreso nacional disponible (ind), propuesto por las Naciones Unidas
(1970).

ind = Cp + Inp + Cg + Ing + X - M
+ Tri

= C + In + X - M + Tri

= GIN + Bcte

donde:

Inp = inversión privada neta
Ing = inversión
gubernamental neta
In = inversión neta total
GIN = gasto interno neto,
y
GIN = C + In.

En la medida en que las identidades del
producto bruto sean utilizadas en modelos de determinación del ingreso, las
balanzas parciales señaladas serán útiles, asimismo, para el análisis de la
determinación del ingreso.

2. Balanzas parciales vinculadas a las
cuentas nacionales del sector monetario-financiero

La balanza de pagos también guarda relación con
el sector monetario-financiero de la economía. Al respecto, los registros
desglosados de la cuenta de capital pueden ser importantes para el análisis de
los flujos financieros sectoriales, lo que es posible mediante un estado de
origen y aplicación de recursos a escala macro.

Aquí sólo se asentarán, sin embargo, dos
proposiciones generales relativas a puntos que pueden dar lugar a algunas
confusiones. Uno es el relativo a la aportación de ahorro externo; el otro tiene
que ver con el efecto monetario de los resultados de la balanza de
pagos.

a) La aportación de ahorro
externo

La aportación de ahorro externo (crediticio,
vía valores y vía inversión extranjera directa), aunque está influido por el
comportamiento de la cuenta de capital, no es en general igual al saldo de esta
balanza sino al de la cuenta corriente, con signo cambiado.

Para el efecto, conviene partir de la identidad
del producto bruto disponible, por el lado del origen:

PNBD = C + Ib + Bcte
(1)

y por el lado de la asignación:

PNBD = C + Aht + D
(2)

y de las definiciones siguientes:

Aht = ahorro interno total neto (público y
privado), y
D = depreciación.

Partiendo de (1) y (2) se obtiene lo
siguiente:

C + Aht + D = C + Ib +
Bcte,

y anulando el consumo en ambos lados de la
ecuación y pasando del término de la derecha al de la izquierda, la expresión de
la balanza de cuenta corriente:

Ib = Aht + D - Bcte.

La última expresión nos dice que la inversión
bruta (privada y pública) se financia con el ahorro interno total neto, más la
depreciación, más el equivalente del saldo de la balanza de cuenta corriente,
pero cambiada de signo. Si hay un déficit en la balanza de cuenta corriente, hay
una aportación positiva de ahorro externo al financiamiento de la inversión
interna. Siempre que Bcte < 0, se afirma que hay una inversión externa en el
país, o desinversión del país en el exterior. Si Bcte > 0, que hay una
inversión del país en el exterior.

De lo visto hasta ahora, y de manera directa a
partirde las balanzas resumidas del cuadro 6, es posible establecer
que:

Bcte + Bcap + VR = 0,
(3)

donde:

Bcap = balanza de capital neta de errores y
omisiones, y
VR = variación de las reservas, neta de la debida a las cuentas
de contrapartida. A partir de (3), se obtiene:

-Bcte = Bcap + VR

Sustituyendo la última expresión en
(2),

Ib = Aht + D + Bcap + VR
(4)

Si la balanza de capital tiene signo positivo y
la variación de reservas es igual a cero, la aportación de ahorro externo será
igual al saldo de la cuenta de capital e igual al saldo de la cuenta corriente
con signo cambiado. Si se acumulan reservas (VR < 0), una parte del saldo
positivo de la cuenta de capital se anula en consecuencia, porque se utiliza
para financiar el aumento de reservas, de tal manera que sólo la parte del saldo
de la cuenta de capital igual en valor absoluto al de la balanza de cuenta
corriente se constituye en una aportación de ahorro externo que financia la
inversión interna. Si se desacumulan reservas (VR > 0), la aportación de
ahorro externo al financiamiento de la inversión interna, dado por el saldo
positivo de la cuenta de capital, se refuerza con una desacumulación de activos
internacionales por parte del banco central.

b) El efecto monetario9

El saldo de la balanza global, igual a la
variación de reservas con signo contrario, como se confirma en el cuadro 6,
tiene un efecto monetario potencial. Supongamos que hay un saldo positivo en la
balanza global, y que VR < 0 en consecuencia, de tal manera que se acumulan
reservas por la misma magnitud. La base monetaria se expande en principio (al
comprar divisas el banco central las paga con moneda nacional), y con ella la
oferta monetaria total. Supondremos, para propósitos de análisis, que tanto el
saldo positivo de la balanza global se debe completamente a un saldo positivo en
la cuenta de capital (entrada neta de capital) como que el banco central
responde a esto de dos maneras extremas.

En la primera, el banco central esteriliza el
efecto monetario de la acumulación de divisas mediante la venta de deuda pública
interna, en operaciones de mercado abierto, por un monto igual al valor en
moneda nacional del incremento de divisas. De esa manera retira la liquidez
creada mediante la compra de las divisas y el efecto monetario inicial se
nulifica. Con tal acción el banco central disminuye su crédito primario interno
y no sólo se esteriliza el efecto monetario, sino que se anula el financiamiento
disfrutado por los sectores internos de la economía (público y privado) mediante
la entrada inicial de capital. Esta situación se presenta en el cuadro 12.1 que
proporciona los cambios en el balance del banco central.

cuadro 12.1
Balance 1 del
banco central
Incremento de reservas 750 Incremento en
la base
monetaria
750
Disminución deuda
gobierno
(Crédito
primario interno)
750 Decremento en la
base
monetaria
750

En la segunda, el banco central no esteriliza
el efecto monetario inicial de la acumulación de divisas, porque lo considera
compatible con sus metas de expansión monetaria y de inflación. En este caso
sencillamente permite que el crédito primario interno crezca menos de lo que
planeaba, en un monto igual al valor en moneda nacional de la acumulación de
divisas en la reserva. De manera que no se esteriliza el efecto monetario ni se
anula propiamente el efecto de financiamiento de la entrada de capital, pero
este último queda compensado por una expansión menor que la inicialmente
considerada, de igual magnitud, en el crédito primario interno del banco
central. De manera implícita también se anula el efecto de financiamiento de la
entrada de capital. Esto se presenta en el cuadro 12.2 que da los cambios en el
balance del banco central.

cuadro 12.2
Balance 2 del
banco central
Incremento de reservas 750 Incremento en
la base
monetaria
750

VI. Equilibrio y desequilibrio en la balanza
de pagos

A algunos les gustaría poder juzgar el estado
global de las relaciones económicas de un país con el exterior por medio de una
sola cifra de déficit o superávit en la balanza de pagos. De esa manera
intentarían saber si hay balance aproximado (equilibrio) o desbalance
(desequilibrio) en los pagos internacionales, y si la situación es conveniente o
inconveniente desde una cierta perspectiva.

En los hechos es posible calcular, sin embargo,
una diversidad de balanzas parciales que usualmente mostrarán déficit o
superávit, de manera tal que el resultado pueda parecernos en principio un tanto
contradictorio. Aun cuando no todas las balanzas parciales que es posible
calcular tienen el mismo significado ni la misma importancia, varias de ellas
pueden llegar a pretender, con igual legitimidad, poseer algún significado
analítico desde el punto de vista de la situación de la balanza de pagos en su
conjunto.

Lo que con frecuencia pretende juzgarse
mediante un resultado único de la balanza de pagos suelen ser dos asuntos
distintos, aunque relacionados entre sí. Por una parte la conveniencia, desde el
punto de vista de una economía nacional, de los flujos que registra la balanza
de pagos en un periodo dado. Por otra parte, la sostenibilidad misma de dichos
flujos, y vinculado a ello, el asunto de la sostenibilidad del tipo de cambio.
El déficit o superávit acentuado en algunas balanzas parciales puede contribuir
y, a veces hace inevitable, la modificación (depreciación o apreciación) del
tipo de cambio, lo que a su vez hace variar los flujos de la balanza de cuenta
corriente y, posiblemente, los correspondientes a la cuenta de
capital.

Las balanzas parciales más importantes para un
país que no es centro financiero (un país que no es banquero, como a veces dicen
los tratadistas del tema), pero que tiene acceso al capital del exterior, son la
de cuenta corriente y la balanza global, ambas presentadas en las balanzas
resumidas del cuadro 6. Para determinar si existe o no un desequilibrio externo,
así como el signo y la importancia del mismo, suele resultar insuficiente acudir
a la cifra de una sola balanza parcial, e incluso a las cifras de las dos
balanzas parciales señaladas. Es usual que el análisis requiera no sólo del
examen más o menos detallado de diversos aspectos de la balanza de pagos, sino
también del comportamiento de otros aspectos de la economía.

La balanza de cuenta corriente es una balanza
parcial con significados analíticos variados. Un superávit en ella puede ser
conveniente desde el punto de vista de la generación de demanda agregada
dirigida a la producción interna de un país. Un déficit, a su vez, puede ser
conveniente si, al estar compensado con un saldo positivo en la cuenta de
capital, permite la aportación de ahorro externo para el financiamiento de la
inversión y el crecimiento económico de un país en desarrollo, sin poner en
riesgo la reserva de divisas ni la sostenibilidad del tipo de cambio. La
conveniencia de uno u otro no puede ser ajena a la situación particular de un
país ni a los objetivos de política que persigan sus dirigentes
económicos.

Respecto de la sostenibilidad de los flujos de
la balanza de pagos y del tipo de cambio en los plazos corto y mediano, e
incluso para ciertos plazos largos, el significado de la balanza de cuenta
corriente es menos definido. Cuando un país no tiene acceso al capital externo
vía endeudamiento, como ocurría en México en las décadas de los años cuarenta y
cincuenta, y como volvió a suceder de 1983 a 1986, el resultado de la cuenta
corriente es importante para la sostenibilidad del tipo de cambio a corto plazo,
pues se refleja de manera directa en la variación de reservas. Un déficit de la
cuenta corriente en tales condiciones, si es de magnitud considerable y si el
acervo de reservas del banco central es reducido, puede conducir rápidamente a
una depreciación monetaria y a la modificación de los flujos de la balanza de
pagos. Esto es lo que de hecho ocurrió en México en 1954.

Cuando tiene acceso al capital externo y es
posible inducir entradas de capital, además de que el ritmo anual y el
endeudamiento previo es reducido, un país puede incurrir en déficit de balanza
de cuenta corriente durante periodos prolongados, sin perder reservas y sin
depreciar su moneda, como ocurrió en México de 1955 a 1972. Sin embargo, el
déficit de cuenta corriente, ya sea porque se ha mantenido durante muchos años o
porque ha sido de gran magnitud y ha determinado ritmos de endeudamiento rápido
que conducen a un nivel elevado del mismo, puede terminar por secar las fuentes
externas de capital y conducir finalmente a pérdida de reservas y depreciación
de la moneda. Esto ocurrió en México de 1973 a 1976, de 1979 a 1982 y, más
recientemente, de 1992 a 1994.

La que aquí denominamos balanza global de
pagos, que también es de carácter parcial, resulta de la suma de las balanzas de
cuenta corriente y de cuenta de capital y tiene significado analítico para la
sostenibilidad del tipo de cambio en los plazos cortos. Un déficit en la balanza
global significa pérdida de reservas de manera inmediata, así como disminución
de la capacidad del banco central para sostener el tipo de cambio, la que será
más fuerte cuanto más rápido sea el ritmo de pérdida de reservas.

Una balanza global de pagos deficitaria puede
ser sólo un fenómeno temporal, desde luego, de manera particular cuando los
agentes económicos de un país tienen capacidad de endeudamiento con el exterior
a tasas de interés aceptables. Esto quedará en función de la magnitud de los
pasivos previamente acumulados frente a residentes del exterior. Por otra parte,
los déficit de la balanza global serán menos indicadores de la inevitabilidad de
una depreciación a corto plazo cuanto mayor sea el acervo de la reserva de
divisas del banco central.

El asunto de la sostenibilidad del tipo de
cambio, en presencia de déficit de la balanza de cuenta corriente, estará en
función de la capacidad para atraer capital del exterior, ya sea vía
endeudamiento, vía inversión extranjera directa o vía inversión de cartera.
Bajos niveles de endeudamiento previo y bajos ritmos de endeudamiento adicional
resultan favorables para ese propósito. Pero no debe perderse de vista que aun
en situaciones de gran endeudamiento previo y alto ritmo de endeudamiento, puede
ser posible la atracción de capitales adicionales del exterior. Sin embargo, en
tales circunstancias el cambio de expectativas de los agentes económicos, que
haga que se sequen las fuentes de capital externo e incluso se reviertan las
corrientes de capital si los mismos se han invertido en instrumentos de deuda
local de corto plazo, puede darse de manera súbita y con consecuencias negativas
y dolorosas para la economía y para muchos de los agentes que laboran al
interior de la misma. La experiencia de México a finales de 1994 y durante 1995
es un ejemplo de esa circunstancia.

Conclusiones

Al examinar las relaciones económicas de los
residentes de un país con los residentes del exterior, es necesario el uso y el
análisis de los datos de la balanza de pagos. Diversos asuntos requieren un
estudio a detalle de la misma, para lo que son útiles las balanzas de pagos
desglosadas que suele presentar el Banco de México. Otros sólo requieren del
examen de balanzas agregadas que aquí han sido llamadas balanzas
resumidas.

El uso de las balanzas parciales de carácter
analítico incluidas en las balanzas resumidas es indispensable para el examen
del equilibrio (balance) o desequilibrio (desbalance) en los pagos
internacionales. Sin embargo, no es posible obtener conclusiones claras respecto
de la conveniencia de los flujos que registra la balanza de pagos, o respecto a
la sostenibilidad del tipo de cambio, recurriendo a una sola cifra de la balanza
de pagos. Tal propósito puede requerir no sólo el estudio de diversos aspectos
de dicha balanza sino el examen de otras variables de la economía.

Junio de 1996

Apéndice A

Con el propósito de precisar su
comprensión de las transacciones que incluye la balanza de pagos, así como de la
estructura contable de ésta, el lector puede registrar las transacciones
hipotéticas siguientes. Para el efecto, utilícense los renglones pertinentes del
cuadro 10, al igual que se hizo en la sección IV. El lector puede utilizar
desgloses adicionales de las cuentas con base en las balanzas de los cuadros 1
al 3. De las transacciones de la sección IV y de las incluidas en este apéndice
surge la balanza hipotética de categorías homogéneas de cuentas del cuadro
12.

13. Un grupo de bancos residentes otorga
un préstamo de 40 millones de ume, a 10 años plazo, a empresas del exterior.
Éstas giran por el total del crédito con el fin de hacer compras en terceros
países.

14. El gobierno de Tortilandia hace un
donativo a varios gobiernos del exterior, consistente en maquinaria agrícola por
valor de 150 millones de ume.

15. Residentes temerosos de una
devaluación de la moneda local colocan en el exterior 800 millones de ume que
adquieren del banco central. Del total, 400 millones los invierten en bienes
inmobiliarios, 200 en acciones de una variedad de grandes corporaciones
extranjeras y 200 los depositan a la vista en bancos de Orolandia.

16. El banco central, a nombre del
gobierno, recibe una asignación de derechos especiales de giro (deg) por valor
de 80 millones de ume.

17. Se realizan importaciones por valor
de 500 millones de ume, precio cif, de los que 45 millones corresponden a
seguros y fletes. Del total, 300 millones se pagan en ume, cantidad en que
disminuyen las divisas del banco central. El resto fue pagado con el equivalente
en moneda nacional; los exportadores extranjeros depositan esos saldos a la
vista en bancos del interior.

18. Una empresa de Tortilandia realiza
inversiones en Murilandia, con participación controladora, por 140 millones de
ume. Su aportación se integra con maquinaria por valor de 60 millones y 80
millones en divisas.

19. Empresas residentes de control
extranjero directo obtuvieron utilidades de 60 millones de ume, de los cuales
repartieron 30 en dividendos y reinvirtieron el resto. La participación foránea
en el capital es de 40 por ciento.

20. Se importan bienes de capital por
valor de 2 475 millones de ume. Se reducen los depósitos del banco central en
bancos comerciales del exterior por una cifra equivalente.

21. Ciudadanos de Tortilandia reciben
dividendos del exterior por 135 e intereses por valor de 128 millones de ume.
Ingenieros tortilandeses en el exterior obtienen 12 millones de ume al prestar
sus servicios en diversos proyectos.

22. El transporte de mercancías de
importación lleva a empresas nacionales a pagar a navieras y aseguradores del
exterior 350 millones de ume (288 y 62 de manera respectiva).

23. Turistas nacionales gastan 400
millones de ume en el extranjero y pagan 75 millones a líneas aéreas
extranjeras, disminuyendo de manera correspondiente los depósitos del banco
central en bancos comerciales del exterior.

24. Se realizan importaciones del
exterior por valor de 1 550 millones de ume, de los cuales 200 se cubren con
créditos comerciales y el resto se paga de inmediato. El banco central ve
disminuir sus depósitos en bancos del exterior.

Apéndice B

Cambios en la
presentación de las balanzas de pagos del Banco de México

Diversos propósitos analíticos pueden
requerir sólo del conocimiento de los rubros principales de la balanza de pagos,
tales como los descritos en la sección II. Eso pasa cuando se trata de hacer una
interpretación del estado de las transacciones y los pagos de un país con el
exterior. Para esos propósitos, los cuadros 5 y 6 proporcionan la información
necesaria.

Otros objetivos analíticos más
específicos pueden requerir de la información desglosada que se presenta en las
balanzas de los cuadros 1 al 3. Pero en relación con ellas se produce una
situación paradójica. A pesar de que dan información detallada y rica, tales
objetivos pueden verse frustrados en ocasiones por los cambios en los desgloses,
los que se han presentado a lo largo del tiempo y se observan en las balanzas de
referencia. Algunos de esos cambios son inevitables o convenientes para diversos
fines. A veces son parte de un proceso de uniformación de las presentaciones de
las balanzas de pagos de diversos países, o de compatibilización de los datos de
las balanzas de pagos con los de las cuentas nacionales de producción e ingreso.
Ello no obstante, pueden ocasionar dificultades al usuario.

No está disponible al público un Manual
de balanza de pagos, ofrecido por el Banco de México, que permita conocer con
toda precisión las transacciones registradas en los diversos rubros de la
balanza, el que además se fuera actualizando conforme ocurriesen los cambios. Sí
existen, sin embargo, pequeñas notas metodológicas publicadas en los Informes
anuales de 1983, 1984 y 1990. Pero, para dificultad del usuario, en muchos casos
no están disponibles los datos que, a raíz de los cambios en la manera de hacer
los registros, permitan elaborar series congruentes a lo largo del
tiempo.

El propósito de este apéndice es
ofrecer, al lector que trata de usar las balanzas de pagos con propósitos
analíticos específicos, un recuento de los principales cambios que se han hecho
en la presentación de las balanzas de pagos por parte del Banco de México
durante los pasados quince años. El recuento se realiza en parte con base en las
notas metodológicas ya señaladas.

I. Cambios de desglose y
de clasificación

Estos pueden darse ya sea en la cuenta
corriente o en la cuenta de capital. Pueden ser asimismo de los que rompen la
congruencia de las series o de los que la mantienen, al menos en términos de un
agregado superior. De hecho, los cambios que se presentan en los cuadros 1 al 3
generalmente no afectan la congruencia de los rubros principales: las cuentas
corriente y de capital y la variación de reservas. Sí afectan en algunos casos,
sin embargo, la elaboración de series de datos desagregados, y por lo tanto el
detalle de información que puede extraerse de las balanzas.

1. Cambios en la cuenta
corriente

En cualquiera de las balanzas
presentadas aparecen los cuatro rubros principales dentro de esta cuenta:
mercancías, servicios no factoriales, servicios factoriales y transferencias.
Algunos cambios que van de las balanzas de 1987 y 1988 (cuadro 3) a las de 1993
y 1994 (cuadro 1), son debidos a una agregación mayor de los datos en las
últimas.

Lo que en las balanzas del cuadro 1
aparece como viajeros (turismo de mexicanos en el exterior o de extranjeros en
México), por ejemplo, en las de los cuadros 2 y 3 aparece desagregado en
viajeros al interior y viajeros fronterizos, distinción que ha sido común en
México por el interés analítico que suscitan las transacciones cotidianas de los
residentes del país con los residentes de los Estados Unidos, a lo largo de la
frontera norte. El cambio no hace incongruente la serie de viajeros, y si bien
se pierde alguna información en las balanzas del cuadro 1, la misma está
disponible en otras publicaciones del Banco de México, de manera específica en
los Indicadores económicos. Este cambio no afecta ni al rubro de servicios no
factoriales ni al de la cuenta corriente.

En las balanzas 1 a la 3 hay otro cambio
de desglose, que es simultáneamente un cambio en la manera de registro de las
transacciones: el relativo a las maquiladoras. Este asunto fue examinado en la
transacción 5 de la sección IV.

Durante muchos años, el Banco de México
registró el valor de la exportación neta (valor agregado interno) de las
maquiladoras con el rubro de servicios por transformación, dentro del rubro un
poco más agregado de servicios no factoriales. El valor de la exportación neta
de las maquiladoras tiene un interés analítico propio que justifica la
presentación de datos que permitan distinguirlo y calcularlo. Registrarlo como
servicios no factoriales tenía algo de paradójico, sin embargo, porque la
exportación neta corresponde sobre todo al valor agregado por el factor trabajo
(sueldos y salarios en un sentido amplio), es decir, un servicio factorial. La
situación daba origen, asimismo, a problemas de congruencia con los datos de
comercio México-Estados Unidos compilados en este último país, donde las
exportaciones e importaciones se registran de manera bruta.

A partir del Informe anual de 1992, el
Banco de México ha presentado las exportaciones e importaciones brutas de las
maquiladoras junto con las de los demás residentes del país, lo cual se refleja
en los cuadros 1 y 2. En cuadros separados, empero, se dan los datos de
exportaciones e importaciones de las maquiladoras, por un lado, y las de los
demás residentes, por el otro, lo que se muestra en el cuadro 4.

La solución es afortunada. Los datos de
exportación e importación de mercancías, y también el agregado de servicios no
factoriales presentados a partir de 1992 (con datos para 1991 también), si bien
son incongruentes con los de años anteriores, permiten todavía construir series
comparables con las de años previos, por medio de los cuadros complementarios,
para el concepto de servicios por transformación, el de servicios no factoriales
y para exportaciones e importaciones de los residentes con exclusión de las
maquiladoras.

2. Cambios en la cuenta de
capital

Los cambios de desglose de la cuenta de
capital han sido numerosos a lo largo de los pasados quince años, y con
frecuencia incluyen reclasificaciones de cuentas que impiden construir series
congruentes. Un cambio importante reciente consiste en que la variación de
activos y pasivos ya no se registra de acuerdo con el plazo nominal de los
mismos. El usuario debiera tener cuidado extremo al tratar de construir series
de conceptos desglosados correspondientes a esta cuenta. Todavía es posible, sin
embargo, construir series de un nivel intermedio de agregación dentro de la
misma.

II. Cambios en la
concepción del formato global de la balanza de pagos

Un caso distinto es el de los cambios en
la concepción del formato global de la balanza de pagos. Estos se presentaron en
las balanzas de pagos que van de 1982 a 1984, principalmente. Corresponden de
manera general al cambio conceptual y metodológico que se dio entre las
ediciones tercera y cuarta del Manual del fmi. El sentido principal de esos
cambios fue lograr una mayor compatibilidad entre los datos de la balanza de
pagos y los de las cuentas nacionales de producción e ingreso.

La comprensión amplia y precisa de todas
las modificaciones que ocurrieron con este rubro requeriría que el lector
conociera las ediciones tercera y cuarta del Manual del fmi, y de la mecánica de
registro de las transacciones según los conceptos de cada uno de ellos, en un
sentido similar a lo presentado en la sección IV. Entre los cambios efectuados
en esa ocasión están:

  • La separación clara (a partir de
    1984) de los rubros de servicios no factoriales y servicios factoriales. Hasta
    el Informe anual de 1983, la separación que podía hacerse, aunque no se la
    hacía de manera explícita en las balanzas, era entre servicios financieros y
    servicios no financieros. Pero algunos de estos últimos sí son servicios
    factoriales y la presentación anterior le restaba por ello compatibilidad a
    los datos de la balanza de pagos con los de las cuentas nacionales de
    producción e ingreso.

  • La separación de los cambios de la
    reserva bruta de divisas del Banco de México debidos a las cuentas corriente y
    de capital de los debidos a las cuentas de compensación, lo que se hizo ya en
    1983.

  • Como consecuencia de lo señalado en
    el párrafo anterior, el registro de la asignación de los deg por el fmi, que
    antes se hacía conforme a uno de los rubros principales, según una cuenta de
    compensación.

  • También se produjo un cambio en el
    tipo de registro correspondiente al oro. Anteriormente aparecía en la cuenta
    corriente un renglón de oro no monetario. En él se registraban tanto las
    exportaciones e importaciones del metal como las transacciones de compra-venta
    entre el Banco de México y los residentes del país. De acuerdo con lo
    recomendado en la cuarta edición del Manual del fmi, ahora cualquier
    exportación o importación de oro aparecería en el rubro correspondiente a
    mercancías. Las transacciones entre el Banco de México y los residentes, que
    influyen en la reserva bruta, tienen como contrapartida una cuenta de
    compensación. La forma del registro en la actualidad se ejemplifica en la
    transacción 9 de la sección IV.

  • El registro de las variaciones en el
    valor de las reservas de divisas internacionales del Banco de México, debidas
    a modificaciones del tipo de cambio de las demás divisas respecto del dólar de
    los Estados Unidos, o del precio del oro o la plata en términos de dólares. La
    contrapartida aparece como una de las cuentas de compensación. Este caso se
    examina en la transacción 10.

  • El registro del endeudamiento del
    Banco de México con instituciones monetarias de países extranjeros e
    internacionales mediante una cuenta específica dentro de la cuenta de
    capital.

III. Cambios en el
sistema de levantamiento de los datos

En el periodo considerado hay cambios en
el sistema de recopilación de datos de dos rubros de la cuenta
corriente.

1. Transacciones
fronterizas

En el Informe anual de 1983 se presentan
por primera vez datos para este rubro, cuyo nombre se cambiaría posteriormente a
viajeros fronterizos, basados en un nuevo sistema de levantamiento de la
información. Con anterioridad el método de cálculo se apoyaba en los movimientos
de moneda extranjera en efectivo y en documentos en la franja fronteriza. El
nuevo sistema se basa en una encuesta que permite calcular el gasto medio de los
viajeros en uno y otro sentido, y por separado se contabiliza el número de
cruces que realizan.

Con el cambio se dio origen a una nueva
serie, con datos a partir de 1982, que son incongruentes con los de años
anteriores. En la medida en que el nuevo sistema sea más exacto que el anterior,
las deficiencias de este último deben haber dado lugar a que parte de los
ingresos netos de transacciones fronterizas, o viajeros fronterizos, aparecieran
en el rubro de errores y omisiones. Eso implicaría que hubiese cierta
incongruencia, posiblemente menor, en la serie de saldos de cuenta corriente
anteriores a 1982 y en los que se inician en esa fecha.

2. Transferencias

A partir del Informe anual de 1990 se
presenta una serie, basada en un nuevo sistema de cálculo, para el rubro de
transferencias. Este cambio tuvo que ver con la importancia creciente de las
órdenes de pago (money orders) y cheques personales como medios de envío de los
saldos líquidos de las remesas familiares, en contraste con la importancia
previa de los giros telegráficos y postales.

Con el cambio se dio lugar a una nueva
serie, con datos a partir de 1989, que son incongruentes con los de años
anteriores. En la medida en que el nuevo sistema sea más exacto que el anterior,
las deficiencias de este último deben haber dado lugar a que parte de los
ingresos netos por transferencias aparecieran en el rubro de errores y
omisiones. Eso implicaría que hubiese cierta incongruencia, posiblemente menor,
en la serie de saldos de cuenta corriente anteriores a 1989 y en los que se
inician en esa fecha.

Los cambios reseñados, si bien alteran
en varios casos la información específica para diversos rubros, así como el
formato global de la balanza de pagos, no afectan por sí mismos la naturaleza de
las relaciones económicas del país con el exterior ni el estado global de los
pagos con el resto del mundo.

Referencias
bibliográficas

  • Ackley, Gardner (1983), Macroeconomía:
    Teoría y política, México, uteha.

  • Banco de México. Informe anual, varios
    años.

  • ––––– , Indicadores económicos, varias
    carpetas, varios años.

  • ––––– (1980), Estadísticas históricas de
    balanza de pagos, 1970-1978, México.

  • ––––– (1981), Estadísticas históricas de
    balanza de pagos, 1950-1969, México.

  • Fondo Monetario Internacional (fmi) (1977),
    Manual de balanza de pagos, cuarta edición, Washington.

  • Gandolfo, Giancarlo (1987), International
    Economics. II: International Monetary Theory and Open-Economy Macro-economics,
    Berlín, Springer-Verlag.

  • Host-Madsen, Poul (1967), Balance of
    Payments: Its Meaning and Uses, Serie 9, Washington, FMI.

  • Kenen, Peter B. (1994), The International
    Economy, tercera edición, Nueva York, Cambridge University Press.

  • Krugman, Paul J., y Maurice Obtsfeld (1994),
    Economía internacional: Teoría y política, segunda edición, Madrid,
    McGraw-Hill.

  • Meade, James (1976), El balance de pagos,
    Buenos Aires, El Ateneo.

  • Morales Castañeda, Raúl (1985), “El sector
    externo y la crisis económica actual en México: Una perspectiva histórica”,
    Análisis económico, uam-Atzcapotzalco, vol. IV, núm. 6, enero-junio.

  • Morales Castañeda, Raúl (1986), “Sobre el
    cálculo del ingreso nacional bruto real disponible en una economía abierta:
    Aspectos conceptuales y aplicaciones a los datos de México”, Economía: Teoría
    y práctica, uam, núm. 7, primavera.

  • ––––– (1992), “Naturaleza y alcance de las
    políticas monetaria y crediticia en México antes de la reforma financiera de
    1988-1991”, Análisis económico, uam-Azcapotzalco, vol. X, núm. 21.

  • Morales Castañeda, Raúl, La balanza de pagos
    y su integración a las cuentas nacionales: Estructura contable y aspectos
    analíticos, próxima publicación.

  • Naciones Unidas (1970), Un sistema de
    cuentas nacionales, serie F, núm. 2, revista 3, Nueva York.

  • Niehans, Jurg (1984), Inter national
    Monetary Economics, Baltimore, Johns Hopkins University Press.

NOTAS

  1. Kenen (1994) y Krugman y Obtsfeld (1994) son
    dos buenos textos intermedios recientes; Gandolfo (1987) y Niehans (1984)
    ofrecen dos buenos tratamientos, menos recientes pero más avanzados.

  2. Véase la referencia asociada al título de
    este artículo.

  3. La distinción entre variables de flujo y de
    acervo (o de existencia) es importante para el análisis económico, pero el
    tema excede los propósitos de este artículo. El asunto se estudia en textos
    como el de Ackley (1983, pp. 9-11). Un elemento para distinguir unas de otras
    es que las variables de flujo se miden para periodos y las de acervos para
    fechas específicas.

  4. De acuerdo con el Manual del fmi (1977, p.
    28), una transacción es el intercambio de valores entre partes independientes
    entre sí. Pueden darse o recibirse, también, valores sin quid pro quo, como en
    el caso de las transferencias.

  5. Los derechos especiales de giro son una
    especie de dinero internacional, creado por el fmi con el propósito de
    aumentar la liquidez en el mundo a intervalos decididos de manera
    discrecional. Una vez creados, los deg se asignan a los bancos centrales de
    los países miembros, en proporción a las cuotas de éstos en esa institución.
    Sólo circulan entre bancos centrales y entre ellos y el fmi.

  6. Fondo Monetario Internacional (1977).
    Principalmente pp. 16-19 y apéndice C.

  7. Las fechas de cambios en la presentación de
    las balanzas de pagos estarán referidas a los Informes anuales del Banco de
    México. Estas fechas pueden no coincidir con los cambios en la presentación de
    esas balanzas en los Indicadores económicos de la misma institución.

  8. Se incluyen notas metodológicas en los
    Informes anuales de 1983, 1984 y 1990.

  9. El tratamiento de este aspecto aquí es
    demasiado breve en relación con lo que sería deseable. El asunto se analiza
    con más detalle en Morales Castañeda (1992).

Competitividad industrial y cambio tecnológico

Luis Kato Maldonado
Profesor del Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco

Introducción

A partir de la década de los ochenta el mundo ha sido testigo del desarrollo
de nuevos procesos productivos, difundidos a partir de la aplicación de nuevas tecnologías, y de
una mayor diferenciación en los modos de consumo. No acorde con estos cambios sociales, el análisis
de la teoría económica tradicional respecto al cambio tecnológico abstrae la base social sobre
la cual se desarrollan los procesos productivos. La causa principal de esta carencia reside en que a la tecnología
se le considera exógena al sistema de producción. Por tanto, el problema del cambio tecnológico
se reduce al criterio de selección de técnicas cuando se considera la articulación de los
diversos elementos que aparecen en el proceso de producción.


Al ser la tecnología exógena a los productores, éstos deben
considerarla un dato a partir del cual deberán maximizar sus ganancias y minimizar sus costos. Los aspectos
tecnológicos desde esta perspectiva sólo se pueden captar una vez que está establecido el
sistema de precios; con ello se elimina por tanto el problema de la relación social capitalista en el interior
del proceso productivo.


El presente texto presenta los diversos ámbitos de interpretación
que deben ser considerados para analizar los conceptos de competitividad industrial y el cambio tecnológico,
a saber: los procesos técnicos del proceso de producción, la rotación del capital y los precios
relativos.

I. El proceso de producción desde el punto de vista técnico

El proceso de producción se concibe en general, desde el punto de vista
técnico, como la acción de la capacidad de trabajo que se despliega mediante la maquinaria y las
herramientas en diferentes objetos materiales, que serán transformados con el fin de obtener un producto
cualitativamente diferente. En la relación social capitalista, estos objetos materiales se ordenan y pasan
a lo largo de una secuencia de procesos de transformación racionalmente organizados y controlados; la secuencia
analítica de estos procesos parciales describe el uso productivo de las materias primas y materias auxiliares,
que son modificadas por la acción de diferentes trabajos que utilizan diversas herramientas y maquinarias.
El desarrollo de estos procesos parciales está acotado por un tiempo determinado; de lo contrario, el proceso
parcial sería ineficiente, y el objetivo del proceso productivo –la producción de mercancías–
no se podría realizar en términos socialmente productivos. De esta manera, el fin fundamental de
todo proceso de producción capitalista es realizar el trabajo en el menor tiempo posible, lo cual supone
un uso racional y eficiente tanto de la maquinaria como de los medios de trabajo que serán utilizados para
transformar las materias primas.


Esquemáticamente, podemos considerar el proceso productivo, desde el punto
de vista técnico, como un proceso en flujo en el cual Fi(T) son los insumos acumulados hasta el momento
t, y Gi(T) los productos acumulados hasta el momento t, es decir:

Ei(T) = Gi(T) - Fi(T) (1)

Ei(T) = indicará con su signo los flujos netos que salen del proceso (+)
o los flujos que ingresan al proceso (-). La descripción analítica completa de un proceso (productivo)
en un punto del espacio abstracto se puede escribir por medio de símbolos del siguiente modo:1

Ei(t) /T0, Fa(t) /T0, Ga (t) /T0 (2)

En donde el subíndice i indica elementos que son insumos o productos, y
el a indica los que representan a ambos. Esta notación subraya el hecho de que cada proceso debe tener una
duración de 0 a T e implica deterioro o destrucción.2 En donde T puede ser considerada, por ejemplo,
la vida útil de los bienes de capital y nos determina el límite del proceso que se estudia.


La participación de la maquinaria y de las herramientas en un proceso de
producción se puede representar simplificando la expresión (2) de la siguiente manera:

Ei (t) /T0, Sa (t) /T0(3)

Donde Ei (t) sigue representando a cada elemento de flujo (insumos) y Sa (t) representa
la depreciación física de la maquinaria y de los medios de trabajo en el momento t, dado un fondo
de servicios que un bien de capital puede proporcionar Ca hasta el momento t; por tanto 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (133) t Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (134)T y Ca - Sa (t) = K (t).


Los elementos contenidos en la expresión (3) –materias primas, maquinaria
y medios de trabajo– se pueden representar de manera más general por medio de la siguiente ecuación:

R(t)/T0 , I(t)/T0,
M(t)/T0 , Q(t)/T0, W(t)/T0, K(t)/T0, H(t)/T0 (4)

Donde R son los recursos naturales utilizados de manera directa en los procesos
productivos, I los materiales que proceden de otros procesos de producción, M los elementos necesarios para
el mantenimiento del equipo, Q la producción de artículos, W los desperdicios, K los bienes de capital
y H la fuerza de trabajo empleada.

Cada proceso de producción, cualesquiera que sea su tipo, se puede
reducir a su proceso elemental.3 Los sistemas más complejos se pueden aislar trazando el límite correspondiente
y registrando las coordenadas analíticas del proceso. La representación de un proceso que comprenda
todas las combinaciones factibles y sin desperdicios de ingredientes puede estar dada por la funcional:4


Q(t)/T0 F' [R(t)/T0, I(t)/T0,
M(t)/T0, W(t)/T0, K(t)/T0,
H(t)/T0] (5)

“Si en cada instante se inicia un proceso elemental, se dice que el sistema tiene
continuidad y coordenadas de flujo (uso de insumos) que se pueden representar como funciones lineales homogéneas
de t”. Estos valores pueden ser expresados como números reales discretos y/o continuos, según sea
el ciclo de renovación (véase sección I.1), considerando lo anterior los valores discretos
para los elementos de flujo, que pueden ser expresados con literales minúsculas de la siguiente manera.

R(t) = r, I(t) = i, M(t) = m, W(t) = w (6)

Las coordenadas de fondo del sistema (la tasa de depreciación de maquinaria
y equipo, y la fuerza de trabajo empleada) pueden ser expresadas en números reales de manera discreta, los
cuales se representan con literales mayúsculas y pueden escribirse de este modo:

K(t) = K, S(t) = S, H(t) = H (7)

El proceso productivo se puede representar como una función de producción
por medio de la funcional:

q(t)/T0 = G' [(r(t)/T0),...


(w (t)/T0 ); (K (t)/T0),...,(H (t)/T0 )] (8)

Durante un instante, la funcional degenera en una función puntual ordinaria:

q = F(r, i, w, K, H,) (9)

En el caso de la producción que ocurre entre dos instantes, en un intervalo
t, la función se debe escribir:

q(t)/T0 = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (135)(r (t)/T0,...,w (t)/T0; K (t)/T0,...,H
(t)/T0; t) (10)

Donde f es una función lineal homogénea de t, lo mismo que las otras
variables de la ecuación, indicando que las materias primas consumidas y la depreciación física
de los bienes de capital en seis horas, por ejemplo, equivalen a seis veces las de una hora. De aquí la
identidad Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (136)= tF.5


Cada sistema de producción presenta un máximo potencial productivo,
el cual teóricamente nos daría los desembolsos unitarios, o coeficientes técnicos de producción
por unidad de producto. Dichos desembolsos se obtienen dividiendo las cantidades respectivas gastadas en medios
de producción –que potencialmente pueden ser utilizados en un tiempo determinado–, entre la cantidad de
producto que potencialmente puede obtenerse en el mismo periodo, es decir:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (137)(11)

Esta formalización presenta la forma en que diferentes elementos materiales
cualitativamente diversos: material de trabajo, medios de trabajo y trabajo vivo se articulan para desarrollar
la unidad del proceso de producción. La diferencia cualitativa de estos elementos se presenta desde el punto
de vista de los precios relativos, como una diferencia cuantitativa que determina su movimiento total (rotación).
El desgaste físico de la maquinaria y la velocidad con que son transformadas las materias primas en el proceso
productivo determinan los precios de las mercancías finales; es decir, las condiciones materiales del proceso
de producción se presentan desde el punto de vista formal como el desarrollo del capital constante fijo
y del capital constante circulante.


1. La rotación del capital


La formalización anterior nos especifica la articulación final de
las diferentes etapas del proceso productivo. Con el fin de analizar los procesos de trabajo en específico,
es necesario determinar la utilidad de los diversos elementos (objetivos y subjetivos) que especifican el proceso
de producción. Una vez determinada la utilidad es imprescindible calcular los tiempos de utilización
y/o consumo de los diversos elementos que componen el capital constante. El agrupamiento de los diversos elementos
que definen el capital constante y su modo de utilización determinan el concepto de sistema de producción.


Considerando la división de los elementos objetivos como capital constante
encontramos que el capital constante fijo actúa en tres dimensiones técnicas: i) modificación
de los aspectos físicos y químicos de los insumos utilizados; ii) controlando las variables que pueden
alterar los aspectos físicos del sistema de producción en flujo, y iii) trasmitiendo y desplegando
energía. Considerando estas dimensiones técnicas es posible definir la utilidad de cada elemento
del capital constante fijo y con ello delimitar su depreciación en términos físicos.


El patrón de depreciación de los bienes de capital debe calcularse
especificando los siguientes aspectos: el sistema de generación de energía utilizado, el sistema
de trasmisión de la misma, los sistemas de control desarrollados en el proceso productivo, la velocidad
de transformación de materias primas y auxiliares, y las características físicas y químicas
de los materiales que componen los bienes de capital. La tasa de depreciación se considera a partir de lo
que se denomina cantidad de servicio, es decir: el tipo de operación del bien de capital por el número
de horas de utilización.


Por su parte, el ciclo de rotación de materias primas y auxiliares se determina
por la velocidad con que los diferentes activos fijos son utilizados y transfieren su valor al producto final mediante
la transformación de las materias primas y auxiliares, de la capacitación de la fuerza de trabajo
para el uso de ambos elementos y, en última instancia, de las características de los productos finales,
así como del tipo de mercado hacia el cual se destinan.


Considerando los elementos materiales que dan contenido a todo proceso de producción
(expresión 4) podemos clasificar a R, I y M como capital constante circulante. Como el proceso de producción
es un sistema continuo en un intervalo 0 a t –donde el intervalo determina el límite del proceso de producción–
entonces R(t)=r, I(t)=i, M(t)=m, en términos de la cantidad de materias primas y materias auxiliares utilizada,
puede ser expresada como un flujo que describe el número de unidades apropiadas (kilovatios, metros cúbicos
de combustible, metros de hilo, etcétera). La tasa de flujo indica una dimensión combinada: número
de unidades apropiadas por unidad de tiempo (kilo-vatio/hora, metros cúbicos de combustible/hora, metros
de hilo/hora, etcétera).


Finalmente la determinación y planeación de los requerimientos de
trabajo en los procesos de producción, independientemente de las características del trabajo específico
que se despliegue, se realiza mediante la descripción de las llamadas operaciones unitarias.


Este concepto se aplica:

Para designar operaciones como la destilación, la filtración,
el secado, etcétera, comunes a un gran número de industrias. En efecto, es interesante estudiar estas
operaciones independientemente de la naturaleza de las sustancias que intervienen, con objeto de establecer las
leyes que determinan su eficiencia, y diseñar los equipos industriales apropiados.6

Según esta lógica, es posible codificar los procesos productivos
como sistemas de producción en los cuales se puede obtener una visión global de las estructuras productivas
y del comportamiento tecnológico que siguen.


La tasa de productividad de la fuerza de trabajo puede determinarse considerando
que el obrero está sujeto a las leyes que enmarcan las condiciones de operación del sistema productivo,
en el cual la productividad de éste aumenta conforme se incrementa la utilización de los elementos
que lo componen; por esto la norma de productividad de la fuerza de trabajo será una función de la
cantidad de producto generado en cada una de las etapas del proceso productivo dado el sistema de producción
utilizado.


Considerando que el proceso productivo está plenamente desarrollado, a
partir de la sistematización de sus procesos elementales, es posible generar una serie de indicadores, mediante
tablas de distribución de frecuencias, que describen la cantidad de servicios prestados por un bien de capital
en un tiempo determinado y la tasa de consumo del capital constante fijo; estos indicadores son los siguientes:


a) Inventarios iniciales y/u horas de servicio potenciales que puede prestar
un bien de capital N(0)


Esta relación establece la cantidad de materias primas y materias auxiliares
introducida en el momento t(0) para que el proceso de producción inicie y tenga continuidad,
o bien, indica el número de horas-servicio durante el cual un bien de capital puede ser utilizado.


b) Coeficiente de utilización l(t)


Indica la tasa de cambio entre la cantidad de materias primas y materias auxiliares
utilizadas en el momento t, y la cantidad de materias primas y/o materias auxiliares introducidas en el momento
t(0) también indica la relación de tiempo de utilización en el año (mes)
en cuestión y el número total de tiempo de servicio del equipo que se tenía originalmente
N(0). Este indicador señala la fracción de materias primas y auxiliares que no ha transferido
su valor de uso en el producto o la cantidad de horas-servicios que un bien de capital puede ser utilizado. Es
decir, identifica la probabilidad de que el capital constante en el momento t(0) persista, sin haber
transferido su valor de uso en el producto final; en notación matemática esto sería igual
a N(t) /N(0).


c) Coeficiente de decremento P(t)


Indica la relación que existe entre el decremento de la cantidad de materias
primas y auxiliares en una unidad de tiempo de utilización y la cantidad de materias primas y auxiliares
que originalmente se tenían, o bien, señala la relación que existe entre el decremento de
las horas de utilización del equipo en una unidad de tiempo de utilización, y el número de
horas de servicio que originalmente se tenían, es decir: (N(t)-N(t+1))/N(0).
Este indicador define la probabilidad de que el capital constante en el momento t(0) transfiera su valor
de uso al producto final en el momento t.


d) Intensidad de decremento (m(t))


Muestra el consumo de materias primas y auxiliares que tiene lugar durante la
unidad de tiempo (t+1), y el número de materias primas y auxiliares que se tenían en el momento t
también nos señala la pérdida de horas de servicio que tiene lugar durante la unidad de tiempo
(t+1) y el número de horas de servicio que se tenían en el momento. La intensidad de decremento puede
interpretarse como la probabilidad de que el capital constante durante t unidades de tiempo transfieran su valor
de uso al producto final durante la siguiente unidad de tiempo.


La intensidad del decremento puede ser igualmente expresada como el cociente resultante
de dividir el coeficiente de decremento y el coeficiente de duración, por lo tanto m(t) = P(t)/ l(t).


Con estos indicadores se puede calcular la pérdida de horas-servicio y/o
el número de objetos que pierden su valor de uso en una unidad de tiempo determinada, con lo cual se tiene
la depreciación física de los bienes de capital y el consumo del capital constante circulante en
un periodo. Los procesos de utilización del capital constante pueden ser repentinos o graduales (continuos
y/o discretos). La diferencia entre los inventarios iniciales y/u horas de utilización potencialmente factibles
a ser utilizadas y el consumo productivo durante una unidad de tiempo se denomina tiempo de reacción. En
el caso en que el consumo sea repentino (total) el tiempo de reacción puede denotarse por un número
real (positivo) individual; en el caso de un consumo gradual discreto se requiere de una secuencia de números
reales para denotar el tiempo de reacción; en el caso de un proceso gradual continuo se requiere de un intervalo
continuo de números reales.


Observando la expresión (4), y suponiendo un proceso gradual continuo se
tiene: la depreciación de un bien de capital se expresa de la siguiente manera: K(t)= K = [Ca-Sa(t)], donde
Ca-Sa(t) sería igual a la vida útil de los bienes de capital. En términos de indicadores,
las anteriores expresiones equivaldrían en un sistema con funciones continuas a:

N(0)(t) = N(0)(0) f (t) +0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (138)tN(0)(t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (139)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (140))dEconomía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (141) (12)7

entonces:

Ca-S(t) = g(t) = f (t) +0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (142)tg(t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (143)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (144)) dEconomía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (145)

Donde g (t) = N(0) (t)/ N (0) (0) y g (t-Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (146))= N (0) (t-Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (147)) / N (0). Las fracciones g(t) y g (t-Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (148)) se denominan frecuencia de utilización e indican la cantidad de
horas de un bien de capital que tendrán que ser renovadas en un momento determinado, dado su desgaste y
su mantenimiento como una fracción de la cantidad de horas disponibles de utilización, al inicio
del uso del bien de capital, y f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (149))=
-l (t), donde l(t) es el coeficiente de duración N(t) / N(0).


Considerando un proceso continuo de producción, la fórmula anterior
puede determinar el consumo del capital constante circulante de la siguiente manera:

N(0)(t) = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (150)tN(0)(t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (151)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (152)) d (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (153)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (154)) (13)

donde f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (155)) = -l(t) (coeficiente de eliminación).


Considerando la desagregación de los elementos que componen el capital
constante circulante (expresión 4), esta ecuación se desagregaría en las siguientes relaciones:

R(0)(t) = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (156)tR(0) (t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (157)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (158)) d (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (159)) (14)

(Recursos naturales utilizados de manera directa en los procesos productivos.)

I(0)(t) = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (160)tI(0)(t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (161)) f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (162)) d (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (163)) (15)

(Materias primas utilizadas.)

M(0)(t) = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (164)tM(0)(t - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (165))f(Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (166))d(Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (167)) (16)

(Elementos necesarios para el mantenimiento del equipo), donde nuevamente f (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (168)) = -l(t).


La norma de productividad de la fuerza de trabajo a partir de la determinación
del sistema productivo continuo al cual se somete, puede ser expresado de la siguiente manera:

Yx = Kxn

Esta norma de productividad también es conocida con el nombre de curva
de aprendizaje; dicha curva calcula que la cantidad de horas de mano de obra directa requerida para producir 1+n
unidades es menor en un porcentaje x al requerido para producir la primera unidad.


Donde Yx = número de horas de mano de obra directa requeridas para producir
la unidad x, K el número de horas de mano obra directa requerida para producir la primera unidad, x el número
de unidades, y n=(parámetro dependiente de la curva de aprendizaje/porcentaje de reducción de horas-hombre
requerida por unidad de producto). Entonces, el número de horas-hombre acumulado para producir N unidades
puede ser expresado de la siguiente manera:

n

TN = Y1 + Y2 + ... + YN =

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (169)

Yx

x=1

n


Entonces:

TN = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (170)nKxn dx (17)

2. Composición técnica de capital y competitividad industrial


El agrupamiento espacial de los medios de producción conforme a etapas
productivas y a su potencial patrón de utilización, se constituye en la base para determinar la composición
técnica de capital. Ésta se define como la cantidad de trabajadores que se requieren para consumir
productivamente una determinada masa de medios de producción en un tiempo determinado.


La composición técnica de capital expresada mediante la ecuación
de convolución es interpretada como resultado del acoplamiento de los diversos elementos que definen los
procesos de trabajo (los cuales reciben el nombre de sistemas activos). La relación, por tanto, entre el
capital constante y el capital variable se expresa como una red de acoplamientos entre elementos, los cuales reciben
el nombre de estructura del sistema. La característica de los procesos de renovación continuo (expresados
en la ecuación de convolución) reside en el hecho de que con el tiempo el mismo número de
objetos que pierden su valor de uso son exactamente los que tienen que ser renovados. Se puede demostrar que: "


Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (171) ; es decir,
el número de objetos que son renovados durante cualquier año es igual a la reserva de los objetos
existentes, dividida entre la edad media de los objetos que pierden su valor de uso”.8 Definiendo s como la cuota
media de


desgaste (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (172)),
tenemos que:


N(0)(t) = Ns. Es decir, “en un proceso uniforme de renovación
el número de objetos que se restituye en una unidad de tiempo es igual a la reserva de objetos existentes
por la cuota media de desgaste”.9


La última igualdad nos posibilita definir los coeficientes técnicos,
los cuales son resultado del promedio de utilización de los insumos y del gasto efectivo de la fuerza de
trabajo empleado, utilizados de manera funcional en el proceso de valorización. Considerando lo anterior,
el concepto de composición técnica de capital adquiere relevancia:


El trabajo necesario para que se consuman productivamente los diversos elementos
objetivos depende de la planeación, estructuración y control de las fases del proceso productivo
que, considerados integralmente, nos define el sistema de producción. El proceso de producción, entendido
según la lógica de sistemas de producción, nos permite describir la capacidad de la fuerza
de trabajo humano, en su carácter inteligible, sometido y sujeto al sistema de producción, los cuales
se orientan a la ampliación de la productividad de la fuerza de trabajo, de modo tal que su producto excedente
puede ser ampliado de manera continua.


En este sentido, la comprensión social del proceso del incremento de productividad
de la fuerza de trabajo se sitúa cuando se entiende que la intensificación del trabajo es resultado
de la subordinación de la fuerza de trabajo al sistema de máquinas, las cuales marcan los ritmos
de producción. La productividad del trabajo en el ámbito social es resultado de los procesos de transformación
de los sistemas de fuerzas productivas, a lo largo del tiempo, que aumentan la tasa de plusvalor, modificando la
estructura social de producción. Esta modificación de la estructura social de producción se
expresa en la reducción de las diferentes duraciones de procesos de trabajo a una intensidad media; gracias
al desarrollo de los sistemas de operaciones unitarias es entonces que se realiza la transformación de la
intensidad del trabajo en extensión.


La productividad del trabajo se identifica globalmente con el plusvalor relativo;
la transformación de las fuerzas productivas que entraña ha de constituir, por tanto, una modificación
de la composición técnica del capital que economice fuerza de trabajo. Con la determinación
de las diversas tasas de flujo es posible describir y analizar el uso combinado de cada elemento utilizado en el
proceso productivo, y con ello determinar la participación que tiene en el costo del producto en un momento
determinado.


La tasa de flujo constituye la medida natural para medir la productividad de los
diversos capitales respecto al grado social de productividad del trabajo. Por tanto, la productividad de los diversos
trabajos específicos se reflejará en el volumen relativo de materias primas y auxiliares que el obrero
convierte en producto, así como por las horas de utilización del capital constante fijo.


Al mismo tiempo, el análisis de la productividad de la fuerza de trabajo
puede ser analizada espacialmente si agrupamos los bienes de capital conforme a su distribución, en las
etapas parciales dentro del proceso, a partir de la armonía y funcionalidad del sistema que la subordina.
La armonización del equipo técnico hace referencia a la necesidad de unificar niveles de transformación
de las materias primas y auxiliares en cada etapa del proceso de producción.

La unificación de los procesos técnicos es por consiguiente
posible en los casos en que los diversos procesos técnicos emplean los mismos capitales fijos en cuanto
a la técnica, y en aquellos otros en que los elementos del proceso técnico constituyen en unos procesos
un componente limitante, mientras que en otros son parcialmente desaprovechados.10

La desarmonía potencial que se presenta en los procesos de producción
influye en la tasa de explotación de la fuerza de trabajo, al propiciar un menor nivel de horas-hombre trabajadas,
desplegadas en relación con el potencial de trasformación del capital constante fijo.


Considerando las características de los insumos utilizados, se aprecia
que el incremento en la armonización de los procesos productivos implica que la estructura de oferta de
los insumos sea elástica hacia un mayor incremento en velocidad de transformación de los bienes de
capital (de la productividad del trabajo), ubicados en un proceso parcial de producción que es considerado
limitante.


De lograrse lo anterior, se ampliará la capacidad de utilización
de los bienes de capital ubicados en las subsecuentes etapas del proceso productivo. En este caso, se logra aumentar
el potencial productivo de los procesos técnicos integrados y por tanto se alcanza una mayor armonización
del proceso productivo.


Simultáneamente, la armonización de los procesos productivos busca
la funcionalidad, la cual se expresa cuando se presenta un mayor desembolso unitario de algún elemento que
constituye el capital constante, y una disminución de por lo menos otro elemento del mismo, aspecto que
se reflejará en un incremento de la productividad de la fuerza de trabajo y en una redefinición del
trabajo específico, que tiene que ser desplegado en cada fase del proceso de producción.


Sobre la base de la búsqueda de la armonización de los procesos
productivos y de la funcionalidad de los mismos, se establecen límites para crear procesos de sustitución
entre los elementos que componen el capital constante, tendiendo con ello a un proceso en el que es cada vez más
difícil la posibilidad de sustituir insumos. Esto nos determina otro punto de observación respecto
al concepto de técnica de producción. Si consideramos la distribución espacial del capital
constante fijo en cada etapa del proceso productivo y la tasa de flujo del capital constante circulante asociada,
describimos los siguientes fenómenos: el ordenamiento sistematizado de los elementos objetivos del proceso
de trabajo orientados a la transformación, mediante mecanismos de control, de la materia y la energía;
las características del trabajo específico desplegado en cada fase del proceso de producción
y la dirección en la inserción de cambios tecnológicos orientados a la intensificación
y extensión de la jornada de trabajo.


La armonización y funcionalidad de los procesos productivos nos determinan
los límites para que los procesos productivos presenten continuidad, la cual no sólo depende de la
técnicas utilizadas, sino que además se asocia al nivel de desarrollo social de los diversos procesos
técnicos, que son utilizados por las actividades económicas que satisfacen la demanda del proceso
productivo analizado.


En el ámbito del proceso de circulación, los cambios en la composición
técnica de capital se reflejarán en los siguientes aspectos: i) las características de la
oferta de materias primas y bienes intermedios; ii) la cantidad de productores que convergen en la satisfacción
del mercado; iii) el tamaño del mercado del bien final y la posibilidad de expandir éste impulsando
una mayor diferenciación de productos, y iv) la reducción del costo que se obtendrá por unidad
de producto al mejorar la velocidad de transformación de los productos.


La competencia entre los diversos capitales privados e independientes se refleja
en el aspecto técnico en los siguientes aspectos: la duración del periodo productivo, la distribución
de los desembolsos unitarios en el tiempo, los principios científicos a partir de los que se desarrollan
la generación de energía, la trasmisión de la misma, la velocidad de transformación
de la materia a partir del capital constante utilizado, las características de las materias primas utilizadas,
y la organización de los procesos elementales en el tiempo.


En sentido estricto, el régimen de producción de plusvalía
relativa supone la plenitud del proceso de producción, que desde el punto de vista de la competencia entre
los diversos capitales individuales implica que éstos trabajan a una escala condicionada, no por la demanda
individual, sino por la tendencia a realizar la mayor cantidad posible de mercancías en el mercado con el
capital existente.11 Considerando el horizonte de la competencia intracapitalista, el desarrollo de los procesos
de trabajo determina los patrones de desarrollo del capital en funciones, dado que la búsqueda incesante
para desarrollar la armonía, la funcionalidad y la continuidad de los procesos de trabajo nos precisa los
patrones de articulación del capital productivo con el capital comercial, el capital dedicado al tráfico
del dinero y el capital que devenga interés.


3. La composición técnica de capital, la formación de
precios relativos y la competitividad industrial


Visto desde sus aspectos técnicos, el proceso productivo se desarrolla
a partir de una economía mercantil, es decir, las corrientes de entrada y de salida se determinan por relaciones
cuantitativas monetarias que dan contenido y viabilidad técnica, económica y social a los procesos
productivos. Para los diferentes productores privados e independientes estas relaciones monetarias se presentan
como datos a partir de los cuales pueden realizar su proceso de producción.


Se considera implícitamente que el abastecimiento de los insumos, el uso
de los recursos naturales y la cantidad de trabajo incorporado en el momento t se relacionan con procesos productivos
adyacentes que determinan la viabilidad técnica del sistema de coordenadas que define al sistema productivo
que se analiza. Estos procesos productivos son resultado, asimismo, de la distribución del trabajo social
entre las diversas actividades económicas. Esta distribución, dado que el trabajo excedente no es
apropiado por la fuerza de trabajo, se ve sometida por la norma social de distribución de la plusvalía.


La distribución de la plusvalía, obedeciendo a la búsqueda
de la tasa de ganancia, supone el desarrollo pleno del mercado, la uniformidad de las relaciones salariales y la
división del capital en funciones. La existencia de precios de producción establece un mapa de precios
relativos que indica una doble dimensión en las relaciones de valor: la primera dimensión está
conformada por los aspectos técnicos que determinan el precio de costo de las mercancías (consumo
productivo), la segunda la constituye las modificaciones en los precios corrientes de las mercancías que,
por efecto de la competencia capitalista, disminuyen o aumentan, según sea el caso, la apropiación
de la plusvalía de cada capital individual hasta alcanzar la tasa media de ganancia. Situándonos
nuevamente en el esquema interpretativo del capital productivo, la estructura de costos –en este delineamiento
del fenómeno de la competencia capitalista– puede ser presentada de la siguiente manera:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (173)(18)

O, en términos puntuales:

CT(t) = [r (prt) + i (pit) + m (pmt)] + Cm + [L] [FAin] - V + [Hh(t)(TSP)]
(19)

Donde prt es el precio unitario de r en el intervalo 0 a t ; pit es el precio
unitario de i en el intervalo 0 a t, y pmt es el precio unitario de m en el intervalo 0 a t, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (174) es la reserva de materias primas, auxiliares y recursos naturales
almacenado en promedio, cm es el costo de almacenamiento,Cm es el costo total de almacenamiento, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (175), V = valor de salvamento, y TSP = tasa salarial promedio.


La relación L determinaría el porcentaje de la depreciación
del bien de capital en el momento t en términos monetarios. Esta cantidad monetaria es resultado de las
características técnicas del proceso de producción, es decir, se considera que la depreciación
física marginal del bien de capital en cuestión permite explicar la depreciación como un flujo
monetario, en el cual se considera el valor monetario del bien de capital considerando y su valor estimado de salvamento.


Multiplicando lo anterior por (F / Ai, n) se expresaría la depreciación
monetaria más un factor de descuento que garantizaría la compra a futuro del bien de capital en cuestión.
Es decir (F / Ai, n) nos permitiría actualizar los flujos monetarios realizados en el momento t(0) al valor
futuro de dichos flujos al terminar su vida útil.


La ecuación de costos expresa el proceso de producción a partir
de sus elementos técnicos y en relación con el mapa de precios relativos, mediante los cuales la
empresa opera.


Es decir, la empresa establece sus precios considerando los requerimientos físicos
espaciales y temporales de materias primas, materias auxiliares, fuerza de trabajo y requerimientos de capitalización
de un proceso productivo. Desagregando los elementos de la ecuación, tenemos que la estructura de precios
de una empresa se determina especificando el patrón de cambio del precio del capital constante circulante,
lo cual supone determinar los cambios en los requerimientos de insumos consumidos por unidad de mercancía
producida, la estructura del mercado de los oferentes, los patrones de competencia que imperan entre ellos, sus
índices de capacidad instalada, las variaciones de precios ante diversas coyunturas del mercado, la capacidad
de respuesta de los oferentes de materias primas ante cambios en la demanda, y los niveles de calidad de los insumos
que producen.


Asimismo, la ecuación permite determinar la distribución del costo
del capital constante fijo en el tiempo, lo que incluye determinar el patrón de depreciación del
capital constante fijo, calcular los requerimientos de mantenimiento del equipo, evaluar la funcionalidad y armonía
del sistema productivo, y determinar el valor futuro del dinero. Por otra parte, la ecuación temporal de
costos especifica los requerimientos de fuerza de trabajo, que se asocian a los niveles de capacidad utilizada
del capital constante fijo y a los requerimientos técnicos del mismo. En términos de costos, la determinación
de lo anterior permite evaluar cambios en los niveles de salario por unidad de mercancía.


Las características específicas de la rotación del capital
en cada sistema productivo determinan la ganancia a obtener en cada periodo. En el corto plazo, para la empresa
el precio de su producto final es un dato, por lo que tiene que obtener la maximización de la ganancia incrementando
la productividad del trabajo. La productividad de la fuerza de trabajo se puede formalizar de la siguiente manera:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (176)(20)


Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (177)(21)

Donde (20), valor agregado por horas-hombre trabajadas en el momento t = valor
bruto de la producción en el momento t (precio del producto final en el momento t * unidades vendidas -
costos incurridos por el consumo del capital constante en el momento t)/ horas-hombre trabajadas, y (21)

costos totales por horas-hombre trabajadas = costos totales
/ horas-hombre trabajadas

Por lo tanto,

GBh(t) = VBPh(t) - CTh(t) (22)

donde GBh(t) = ganancia bruta por horas-hombre trabajadas.


Nótese que tanto (20), (21) y (22) son funciones homogéneas de (t),
lo mismo que todas las variables anteriormente definidas. Por otra parte, la igualdad (22) indica que las ganancias
obtenidas por hora-hombre trabajada en el periodo t dependen del precio del producto final, de la rotación
del capital, de los precios relativos de los insumos en el momento t. De esta manera, la tasa de ganancia en el
momento t sería igual:

GBh(t) / CTh(t) (23)

y la tasa de explotación de la fuerza de trabajo

GBh(t)/H(0) (t) * Tsp (24)

La tasa de explotación de la fuerza de trabajo se asocia a una reducción
de las horas trabajadas por unidad de mercancía(s) producida(s), considerando estable el precio de la(s)
mercancía(s) final(es) producida(s) y una norma social de reproducción de la fuerza de trabajo. Por
tanto, la productividad del trabajo tiene un carácter social en el sentido en que se refiere a la producción
y distribución global del plusvalor, y sólo es medible en ese nivel, es decir, si comparamos entre
dos capitales la del producto Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (178)[VAPh(t)]cuantificaríamos las diferencias y/o similitudes del trabajo específico desplegado en los procesos
de producción.


Lo anterior sería resultado de que el proceso de competencia capitalista
combina una economía de tiempo con un economía de insumos o, en otras palabras, maximiza minimizando
costos, siendo esto independiente de que las mercancías se vendan a sus valores o a sus precios de producción.


Al analizar la relaciones de costo en relación con sus determinantes sociales,
obtenemos que la composición técnica de capital explica los determinantes técnicos de los
sistemas productivos, considerando un desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad capitalista, el cual
da lugar a una estructura de articulaciones tecnológicas productivas entre las diversas actividades económicas.
La distribución en valor representa los cambios autónomos determinados por las condiciones de mercado,
y expresa las condiciones del sistema en su conjunto a partir de los parámetros de la competencia por la
búsqueda de un mayor monto de ganancia individual inter e intracapitalista de las diferentes figuras del
capital en funciones.


4. El cambio tecnológico y la competitividad industrial


Como se ha expuesto, el desarrollo de la competencia capitalista, la relación
de precios relativos y el nivel de desarrollo científico y tecnológico en lo social posibilita a
los diferentes capitales privados planear el incremento de la productividad de la fuerza trabajo a futuro. Con
ello, la base de la sociedad capitalista, el trabajo asalariado, se reproduce y adecua a las condiciones de valorización
impuestas por el desarrollo de los diversos mercados. Si bien en el mercado puede existir un número infinito
de procesos técnicos factibles, éstos no pueden ser aplicados a todas las esferas productivas, fundamentalmente
porque en primer lugar hay que analizar las particularidades de los trabajos específicos desplegados en
un sistema de producción y, en segundo lugar, porque la disposición de los procesos técnicos
como procesos productivos en el tiempo y en el espacio se da de manera relativamente lenta, pues la organización
de éstos es resultado de una adecuación paulatina de la demanda social a las posibilidades de oferta
de las diversas industrias.


Esto último es lo que posibilita integrar la producción en la esfera
de la circulación; la relación de precios relativos es resultado de un proceso de articulación
intersectorial que en el tiempo y en el espacio va condicionando determinados patrones tecnológicos entre
las actividades productivas. Los eslabonamientos tecnológicos reflejan flujos continuos de demandas y ofertas
articuladas, que son determinadas por las variaciones de la productividad del trabajo en cada uno de los sectores
económicos. La competencia capitalista se expresa en diversas dimensiones (valor, precios relativos y financieras),
las cuales deben ser analizadas en conjunto a fin de aislar tanto el fenómeno de cambios en el valor de
la mercancía como los que se derivan del movimientos en la adecuación de los precios por efecto de
las modificaciones en la tasa de ganancia social.


a) Valores relativos de capital individual respecto al valor social medio,
y su efecto en la competitividad industrial y cambio tecnológico


Los cambios en los valores relativos de capital individual respecto al valor social
medio se traducen en variaciones en los costos de producción. Lo anterior es resultado de modificaciones
en los procesos de producción, los cuales conducen en el corto plazo a un incremento en la tasa de ganancia
individual respecto a la tasa de ganancia media. En el largo plazo, y suponiendo que esta tendencia se mantuviera,
modificaría la participación de plusvalía apropiada del conjunto de capitales privados e independientes
que conforman esa actividad económica en el total de la plusvalía social producida, generándose,
posteriormente, modificaciones en las interrelaciones de las diversas ramas productivas.


Estos diversos cambios se realizan a partir del análisis de la armonización
de los procesos productivos, de su funcionalidad y de los niveles de continuidad que presentan la producción.
Así, por ejemplo, el uso eficiente del capital constante, fijo y circulante, condiciona los niveles de productividad
de la fuerza de trabajo, las escalas de producción mínimas a alcanzar para que el proceso productivo
sea eficiente, el tamaño del mercado y la estructura física de costos (coeficientes técnicos)
de los productores. En ese sentido, el progreso técnico no tiene un efecto uniforme en todos los sectores
debido a que las variaciones de precios relativos afecta de manera diferenciada las diversas actividades económicas
lo cual, cabe subrayar, es resultado de la propia competencia capitalista. Por consiguiente, el cambio tecnológico
se desarrolla sobre la base de cada generación de bienes de capital, la cual se fundamenta en principios
mecánicos que se incorporan al uso de fuentes de energía, y que permiten una velocidad de transformación
de la materia mediante la integración de los diversos bienes de capital en la cadena productiva. Esto determina
la eficiencia productiva promedio de una economía para satisfacer necesidades sociales prestablecidas.


El progreso técnico asociado con el desarrollo de innovaciones mayores
se expresa en el aumento de la productividad debido a una mayor calificación de la mano de obra que utiliza
el equipo, en el perfeccionamiento de los tipos de bienes de capital heredados, o en las innovaciones registradas
en los métodos de empleo de las materias primas (control de calidad, control de desperdicios y reciclaje
de los mismos): “Debe señalarse que tal evolución representa una tendencia del factor tiempo, al
dar origen a nuevas posibilidades de producción técnica que no existían durante el periodo
anterior.”12


Cuando un mercado está plenamente desarrollado, los sistemas productivos
presentan homogeneidad en los estándares de producción, lo cual se refleja en una estructura de costos,
y por tanto la evolución del cambio tecnológico se asocia a la estabilidad y a la uniformidad del
proceso productivo. Si el sistema productivo ha sido estable y uniforme en el tiempo, entonces, desde el punto
de vista técnico, la ecuación de convolución presenta un comportamiento oscilatorio; existe
un número infinito de oscilaciones que se recubren y que dan contenido al proceso de renovación.
Dado lo anterior, el ciclo de renovación se realiza en torno del valor inicial (constante) de los elementos
materiales que dan contenido al sistema productivo en el año 1.


La nueva generación de bienes de capital que se incorpora en un proceso
productivo busca armonizar la estructura de producción; es decir, se intenta utilizar el potencial productivo
de los bienes de capital hasta su máxima dimensión posible. Así, se logra que cada bien de
capital sea de tal tipo que paulatinamente cada equipo fabricado transforme la misma cantidad de producto por unidad
de tiempo, con lo cual se logra aumentar el potencial productivo de los procesos técnicos integrados y por
tanto se alcanza una mayor armonización del proceso productivo.


Si la oferta de insumos intermedios y auxiliares no es elástica provocará
un incremento del índice de capacidad no utilizada en el caso de que la empresa no pueda sacar del mercado
a otros productores. En caso contrario, se reducirá el número de oferentes, por lo que puede afirmarse
que el proceso tecnológico determina el número de productores que satisface


las necesidades del mercado. Suponiendo que exista una gran variación de
la oferta de insumos intermedios y de capital, y que el proceso de innovación tecnológica sea adoptado
por todos los productores que satisfacen un determinado mercado, el incremento del potencial productivo de un proceso
técnico puede dar lugar a la búsqueda de una diferenciación de productos.

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (179)

Para entender el proceso de cambios en los valores individuales es necesario analizar
la relación de flujos reales, aspecto que se evidencia cuando se comprenden y sintetizan los sistemas productivos
que se encuentran expresados en la gráfica 1. La información que proporciona este esquema abarca
los siguientes aspectos:


i) Determina la naturaleza (tipo de industrias, con el que se articula
el proceso productivo) y los insumos requeridos por unidad de producto, lo cual incluye el análisis de la
modificación de los aspectos físicos y químicos de los insumos utilizados, así como
la introducción de nuevos insumos. Lo anterior se expresa en la participación de cada insumo utilizado
por unidad de producto, en la clase, niveles de calidad y uniformidad de los insumos a comprar y a utilizar; cambios
en los requerimientos de capacitación de la fuerza de trabajo para el manejo tanto de los insumos a utilizar
como de los nuevos equipos a incorporar, considerando las facilidades de capitalización y capacidad productiva,
la especialización del proceso productivo, la flexibilidad en los niveles de uso de los bienes de capital
y la prospectiva de obsolescencia de los mismos.


ii) Cambios en las características físicas del producto final.
Este inciso incluye modificaciones en la variedad de las líneas de productos, en la calidad e importanciade
cada línea de producto, en el volumen total de producción y en los sistemas de servicios a clientes
(capacitación, precisión, durabilidad, confiabilidad, seguridad y conveniencia).


iii) Proporciona la base para analizar los cambios en la proporción
en que los insumos son utilizados, con el fin de que se pueda tomar en cuenta su nivel de sustitución. Esto
supone analizar los cambios en los aspectos físicos del sistema de producción en flujo; es decir,
implica modificaciones en el sistema de control de las etapas parciales del proceso de producción y en la
rapidez con que éste puede ser alterado; en la variabilidad de los diferentes insumos ante modificaciones
en los niveles de producción y en la generación de productos mixtos; en el porcentaje de duración
del ciclo de producción, en los costos de mantenimiento cuando la producción decae; en los requerimientos
de invención, cualidades y accidentes asociados con la salud y riesgos ambientales.


b) Variaciones de precios relativos y su efecto en la competitividad industrial
y el cambio tecnológico


Analizando el cambio tecnológico y la competitividad desde el punto de
vista de los precios relativos, tenemos que se pueden presentar procesos técnicos que sean funcionales,
pero también es posible que la relación de precios relativos provoque que la reducción de,
por ejemplo, el uso de determinada materia prima no corresponda con una reducción del costo de materia producida
por unidad de producto. Esto se deberá a un incremento del precio unitario de la materia prima utilizada.


El sistema de producción capitalista tiende en el largo plazo a evitar
estas discrepancias entre los procesos técnicos y las variables monetarias, por medio de la competencia.
Un factor fundamental que explica esto último lo constituyen los procesos de cambio tecnológico,
que son desarrollados por los diversos capitales y la libre concurrencia. De ahí que el resultado de un
incremento en el precio de las materias primas, ocasionado por una escasez relativa de éstas, se traducirá
directamente en una disminución de las ganancias brutas de los productores de mercancías finales,
debido fundamentalmente a que la rotación de estos insumos se realiza en un solo proceso de producción,
afectando con ello la expansión del mercado e imposibilitando, desde el punto de vista técnico, la
utilización plena de los activos fijos, lo cual implica un incremento por unidad de producto de los costos
de los activos fijos y del índice de la capacidad utilizada.13 El desarrollo de la competencia garantiza
que las empresas tengan capacidad de investigar, desarrollar, adaptar y transferir sus conocimientos tecnológicos
en diversos procesos productivos y que se presenten fenómenos de integración vertical y horizontal
entre diversos capitalistas.


Lo antes expuesto puede ser analizado si consideramos el modelo gerencial de Gold,
el cual se desarrolla a partir de seis variables: i) precios del producto; ii) costos unitarios; iii) utilización
de las instalaciones, y iv) asignación de recursos de capital entre el capital fijo y del trabajo.


Estas variables son combinadas para dar origen a razones financieras que permiten
evaluar que las utilidades dependen de las primeras de la siguiente manera:


ganancia total / inversión total = {ingresos / producto - costos
/ producto} x (producción / capacidad) x (capacidad / inversión fija ) x (inversión fija /
inversión total).


En donde:

(ingresos / producto - costos / producto) = Ganancia por unidad producida (a)

(producción / capacidad) =

Porcentaje de capacidad utilizada (b)

(capacidad / inversión fija)
=

Costo unitario de capacidad instalada (c)

(inversión fija / inversión
total) =

Porcentaje de participación de inversión
fija respecto al total (d)

Entonces:

Costo unitario de inversión fija por unidad producida
= (b) (c).


Costo unitario de inversión total por unidad producida
= (b) (c) (d).

De lo que se deduce que:

ganancia total/inversión total Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (180) ganancia por unidad producida - costo unitario de inversión
total por unidad producida.

De acuerdo con el sistema gerencial de razones financieras, éstas indican
que la búsqueda por incrementar el porcentaje de ganancias a inversión total no necesariamente supone
únicamente concentración o reducción de costos unitarios por periodo de producción.
Sería indeseable que al aplicarse una innovación tecnológica se produjera una reducción
del precio y del nivel de capacidad utilizada, que en prospectiva compense el incremento en la ganancia por la
reducción del costo unitario. Inversamente, una innovación podría ser juzgada atractiva si
en prospectiva ofrece un incremento en la capacidad de utilización y un precio adecuado que compense cualquier
incremento en los costos unitarios derivado, por ejemplo, de un alto precio de los insumos o de la participación
de este insumo en el costo unitario del producto.14


Este esquema de análisis gerencial permite visualizar el comportamiento
del precio, en el corto plazo, de las mercancías con el horizonte de planeación de mediano plazo
de las empresas; la funcionalidad de los sistemas de producción, en este nivel de análisis, se ve
reflejada en la tasa de rotación de los bienes de capital y del capital variable. Asimismo, las relaciones
de precios relativos sirven para circunscribir el valor apropiado por cada capital individual en un tiempo determinado,
dadas las estructuras tecnológicas, los sistemas de producción que de éstas se deriven y,
lo más importante, la estructura de competencia en la cual se insertan los diversos capitales.


De la misma manera, es necesario considerar cómo se expresan dentro de
la estructura de precios relativos la reducción de los gastos de circulación y distribución
obtenidos por el capital mercantil como consecuencia de una mejor programación de los flujos de entrada
de materias primas y de salidas de la producción final. La reducción de los costos de circulación
puede ser producto de cambios tecnológicos orientados a reducir la participación de los costos salariales,
de los capitales dedicados a actividades de distribución y préstamo de capital dinerario. Este hecho
conduce a una nueva dimensión de la competencia, en donde los diversos capitales privados, sin tener en
cuenta la fase del ciclo del capital en que participen, buscan reducir el gasto de capital variable por mercancía
producida, circulada y distribuida, lo que les posibilita ampliar la ganancia individual considerando la existencia
de una ganancia media, o histórica promedio, existente para el conjunto de actividades económicas.


c) El efecto del desarrollo del capital financiero en la competitividad y el
cambio tecnológico


Dado que el dinero es al mismo tiempo capital, el desarrollo de la ciencia y de
la tecnología a nivel de empresas depende de la capacidad de ser valorado a futuro. Desde la perspectiva
monetaria la rentabilidad de un capital se circunscribe a la aplicación de los principios financieros de
evaluación, los cuales se centran en los siguientes aspectos: i) evaluar los costos asociados (inversión
inicial y los costos de operación) con la introducción de nuevos bienes de capital; ii) evaluar los
ingresos adicionales potenciales que implicaría la introducción de la nueva maquinaria; iii) calcular
los flujos de tesorería (ingresos a futuro); iv) expresar los ingresos a futuro a precios actuales a partir
de la comparación de la tasa de interés, y v) evaluar el costo de oportunidad del capital.


Como se puede observar, la metodología de razones financieras consiste
en que se presume que los sistemas de producción están completamente codificados, que existe una
tasa de interés que permite determinar el costo de oportunidad de capital, y que la tecnología está
dada, lo cual significa que los productores, considerando la estructura de las tasas de interés, tienen
la posibilidad de elegir la tecnología que permita maximizar los ingresos o, en su caso, minimizar los costos.


En este sentido, el análisis temporal consiste en periodos idénticos
e independientes, dentro de los cuales las personas encargadas de tomar decisiones asignan probabilidades subjetivas
a los posibles beneficios de cada estrategia de inversión. Una vez hechos esos cálculos para todas
las opciones, el empresario elige las que tienen el valor esperado más alto en cada periodo. Estas rentabilidades
netas son descontadas mediante la tasa de descuento subjetiva, lo que permite conocer el valor actual neto. La
empresa entonces escoge la estrategia que maximiza el valor actual neto del flujo futuro del beneficio neto, en
un horizonte temporal específico.


Como hemos, visto las ganancias y los salarios se expresan en una determinada
cantidad de horas-hombre trabajadas, es decir:

Ganancias brutas + salarios = 0Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (181)nKnn dx

Esta expresión del valor agregado muestra que los niveles de salario y
de ganancias dependen del nivel de producción, y por estos de la productividad del trabajo asociada a ese
nivel de producción, considerando el sistema de producción. En este sentido, la fuerza de trabajo
empleada15 variará entre empresas con igual inversión inicial y de ventas anuales en razón
directamente proporcional al capital empleado en cada ciclo productivo, dada una estructura de precios relativos.
De esta manera, el nivel de ganancia anual (r) se expresa en la relación GB(t) / CT(t); por lo tanto existirán,
en el transcurso de la vida útil del bien de capital, diversas r anuales.


El promedio de estas r determinará el valor presente de los rendimientos,
expresado éste en valores monetarios en el momento t y no en tasas de rentabilidad imperantes en el mercado.
Por tanto, la rentabilidad de la empresa depende de la estructura de costos óptima que el proceso de producción
puede alcanzar y de la eficiencia que se tenga para llegar al óptimo y, en segundo término, de las
condiciones del mercado.


A nivel de la inversión que se realice por bienes de capital, la rentabilidad
potencial a alcanzar por un bien de capital puede ser presentada de la siguiente manera:

t

R año i = - (P(0) - V(t))+

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (182)

Fj (1+i)n / (1 + r)n

donde: Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (183) es
igual a Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (184), P es el costo inicial del bien


0 0


de capital, V es el valor del salvamento en el año t, i es la tasa de interés
que garantiza que los flujos monetarios a futuro reflejen el cambio en el valor del dinero, y r es igual a:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (185)

Esta última expresión nos indica lo siguiente: se presenta el precio
de oferta de los bienes de capital, considerando el valor presente del rendimiento probable a obtener, que depende
de la tasa potencial bruta por hombre ocupado, la cual está en función, en primer término,
y ceteris paribus, del incremento de la productividad de la fuerza de trabajo asociada al uso del nuevo bien de
capital, aplicando la tasa de descuento (r) resultante de la rentabilidad promedio, misma que se obtiene de diversos
periodos previos de producción, que logra igualar dichos rendimientos al precio de costo de los bienes de
capital.


Si este valor es menor al valor presente de los rendimientos probables a obtener
–descontados por la tasa de interés del mercado que logra igualar dichos rendimientos al precio de costo
de los bienes de capital– la inversión es rentable. Es decir, si r > i la inversión se realizará
debido a que Gbh(t ) (1+r) >Gbh(t ) (1+i). Esta medida de rentabilidad de las diferentes inversiones en bienes
de capital supone, en primer lugar, que las expectativas a futuro se ligan al uso potencial de los bienes de capital,
y por tanto al nivel de valorización alcanzado con el uso asociado de la fuerza de trabajo a los bienes
de capital. Y, en segundo lugar, que los bienes de capital siempre tienen una tendencia a ajustarse al valor probable
del dinero.


Cabe señalar que esta medida de la rentabilidad relativa de las inversiones,
si bien se presenta de manera aislada del contexto de proceso productivo, tiene como base el sistema productivo
en el cual dicho bien de capital operará. El efecto de las variables financieras se expresará en
la posibilidad de expandir (inhibir) los procesos productivos, considerando las necesidades de utilizar capital
dinerario para iniciar el ciclo de producción. Si el sistema es socialmente eficiente el monto de ganancia
a obtener deberá ser superior a la tasa de interés vigente del mercado, lo que refleja condiciones
de valorización estables.

Conclusiones

El proceso de producción entendido según la lógica de sistemas
de producción nos permite describir la capacidad de la fuerza de trabajo humano en su carácter inteligible
y orientado hacia el desarrollo de su capacidad de trabajo, sometido y sujeto al sistema de producción,
el cual se orienta a la ampliación de su propia productividad, de modo tal que su producto excedente puede
ser continuamente ampliado. El análisis de los procesos productivos debe partir de la descripción
y cuantificación de las maneras específicas en las que se realiza el consumo productivo de materias
primas, bienes de capital y materias auxiliares por parte de la fuerza de trabajo en los procesos de producción.
El capital materializado en medios de producción se recupera de acuerdo con un patrón de utilización
determinado por la relación valor-tiempo, el cual considera que la depreciación y/o recuperación
del valor de un bien de capital en el tiempo está determinada, en términos técnicos, por la
cantidad de bienes producidos por unidad de tiempo, por los insumos utilizados, por los materiales necesarios para
el mantenimiento del equipo, por las horas-hombre trabajadas durante el desarrollo del sistema de producción
y por el proceso de desgaste de un bien de capital.


El costo fijo que se carga al producto se calcula a partir de factores técnicos
relacionados con la durabilidad de los bienes, la calidad de éstos y el grado de utilización promedio
que se imponga en la rama, así como del comportamiento de la demanda derivada. La determinación del
proceso productivo –y por tanto de la producción capitalista– en un sistema productivo, se especifica a
partir de la cantidad de medios disponibles que necesariamente deben existir para que el proceso de trabajo pueda
desplegar todos sus elementos en un orden determinado, y que posibilite la valorización del capital.


En este sentido, el ciclo de rotación de materias primas y auxiliares se
determina por la velocidad con la que los diferentes activos fijos son utilizados y transfieren su valor al producto
final mediante la trasformación de las materias primas y auxiliares, de la capacitación de la fuerza
de trabajo para el uso de ambos elementos y, en última instancia, de las características de los productos
finales, así como del tipo de mercado hacia el cual se destinan (bienes de consumo final, bienes intermedios
y bienes de capital).


La tasa de productividad de la fuerza de trabajo puede determinarse considerando
que el obrero está sujeto a las leyes que circunscriben las condiciones de operación del sistema
productivo, en el cual la productividad de éste aumenta conforme se incrementa la utilización de
los elementos que lo componen; por esto, la norma de productividad de la fuerza de trabajo será una función
de la cantidad de producto generado en cada una de las etapas del proceso productivo, dado el sistema de producción
utilizado.


El análisis de la composición técnica de capital nos indica
las posibles interrelaciones entre los diferentes capitales productivos en el aspecto técnico: ciclos de
compra y venta de mercancías en función de la tasa de rotación del capital constante (fijo
y circulante), la inserción de diversos capitales privados e independientes dentro del desarrollo de las
fuerzas productivas, a saber: características y funcionalidad de los procesos de trabajo y su efecto en
la compra y venta de mercancías; los procesos potenciales de distribución de las mercancías
finales; la tasa de depreciación física del capital constante fijo que tiene que convertirse en capital
dinerario a fin de que, al final de su vida útil, el capital productivo tenga la posibilidad de renovar
el medio de producción y la destreza de los obreros contratados, la cual se determina por las características
de los medios de producción, en relación con el nivel social medio, parámetro que nos señala
la productividad potencial de la fuerza de trabajo.


La distribución en valor representa los cambios autónomos, determinados
por las condiciones de mercado, y expresa las condiciones del sistema en su conjunto a partir de los parámetros
de la competencia por la búsqueda de un mayor monto de ganancia individual, inter e intracapitalista, de
las diferentes figuras del capital en funciones. Por lo anterior, la competitividad industrial no puede ser evaluada
sin considerar que los precios relativos son resultado de un proceso de articulación intersectorial que,
en el tiempo y en el espacio, va condicionando determinados patrones tecnológicos entre las actividades
productivas.


Los eslabonamientos tecnológicos reflejan flujos continuos de demandas
y ofertas articuladas, que son determinadas por las variaciones de la productividad del trabajo en cada uno de
los sectores económicos. El uso eficiente del capital constante, fijo y circulante, condiciona los niveles
de productividad de la fuerza de trabajo, las escalas de producción mínimas a alcanzar para que el
proceso productivo sea eficiente, el tamaño del mercado y la estructura física de costos (coeficientes
técnicos) de los productores.


Las modificaciones en los precios corrientes de las mercancías –que por
efecto de la competencia capitalista disminuyen o aumentan, según sea el caso, y la apropiación de
la plusvalía de cada capital individual hasta alcanzar la tasa media de ganancia– deben ser considerados
a partir de las diferencias que se establecen entre el precio de costo individual y el precio de valor social medio.
El sistema de producción capitalista tiende, en el largo plazo, a evitar estas discrepancias entre los procesos
técnicos y las variables monetarias, por medio de la competencia. La competencia capitalista interactúa
en tres escenarios (valor, precios relativos y financieros) articulados entre sí, los cuales determinan
los patrones de desarrollo tecnológico. Respecto al escenario valor, la competencia se manifiesta por lo
siguiente:


  1. Determina la naturaleza (tipo de industrias con el que se articula el proceso
    productivo) y el nivel de insumos requeridos por unidad de producto. Desagregado, este aspecto indicaría
    el tipo de materiales utilizados, facilidades de inversión, salarios del personal y horas directas de trabajo.
  2. Proporciona la base para analizar los cambios en la proporción en que
    los insumos son utilizados, con el fin de poder tomar en cuenta su nivel de sustitución.
  3. Posibilita diferenciar la cantidad de insumos requeridos por unidad de producto
    ante distintos niveles de capacidad utilizada.
  4. Permite simular los potenciales cambios y sus efectos en la estructura del sistema.

El escenario de precios relativos nos sirve para circunscribir el valor apropiado
por cada capital individual en un tiempo determinado, dadas las estructuras tecnológicas los sistemas de
producción que de éstas se deriven y, lo más importante, la estructura de competencia en la
cual se inserten los diversos capitales. Asimismo, dentro de este escenario se manifiesta la interacción
del capital comercial y financiero dentro de la estructura de precios relativos, mediante la reducción de
los gastos de circulación y distribución obtenidos por el capital mercantil, como consecuencia de
una mejor programación de los flujos de entrada de materias primas y de salidas de la producción
final.


La reducción de los costos de circulación puede ser producto de
cambios tecnológicos orientados a reducir la participación de los costos salariales, de los capitales
dedicados a actividades de distribución y préstamo de capital dinerario. Este hecho implica una nueva
dimensión de la competencia, en donde los diversos capitales privados, sin tener en cuenta la fase del ciclo
del capital en que participen, buscan reducir el gasto de capital variable por mercancía producida, circulada
y distribuida, lo que les posibilita ampliar la ganancia individual considerando la existencia de una ganancia
media o histórica promedio.


Por último, el efecto de las variables financieras se expresará
en la posibilidad de expandir (inhibir) los procesos productivos, considerando las necesidades de utilizar capital
dinerario para iniciar el ciclo de producción. Si el sistema es socialmente eficiente el monto de ganancia
a obtener deberá ser superior a la tasa de interés vigente del mercado, lo cual refleja condiciones
de valorización estables.


Invierno, 1995.

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NOTAS


  1. Ei (t) / T0 = Ei (T) - Ei (0).
  2. Samuel C. Weeb (1991, p. 394).
  3. Por proceso elemental se entiende a los procesos parciales por medio
    de los que una unidad de producto se fabrica mediante un sistema particular de producción. Existe un gran
    número de procesos parciales que son comunes a muchos procesos productivos, los cuales se denominan sistemas
    de operaciones unitarias.
  4. Samuel Webb, op. cit., p. 399.
  5. “Si la función z = f(x,y) tiene la propiedad de que para cualquier
    constante Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (186); f(Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (187)x,Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (188)y) = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (189)n f(x,y) se dice que es homogénea de grado n. Si n = 1 se llama linealmente homo-génea. Si z = f(x,y)
    es positivamente homogénea de grado n y sus derivadas parciales de primer orden existen, puede demostrarse
    que: x Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (190)z / Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (191)x + yEconomía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (192)z /Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (193) x = n f (x,y). J. E. Draper y Klingman (1976), p. 353. Para el caso de que la producción ocurra en dos momentos
    determinados, dada nuestra función de producción, tenemos que:

    Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (194)

    de modo que: la cantidad de producto obtenido en el momento t depende
    de los insumos comprados en el momento t(0) y su tasa de flujo, la cantidad de máquinas utilizadas y su
    tasa de depreciación, la cantidad de fuerza de trabajo contratada y su tasa de explotación.

  6. Villermaux (1991, p. 1094).
  7. El segundo sumando de esta ecuación es conocida como ecuación
    de convolución, la cual resulta de que el producto de las transformadas de Laplace de dos funciones es
    la tras-formada de una cierta combinación de dos funciones. Si se usa el tiempo t como variable independiente,
    y si las dos fun-ciones son f(t) y g(t), la ecuación de convolución se puede escribir así:

    Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (195)

    Este teorema permite determinar la respuesta de un sistema a un estímulo
    general si se conoce la respuesta a la función de paso. “Si suponemos que todas las funciones son cero en
    el instante t=0 en que el estímulo f(t) comienza a actuar, entonces, estableciéndose la ecuación
    diferencial que describe el sistema, aplicándole la transformada de Laplace L y despejando la transformada
    de la salida y(t), obtenemos una ecuación del tipo L[y (t)] = L[f (t)] / z (p), donde z (p) es un polinomio
    cuyos coeficientes dependen de los parámetros del propio sistema.” George F. Simmons (1993, pag. 426).

  8. Oscar Lange (1982, pag. 162).
  9. Ibid.
  10. Ibid., p. 104.
  11. Actualmente el desarrollo de la maquinaria automatizada posibilita la
    sistematización y la normalización del producto y un uso eficiente de la energía desplegada.
    Asimismo, el conocimiento científico aplicado en las tecnologías como nuevos materiales y biotecnología
    tiende a modificar el objeto de trabajo. El conjunto de estos elementos apuntan a una flexibilización de
    los procesos de trabajo (innovaciones en producto y en proceso), pues permite la generación de economías
    de aprendizaje, que son utilizadas por el capital, a fin de evitar rectificaciones bruscas que potencialmente limiten
    la expansión de la acumulación de capital.
  12. Ibid., p. 104.
  13. Cabe señalar que la variación de los precios de las mercancías
    puede enfrentarse por medio de los inventarios, y al reducirse éstos o aumentar, se abre un ajuste en la
    producción que permite tener inventarios acordes con el comportamiento de la demanda en el periodo anterior.
    Así, los cambios en los precios de los insumos y de las mercancías finales se mueven dentro de un
    rango definido por la base tecnológica en la cual se asientan los sistemas de producción. Dichos
    sistemas tienen capacidad para incrementar la producción a partir del comportamiento de la demanda agregada.
    Por esta razón, en una economía capitalista la empresa actúa en un escenario de precios relativos
    de corto plazo, relativamente conocidos.
  14. Bela Gold y otros (1980), p. 90.
  15. Salarios + ganancias empresa 1 > salarios y ganancias de empresa
    2, si y sólo si:

    Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (196)

    y por lo tanto Cth1(t) < Cth2(t).

La política monetaria de 1994: La evolución del crédito interno neto y la recomposición de la deuda interna

Ricardo Solís
Profesor-investigador del departamento de Economía, UAM-I


El autor agradece los valiosos comentarios
de Alcides José Lasa y de Raúl Morales
a una versión preliminar de este
trabajo. Y agradece también al Señor Gonzalo Rosado,
de la uam-x, su apoyo
en la preparación de los cuadros.

Introducción

La política monetaria que precedió la
devaluación de diciembre de 1994 se ha convertido en tema de estudio y
controversia. En particular, los analistas se preguntan si la expansión del
crédito interno neto y la recomposición de la deuda interna fueron la mejor
manera de enfrentar los movimientos especulativos que se vivieron en los últimos
diez meses del año. En cuanto al crédito interno, el Banco de México ha
defendido su actitud diciendo que la oferta monetaria no hizo más que adaptarse
a la demanda. Respecto a la sustitución de valores, sostiene que constituyó un
mecanismo eficaz para enfrentar el nerviosismo de los mercados, originado
fundamentalmente por acontecimientos de tipo político. El objetivo de este
trabajo es participar en esta controversia, proponiendo una hipótesis de
interpretación al comportamiento seguido por el Banco de México.

Para nuestro análisis retomaremos algunos
elementos analíticos de la tradición institucional del siglo xix, en particular
relacionados con el mecanismo que obligaba a los bancos centrales a manejar su
política monetaria en función de las variaciones de sus reservas. Dicho
mecanismo se introdujo como complemento al sistema de patrón oro. En la Gran
Bretaña permaneció vigente de 1844 a 1914 y tuvo como característica central
suprimir los márgenes de acción que hasta entonces tenía el Banco de Inglaterra
para fijar su política de emisión. Se pensó que con la introducción de un
mecanismo automático disminuían los riesgos de crisis bancarias y se estaría en
mejores condiciones para poder asegurar la estabilidad monetaria.

Aunque en un contexto muy distinto, en 1994 en
México se buscaban los mismos objetivos, sobre todo el correspondiente a la
estabilidad monetaria. Pero el marco legal difiere radicalmente en la medida en
que las autoridades monetarias tuvieron la libertad de seleccionar y poner en
práctica la estrategia que consideraron más conveniente según las
circunstancias. Así, en la medida en que el viejo sistema inglés constituye el
extremo opuesto a la gran flexibilidad que tuvieron las autoridades monetarias
en México durante 1994, resulta interesante revisar los argumentos y los
resultados de ambas posturas.

El análisis de la experiencia del siglo xix, y
en particular del debate que originó en Inglaterra, es importante en la medida
en que de esos debates se produjo un conjunto de principios sobre los cuales se
fundó la práctica de los bancos centrales durante muchos años. En más de un
sentido, las ideas clásicas sobre moneda y banca central siguen siendo de
interés en el ámbito doctrinal y, como lo veremos, muy útiles para fines
comparativos.

La bibliografía clásica respecto a esta materia
se inaugura con la publicación de la Riqueza de las naciones, de Adam Smith,
aunque en el campo del banco central la primera publicación es el Paper Credit
de Henry Thornton,1 seguido de las contribuciones de David Ricardo y de otros
autores hoy menos conocidos. En todos esos trabajos se combinan análisis
teóricos en relación con el dinero y el crédito y puntos de vista respecto a las
crisis monetarias de su tiempo. En su modo clásico, una primera pregunta que se
formulaban esos autores, y a la cual se dieron muy distintas respuestas, es la
siguiente: ¿cómo regular la cantidad de dinero y el volumen de crédito bancario
de manera que no se incurra en excesos ni en defectos; es decir, que no genere
expansiones ni contracciones indebidas en la perspectiva de una moneda y de una
actividad bancaria estables?

Dado que el sistema de patrón oro requería que
los bancos mantuvieran una reserva metálica suficiente para vender y comprar oro
a un precio fijo, una pregunta complementaria era: ¿cómo lograr que el sistema
bancario, en particular los bancos centrales o las cajas de conversión, tuviera
la reserva suficiente de metal (o de divisas que indirectamente daban acceso a
ese metal) para sostener el funcionamiento del sistema?

Históricamente, el sistema de patrón oro
constituyó una respuesta global a la primera pregunta. En su esencia se trataba
de un sistema en cuyo centro se encontraban un conjunto de monedas que tenían el
común denominador de estar definidas en relación con el oro. Uno de los pilares
de su funcionamiento era la obligación de los bancos de convertir sus pasivos en
oro a la demanda y al precio establecido por la ley. Como el oro era una
mercancía con un mercado mundial, las unidades monetarias ligadas con el oro
tenían por esa razón un valor mundial. Si por ejemplo una libra esterlina estaba
legalmente definida como igual a 7.32 gramos de oro fino y el dólar como
equivalente a 1.50 gramos, la paridad resultante era de 4.86 dólares por libra.
Una deuda de mil libras de un país a otro podía pagarse con 4 860 dólares, pues
los dos montos eran equivalentes. La diferencia del precio del metal entre un
país y otro no podía exceder los costos de transporte entre Nueva York y
Londres, lo cual no era significativo.

Cuando la diferencia excedía esos límites
resultaba lucrativo efectuar movimientos de oro por medio de los bancos o de las
cajas de conversión. Esos movimientos ocurrían efectivamente cuando se generaba
un déficit importante en el comercio exterior de un país o, más precisamente, en
su balanza de pagos, y los agentes económicos estimaban que no se trataba de un
resultado meramente temporal. En ese caso, el país en cuestión registraba una
salida de oro, proveniente básicamente de su banco central o de las cajas de
conversión que cumplían estas funciones.

Para evitar este fenómeno, que era la
manifestación de que la moneda había sufrido una devaluación, los bancos
centrales de los países procuraban mantener el valor de su moneda muy cerca de
su valor teórico, es decir de su paridad. La conservación de las reservas era
fundamental para cumplir con su obligación de vender el metal a precio fijo, es
decir, para convertir sus billetes en metal al precio legalmente establecido.
Cuando eso no era posible, la paridad tenía que ser modificada, lo que
significaba una devaluación de la moneda.

En el caso de la Gran Bretaña, las
consecuencias de una devaluación de la libra esterlina habrían sido
particularmente graves por el hecho de que dicha moneda desempeñaba el papel de
moneda internacional, y en consecuencia Londres era el centro financiero
internacional más poderoso de la época.

Para evitar la devaluación de sus monedas y
para preservar a sus bancos de pánicos y crisis bancarias, los países
pertenecientes al patrón oro introdujeron normas muy estrictas para proteger sus
reservas. Estas normas daban respuesta a la segunda pregunta planteada con
anterioridad. Entre ellas destacan las que fijaban una proporción entre éstas y
la emisión de billetes,2 buscando limitar de ese modo la cantidad de dinero
emitido por los bancos, que en su mayor parte era conservado por los agentes
como medio de pago. Mediante este mecanismo se buscaba que los bancos
mantuvieran una reserva metálica en proporción con el monto de dinero emitido y
con el volumen de crédito otorgado. Indirectamente, este mecanismo permitía
incidir en el nivel de producto, en la demanda agregada y en el nivel de
precios.

En el caso de Inglaterra, un sistema muy
semejante al que se acaba de describir se introdujo en 1844 y permaneció hasta
1914. Su puesta en marcha generó un gran debate monetario que dividió a los
promotores de la reforma, calificados por la bibliografía como los ortodoxos, a
quienes se opusieron aquellos que consideraban dicho candado como innecesario y
demasiado rígido. Al final de cuentas la reforma mencionada se aprobó y
constituyó para sus defensores uno de los pilares del sistema de patrón
oro.

Parte de su éxito se explica sin embargo por la
manera en la que se aplicó. El componente de rigidez implícito en el mecanismo
se matizó en la medida en que en ciertas condiciones (sobre todo cuando sus
efectos eran demasiado restrictivos) el Banco de Inglaterra solicitaba y en
algunos casos obtenía del parlamento la suspensión temporal de dicha ley. En
esos casos, la norma que imponía una relación fija entre emisión de billetes y
reservas dejaba de operar, otorgando la flexibilidad demandada por las
autoridades del banco para evitar una contracción demasiado severa en la
liquidez de la economía y para que estuviera en condiciones de desempeñar su
papel de prestamista de última instancia.

De este modo, se creó un sistema dual: el
mecanismo se aplicaba durante los tiempos normales, pero se sabía que podía ser
suspendido temporalmente para enfrentar algunas circunstancias extraordinarias.
A pesar de que dicho sistema parece lejano en el tiempo y en el espacio, en
nuestra opinión conviene recordarlo a la luz de los acontecimientos que vivió
nuestro país en 1994. Aparte de su interés en el ámbito puramente doctrinario,
resulta pertinente compararlo con la flexibilidad que tuvieron las autoridades
monetarias para enfrentar una situación de pérdida de reservas, como la que
sufrió el Banco de México a partir de marzo de 1994.

Es muy probable, en nuestra opinión, que si
hubiera existido un candado como el que existió en Inglaterra de 1844 a 1914 o
una variante menos rígida, pero que limitara los márgenes de acción de las
autoridades financieras, habrían sido muy distintas la oferta monetaria, el
volumen de crédito, las tasas de interés y el nivel de actividad económica en
1994.

Dado que en México no existía un candado de
este tipo, las autoridades financieras pudieron posponer las opciones de la
devaluación y de la contracción monetaria. Lo hicieron básicamente mediante la
recomposición de la deuda pública.

Si esta estrategia hubiera tenido éxito, tal
vez la cuestión de la flexibilidad no habría sido tema de controversia. Sin
embargo, como los resultados no fueron los esperados, se pensó en la necesidad
de acotar sus márgenes de acción. En efecto, como parte de las medidas de ajuste
posdevaluatorio, se impuso al Banco de México un límite a la expansión del
crédito interno neto para 1995.3 En esas condiciones, la comparación con el
viejo sistema inglés adquiere una mayor pertinencia.

I. Un antecedente institucional
del candado de divisas para la política monetaria: El sistema inglés de
1844-19144

1. El contexto histórico y el debate
teórico

La relación entre los movimientos de las
reservas y la oferta monetaria ha sido uno de los temas más controvertidos de la
teoría y la política monetarias. En Londres, a principios del siglo xix, fue
parte central del debate en torno de la actuación del Banco de Inglaterra. Uno
de los participantes más destacados en esa controversia fue David Ricardo.
Basado en los principios adelantados por David Hume, consideró que el alto
precio de los metales y, por consiguiente, la devaluación de la libra esterlina
respecto a su valor legal en oro, habían sido ocasionados por el exceso de
emisión y de crédito provocados por el Banco de Inglaterra.

En efecto, según Ricardo, el banco había
aumentado su emisión, aprovechando la suspensión de la convertibilidad de
billetes en metal, impuesta desde 1797 frente a la declaración de guerra de
Francia. Ese exceso de circulante habría ocasionado un incremento en los precios
y consecuentemente un debilitamiento de la competitividad de los productos
ingleses en el exterior, provocando con ello un déficit en la balanza de pagos.
La salida de oro al exterior y el alto precio de dicho metal en Londres eran las
consecuencias directas de dicho exceso en la emisión. Por lo tanto, para
remediar la situación y recuperar la antigua paridad, Ricardo propuso el
restablecimiento de la convertibilidad a la paridad legal, para lo cual el banco
se vería en la necesidad de contraer la cantidad de billetes en circulación.
Adicionalmente, Ricardo propuso que la actividad de emisión se separara de la
actividad bancaria y que la primera se otorgara a un banco público de nueva
creación que el llamó el banco nacional. De aceptarse esta idea, el Banco de
Inglaterra se habría convertido en un banco ordinario.

Las opiniones de Ricardo tuvieron gran
influencia y algunas de las medidas especificas que propuso se fueron adoptando.
Por ejemplo, la convertibilidad se restableció en 1821 a la antigua paridad y su
propuesta de separar las actividades bancarias de las correspondientes a la
emisión inspiró en buena medida la reforma de 1844. Pero en lo que se refiere a
la fundación de un banco nacional a cargo de la actividad de emisión, la idea
quedó en simple proyecto. El Banco de Inglaterra siguió siendo una institución
privada, como los otros bancos ingleses, lo cual no fue obstáculo para
desempeñar su papel de regulador del sistema monetario y bancario inglés, según
las orientaciones gubernamentales y en armónica relación con los agentes
económicos que utilizaban sus servicios.

Aunque eran absolutamente esenciales para su
funcionamiento, las relaciones armónicas del Banco de Inglaterra con el gobierno
y los empresarios no lo salvaron de las crisis monetarias. En 1925, por ejemplo,
la Gran Bretaña se enfrentó a la primera crisis financiera después del
restablecimiento de la convertibilidad. Como consecuencia de una especulación
bursátil de grandes proporciones, el índice de la bolsa londinense cayó
drásticamente, provocando la quiebra de más de 60 casas de bolsa y 36 bancos
provinciales. El Banco de Inglaterra actuó como prestamista de última instancia,
pero sus reservas pasaron de 13.5 millones de libras esterlinas en 1824 a 1.02
en diciembre de 1825. Durante la crisis aumentó sus emisiones, incluyendo nuevas
denominaciones de 1 y 2 libras para satisfacer la demanda de medios de pago,
acompañando esta medida de incrementos en su tasa de interés. Con esta
intervención logró evitar que la crisis fuera más profunda, pero estuvo cerca de
solicitar una nueva suspensión de pagos.

Esta crisis motivó un nuevo debate en el
parlamento respecto a la mejor manera de enfrentar la vulnerabilidad del sistema
bancario. De este debate surgieron varias reformas que limitaron la actuación de
los bancos regionales, pero ampliaron las facultades del Banco de Inglaterra. En
particular, la ley de 1833 convirtió los billetes de este banco en moneda de
curso legal, mantuvo el monopolio del Banco de Inglaterra en materia de emisión
de billetes para la ciudad de Londres y sus alrededores, y permitió que el banco
fijara una tasa de interés superior a 5%. Con esta disposición se suspendieron
parcialmente las leyes contra la usura. Gracias a ello el banco podía reducir su
crédito por medio de un alza en la tasa de interés, superando el método del
racionamiento que hasta entonces había sido su único recurso.

Otra medida importante de esa fecha es que el
Banco de Inglaterra quedó obligado a publicar periódicamente su balance con el
fin de que el público pudiera conocer el monto de reservas y de billetes en
circulación. La opinión predominante consideraba que las emisiones eran
excesivas cuando los precios ingleses eran comparativamente más elevados que los
de sus socios comerciales, lo cual se percibía mediante el tipo de cambio de la
libra respecto a las monedas de esos países.

Una nueva crisis, aún más grave que las
anteriores, estalló en 1839, poniendo en grave riesgo la estabilidad de la
libra. La suspensión de pagos pudo evitarse gracias a un préstamo del Banco de
Francia. Pero la experiencia vivida llevó al parlamento inglés a revisar de
nueva cuenta el conjunto de normas que regulaban el sistema bancario inglés. Una
de las líneas de la reforma descansaba en la idea de David Ricardo de separar
las actividades bancarias de las actividades de emisión.

En efecto, el proyecto de reforma de 1844 se
proponía separar las actividades de préstamo y de emisión del Banco de
Inglaterra con el fin de someter a esta última a los movimientos de entrada y
salida de oro de la Gran Bretaña. A partir de ese momento, el banco debía seguir
una regla de conducta muy precisa que acababa con su discrecionalidad. La
oposición a esta reforma consideraba que la obligación de convertir los billetes
en metal era suficiente para evitar el exceso de circulante y que el nuevo
candado que sujetaba las emisiones a los movimientos internacionales del metal
amarillo era innecesario, además de demasiado rígido. Los promotores de la
reforma consideraban insuficiente el principio de la convertibilidad por el
retraso en el ajuste entre tanto se detectaba el exceso y se aplicaba la
reducción del circulante.

Dicho retraso era el causante, según ellos, de
las crisis de insolvencia de los bancos y de los riesgos de suspensión de pagos.
De ahí la necesidad de un mecanismo automático que permitiera asegurar la
solvencia de los bancos y que controlara la cantidad de circulante. Al final del
debate, la reforma se llevó a cabo. El Banco de Inglaterra no sólo perdió la
discrecionalidad en su política de emisión, sino también sus facultades para
actuar como prestamista de última instancia.

En México, el llamado candado de divisas se
incorporó desde la ley fundadora del Banco de México en 1925. Dicha ley impuso a
las autoridades monetarias la obligación de conservar en reservas de divisas por
lo menos el 50% de sus billetes en circulación, además de un límite de billetes
por número de habitante. Más tarde, en la ley orgánica del mismo banco de 1936,
la reserva mínima pasó a ser del 25%, porcentaje que permaneció hasta 1984, para
luego desaparecer de la legislación monetaria.5

Algunos autores consideran que la incorporación
del candado de divisas en la ley del Banco de México es una influencia tardía
del patrón oro.6 Según Raúl Morales, por ejemplo, la incorporación del candado
se justificaba más para asegurar la estabilidad del tipo de cambio que por las
restricciones que imponía en la política de emisión del banco central. Y, en
efecto, uno de los propósitos del candado estaba relacionado con la estabilidad
del tipo de cambio, pero, como veremos, este objetivo no puede ser disociado de
la política de emisión monetaria, por lo que ambos elementos no pueden realmente
separarse.

En este sentido, consideramos que el candado de
divisas que permaneció durante muchos años en la legislación mexicana no
constituía meramente una “influencia tardía” del patrón oro: era una opción a
una política discrecional que en su ausencia dejaba en libertad a la autoridad
monetaria para determinar la política que considerara conveniente para cada
coyuntura.

En el caso de México, en particular en los tres
últimos trimestres de 1994, la relación entre las variaciones en las reservas y
las correspondientes a la oferta monetaria son por lo menos sorprendentes: la
oferta monetaria crecía mientras las reservas disminuían. Al final del año las
reservas disminuyeron a un nivel en el que la devaluación resultó inevitable.
Para las autoridades del Banco de México la política monetaria que siguieron
durante todo el periodo que precedió a la devaluación está plenamente
justificada. Para éstas fueron factores de tipo político, más que económico, los
que explican los movimientos especulativos y finalmente la devaluación de
diciembre de 1994. Sin embargo, antes de evaluar en su conjunto esta conclusión,
conviene retomar la relación entre las variaciones de las reservas y la política
monetaria. Para ello nos apoyaremos en la experiencia de Inglaterra durante la
segunda mitad del siglo xix.

Nos referimos específicamente al mecanismo
regulador del Banco de Inglaterra de 1844 a 1914. Para nuestros propósitos de
comparación con la situación en el México actual, conviene estudiar este
antecedente con cierto detalle.

2. La mecánica de funcionamiento del Banco
de Inglaterra a partir de 1844

La Ley Bancaria de 1844 separó el Banco de
Inglaterra en dos departamentos: el de emisión y el bancario. El primero debía
consagrarse a emitir los billetes; el segundo debía cumplir las funciones de
banco.7

La regla de oro con la que funcionaba el
departamento de emisión era la siguiente: con excepción de un monto fijo de
billetes emitidos sin contrapartida metálica (originalmente de 14 millones de
libras esterlinas) las emisiones de billetes debían tener una cobertura metálica
al 100%. Los billetes emitidos eran entregados al departamento bancario, que era
el único que tenía contacto con el público. Con esos billetes el departamento
bancario estaba en condiciones de otorgar créditos al gobierno, a otros bancos e
intermediarios financieros y a los particulares. Podría decirse que funcionaba
como si fuera un banco ordinario en el que los billetes emitidos por el
departamento de emisión conformaban su pasivo.

En virtud de esa división del trabajo, el
departamento bancario no podía crear dinero ni depósitos. Por su parte, el
departamento de emisión conservaba el poder de creación de dinero, con las
reglas ya descritas, sin tener contacto con el público.

Veamos con el apoyo de unas cuentas T las
implicaciones de esta separación de funciones. Los montos de las operaciones han
sido incluidos sólo para fines de presentación.

a) Imaginemos que en el momento de la reforma
el banco contaba con un capital de 50 libras esterlinas. No es el único banco de
emisión, pero los demás bancos tienen concentradas en él sus reservas metálicas,
utilizan sus billetes como reservas y como medios de pago en la cámara de
compensación. Dado su carácter de centro de reservas, este banco desempeña el
papel de prestamista de última instancia. Contablemente el capital del banco
central estaba registrado del siguiente modo:

Banco de
Inglaterra

Reservas oro
50

Capital
50

Según la regla de separación en dos
departamentos, quien conserva el oro es el departamento de emisión. Emite en
contrapartida una cantidad igual de billetes (que designaremos como M1), que son
entregados al departamento bancario. Si de ese monto conserva 20 en caja (BenCa)
y otorga créditos (Cr) por 30, las cuentas quedan como sigue:

Banco de
Inglaterra

Departamento
de
emisión

Departamento
bancario

R. oro 50 M1 50
BenCa

20

Cr

30

Capital
50

b) Con la reforma de 1844 el banco está
autorizado por el parlamento para emitir una cantidad de billetes sin
contrapartida metálica (M2). Fuera de este límite toda emisión deberá tener un
respaldo metálico. Supongamos que la cantidad autorizada por el parlamento es de
100 y que dicha emisión se utiliza para adquirir valores gubernamentales (VG).
El balance de los dos departamentos queda entonces como sigue:

Departamento
de
emisión

Departamento
bancario

R.oro

50

VG

100

Suma

150

M1

50

M2

100

150

BenCa

20

Cr

30

VG

100

150

Capital

50

Depósitos

100

150

c) Imaginemos ahora que el banco recibe un
depósito en oro de 200 libras. La operación involucra a los dos departamentos.
El departamento bancario los recibe y los registra como depósitos, pero los
entrega inmediatamente al departamento de emisión a cambio de una cantidad
idéntica de billetes. Inmediatamente expande sus créditos por el mismo monto.
Las cuentas quedan establecidas del siguiente modo:

Departamento
de
emisión

Departamento
bancario

Oro

250

VG

100

Suma

350

M1

50

M2

100

M3

200

350

BenCa

20

Cr

230

VG

100

350

Capital

50

Depósitos

300

350

d) Supongamos ahora que un depositante solicita
monedas metálicas por un monto de 20. El departamento bancario debe solicitarlas
al departamento de emisión, entregando 20 libras en billetes a cambio, con lo
cual se reduce su saldo de billetes en caja a cero. Si el departamento bancario
quiere restaurar su saldo de billetes en caja al nivel anterior, deberá reducir
el tamaño de su cartera en proporción al retiro de oro, con el fin de disponer
de una cantidad de metal igual a la cantidad de billetes que quiere recuperar
para sus operaciones cotidianas. Al final de este movimiento sus cuentas quedan
así:

Departamento
de
emisión

Departamento
bancario

Oro

230

VG

100

Suma

330

M1

50

M2

100

M3

180

330

BenCa

20

Cr

210

VG

100

330

Capital

50

Depósitos

280

330

Como se puede observar, el departamento de
emisión redujo el monto M3 de billetes emitido en proporción a la salida de oro.
Por su parte, el departamento bancario reconstituyó su saldo habitual en caja,
pero para ello tuvo que contraer su crédito. Este movimiento se realiza mediante
un incremento en sus tasas de interés. El efecto que se busca es el siguiente:
al incrementarse la tasa de redescuento se eleva la tasa a la cual éstos otorgan
sus créditos a los empresarios. Por este conducto la acción del Banco de
Inglaterra se extiende al conjunto de la economía: el encarecimiento del crédito
contrae la actividad económica en general. Esto no habría ocurrido
necesariamente si el banco no hubiera sido dotado de ese mecanismo
automático.

Sin embargo, cuando las salidas de metal son
importantes, como consecuencia de un déficit de gran magnitud en la balanza de
pagos o sencillamente de movimientos especulativos, la reacción del Banco de
Inglaterra, para conservar sus reservas, puede generar una crisis general. En
efecto, el aumento en sus tasas de interés puede resultar excesivo desde el
punto de vista de las posibilidades reales de los deudores. En tales
condiciones, las deudas pueden resultar superiores a los activos, provocando la
quiebra de muchas empresas, incluidos también los bancos.

En esos casos, la única opción para evitar la
crisis no se encuentra del lado del crédito, sino de la moneda. La autoridad
monetaria debe optar por reconocer el deterioro que han anticipado los agentes,
formalizando la devaluación de la moneda o, si no existe fundamento para esto
último, violando las reglas de emisión impuestas por la ley de 1844. Esto último
fue lo que ocurrió en los años de 1847, 1857, 1866 y 1914, gracias a la
autorización que obtuvo el Banco de Inglaterra para que se suspendiera
temporalmente el candado de 1844.

3. El debate en torno de la reforma de
1844

De una manera esquemática, la historia registra
dos grandes grupos participantes en la controversia. Los partidarios de la
reforma son los que se identifican con el Currency Principle y los opositores se
agrupan alrededor de la llamada Banking School.

La primera distinción entre ellos implica las
definiciones de los agregados monetarios. Para los partidarios de la escuela de
la circulación (Currency Principle), defensores también de la teoría
cuantitativa, el monto de dinero que importa es M (M1 + M2 + M3), es decir, el
pasivo del departamento de emisión. Si el departamento bancario tiene un saldo
de dichos billetes se debe a que necesita mantener ciertos saldos líquidos del
mismo modo como ocurre en una empresa ordinaria. Lo que importa es que pueden
pasar a formar parte de la circulación en cualquier momento, y de ese modo
influir en los precios.

Por su parte, para los seguidores del principio
bancario (Banking School), había que tomar en cuenta la circulación de las
letras de cambio y los pagarés (T), que emitían los propios empresarios y que
formaban parte de los medios de pago. Por otra parte, había que disminuir, de la
emisión en circulación, la parte de billetes que conservaban los bancos para sus
necesidades de ventanilla y que normalmente permanecían fuera de la circulación.
Es decir, para ellos el total de medios de circulación era Depósitos - BenCa +
T. La presencia del tercer elemento hace que esta magnitud quede fuera del
control de los bancos.

Por otra parte, para los partidarios de la
reforma, una salida de oro del banco era la prueba de que había un exceso de
dinero en circulación y debía ser el detonador para realizar el ajuste
respectivo. Como, según ellos, el banco tenía agrupadas sus funciones de emisión
y de préstamo en un solo departamento, no podía seguir una regla transparente
que le permitiera ajustar sus emisiones y sus tasas de interés en función de los
movimientos en sus reservas. De este modo, sus emisiones podían resultar
excesivas si sólo se guiaran por la demanda y la calidad de los documentos que
les presentaran a descuento.

Para los adversarios este argumento era
insostenible ya que si el banco se limitaba sencillamente a atender la demanda y
cuidaba que los créditos estuvieran respaldados por operaciones reales y
viables, no podía haber exceso en la emisión de dinero. Dicho de otro modo: los
bancos no pueden poner en circulación una cantidad de dinero distinta de la que
demandan los empresarios y la que dicta la obligación de convertir los billetes
en monedas metálicas.

En las cuentas que llevamos del Banco de
Inglaterra, la postura de los opositores a la reforma se expresaría del
siguiente modo:

Banco de
Inglaterra
Oro

230

BenCa

20

VG

100

Cr.

210

Suma

560

Depósitosa

510

Capital

50

Suma

560

a Depósitos y
billetes.

Compensando la parte de billetes que no está en
circulación queda como sigue:

Banco de
Inglaterra
Oro

230

VG

100

Cr.

210

Suma

540

Depósitosa

490

Capital

50

Suma

540

a Depósitos y
billetes.

Una demanda de pago en metálico de billetes por
un monto de 40, por ejemplo, provocaría una disminución de las reservas de oro
del mismo monto, quedando sólo 190. Pero eso no obligaría al banco a reducir su
crédito. Representa una señal, pero el banco puede no atenderla. Thomas Tooke,
uno de los autores más representativos de la escuela bancaria, introduce aquí la
idea según la cual es importante distinguir entre la circulación del capital y
la circulación de los ingresos. Según Tooke, la circulación del capital es
aquella que involucra exclusivamente a los empresarios, mientras que la
circulación de la moneda involucra las operaciones entre los empresarios y los
consumidores.8

La primera involucra D + T, mientras que la
segunda sólo involucra a la cantidad de dinero en circulación D - BenCa, que es
el total de billetes que han obtenido los empresarios de los bancos y con los
cuales cubren sus salarios a los trabajadores. Por eso se denomina la
circulación de los ingresos. Una salida de oro de las bóvedas del banco
concierne a la primera circulación. Afecta los billetes en poder del
departamento bancario y el oro del departamento de emisión, es decir, afecta la
circulación del capital, lo cual, según Thomas Tooke, no tiene relación con la
circulación de los ingresos. Para Tooke la salida del oro pudo tener orígenes
ajenos a la política de emisión en la medida que ésta puede permanecer
inalterada mientras las reservas registran variaciones.9

Para Tooke, como para todos los críticos de la
reforma, el candado impuesto al Banco de Inglaterra tenía el grave defecto de
vincular injustificadamente el sistema de crédito inglés a los movimientos
internacionales de capitales, dependientes de factores que escapan al control de
las autoridades monetarias. Una salida de oro provocaría una contracción de M3,
y por lo tanto de Cr. Como entre Cr y T existe una relación directa, una baja de
Cr implica también una disminución en T. Así, una salida de oro provocaba
automáticamente una contracción del conjunto del sistema de crédito y por ese
conducto una recesión en la economía inglesa. Sin embargo, lo que para Tooke era
defecto, para los defensores de la reforma constituía una de sus grandes
virtudes. Por eso la adoptaron para su país, y en cierto modo se generalizó a
los países miembros del patrón oro.

Según sus defensores, la virtud de la
separación del Banco en dos departamentos y del mecanismo autorregulador es que
limitaba la actividad del Banco de Inglaterra, sometiéndolo a los movimientos
internacionales del oro. Como los bancos ordinarios ingleses dependían de la
política de crédito del Banco de Inglaterra (en particular mediante las
operaciones de re-descuento), la política contraccionista o expansionista del
Banco de Inglaterra terminaba por imponerse al conjunto del sistema bancario. La
reforma de 1844 constituía, en ese sentido, una reforma monetaria y bancaria. En
efecto, el candado entre reservas y volumen de crédito interno se consideró como
una pieza clave del mecanismo estabilizador del valor de la libra esterlina y
una garantía para el buen funcionamiento del sistema bancario inglés, ambos
elementos esenciales para el funcionamiento de la libra esterlina como moneda
internacional.

Según el análisis que justificó la reforma, la
existencia de un déficit en la balanza de pagos que provoca una salida de oro,
expresa precisamente la presencia de una demanda de letras sobre Londres
superior a la oferta. Ello indica una depreciación del crédito inglés cuyo
origen no puede atribuirse sino al hecho de que se produjo un exceso: su oferta
es superior a la demanda. La salida del metal constituye la evidencia de un
desequilibrio en el mercado del crédito y la disminución de éste se convierte en
una solución automática para resolverlo.

En efecto, con la reforma de 1844 esa salida de
oro se convierte en el detonador del mecanismo estabilizador del sistema: obliga
al departamento de emisión del Banco de Inglaterra a reducir la cantidad de
billetes, provocando una contracción en las operaciones del departamento
bancario. Mediante sus efectos en la tasa de redescuento, extiende esa
contracción a todas las operaciones de crédito bancario en Inglaterra y de ahí a
la economía en su conjunto.

Al detener la expansión del crédito (por medio
del alza en las tasas de interés activas) y estimular el ahorro y la corriente
de capitales hacia Londres (por medio de un incremento en las tasas de interés
pasivas), el Banco de Inglaterra provoca una baja de la demanda y un incremento
en la oferta de letras sobre Londres. De este modo actúa en sentido inverso a
las fuerzas que provocaron el desequilibrio en el sistema de crédito y que
condujeron a una salida de metal. Al restablecer el equilibrio en el mercado de
crédito se eliminan las presiones en el mercado de cambios. De este modo se
logra el objetivo fundamental de la política monetaria de la época: estabilizar
el valor de la moneda.10

4. La suspensión del
mecanismo

La necesidad de introducir un complemento a la
reforma de 1844 se presentó tres años después de instaurada. En efecto, en 1847,
ante la crisis interna de crédito, provocada por la aplicación del mecanismo
descrito y que causó ventas forzadas, caída en precios y quiebras de empresas,
el gobierno inglés decidió suspender la ley, autorizando al banco a prestar por
arriba del límite establecido.

La autorización estuvo acompañada de la
recomendación de que dichos préstamos adicionales se mantuvieran dentro de
“límites razonables” y de que se cargara una tasa de interés más elevada (de 8%
contra el 5% promedio en tiempos normales) en las operaciones de
redescuento.

Diez años más tarde, en 1857, una crisis
internacional, particularmente aguda en los Estados Unidos, provocó una nueva
suspensión de la ley. Una pérdida importante de las reservas metálicas debía
conducir a una reducción proporcional en el crédito interno, con lo cual se
provocaría un colapso en la actividad económica inglesa. Ante esa perspectiva,
el gobierno optó por suspender temporalmente la ley, aumentando el límite de
billetes que el banco podía emitir sin contrapartida. Gracias a esta medida, en
lugar de los 14 millones de libras que constituía ese límite, el banco hizo
circular aproximadamente 15 millones.

Una nueva suspensión ocurrió en 1866,
estableciendo con ello una práctica que puede resumirse del siguiente modo: en
las situaciones ordinarias y con una perspectiva de largo plazo, la norma a
seguir por el banco central es la contenida en la ley de 1844, pero en las
situaciones de crisis el sentido común debe prevalecer sobre la norma de largo
plazo y ésta debe suspenderse temporalmente. Gracias a estas suspensiones, el
Banco de Inglaterra pudo llevar a cabo su función de prestamista de última
instancia, como lo había hecho en crisis anteriores a la reforma de
1844.

En síntesis, tanto la ley de 1844 como sus
suspensiones temporales buscaban mantener el valor de la moneda y el buen
funcionamiento del sistema de pagos de Inglaterra. La estabilidad de la libra
esterlina durante la segunda mitad del siglo xix y los primeros años del siglo
xx, y el papel de Londres como centro financiero internacional fueron resultado,
en buena parte, de estos arreglos institucionales y de los apoyos que logró el
Banco de Inglaterra de las autoridades gubernamentales y de los hombres de
negocios del país.11

II. El candado ausente de
divisas en la legislación monetaria mexicana y la política monetaria de
1994

El párrafo sexto del artículo 28 constitucional
y el artículo 2° de la Ley del Banco de México, establecen que el objetivo
prioritario del Banco de México es procurar la estabilidad del poder adquisitivo
de la moneda nacional. Para estar en condiciones de cumplir ese propósito el
banco central recibió la facultad de manejar autónomamente la política
monetaria, es decir, de fijar su crédito interno neto.

El marco legal de la actividad de banca central
ha tenido en el pasado una serie de candados, en particular relacionados con las
reservas de divisas, que han buscado acotar los márgenes de acción de las
autoridades monetarias. Por ejemplo, la Ley Constitutiva del Banco de México de
1925 obligaba al banco a mantener una reserva de por lo menos 50% de los
billetes en circulación. Como vimos en la sección I, esa norma formaba parte de
las reglas usuales entre los países pertenecientes al patrón oro, al que México
había entrado en 1905.

En 1931 el país abandonó, como muchos otros
países, ese sistema monetario. Pero la Ley Orgánica del Banco de México de 1936
mantuvo un candado semejante al estipular que la reserva de divisas tendría que
ser de por lo menos 25% de los billetes emitidos y las obligaciones a la vista
en moneda nacional en el banco central. Este candado estaría vigente hasta
1984.12

La Ley del Banco de México de 1994 deja en
libertad al Banco de México para manejar la política monetaria que considere
adecuada en cada coyuntura, sin hacer referencia a ningún candado de divisas
como los descritos en el párrafo anterior. En su artículo 18 se establece lo
siguiente: “El Banco de México contará con una reserva de activos
internacionales, que tendrá por objetivo coadyuvar a la estabilidad del poder
adquisitivo de la moneda nacional, mediante la compensación de desequilibrios,
entre los ingresos y egresos de divisas del país”. El monto de la reserva, los
mecanismos para su constitución y defensa y el vínculo entre las reservas y la
política monetaria quedan sujetos a lo que el Banco de México considere
conveniente.

De este modo, cuando el banco central registra
una afluencia de divisas, puede reaccionar esterilizando buena parte de ellos
para evitar el efecto de una mayor liquidez. Éste ha sido el caso de los años
recientes en México, resultado de una política expresa del Banco de México,
gracias a lo cual se canalizó hacia las reservas una parte importante de esos
capitales, manteniendo sin grandes cambios la base monetaria. Con ello se ha
evitado el relajamiento de las tasas de interés y la expansión de la demanda
agregada que de otro modo se producirían. Estas ventajas se agregan al efecto
directo en el aumento de las reservas que en sí mismo influye en la confianza
del público y en la solidez del tipo de cambio.13

La operación de signo contrario se enfrenta,
sin embargo, a límites más estrechos por los riesgos que implica. En ese caso,
la esterilización consiste en mantener la base monetaria sin grandes cambios (es
decir, sin otros ajustes que los temporales), reponiendo a la economía la
liquidez perdida por la compra de divisas. El riesgo en este caso es que con esa
actitud no se ponga un límite a la compra de divisas, con los riesgos que
implica una nueva disminución de las reservas.

Esa situación se presentó cuando, en marzo de
1994, el Banco de México sufrió la pérdida de 10 mil de los 28 mil millones de
dólares de sus reservas. Las autoridades del banco central atribuyeron esta
pérdida al asesinato del candidato presidencial del pri, es decir, a un hecho
político aislado y no a factores de tipo económico. De ese modo consideraron que
no había razón para modificar su política monetaria. Los nuevos descensos de
junio y noviembre (2 500 y 3 500 millones de dólares, respectivamente) fueron
consecutivos a un amago de renuncia del secretario de Gobernación y a las
acusaciones del subprocurador de Justicia. Como se asociaron a fenómenos
políticos14 tampoco condujeron a una modificación de la política
monetaria.

Un nuevo descenso en las reservas en diciembre,
de 1 550 millones de dólares, amenazó con agotarlas. Antes de que eso sucediera,
en la madrugada del 20 de diciembre, se decidió finalmente devaluar el peso de
3.49 a 4 pesos por dólar. Ante el comportamiento del mercado durante ese día, el
21 se anunció que el Banco de México no podía sostener la nueva cotización y que
se retiraba del mercado cambiario, optando por un sistema de flotación. El
ajuste original de poco más de 14%, llegó a ser superior a 100% para luego
situarse en un valor que fluctuó durante varios meses alrededor de los 6 pesos
por dólar, lo que implica una depreciación de aproximadamente 72 por
ciento.15

El objetivo de esta sección II es analizar la
política monetaria durante los nueve meses que precedieron a esta devaluación. A
lo largo de nuestra exposición intentaremos bosquejar una hipótesis de lo
ocurrido, poniendo especial interés en la relación entre los movimientos de las
reservas de divisas, la recomposición de la deuda interna y la base
monetaria.

1. El entorno de la economía mexicana a
principios de 1994

1994 debía ser un año de recuperación económica
a partir del dinamismo en la inversión, sobre todo privada, y de un presupuesto
público moderadamente expansionista. Las elecciones presidenciales previstas
para agosto de ese año hacían necesario remontar la desaceleración de 1993, que
generó un crecimiento en el pib de sólo 0.5%. Respecto a la inflación, el
gobierno se proponía continuar los esfuerzos de los años anteriores, incluyendo
la utilización del tipo de cambio como ancla para estabilizar los precios. Esto
último a pesar de que el peso había perdido una parte importante de la ventaja
cambiaria que lo había caracterizado en los últimos años.

Por lo que se refiere al déficit en cuenta
corriente, señalado por algunos analistas como uno de los problemas
fundamentales a resolver, la política del Banco de México se fincó en la idea de
que en las condiciones que caracterizaban la economía mexicana era posible y
deseable sostener un déficit elevado mientras se dispusiera de las afluencias
que lo financiaran. Esa condición se había cumplido en los tres años anteriores.
Pero para 1994, al final del cual se estimaba que el déficit ascendería a cerca
de 30 mil millones de dólares, se calculaba que el nuevo financiamiento
provendría en su mayor parte de fuentes de corto plazo. Con ello se profundizaba
la contradicción, ya manifiesta en los años anteriores aunque con menor
gravedad, entre los periodos de maduración de las inversiones y los plazos de
financiamiento de las mismas. Al desestimar esta contradicción, el banco central
ignoró, como dice Weintraub, que en tanto más volátil es la entrada de capital
más riesgoso es el déficit en cuenta corriente.16

Sin embargo, a partir de marzo, en particular
luego del asesinato del candidato del pri a la presidencia, se planteó con mayor
agudeza el dilema siguiente: i) mantener el desliz anunciado y por lo tanto
conservar el tipo de cambio como precio ancla en la lucha contra la inflación, o
ii) ampliarlo, reconociendo oficialmente el rezago que se había acumulado,
aprovechando que se tenían todavía reservas considerables. Con la segunda opción
se habría buscado, también, una disminución en el déficit de la balanza
comercial. Como se sabe, las autoridades optaron por la primera
opción.

Con ella se esperaba mantener las metas de
crecimiento previstas para el año en curso y, sobre todo, se buscaba evitar los
riesgos asociados a una crisis pos-devaluatoria justamente después del asesinato
del candidato presidencial del pri y en vísperas de la elección presidencial.
Pero les obligaba a enfrentar una demanda creciente de dólares y de valores
denominados en dólares, proveniente de un grupo importante de inversionistas
nacionales y extranjeros que hasta entonces habían considerado prudente
conservar sus inversiones en valores denominados en pesos.

En efecto, a partir de marzo se fue
fortaleciendo el grupo de agentes económicos que consideraban difícilmente
sostenible la política cambiaria del peso y el déficit acumulado en la cuenta
corriente de la balanza de pagos. Adicionalmente a esos factores económicos,
algunos agentes estaban tomando en consideración los riesgos políticos asociados
con el cambio de sexenio, agravados esta vez por el asesinato del candidato del
pri. Su demanda de dólares y de valores denominados o indizados en dólares
obedecía a la necesidad que sentían de cubrir los riesgos de una devaluación.
Internamente ese fue el entorno general que enmarcó la política monetaria de
marzo a diciembre de 1994. En el exterior, prevaleció una tendencia alcista en
las tasas de interés de largo plazo en los principales mercados de obligaciones
(véase cuadro 3).

2. La política monetaria

Según el informe anual del Banco de México para
1994, “la política monetaria se orientó en todo momento a evitar una expansión
excesiva de la base monetaria. De haberse dado ésta, se hubieran generado
presiones cambiarias e inflacionarias adicionales”.17

Por expansión excesiva el Banco de México
entiende la que sobrepasa la demanda. En efecto:

La práctica común
del Banco de México ha sido la de ajustar diariamente el monto de la base
monetaria a la demanda esperada de ésta, sujeto a que la variación
resultante de la misma base no obre en detrimento de las metas
inflacionarias. Si por cualquier eventualidad el cumplimiento del objetivo
de reducir la inflación se pone en entredicho, el banco sigue atendiendo
la demanda base, pero a tasas de interés superiores a las del
mercado.18

La adaptación de la oferta a la demanda es, de
este modo, la explicación oficial del crecimiento significativo de la base
monetaria durante 1994, a pesar de las pérdidas sufridas en las reservas
internacionales.

En efecto, la base monetaria creció de casi 42
mil millones de nuevos pesos (mmdnp) en febrero a casi 45 en marzo (lo cual
implica una tasa de crecimiento nominal anual de 29.2%), mientras las reservas
bajaban 10 300 millones de dólares. Para noviembre la misma base había crecido a
49 163 millones de nuevos pesos (lo cual significa una tasa de crecimiento
nominal anual de 28.6%). Para todo el año de 1994, la variación real anual de la
base monetaria fue de 12.7 en 1994, mientras que en el año anterior había sido
de -0.6

Desde la perspectiva del crédito interno neto,
las operaciones descritas en el párrafo anterior implican que dicho crédito pasó
de -37 958 millones de nuevos pesos en marzo, a 6 141 en noviembre, lo que es
otra manera de observar la política expansiva. Lo interesante de ver las cosas
por el lado de las fuentes es que se perciben los canales por los cuales se
introducen y se obtienen los recursos.

Durante el periodo que se estudia, la mayor
parte de estos recursos inyectados a la economía se canalizó mediante el sistema
financiero. En efecto, el crédito neto a bancos comerciales pasó de -589
millones en marzo a 10 838 millones en noviembre. Durante el mismo lapso, el
crédito neto a bancos de desarrollo pasó de -420 millones a 1115 millones.
Y, la cifra más importante, el crédito neto a fideicomisos oficiales pasó de
19.133 a 32317 millones en el mismo lapso (véase cuadro 1).

Cuadro 1
Base
monetaria
(Saldos
corrientes en millones de nuevos pesos)

Mes/año

Base
monetaria

Reserva
internacional

Crédito
neto
a
bancos
comerciales

Crédito
neto
a
bancos de
desarrollo

Crédito
neto
a
fideicomisos
oficiales

Crédito
interno
neto

Diciembre-1993

47,193

76 211

-448

1 003

19 680

-29,018

Enero-1994

42,513

81 613

-379

1 344

19 681

-39,100

Febrero-1994

41 896

93 516

-478

1 506

19 888

-51,619

Marzo-1994

44 858

82 816

-589

-420

19 133

-37,958

Abril-1994

41 895

56 514

9 608

-1 385

19 622

-14,619

Mayo-1994

42 586

56 818

11 970

-1 242

23 427

-14,233

Junio-1994

43 382

54 264

9 332

2 044

25 229

-10,882

Julio-1994

45 027

54 983

14 752

2 479

27 020

-9,956

Agosto-1994

44 235

55 490

12 192

2 469

28 264

-11,255

Septiembre-1994

43 802

54 490

8 414

1 830

29 270

-11,138

Octubre-1994

44 757

59 141

4 229

1 635

30 667

-14,383

Noviembre-1994

49 163

43 022

10 838

1 115

32 317

6,141

Diciembre-1994

56 935

32 739

96 031

2 080

34 428

24,196

Enero-1995

51 200

19 837

78 377

1 623

34 032

31,362

Febrero-1995

49 790

52 406

66 586

1 063

32 604

-2,216

Marzo-1995

48 805

46 697

63 561

30

30 695

2,109

Abril-1995

47 553

50 356

70 002

-79

29 729

-2,803

Fuente: Banco de
México, Indicadores económicos, mayo de
1995.

Por su parte, las tasas de interés
efectivamente se incrementaron. De marzo a abril la tasa nominal de los Cetes a
28 días pasó de 9.73 a 15.79%, entre marzo y abril, para luego bajar a 13.74% en
noviembre. La tasa interbancaria subió de 11.24 a 19.17% entre marzo y abril,
para luego situarse en 21.18% en julio y bajar a 19.29 en noviembre (véase
cuadro 2). Estas variaciones, aunque importantes, son sensiblemente menores a
las que muy probablemente habrían resultado si el banco central no hubiera
decidido expandir su crédito interno neto.

Cuadro 2
Inflación y tasas de
interés nominales

(Equivalente anual)

Mes/año

Inflación
a

Cetes
28
dias

cpp

Papel

comercial

tip

Enero-1994

7.50

10.52

13.22

13.42

11.87

Febrero-1994

7.18

9.45

11.96

13.00

10.52

Marzo-1994

7.10

9.73

11.53

12.15

11.24

Abril-1994

7.01

15.79

14.16

19.10

19.17

Mayo-1994

6.92

16.36

17.03

20.91

20.24

Junio-1994

6.85

16.18

17.18

20.35

18.89

Julio-1994

6.81

17.07

17.82

22.26

21.18

Agosto-1994

6.74

14.46

17.16

19.19

18.46

Septiembre-1994

6.71

13.46

16.73

18.61

17.82

Octubre-1994

6.83

13.60

15.96

17.86

17.46

Noviembre-1994

6.93

13.74

16.34

19.21

19.29

Diciembre-1994

7.05

18.51

16.96

28.08

28.02

Enero-1995

45.12

37.25

29.87

51.73

46.12

Febrero-1995

50.18

41.69

35.98

59.53

54.02

Marzo-1995

70.80

69.54

56.82

89.01

86.03

Abril-1995

95.52

74.75

70.26

88.22

85.33

a Inflación
mensual anualizada
Fuentes: cnvyv, Entorno económico, núm. 6,
abril de 1995, p. 12, y Banco de México,
Indicadores
económicos
, mayo de 1995.

En comparación con el debate inglés descrito en
la sección I.1, los directores del Banco de México sostienen, para justificar la
política seguida en 1994, la misma posición de la Banking School: el banco
central no puede incurrir en ningún exceso si sencillamente ha atendido la
demanda. Precisamente contra esa posición y los riesgos que implica, se propuso
el candado de divisas como parte central de la reforma del Banco de Inglaterra.
Por su parte, en ausencia de límites, las autoridades monetarias mexicanas
pudieron ampliar su crédito interno (para satisfacer la demanda de base) al
tiempo en el que disminuían las reservas.

Sobre este punto, la tesis central del Banco de
México es la siguiente: “el aumento del crédito interno neto en 1994 ocurrió
porque cayeron las reservas y no que éstas cayeron porque el crédito interno se
expandió”.19

Analizando las fuentes por medio de las cuales
se mantuvo la base, se observa lo siguiente: respecto a la parte de ese
incremento que se canalizó mediante los bancos, en el mismo informe se
dice:

Los bancos adquirían dólares para satisfacer la
demanda de moneda extranjera de sus clientes, operaciones que daban lugar a
sobregiros en las cuentas corrientes en moneda nacional que tienen en el
instituto central. A su vez, dichos sobregiros provocaban una contracción
momentánea de la liquidez. En esas circunstancias, el Banco de México tenía que
aportar liquidez a la banca para que ésta cubriera su sobregiro. De otra manera,
se habría tenido que realizar una reducción súbita de la cartera de crédito de
la banca, cosa imposible de lograr de manera inmediata.20

Según el informe, la aportación de liquidez del
Banco de México nunca representó una inyección monetaria neta, pues
sencillamente sustituía a la que se retiraba como consecuencia de la disminución
de las reservas internacionales. Desde luego, los nuevos recursos se
reintegraban a la circulación a una tasa de interés más alta: “Durante las
etapas de disminución de reservas internacionales que se produjeron durante
1994, se hicieron más onerosas las condiciones de otorgamiento del crédito
interno del Banco de México, a fin de contener las presiones sobre el mercado
cambiario”.21 Sobre este punto ya comentamos el alcance de esos incrementos en
las tasas.

De manera esquemática todo parece indicar que
en el mercado se manifestaban dos fuerzas: i) la de una fracción importante de
los agentes económicos, para los cuales era cada vez más riesgosa la
sobrevaluación de la moneda mexicana, en un contexto de déficit creciente de la
cuenta corriente de la balanza de pagos y en un año de cambio presidencial; esta
percepción los llevaba a sustituir parte importante de sus inversiones en
valores denominados en pesos por dólares o por valores denominados o indizados
en dólares, y ii) las autoridades financieras, para quienes no era necesario
realizar un ajuste en el tipo de cambio ni era excesivo el déficit de la cuenta
corriente. Tampoco consideraban procedente una política crediticia más
restrictiva, por ejemplo mediante incrementos aún mayores en las tasas de
interés del Banco de México, pues habría pospuesto la recuperación del
crecimiento del producto que se buscaba para 1994.

Por estas razones, contra lo que se esperaría
en estos casos, la liquidez retirada de la circulación para la compra de dólares
fue íntegramente repuesta por el banco central, con la consecuente ampliación
del crédito interno neto. Así lo reconoce expresamente el Banco de México en su
informe de 1994: “Durante los periodos en que el instituto central se vio
obligado a efectuar ventas cuantiosas de moneda extranjera para defender el
techo de la banda, la liquidez perdida fue repuesta en el mercado de dinero,
para lo cual se amplió el crédito interno neto”.22

A la tesis oficial de que la política monetaria
se limitó sencillamente a la demanda de liquidez se agregó una segunda: los
factores determinantes de los ataques contra el peso fueron de tipo
político.

En efecto, para el Banco de México los
acontecimientos políticos y delictivos fueron los causantes de los movimientos
especulativos contra el peso: el asesinato del candidato del pri a la
presidencia de la República, la amenaza de renuncia del secretario de
Gobernación, las denuncias del subprocurador de Justicia de la nación y las
nuevas amenazas de los zapatistas de Chiapas: “...la expansión de dicho crédito
se limitó exclusivamente a atender la demanda de billetes y monedas y a reponer
las pérdidas de base monetaria causadas por las disminuciones de reservas
internacionales, asociadas con los ya referidos acontecimientos políticos y
delictivos”.23

El carácter político de los movimientos
especulativos queda probado, según las autoridades del banco central, por la
discontinuidad con la que ocurrieron las variaciones en los saldos de divisas.
Se infiere que el carácter político que origina esos movimientos no tiene por
qué provocar que cambie la política monetaria. En consecuencia, las pérdidas de
liquidez originadas por la compra de dólares deben ser repuestas principalmente
por medio de las mismas instituciones que realizan las operaciones de compras de
divisas por cuenta de sus clientes: los bancos. Retomemos el texto del
informe:

De lo expuesto en el
análisis anterior se infiere una tesis muy importante: que el aumento del
crédito interno en 1994 ocurrió porque cayeron las reservas y no que éstas
cayeron porque el crédito interno se expandió. Una expansión continua y
excesiva del crédito interno hubiera empujado persistentemente al tipo de
cambio al techo de la banda, dando lugar a una caída continua de las
reservas internacionales, mas no a las reducciones discontinuas de reserva
que se observaron durante 1994 y que coincidieron con los sucesos
políticos y delictivos ya citados.24

Lamentablemente, el argumento de la
discontinuidad pierde su fuerza cuando consideramos la evolución de la
colocación de los Tesobonos (valores de deuda pública interna indizados en
dólares, pero pagaderos en pesos) a lo largo de 1994. En efecto, entre marzo y
abril, es decir, como respuesta a la pérdida de más de 10 mil millones de
dólares de reservas (sobre 28 mil millones disponibles a mediados de marzo) que
siguió al asesinato de Luis Donaldo Colosio, los rendimientos de los Tesobonos a
91 días se incrementaron a 5.67 y 7.20% respectivamente, frente a la tasa de
4.92% prevaleciente hasta febrero. En mayo las autoridades financieras
permitieron que esa tasa subiera a 7.69%, para luego fluctuar entre 7.24 y 6.70%
entre los meses de junio a noviembre.

Los rendimientos ofrecidos por medio de los
Tesobonos fueron sensiblemente más altos que los registrados por valores
semejantes emitidos en los Estados Unidos o en Inglaterra. Es decir, a igualdad
de riesgos, las autoridades financieras mexicanas debieron ofrecer rendimientos
más elevados, con los consecuentes incrementos en los costos del financiamiento
(véase cuadro 3). La colocación de dichos valores podía haberse limitado por el
lado de la oferta. Pero la necesidad de cubrir el déficit en la cuenta corriente
y las presiones sobre el peso obligaron a las autoridades a incrementar las
emisiones de Tesobonos. La mayor disponibilidad de estos instrumentos se
convirtió en una oportunidad que los inversionistas no podían darse el lujo de
perder. En lugar de ponerlos en la disyuntiva de invertir en valores con tasas
elevadas, pero denominados en pesos o en valores con tasas cercanas a las
internacionales pero denominados en dólares, las autoridades financieras
mexicanas les facilitaron la tarea al incrementarles las tasas de los valores
denominados en dólares, manteniendo relativamente bajas las correspondientes a
los denominados en pesos.

Cuadro 3
Tasas de
interés en valores denominados en pesos
y en monedas extranjeras,
1994

Mes/año

Cetes
México
a 90 días

Tesobonos
México
a 91 días

Valores
en
Estados Unidos
a 90 días

Valores
en
Londres
a 90 días

Valores
en
Estados Unidos
a largo plazo

Diciembre-1993

11.71

5.10

3.29

3.37

n.d.

Enero-1994

10.75

4.97

3.17

3.26

6.24

Febrero-1994

9.80

4.92

3.45

3.55

6.44

Marzo-1994

10.31

5.67

3.80

3.91

6.90

Abril-1994

15.92

7.20

4.02

4.14

7.32

Mayo-1994

17.44

7.69

4.55

4.63

7.47

Junio-1994

16.74

7.16

4.52

4.64

7.43

Julio-1994

17.38

7.27

4.75

4.85

7.81

Agosto-1994

14.76

7.24

4.84

4.85

7.55

Septiembre-1994

14.15

6.70

5.04

5.16

7.81

Octubre-1994

13.98

6.80

5.51

5.62

8.02

Noviembre-1994

14.54

7.04

5.82

5.91

8.16

Diciembre-1994

20.37

7.89

6.31

6.38

7.97

Enero-1995

39.23

21.01

6.28

6.32

7.95

Fuente: Banco de
México, Indicadores económicos, mayo de 1995;
y para las tasas
de largo plazo: Bourse de Paris, Séries internationales,
bms,
núm. 2, 1995, p. 114.

Desde abril se decidió incrementar la tasa de
rendimiento de los Tesobonos por arriba de las tasas vigentes en valores
comparables. El cambio fue inmediatamente percibido por los inversionistas. Las
tenencias de Tesobonos de las empresas privadas y los particulares pasaron de 11
800 millones de nuevos pesos a 29 738 entre marzo y abril, y fueron creciendo a
lo largo del año hasta llegar a 106 414 en diciembre (véase cuadro 4b). Para
decirlo en dólares, y con las palabras del Banco de México: “En 1994 la
circulación de esos títulos aumentó 26 mil millones de dólares”.25 El propósito
de dicho aumento fue el siguiente: “... la Secretaría de Hacienda y Crédito
Público y el Banco de México, facilitaron la sustitución de valores
gubernamentales denominados en pesos por Tesobonos... para que los
inversionistas pudieran cubrir su exposición al riesgo cambiario”.26

Afortunadamente, según ellos, el aumento de la
circulación de 26 mil millones de dólares de Tesobonos “permitió disminuir en 77
860 millones de nuevos pesos la circulación de papel gubernamental denominado en
pesos” 27 (véase cuadros 4a y 4b)

Cuadro
4a
Colocación de la deuda interna del sector público POR MEDIO de
valores
(Millones de nuevos
pesos)

Mes/año

Circulación total

de valores a

Cetes

Tesobonos

Bondes

Ajusta-bonos

Diciembre-1993

135 610.8

81 014.1

3 841.7

17 035.8

33 695.3

Enero-1994

136 087.6

80 162.9

4 512.1

17 056.4

34 332.4

Febrero-1994

136 592.5

79 928.8

5 080.8

16 759.9

34 799.5

Marzo-1994

137 000.8

80 492.5

6 020.9

17 405.9

33 057.6

Abril-1994

130 835.8

74 732.7

7 048.8

17 427.3

35 603.2

Mayo-1994

137 926.3

70 248.6

18 577.6

17 764.7

31 327.4

Junio-1994

140 589.8

67 149.2

26 082.4

17 300.6

30 049.5

Julio-1994

146 272.0

53 138.6

46 895.3

16 998.3

29 231.7

Agosto-1994

145 574.8

51 988.4

47 858.0

17 039.8

28 680.6

Septiembre-1994

145 226.4

51 474.1

48 729.7

16 179.7

28 834.7

Octubre-1994

143 305.4

48 859.1

51 921.6

13 177.0

29 339.6

Noviembre-1994

139 728.4

45 572.3

55 575.5

9 720.7

28 851.8

Diciembre-1994

171 306.1

39 701.1

94 678.5

8 316.1

28 602.3

Enero-1995

161 509.0

40 013.0

82 992.0

9 821.0

28 675.0

Febrero-1995

167 260.0

42 781.0

83 517.0

11 108.0

29 846.0

Marzo-1995

179 385.7

42 992.4

86 611.9

18 387.8

31 285.6

a El saldo
total de valores no coincide con la suma de los valores incluidos porque

sólo hemos considerado los más importantes.
Fuente: Banco de
México, Indicadores económicos, mayo de
1995.

Cuadro
4b
Colocación de la deuda interna del sector público por medio de
valores
Tenencia de empresas privadas y particulares
(Millones de
nuevos pesos)

Mes/año

Cetes

Tesobonos

Bondes

Ajusta-bonos

Enero-1994

70 336

5 636

14 659

30 408

Febrero-1994

82 171

6 784

15 027

30 616

Marzo-1994

71 735

11 799

11 905

29 257

Abril-1994

41 569

29 738

6 415

24 427

Mayo-1994

43 041

36 107

6 327

23 723

Junio-1994

40 374

40 630

7 327

21 936

Julio-1994

33 389

51 262

5 988

18 142

Agosto-1994

30 033

62 349

3 851

16 686

Septiembre-1994

29 103

59 857

5 677

17 458

Octubre-1994

30 159

57 913

4 943

16 470

Noviembre-1994

24 276

61 987

3 168

14 498

Diciembre-1994

18 995

106 414

2 263

13 672

Fuente: Banco de
México, Indicadores económicos, mayo de
1995.

Muy probablemente el calificativo del Banco de
México se deba al hecho de que las tasas de interés de los valores denominados
en moneda extranjera son más bajas que las de los valores públicos denominados
en pesos. Esa ventaja, sin embargo, debe ponderarse frente al riesgo
cambiario.

El incremento paulatino de las tenencias de
Tesobonos y la disminución igualmente paulatina de las tenencias de los Cetes
reflejan la sustitución ininterrumpida de valores denominados en moneda nacional
por valores indizados a dólares. Esto contradice la afirmación del Banco de
México, según la cual los movimientos especulativos se localizaron en los días
que siguieron a los acontecimientos políticos y delictivos, como ellos los
describen, sino que persistieron, con diferentes intensidades, a lo largo del
año y se agudizaron con el cambio presidencial, a pesar de que el nuevo
presidente había confirmado la política cambiaria de su antecesor.28

Lo descrito hasta ahora hace necesario estudiar
con detalle lo ocurrido con los Tesobonos para buscar una explicación posible de
la política seguida.

3. Los Tesobonos como opción a la salida de
divisas

Es muy probable que en la ponderación de las
ventajas y desventajas de esa estrategia las autoridades de la Secretaria de
Hacienda y del Banco de México hayan privilegiado el hecho de que la colocación
de los Tesobonos les permitía defender las reservas. Se trataba, ante todo, de
una salida temporal frente a la opción de modificar la política cambiaria. La
estrategia adoptada tenía los siguientes inconvenientes: i) los riesgos
cambiarios quedaban totalmente del lado del Banco de México; ii) las tasas de
interés a las que se conseguía ese financiamiento eran más altas en comparación
con valores semejantes, indizados o denominados en dólares, y iii) los plazos
promedio de la deuda interna se hacían más cortos.

Es posible que haya prevalecido el siguiente
razonamiento: en la medida en que se logre financiar el déficit en cuenta
corriente de la balanza de pagos y que disminuyan los temores respecto a una
posible devaluación, los inversionistas volverán a los valores denominados en
pesos, para lo cual se deberá ampliar el diferencial de las tasas de interés
entre éstos y los indizados en dólares. Esto implica que en algún momento se
llevaría a cabo esa ampliación entre las tasas. El momento para poner en
práctica una estrategia de este tipo debía seleccionarse muy bien. Si permanecía
la desconfianza en la política cambiaria se corría el riesgo de que los
inversionistas interpretaran este gesto como una medida de urgencia previa a una
devaluación, con lo cual no cumpliría los propósitos buscados. Además, el
crédito se habría encarecido sensiblemente frente a la moneda, inclinando la
balanza hacia una solución por el lado de una desvalorización de ésta
última.

Una opción intermedia hubiera sido una política
monetaria más restrictiva a partir de abril de 1994. Sin embargo, para el Banco
de México esa opción habría llevado a la economía a una contracción como
consecuencia de los incrementos en las tasas de interés aun mayores a las que
prevalecieron desde el segundo trimestre del año.29 La lectura que hacen las
autoridades financieras es que este ajuste era innecesario y
riesgoso.30

Un aumento adicional
de las tasas en condiciones de presiones intensas en el mercado cambiario,
podría haber provocado aún mayor nerviosismo y turbulencia en los
mercados. Además, habiéndose mantenido los activos internacionales en
niveles relativamente altos hasta mediados de noviembre, encarecer aún más
el crédito del banco central y, por consiguiente, el resto del crédito de
la economía, parecía imponer a esta última un costo ele-vado e
innecesario. Más aún considerando que las tasas de interés se encontraban
a niveles muy altos y estaban causando dificultades considerables a
deudores e intermediarios financieros31 (véase cuadro
5).

Cuadro 5
Tasas de
interés reales
a
(Porcentajes anuales)

Mes/año

Cetes 28
dias

cpp

Papel
comercial

tip

Enero-1994

0.9

3.7

3.9

2.3

Febrero-1994

3.5

6.1

7.2

4.6

Marzo-1994

3.8

5.6

6.3

5.3

Abril-1994

10.2

8.4

13.8

13.9

Mayo-1994

10.8

11.5

15.9

15.1

Junio-1994

10.6

11.7

15.3

13.6

Julio-1994

12.9

13.8

18.8

17.6

Agosto-1994

8.8

11.7

13.9

13.1

Septiembre-1994

5.5

8.6

10.6

9.8

Octubre-1994

7.8

10.4

12.5

12.0

Noviembre-1994

8.0

10.8

14.0

14.0

Diciembre-1994

8.3

6.7

19.0

18.9

Enero-1995

-5.04

-14.1

6.1

0.5

Febrero-1995

-5.90

-13.0

9.1

3.5

Marzo-1995

0.00

-12.4

18.6

15.4

Abril-1995

-10.6

-27.3

-2.8

-8.5

a El cálculo
de las tasas reales se realizó mediante la siguiente fórmula:
i
real anual = (1 + i / 1 + p) - 1 * 100, donde: i =
tasas netas anualizadas, y p = inflación mensual
anualizada.
Fuente: cnbyv, Entorno económico, núm. 6, abril de
1995, p. 26.

Se optó, como se sabe, por intentar mantener el
tipo de cambio, enfrentando las presiones del mercado por medio de una oferta
cada vez mayor de Tesobonos. Con el respiro temporal que daba la colocación de
estos valores pudieron mantenerse las metas de política económica para ese año,
incluyendo las correspondientes al déficit en cuenta corriente de la balanza de
pagos. Privó la convicción de que dicho déficit no era un problema sino un
acierto y que se debía hacer todo lo posible, incluido pagar elevadas tasas de
interés en dólares por valores de corto plazo, para financiarlo. Estimaban, sin
considerar las diferencias entre los tiempos de inversión y los correspondientes
al financiamiento, que los beneficios de las inversiones implícitas en ese
déficit terminarían por revertirlo.

La devaluación de diciembre puso al descubierto
la fragilidad de la estrategia adoptada. A partir de la devaluación y luego de
la flotación del peso, las medidas de ajuste que se impusieron fueron aquellas
que se intentaron evitar entre marzo y diciembre, con la diferencia de que en un
contexto de crisis efectiva los ajustes fueron más severos y de más graves
consecuencias.

Conclusiones

En síntesis, lo ocurrido entre el segundo y el
último trimestre de 1994, en particular lo relacionado con la dinámica que
registraron el crédito interno neto y los Tesobonos, nos sugieren:

a) Que las presiones sobre el peso existieron a
lo largo de todo el año con la modalidad de sustitución de valores
gubernamentales y en algunas coyunturas con la de disminuciones de reservas.32
Las autoridades atribuyeron las demandas de divisas a factores políticos
transitorios y con ese motivo desestimaron las medidas correctivas que se
imponían, pensando que con la colocación de valores denominados en moneda
extranjera se podían resolver las presiones sobre las reservas. De haber
existido algún límite al endeudamiento con valores indizados o algún tipo de
candado a la expansión del crédito interno neto, las utoridades financieras no
habrían podido tomar tantos riesgos.

b) Que el Banco de México optó por asumir los
riesgos cambiarios y el costo elevado que implicaba el financiamiento del
déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos mediante los Tesobonos. Se
afirmaba que las corrientes de capital eran la prueba de la confianza en el
desarrollo de la economía cuando en el periodo estudiado el factor determinante
de los nuevos flujos era el diferencial de tasas que se ofrecía en comparación
con valores semejantes. Al aceptar un financiamiento de corto plazo se desestimó
la contradicción existente entre los plazos de maduración de las inversiones
(necesariamente largos) que ese déficit implicaba y los plazos (cada vez más
cortos) en los cuales se conseguía su financiamiento.

c) Que el Banco de México optó por no hacer
ajustes a su política para no provocar una crisis de liquidez. Sólo así se
explica su decisión de reinyectar a la circulación parte importante de los
recursos que recibía de las operaciones de venta de divisas y su estrategia para
mantener tasas de interés más bajas de lo que un ajuste hubiera
provocado.33

d) El crecimiento resultante en el crédito
interno fue posible por la ausencia de un candado a la política monetaria, que
en su caso complementaría el que actualmente existe respecto al crédito al
gobierno. No sería recomendable, desde luego, un candado automático tan
restrictivo como el que se impuso en 1884 al Banco de Inglaterra, pero sí un
acotamiento que buscara reducir los cambios bruscos en el crédito interno
neto.

Cuadro 6
Tipos de
cambio del peso mexicano respecto al dólar de Estados
Unidos
(Cotizaciones al final de cada mes)

Mes/año Tipo de cambio para
solventar
obligaciones en moneda extranjera
Devaluación respecto
a
diciembre de 1993
Diciembre-1993

3.1059

Enero-1994

3.1075

0.001

Febrero-1994

3.1150

0.003

Marzo-1994

3.3598

0.082

Abril-1994

3.2673

0.052

Mayo-1994

3.3145

0.067

Junio-1994

3.3918

0.092

Julio-1994

3.4019

0.095

Agosto-1994

3.3794

0.088

Septiembre-1994

3.4040

0.096

Octubre-1994

3.4300

0.104

Noviembre-1994

3.4498

0.111

Diciembre-1994

5.3250

0.710

Enero-1995

5.6950

0.830

Febrero-1995

5.8375

0.880

Marzo-1995

6.8175

1.200

Abril-1995

5.7850

0.860

Mayo-1995

6.1775

0.990

Fuente: Banco de México, Indicadores económicos, mayo de
1995.

Cuadro 7
Agregados
monetarios y base monetaria
(Tasas de crecimiento nominal anual)

Mes/año M4 M2 M1 Cheques
M.N.
Billetes
y
monedas
Base
monetaria
Enero-1994

24.7

12.5

19.5

22.5

12.8

12.8

Febrero-1994

26.7

12.2

18.6

21.7

14.6

16.1

Marzo-1994

25.6

16.3

20.3

16.3

30.0

29.2

Abril-1994

19.8

15.9

14.5

11.8

18.5

18.9

Mayo-1994

19.8

13.9

12.4

9.1

18.0

18.0

Junio-1994

19.5

15.1

10.6

6.2

19.4

20.3

Julio-1994

22.2

17.5

10.2

3.9

22.3

22.3

Agosto-1994

21.7

21.6

9.9

2.0

27.4

25.7

Septiembre-1994

20.2

19.6

10.2

1.4

28.2

24.7

Octubre-1994

20.6

21.2

7.5

2.0

19.1

20.5

Noviembre-1994

22.0

20.2

10.1

2.7

29.1

28.6

Diciembre-1994

25.0

22.7

3.8

-7.0

20.0

20.6

Fuente: Banco de México, Informe anual, 1994,
p.73.
Cuadro 8
Agregados
monetarios
(Saldos corrientes en millones de nuevos
pesos)

Mes/año

Billetes
y
monedas

Cuentas
de
cheques
M.N.

Cuentas
de
cheques
M.E.

M1

M2

Enero-1994

38 777

101 259

4 806

144.842

366.320

Febrero-1994

38 325

102 173

4 319

144.816

366.143

Marzo-1994

40 628

98 235

5 168

144.031

380.396

Abril-1994

38 775

92 787

5 294

136.856

390.445

Mayo-1994

38 984

94 091

5 308

138.383

392.187

Junio-1994

39 437

94 511

5 768

139.715

399.373

Julio-1994

41 718

92 104

5 855

139.676

410.010

Agosto-1994

40 295

91 836

6 284

138.415

418.983

Septiembre-1994

40 653

91 487

6 606

138.746

416.305

Octubre-1994

40 724

93 391

5 700

139.814

427.312

Noviembre-1994

44 360

95 579

6 032

145.971

438.757

Diciembre-1994

51 870

94 163

8 486

154.519

454.908

Fuente: Banco de
México, Informe anual, 1994, p.301.

Cuadro 9
Inflación
y base monetaria
(Variación porcentual anual)

Mes/año

Inflación

Base
monetaria

Enero-1994

7.50

12.84

Febrero-1994

7.18

16.06

Marzo-1994

7.10

29.17

Abril-1994

7.01

18.93

Mayo-1994

6.92

17.96

Junio-1994

6.85

20.16

Julio-1994

6.81

22.25

Agosto-1994

6.74

25.72

Septiembre-1994

6.71

24.69

Octubre-1994

6.83

20.50

Noviembre-1994

6.93

28.56

Diciembre-1994

7.05

20.64

Fuente: cnbyv,
Entorno económico, núm. 6, abril de 1995, p.
12.

Cuadro 10
Cetes y
pagarés bancarios: Tasas anuales de interés nominales y reales en
1995
(Porcentaje)

Mes

Inflación
del
mes

Inflación
anualizada

Tasa nominal
anualizada

Tasa real
anualizada

Pagaré
bancario
28 días

Cetes
28
días

Pagaré
bancario
28 días

Cetes
28
días

Enero

3.76

45.12

24.28

37.25

-14.3

-5.04

Febrero

4.24

50.18

27.05

41.69

-15.6

-5.90

Marzo

5.90

70.80

38.48

69.54

-18.9

0.0

Abril

7.96

95.52

47.63

74.75

-24.5

-10.60

Mayo

4.18

50.16

41.30

57.73

-5.90

5.04

Junio

3.00

36.00

35.75

46.06

0.00

7.30

Fuente: El
Financiero
, 8 de julio, p. 11. Las tasas reales se calcularon
siguiendo la fórmula señalada en el cuadro
5.

Del mismo modo, existiría la necesidad de
pensar en los modos de acotar las experiencias como la que se vivió en 1994 con
los Tesobonos, mediante límites a las sobretasas que se pueden ofrecer por
arriba de las tasas vigentes en valores equivalentes.

Vista la magnitud de la crisis que finalmente
se desató a partir de la devaluación, nadie puede sorprenderse que se haya
impuesto un tope al crédito interno neto. En efecto, en el informe del Banco de
México de 1994 publicado en abril de 1995, se señala:

Esta práctica (la de siempre satisfacer la
demanda de dinero, aunque a veces a una tasa elevada) está siendo objeto de
modificación en 1995, al haberse impuesto un límite a la expansión del crédito
interno neto del Banco de México.34

Más que la recuperación de viejos mecanismos
automáticos, como el que existió en Inglaterra en la segunda mitad del siglo
xix, este tipo de acotamientos refleja la reacción de la ortodoxia frente a una
política discrecional que en 1994 mostró todas sus ventajas, pero también sus
riesgos.

21 de junio, 1996.

NOTAS

  1. Henry Thornton, An Enquiry into the Nature
    and Effects of the Paper Credit of Great Britain, Londres, 1802. Reed. F. A.
    Hayek, 1939.

  2. No todas las leyes imponían una proporción.
    Una variante consistía, por ejemplo, en fijar una cantidad de billetes sin
    cobertura metálica, pero a partir de dicha cifra los bancos debían mantener
    una reserva por la totalidad de las emisiones excedentes. Véase, para este
    tema R. H. Hawtrey, The Gold Standard in Theory and Practice, Londres,
    Longmans, Green and Co., 1927.

  3. Banco de México, Informe anual, 1994, p. 63,
    nota 1.

  4. Para la elaboración de esta sección nos
    apoyamos en los trabajos de Jerome de Boyer, L' activité bancaire: Analyse et
    définitions, tesis doctoral, Universidad de París, X. Nanterre, 1980, y en
    nuestro trabajo titulado: “Banco central y tasas de interés, ensayo sobre las
    teorías de H. Thornton, K. Wicksell y H. Hawtrey”, Universidad de París, X.
    Nanterre, 1983.

  5. Francisco Borja Martínez, El nuevo sistema
    financiero mexicano, México, fce, 1991, pp. 82-84.

  6. Véase, por ejemplo, Raúl Morales,
    “Naturaleza y alcance de las políticas monetaria y crediticia en México antes
    de la reforma financiera de 1988-1991”, Análisis Económico, núm. 21, vol x,
    uam-Azcapotzalco, 1992, p. 18.

  7. R.G. Hawtrey, The Art of Central Banking,
    Londres, Longmans, Green and Co., 1932, pp. 123 y ss.

  8. Se trata de una distinción de la circulación
    según se realice ésta “between dealers and dealers and between dealers and
    consumers”. Tooke T., An Inquiry into the Currency Principle, Londres,
    Longman, Brown, Green and Longmans, 1844.

  9. La idea de una doble circulación de Tooke,
    aunque sugerente, no es sólida. En nuestro caso, la salida del oro por un
    monto de 20, implica efectivamente la cancelación de una parte de D, es decir,
    un retiro de la cuenta de depósitos que implica una disminución del saldo de
    los billetes en caja del departamento bancario y del oro del departamento de
    emisión. Hasta aquí no ha habido una modificación en la cantidad de dinero en
    circulación (D - BenCa). Pero con estos movimientos se desata un mecanismo de
    ajuste en M y en D, puesto que los billetes recibidos por el departamento de
    emisión “en pago” del oro que entrega al departamento bancario son
    inmediatamente congelados, lo que significa una disminución en M3. Al intentar
    reconstituir sus saldos líquidos, el departamento bancario afectará el valor
    de D, con lo que se revela un puente entre las dos circulaciones señaladas por
    Tooke.

  10. Para las autoridades inglesas, en particular
    para el ministro Peel, una libra esterlina significaba una cierta cantidad de
    oro, tenía un sello que así lo indicaba y ello por la ley y las costumbres de
    Inglaterra. Podían existir muchas monedas, definidas de muy diversas maneras.
    Pero una vez que se tiene una definición se debe respetar. Sería un acto de
    mala fe cubrir una obligación pagando con algo distinto de lo que se estipuló
    en el contrato. Véase R.G. Hawtrey, La Circulation Monétaire et le Crédit,
    París, Sirey, 1928, p. 619.

  11. Como puede observarse, la eficacia del banco
    central como institución responsable de la estabilidad de la moneda y del buen
    funcionamiento del sistema de pagos no hacía necesaria una “autonomía” frente
    al gobierno y a los grupos económicos. En el fondo, el funcionamiento del
    banco y del sistema monetario descansaba en los acuerdos que lograban los
    banqueros, los empresarios y el gobierno respecto al mejor camino a seguir en
    cada coyuntura. Estos acuerdos, particularmente importantes en momentos de
    crisis, constituyen la dimensión política de la gestion de la moneda y el
    crédito, tan importante como el ámbito técnico.

  12. Francisco Borja Martínez, op. cit., pp.
    82-84.

  13. Acerca de este tema véase Alcides José Lasa,
    “La política de esterilización de divisas. Una nota sobre su significado y la
    experiencia reciente de México”, Economía informa, Facultad de Economía, unam,
    diciembre, 1993.

  14. Banco de México, Informe 1994, p. 58.
  15. Banco de México, Informe anual, op. cit., p.
    6.

  16. Sidny Weintraub, “Evolución de la balanza de
    cuenta corriente de México”, Economía mexicana. Nueva época, México, cide,
    vol. i, núm. 1, p. 249.

  17. Banco de México, op. cit., p. 62.
  18. Ibid., p. 63.
  19. Ibid., p. 64.
  20. Ibid, pp. 64-65. Es interesante notar que el
    Banco de México asocia aquí las operaciones de compra de divisas con la
    cartera de los bancos. Normalmente, la compra de divisas se realiza con
    efectivo disponible, de manera que su retiro de la circulación afecta la
    liquidez de los agentes económicos que compran divisas, no de los bancos.
    Aumentar el crédito a éstos últimos para que lo presten a los agentes que
    compraron divisas no estimula la especulación pero tampoco la disuade, aunque
    vaya acompañada de pequeños incrementos en las tasas de interés.

  21. Ibid., p. 65.
  22. Ibid., p. 63.
  23. Ibid., p. 63.
  24. Ibid., p. 64.
  25. Banco de México, Exposición sobre política
    monetaria. Para el lapso del 1 de enero al 31 de diciembre de 1995, enero de
    1995, p. 32.

  26. Ibid, p. 31.
  27. Ibid, p. 32.
  28. El problema de la credibilidad del público
    en la política cambiaria anunciada por el gobierno es un lastre que ha
    acompañado las sucesiones presidenciales, luego de la devaluación de 1976.
    Como dice Alcides José Lasa, una cosa es creer en las intenciones del gobierno
    y otra es creer que las autoridades estén en condiciones de llevarlas a cabo.
    Véase “La política de estabilización concertada en México: Una interpretación
    de las condiciones iniciales y el problema de la credibilidad”, Reporte de
    investigación, uam-Iztapalapa, Departamento de Economía, 1993.

  29. El Banco de México sostiene que la política
    monetaria a partir de marzo de 1994 estuvo condicionada por el mercado
    cambiario. Sin embargo, como hemos mostrado en este trabajo, la dependencia de
    la política monetaria de las presiones en el mercado cambiario fue sólo
    virtual gracias al respiro obtenido por medio de la colocación de Tesobonos.
    Para decirlo en los términos del banco central: “la oferta de Tesobonos
    coadyuvó al endurecimiento de la política monetaria. Para comprobar esta
    afirmación nótese que la preferencia de los inversionistas por los Tesobonos
    era manifestación de que estimaban que el rendimiento esperado, ajustado por
    el riesgo cambiario, era superior al del papel denominado en pesos. Esto
    último necesariamente implicaba mayores tasas de interés en los valores
    denominados en moneda nacional debido a la posibilidad de arbitraje entre los
    diferentes instrumentos financieros disponibles en el mercado. Sin embargo, el
    incremento en las tasas fue menor al que se hubiera requerido para equilibrar
    los mercados financieros y la balanza de pagos, de no haberse aumentado la
    oferta de Tesobonos”, Exposición sobre política monetaria, 1995, pp.
    31-32.

  30. Banco de México, Informe anual 1994, p.
    68.

  31. La posición de las autoridades monetarias
    tiene un fundamento en la experiencia de 1988. Durante ese año, “estuvo
    presente una acentuada desconfianza de los operadores económicos en la
    capacidad del gobierno para sostener la política cambiaria que se anunciaba...
    No puede explicarse de otra manera la coexistencia de una altísima tasa de
    interés real en pesos y una descomunal tasa de interés en dólares.
    Ciertamente, un inversionista en Cetes a 28 días y con capitalización mensual
    hubiese obtenido una tasa en dólares de más de 90% anual durante 1988,
    mientras que operaciones similares en Treasury Bills de los Estados Unidos
    tuvieron un rendimiento de alrededor de 7%”. Alcides José Lasa, La política de
    estabilización concertada en México, op. cit., p 23.

  32. Se dice en el Informe del Banco de México
    1994: “Si el gobierno se hubiera negado a satisfacer la demanda por esos
    instrumentos, los cuales, dicho sea de paso, se venían emitiendo desde 1991,
    es altamente probable que el público habría demandado moneda extranjera con el
    importe proveniente de la amortización de los Cetes y de otros instrumentos
    denominados en moneda nacional, presionando a las reservas internacionales y
    al tipo de cambio. Por tanto, resulta lógico que las autoridades financieras
    hayan recurrido y utilizado los instrumentos a su alcance, a fin de coadyuvar
    a sobrepasar una situación que justificadamente podía considerarse como
    transitoria”, p. 70.

  33. cnbyv, Entorno económico, núm. 6, abril de
    1995, p. 13.

  34. Banco de México, Informe anual, 1994, p. 63,
    nota 1.

Nueva tendencia internacional acerca del trade off entre el producto y la inflación

José D. Liquitaya Briceño
Profesor-investigador y jefe del área de Teoría Económica, Departamento de Economía, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.
Juan González Herrera
Licenciado en Economía, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.


Nueva tendencia internacional acerca del trade off entre el producto y
la inflación
José D. Liquitaya Briceño
Profesor-investigador y jefe del área de Teoría Económica, Departamento de Economía,
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.
Juan González Herrera
Licenciado en Economía, Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa.

Introducción

Entre los trabajos realizados durante las pasadas tres décadas, uno de
los que ha ejercido mayor influencia en la constitución y el desarrollo de la Escuela de las Expectativas
Racionales (eer) es el escrito por Robert Lucas (1973, pp. 326-334). En éste, Lucas elaboró un modelo
de análisis formal con base en la hipótesis de la tasa “natural” de desempleo (producción)
antes formulada por Friedman (1968), y examinó empíricamente la influencia de las políticas
de demanda sobre el producto y el empleo, postulando que los trabajadores y productores, aunque forman sus expectativas
racionalmente en una economía caracterizada por información incompleta e imperfecta, pueden cometer
errores en la predicción de los salarios y precios si se producen cambios no anticipados en las políticas
de administración de la demanda.

La evidencia obtenida por Lucas con base en información estadística
de 18 países para los años 1952-1967 le permitió corroborar las intuiciones generales de su
análisis y dio pábulo a desarrollos teóricos ulteriores (véase, por ejemplo, Barro,
1986, y Béraud, 1989) e investigaciones que confirmaron la idea básica de su modelo (Barro, 1977);
pero además apuntaló la implicación drástica y trascendental de que las políticas
fiscales y monetarias anticipadas no tienen consecuencias reales en la economía (empleo, producto, etcétera),
y afectan sólo las variables nominales (salarios monetarios, nivel de precios, etcétera), aspecto
que se conoce como “teorema de neutralidad fuerte” (Sargent y Wallace, 1975).

A veintidós años del estudio de Lucas consideramos no sólo
pertinente sino necesario revaluar la aplicabilidad de su modelo en un lapso más reciente, máxime
si tomamos en cuenta que dicho modelo constituye una pieza clave en la teoría de los ciclos económicos
de la eer (Barro, 1986; Robert Lucas, 1977, Lucas y Sargent, 1978; Minford y Peel, 1983, y Sheffrin, 1983), y para
legitimarse como tal en esta moderna corriente de pensamiento requiere verificarse en distintos ámbitos
y periodos. Esto es justamente lo que pretendemos lograr con nuestro trabajo, a partir del análisis de la
nueva evidencia acontecida en veintiún países entre 1970 y 1990, diecisiete de los cuales fueron
examinados por Lucas. Cabe destacar que durante el periodo que abarcamos se produjo una mayor inestabilidad de
precios en casi todas las naciones consideradas en la muestra respecto a las dos décadas precedentes; tal
hecho, además de haber estimulado a priori la investigación, apuntala a posteriori la pertinencia
de los resultados emergentes.

El estudio está organizado en tres secciones. En la sección I exponemos
los aspectos teóricos y formales del modelo, donde Lucas asume que los agentes aplican un método
de proyección recursivo denominado “filtro de Kalman”, con el que se deduce la ecuación (5) presentada
más adelante. Esta implica que cada oferente en la economía aplica reglas óptimas de decisión
de periodo a periodo, a medida que dispone de nueva información (al lector no advertido acerca de dicho
modelo, pero interesado en su deducción detallada, le recomendamos ver Sargent, 1979, caps. x y xiii). En
la sección II efectuamos las precisiones necesarias respecto a la muestra, los datos utilizados, y presentamos
los resultados obtenidos. A continuación, examinamos dichos resultados y contrastamos empíricamente
las hipótesis fundamentales del modelo con el apoyo de los métodos econométricos pertinentes.

Por último, elucidamos nuestras conclusiones. Al respecto, anticipamos
de modo sucinto que se corroboran algunas hipótesis importantes del análisis de Lucas, como la existencia
de una correlación negativa entre la variabilidad de la inflación y el coeficiente que mide el trade
off (intercambio) entre el producto y la inflación; la asociación lineal negativa entre la varianza
del cambio del ingreso nominal y el coeficiente que mide el trade off entre el producto y la inflación.
Sin embargo, las pruebas estadísticas no nos permiten afirmar que los resultados sean concluyentes en favor
de ambas hipótesis. Lo que sí obtiene fuerte respaldo empírico es la proposición de
que las diferencias en la varianza de la demanda agregada (medida por el ingreso nominal) constituyen la explicación
más importante de las diferencias en las tasas de inflación entre los distintos países.

I. Aspectos teórico-formales del modelo

Como ya lo señalamos en la introducción, el objetivo del trabajo
de Lucas fue examinar la influencia de las políticas de administración de la demanda en el producto,
el empleo y la inflación con el apoyo de su modelo de “ilusión monetaria, compatible con un comportamiento
racional y optimizador de los agentes” (Sargent, 1979). En tal sentido, se propuso dilucidar los siguientes aspectos:
i) “¿conduce la teoría de la tasa natural de producción real a expresiones de la interrelación
entre inflación y producción, que se cumplan satisfactoriamente en un sentido econométrico
para todos o para la mayoría de los países de la muestra?; ii) ¿qué restricciones comprobables
impone la teoría en esta relación?, y iii) ¿son congruentes tales restricciones con la experiencia
reciente?”

Para este efecto Lucas supuso que los niveles promedio de producción real
se mantienen constantes ante cambios en el patrón de tiempo de la tasa de inflación: existe una tasa
natural de producción (desempleo) real. Como Friedman (1968), Lucas postula la existencia de información
imperfecta, misma que da pábulo a la existencia de un trade off entre el producto y la inflación
a corto plazo, ante cambios no anticipados en el ingreso nominal. El modelo teórico de Lucas se asienta
en tres presunciones fundamentales:


  1. El producto nominal se determina del lado de la demanda agregada en la economía,
    en un entorno donde la división entre el producto real y el nivel de precios depende en gran parte del comportamiento
    de los oferentes de trabajo y de bienes.
  2. Las rigideces parciales que dominan el comportamiento de oferta de corto plazo
    obedecen a la escasez de información de los oferentes acerca de algunos de los precios relevantes para su
    toma de decisiones.
  3. Las inferencias acerca de estos precios relevantes no observados se tornan óptima
    o racionalmente a la luz del carácter estocástico de la economía.

Con base en estos supuestos, Lucas describe de modo sencillo la estructura general
de su modelo:


  • Las observaciones de precios-cantidades se consideran puntos de intersección
    en un esquema de oferta y demanda agregadas.
  • Lo anterior se establece según el supuesto de que el mercado de dinero
    se encuentra en equilibrio y representa la relación entre los niveles de producción y de precios
    implícita en el modelo is-lm estándar. Se considera que el modelo es afectado por el bloque usual
    de variables de desplazamiento de la demanda: las políticas fiscal y monetaria y las variaciones en la demanda
    de exportaciones.
  • La curva de oferta es delineada según el supuesto de un mercado de trabajo
    “despejado”. Su pendiente, por lo tanto, refleja las rigideces de los mercados de trabajo y de bienes.

Con el fin de simplificar el análisis, Lucas supone adicionalmente que
la curva de demanda agregada es unitariamente elástica; en consecuencia: i) el nivel de producto nominal
puede manejarse como una variable exógena con respecto al mercado de bienes, y ii) el peso completo de la
contabilización en busca del punto de división del ingreso nominal entre producto real y nivel de
precios se desplaza hacia el lado de la oferta agregada.

1. La función de la oferta agregada

El modelo de Lucas (1973) es uno de los muchos que pueden construirse según
el supuesto de información imperfecta de los agentes:

Todas las formulaciones de la teoría de la tasa natural postulan
agentes racionales cuyas decisiones dependen sólo de los precios relativos situados en un entorno donde
(los agentes económicos) no pueden distinguir los movimientos de los precios relativos y del nivel general
de precios.

Las características de la economía representadas en el modelo se
describen como sigue:


  1. Los oferentes se encuentran en un gran número de mercados competitivos
    y dispersos.
  2. La demanda de bienes para cada periodo está distribuida de manera desigual
    sobre todos los mercados, conduciendo a movimientos tanto de los precios relativos como del nivel general de precios;
    en consecuencia, la situación percibida por los oferentes individuales será distinta de la situación
    agregada vista por un observador externo.

La cantidad ofrecida en cada mercado, pues, es la suma de un componente normal
(o secular) común a todos los mercados, y de un componente cíclico que varía de mercado a
mercado. Indizando los mercados por z y usando ynt y yct para denotar los logaritmos (logs) de los componentes
mencionados, secular y cíclico respectivamente, la oferta en el mercado z será:

yt (z) = ynt + yct (z).............................(1)

El componente secular, que refleja acumulación de capital, crecimiento
poblacional, etcétera, sigue la tendencia lineal:

ynt = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (197) + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (198)t. ................................(2)

El componente cíclico varía con los precios relativos percibidos
y con su propio valor rezagado de ajuste:

yct (z) = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (199) [pt (z) - E (pt | It (z) )]+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (200)yc,t-1(z),
.........................(3)

donde: pt(z) es el precio actual en z en el periodo t, y E (pt| It (z)) es el nivel general de precios promedio actual, condicionado a la información disponible
en z en el momento t, It (z). Como yct es una desviación de la tendencia, |Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (201)| <1.


La información disponible para los oferentes en z en el momento t proviene
de dos fuentes:


1. Los agentes inician el periodo t con conocimiento del curso anterior de los
desplazamientos en la demanda, de la oferta normal ynt y de las desviaciones anteriores yc, t-1,
yc, t-2 ... Ya que tal información no permite inferencias exactas del log del nivel general de
precios actual, pt, por lo menos determina una distribución previa en pt, común
a los agentes en todos los mercados. Se asume que tal distribución es normal con media 'pt y
una varianza constante Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (202)2.


2. Se supone que el precio actual se desvía del promedio (geométrico)
de la economía por un monto distribuido independientemente de pt. Por simplicidad, el porcentaje
de desviación del precio en z con respecto del pt promedio se denota por z (para que los mercados sean indizados
por las desviaciones de su respectivo nivel de precios relativos con respecto del nivel promedio), donde z está
normalmente distribuida, independiente de pt con media = 0 y con varianza t 2. Entonces pues, el precio observado
en z, pt (z) (en log), es la suma de variables independientes normales:

pt (z) = pt + z. ...............................(4)

2a. La información It (z) relevante para la estimación
de los pt no observados (por los oferentes en z en el momento t), consiste entonces en el precio observado pt (z)
y en la historia acumulada en ‘pt.

Los oferentes utilizan (4) para calcular la distribución de ptcondicionada por pt (z) y 'pt. Dicha distribución es normal con media:

E (pt | It (z))] = E (pt |
pt (z),'pt)] = (1 - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (203)) pt (z) + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (204)'pt
, ...............................(5)

donde: Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (205), y varianza Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (206)2 .


Por (3) y (5), se obtiene:

yct (z) = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (207) [pt (z) - (1 - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (208)) pt (z) - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (209)’pt ] + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (210)yc, t-1(z), .................................(5a)

por (1) y (5a):

yt (z) = ynt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (211)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (212) [pt (z) - 'pt ] + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (213)yc,t-1(z). .........................................(6)

Agregando todos los mercados (si se integra con respecto a la distribución
de z), obtenemos la función de oferta agregada, conocida como curva de Phillips inversa:

yt = ynt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (214)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (215)(pt - 'pt ) + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (216) [yt -1 - yn, t-1]. .................................(7)

Como se advierte, la pendiente de la función de oferta agregada (7) varía
en concordancia con los valores de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (217)2,
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (218)2. En casos donde Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (219)2 es relativamente pequeña
(debido a que los cambios en los precios relativos reflejan los que se dan en el nivel general de precios), la
curva de oferta será casi vertical. Por otro lado, cuando el nivel general de precios es estable (2 es relativamente pequeña), la pendiente de
la curva de oferta se aproxima al valor dado por Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (220).


2. La demanda agregada


A fin de completar el modelo, Lucas define la demanda agregada a partir de la
siguiente ecuación:

xt = yt + pt , .........................(8)

donde xt es el logaritmo observable del producto nominal. Además,
{xt} es una secuencia de variables independientes normales con media Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (221) y varianza Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (222)x2.


La historia relevante de la economía consiste entonces, cuando más,
de ynt, los desplazamientos de la demanda xt, xt - 1, ..., y de los anteriores niveles de
producción real yt - 1, yt - 2, ... Como el modelo es lineal en logaritmos, es razonable
conjeturar una solución para el nivel de precios a modo de:

pt = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (223)0 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (224)1xt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (225)2 xt-1+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (226)3 xt-2 +...+
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (227)1 yt-1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (228)2 yt-2 +...+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (229)0 yn
t. ...............................(9)

de tal manera, 'pt será la expectativa de pt, basada en toda la información
disponible excepto xt (el nivel actual de demanda), o:

'pt = p0 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (230)1(xt-1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (231)) + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (232)2 xt-1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (233)3xt-2 +...+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (234)1yt-1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (235)2 yt-2+...+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (236)0 ynt. (10)

Resolviendo para los parámetros desconocidos Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (237)i, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (238)j y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (239)0se elimina yt igualando (7) y (8), es decir, la oferta y la demanda:

ynt + pt (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (240)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (241) + 1) - ... - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (242)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (243)'pt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (244)yt-1 - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (245)yn, t-1 - xt = 0. .................................(10a)

Sustituyendo 'pt y pt en la función anterior, se obtiene una identidad
en {xt}, {yt} y {ynt}, que se utiliza para obtener los valores de los parámetros.


Las soluciones para niveles de precio y producción son:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (246)

En términos de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (247)pt y yct, y considerando que Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (248) = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (249)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (250)/(1+Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (251)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (252)), las soluciones son:

yct = - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (253)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (254)+ Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (255)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (256)xt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (257)yc,t -1 (11)


Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (258)pt= - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (259) + (1 - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (260))Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (261)xt + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (262)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (263)xt-1 - Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (264)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (265)yc, t -1. (12)

Al revisar dichas soluciones en búsqueda de congruencia interna, Lucas
observa que la varianza condicional de pt tendrá la varianza constante asumida anteriormente: 1 / (1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (266)Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (267))2 Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (268)x2.


Las expresiones (11) y (12) son los valores de equilibrio de la tasa de inflación
y de la producción real (como una desviación porcentual de sus tendencias). Ofrecen los puntos de
intersección de un esquema de demanda agregada, que se desplaza por cambios en xt, y un esquema
de oferta agregada. Lucas resuelve adoptar un método que vincula los senderos de equilibrio de los niveles
de precios y de producción, tratando de evitar la inclusión de un parámetro adicional de expectativas
que resultaría irrelevante.


Los valores-solución de la inflación y del componente cíclico
de la producción real, indicados en (11) y (12) son, de acuerdo con Lucas, rezagos distribuidos de los cambios
actuales y pasados acontecidos en la producción nominal. Un cambio en la tasa nominal de expansión,
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (269)xt, afecta la producción
real y el nivel de precios. Su efecto en la primera variable es inmediato, pero también se presentan efectos
posteriores que decaen geométricamente. Por su parte, el efecto inmediato en el nivel de precios se define
por la unidad menos el efecto en el nivel de producción, y el resto del efecto acontece en el periodo siguiente.


Es particularmente notable, según Lucas, la posibilidad de que se den simultáneamente
periodos de inflación y promedios bajos de producción real según este patrón de rezagos.
Lucas lo explica arguyendo que, aunque dichos periodos se presentan a causa de los desplazamientos de la oferta,
éstos a su vez son resultado de una percepción rezagada de los cambios en la demanda y no de cambios
autónomos en la estructura de costos de los oferentes.


Además, “... el modelo valida de hecho la existencia de una tasa natural
de producto: la tasa promedio de expansión de la demanda, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (270), aparece en (11) con un coeficiente de la misma magnitud que el coeficiente
de la tasa actual pero con el signo opuesto” (Lucas, 1973). De tal modo, los movimientos advertidos en la tasa
promedio de crecimiento del ingreso nominal no tendrán efecto alguno en el producto real promedio. A su
vez, los desplazamientos no anticipados de la demanda sí tienen efectos en el nivel de producción,
en una magnitud dada por el parámetro Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (271). Definiendo p en términos de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (272) y de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (273) y, a su vez,
definiendo Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (274) en términos
de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (275)2 y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (276)2, se tiene:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (277)

Combinando con la expresión de s2, se llega a:

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (278).........................(13)

Para el caso en que Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (279)2 y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (280) permanecen
fijos, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (281) toma el valor Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (282) / (1 + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (283)) cuando Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (284)x2= 0, y tiende monótonamente a 0 cuando Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (285)x2 tiende al infinito. La predicción de que la desviación promedio
del producto con respecto a la tendencia, E(yct) no varía con la instrumentación de políticas
de administración de la demanda, no está sujeta a prueba en el modelo de Lucas (1973, p. 330), quien
hace hincapié en tal hecho: “la desviación con respecto a una línea apropiada de tendencia
debe promediar cero”.

II. El análisis empírico

1. Precisiones de la muestra y los datos utilizados

Para revaluar el desempeño del modelo de Lucas y la validez de sus conclusiones
e implicaciones (teóricas y de política económica), utilizamos información del Fondo
Monetario Internacional (1994, pp. 91-741) y de la Organización de las Naciones Unidas (1980, pp. 104-1462;
1991, p. 15 y 1181).

Como lo señalamos, la muestra abarca 21 países, tres más
que el estudio de Lucas. Hemos incluido naciones que durante lapsos de tres a cinco años han experimentado
hiperinflación, tales como Argentina, Bolivia, Brasil, y Perú. Evidentemente, otros países
sufrieron altos índices de inflación durante el periodo analizado, como Nicaragua, algunas naciones
del Medio Oriente y una porción importante de los países asiáticos y europeos que recientemente
iniciaron la apertura de sus economías. Sin embargo, decidimos no incluirlos en nuestra muestra, no sólo
a causa de la fragmentada información disponible, sino también por considerar que el comportamiento
de sus variables macroeconómicas estuvo influido por acontecimientos extraeconómicos.

La inclusión de México en el análisis obedece a la importancia
intrínseca que tiene por tratarse del país donde se realiza la investigación. Por otra parte,
la información incompleta de Puerto Rico impidió que en el trabajo abarcáramos a todos los
países examinados por Lucas.

A lo largo del periodo que abarcamos (de 1970 a 1990) pretendemos no sólo
“llenar el hueco” entre el intervalo estudiado por Lucas (1952-1967) y la actualidad, sino también, como
lo señalamos, evaluar la aplicabilidad de su modelo en un lapso caracterizado por una mayor inestabilidad
de precios, tanto en los países en vías de desarrollo como en los industrializados.

En el tratamiento de la información, seguimos un procedimiento similar
al empleado por Lucas (1973, p. 330).


  1. Recopilamos los datos del producto interno bruto (pib) nominal y real. Estos
    se encontraban en la denominación de la moneda nacional de cada país y fueron ajustados cuando fue
    necesario. Además, homogeneizamos la muestra: todas las series de pib real tienen como base el nivel de
    precios de 1970.
  2. Calculamos el logaritmo natural (log) de las variables enunciadas: yt,
    log del producto real; y xt, log del producto nominal. Sustrayendo aritméticamente los log del
    pib real del nominal para cada año y en cada país, se obtuvo el logaritmo natural del nivel de precios
    de la economía respectiva para el año pertinente: Pt = xt - yt.
    Es decir, calculamos la inflación a partir de la noción del deflactor implícito del pib.
  3. Calculamos la tasa de crecimiento de los log de los niveles de precios: Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (286)Pt = Pt - Pt
    -1
    . Igualmente, obtuvimos los incrementos porcentuales en los log de los productos real y nominal, Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (287)yt y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (288)xt, respectivamente, y así también pudimos contar con los valores
    de rezago de las variables ya obtenidas: Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (289)yt-1 y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (290)xt-1.
  4. La variable yct, considerada por Lucas el residuo de la línea de tendencia
    yt = Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (291) + Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (292)t fue calculada mediante el método de mínimos
    cuadrados ordinarios.
  5. Una vez obtenidas las series de todas las variables requeridas, efectuamos las
    regresiones respectivas para las ecuaciones (11) y (12) del modelo, aplicando de nueva cuenta el método
    de mínimos cuadrados ordinarios.

2. Resultados obtenidos

a) Un panorama

Los resultados obtenidos se expresan en los cuadros 1 y 2. De modo similar al
hallazgo de Lucas se comprueba que las tasas medias de inflación y de crecimiento del producto real, observadas
en el cuadro 1, tienen una asociación lineal de -0.24, lo cual no es muy alentador para las pretensiones
del modelo. Si tuviéramos que otorgar alguna relevancia al signo de tal correlación, tendríamos
que señalar que puede ser concordante con cualquier enfoque del trade off respecto a la relación
de Phillips,1 excepto con la visión keynesiana tradicional que supone expectativas de precios estáticas.
Pero eso mismo debemos indicar, luego de advertir que el coeficiente de correlación, además de tener
un valor bajo es estadísticamente poco significativo, inclusive al nivel de 10% (de acuerdo con la prueba
t de Student), hecho que corrobora la independencia lineal entre el crecimiento promedio del producto y la inflación
media.


Cuadro 1
estadística descriptiva, 1971-1990

País

Media
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (293)
Yt
(1)

Media
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (294)
Pt
(2)

Varianza
Yc t
(3)

Varianza
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (295)
Pt
(4)

Varianza
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (296)
Xt
(5)

Alemania Federal

0.024

0.040

0.000546

0.000314

0.000532

Argentina

0.007

1.247

0.002296

0.740743

0.706298

Austria

0.028

0.049

0.000550

0.000366

0.000795

Bélgica

0.025

0.056

0.000797

0.000763

0.001060

Bolivia

0.032

0.687

0.007800

2.515353

2.474004

Brasil

0.046

0.894

0.007162

0.725915

0.678158

Canadá

0.031

0.070

0.000923

0.001548

0.001253

Dinamarca

0.022

0.073

0.000391

0.000777

0.000963

Estados Unidos

0.028

0.058

0.000593

0.000501

0.000440

Guatemala

0.031

0.113

0.005888

0.008588

0.009009

Holanda

0.026

0.048

0.001160

0.001148

0.001642

Honduras

0.030

0.076

0.001397

0.002026

0.001939

Inglaterra

0.022

0.083

0.001179

0.006488

0.004947

Irlanda

0.038

0.101

0.000860

0.003999

0.003433

Italia

0.027

0.126

0.000451

0.003963

0.003743

México

0.040

0.327

0.007099

0.051446

0.040494

Noruega

0.035

0.071

0.001372

0.001220

0.001345

Paraguay

0.057

0.167

0.008898

0.006991

0.007054

Perú

0.009

0.845

0.006192

1.164685

1.082940

Suecia

0.020

0.084

0.000364

0.002575

0.003000

Venezuela

0.025

0.163

0.005696

0.025625

0.022402

Media

0.02864

0.25601

0.002934

0.250716

0.240260

Varianza

0.00012

0.12052

0.000009

0.372132

0.352117

A fin de examinar más sistemáticamente el modelo de Lucas en el marco
de distintos tipos de expansividad de las políticas de demanda, definimos grupos de países ampliando
su número a tres (Lucas estableció sólo dos) debido a que, en el periodo analizado, en algunos
países de nuestra muestra se aplicaron políticas que aumentaron el ingreso nominal de modo multiplicativamente
más elevado que aquellas políticas “altamente volátiles y expansivas” de los países
que Lucas estudió con datos de los años 1951-1967. En consecuencia, evaluamos por separado el comportamiento
de dicho grupo de naciones. La conformación y la denominación de cada grupo las definimos como sigue:

  1. Países con hiperinflación: Argentina, Bolivia, Brasil, México,
    Perú y Venezuela. En este grupo la varianza media de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (297)xt es de 0.834.
  2. Países con inflación moderada: Bélgica, Canadá, Guatemala,
    Holanda, Honduras, Inglaterra, Irlanda, Italia, Noruega, Paraguay y Suecia, cuya varianza media de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (298)xt es de 0.0035.
  3. Países con inflación baja: Alemania Federal, Austria, Dinamarca
    y Estados Unidos, con una varianza media de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (299)xt igual a 0.0006825.

Como puede verse, la diferencia entre las varianzas medias es de 238 a 1 entre
los grupos 1 y 2, y de 1 222 a 1 entre los grupos 1 y 3. Examinemos los estimadores de los coeficientes de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (300)xt, yc,t, el
ingreso nominal y el componente cíclico de la producción real, respectivamente. De acuerdo con el
modelo de Lucas, los parámetros Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (301)y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (302) deberán observar el
siguiente comportamiento: 0 < Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (303)< 1 y 0 < Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (304) < 1. La
evidencia nos permite establecer que:


  1. 0 < Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (305) < 1: No se corrobora para ningún país del primer grupo ni para Inglaterra ( grupo 2), en cuanto
    Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (306) < 0.
  2. 0 < Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (307) < 1 : Se refrenda en todos los países de los tres grupos. El promedio de este estimador en
    cada grupo fue cercano a la media general: l = 0.719.

En cuanto al valor del coeficiente de determinación de la inflación,
Lucas postula que: R2 Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (308)PEconomía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (309) 1. Al respecto, podemos
afirmar que las variables consideradas en el modelo determinan en gran medida la variabilidad de la inflación
(medida implícitamente con el índice de Paasche): el promedio general observado fue de 0.8089, pero
los valores más altos se registran en las naciones del grupo 1, cuya media fue de 0.983.


De modo análogo al procedimiento adoptado por Lucas comparemos los resultados
de los tres grupos de países (véase cuadro 2), previamente al análisis económico. Se
puede apreciar que en dos de los cuatro países con estabilidad de precios (grupo 3), Estados Unidos y Alemania,
las políticas que incrementaron el ingreso nominal tuvieron un efecto positivo importante en la producción
real y afectaron poco o casi nada la inflación. Empero, en Austria dichas políticas incidieron en
el producto real poco más que en la inflación, y en Dinamarca el efecto en la producción real
fue de apenas un tercio del que ejerció en el incremento del nivel de precios (como lo señalamos
adelante y se puede comprobar al observar el cuadro 2, las pruebas econométricas desvirtúan la aplicabilidad
del modelo a este último país y a Italia, del grupo 2, por lo cual podemos soslayarlos del análisis).


Cuadro 2
Resumen estadístico por país, 1971-1990a

País

Yc t (11)

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (310)Pt (12)

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (311)

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (312)

R2y

1-Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (313)

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (314)

Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (315)

R2Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (316)P

Alemania Fed. 0.5671 (4.15) 0.6667 (4.77) (18.80) 0.69 0.00345 (0.02) 0.36129 (2.15) 0.00016 (0.76) (4.04) 0.45
Argentina -0.0228 (-2.31) 0.4511 (2.58) (6.01) 0.41 1.04037 (65.07) -0.02000 (-1.02) 0.00332 (1.30) (2453.68) 0.99
Austria 0.3185 (2.30) 0.7971 (4.93) (12.30) 0.59 0.29165 (2.45) 0.38305 (2.83) -0.00080 (-0.41) (14.22) 0.74
Bélgica 0.3124 (2.43) 0.7352 (5.05) (14.53) 0.63 0.49507 (3.44) 0.33058 (2.09) -0.00018 (-0.32) (11.07) 0.69
Bolivia -0.0077 (-1.70) 0.8744 (11.14) (63.90) 0.88 1.00011 (90.18) 0.00690 (1.46) -0.00536 (-0.71) (315896.01) 0.99
Brasil -0.0258 (-2.20) 0.8171 (7.60) (30.04) 0.78 0.99435 (18.65) 0.04225 (0.64) -0.01130 (-0.86) (2250.45) 0.99
Canadá 0.1432 (0.94) 0.6467 (3.75) (7.28) 0.46 0.63638 (3.51) 0.45006 (2.15) 0.00123 (0.40) (11.76) 0.70
Dinamarca 0.1266 (0.71) 0.5847 (2.09) (2.55) 0.23 0.38825 (1.20) 0.40195 (1.27) -0.00048 (-0.33) (9.40) 0.65
Estados Unidos 0.5005 (2.25) 0.5691 (2.97) (5.77) 0.40 0.11723 (0.48) 0.69247 (2.46) 0.00014 (0.43) (4.59) 0.48
Guatemala 0.0937 (1.20) 0.8938 (9.79) (48.45) 0.85 0.88648 (11.57) -0.05030 (-0.56) -0.00945 (-2.22) (53.10) 0.91
Holanda 0.2374 (1.89) 0.7864 (5.24) (14.36) 0.63 0.42339 (1.70) 0.29745 (1.10) -0.00031 (-0.10) (10.24) 0.67
Honduras 0.3273 (2.42) 0.6486 (4.10) (11.22) 0.57 0.58789 (3.00) 0.08710 (0.40) 0.00129 (0.68) (6.40) 0.56
Inglaterra -0.1062 (-1.48) 0.7794 (5.21) (14.69) 0.63 1.09418 (11.48) 0.02299 (0.23) 0.00106 (0.78) (67.57) 0.93
Irlanda 0.0538 (0.53) 0.6477 (2.93) (5.79) 0.41 0.97862 (8.63) 0.05837 (0.49) 0.00230 (0.86) (36.29) 0.88
Italia 0.1155 (1.55) 0.3195 (1.48) (3.12) 0.27 0.88840 (10.46) 0.22946 (2.73) -0.00041 (-0.19) (52.25) 0.91
México -0.0963 (-2.22) 0.9610 (9.57) (47.52) 0.85 1.09758 (21.52) 0.04606 (0.92) 0.00003 (0.02) (300.47) 0.98
Noruega 0.1811 (1.29) 0.8609 (6.09) (18.55) 0.69 0.78785 (4.77) -0.01180 (-0.07) -0.00358 (-1.10) (11.90) 0.70
Paraguay 0.1413 (1.24) 0.9269 (9.17) (42.26) 0.83 0.83227 (6.76) 0.05088 (0.41) -0.02570 (-2.47) (25.74) 0.84
Perú -0.0317 (-2.82) 0.7154 (4.85) (14.44) 0.63 1.07371 (29.61) -0.06540 (-1.28) -0.00689 (-1.18) (2613.79) 0.99
Suecia 0.1273 (2.22) 0.6188 (3.68) (10.17) 0.54 0.91814 (14.14) 0.09386 (1.45) -0.00019 (-0.40) (68.52) 0.93
Venezuela -0.0361 (-0.55) 0.7996 (6.34) (20.97) 0.71 0.93402 (13.61) -0.06730 (-1.08) 0.00045 (3.16) (113.60) 0.96
Media 0.1390 0.7190 0.6043 0.736637 0.159044 -0.002604 0.8089
Varianza 0.0342 0.0254 0.0351 0.110840 0.043943 0.000042 0.0320

Respecto al grupo 2 se advierte que, en general, los cambios en el ingreso nominal
generaron una variación paralela, contemporánea, en el nivel de precios en gran proporción
(casi de la misma magnitud en cinco casos), junto con un efecto inicial relativamente pequeño (con excepción
de Bélgica y Honduras) y positivo (con excepción de Inglaterra) en la producción real.

En relación con el grupo 1, como lo habíamos mencionado, las políticas
expansivas tuvieron en todos los casos un efecto negativo en el producto real, mientras que la inflación
fue afectada en una proporción ligeramente mayor que la magnitud de la variación que acusó
el ingreso nominal (1.023 en promedio). En otros términos, se suscitó el fenómeno que Friedman
(1978) denomina de “depreflación” en las seis economías de la América Latina que forman este
conjunto.


b) Análisis econométrico. Pruebas generales


El análisis precedente se sustenta sobre la base de que las pruebas F realizadas
al nivel de significación de 5% validan el modelo expresado en la ecuación (12) para todos los países.
Asimismo, corroboran la influencia lineal que ejercieron las variables explicativas expresadas en (11) sobre la
producción en todos los países, excepto en Dinamarca e Italia. Sin embargo, de un modo más
específico, se puede advertir, a partir de la prueba t de Student que, en el caso de la ecuación
de comportamiento (12), el estimador de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (317) no es estadísticamente significativo, ni siquiera al nivel de confianza del 10% en 18 de los
21 países de la muestra; Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (318)tampoco resulta significativo al mismo nivel en 12 países, y la única variable que había influido
linealmente en el comportamiento de la inflación de todos los países (excepto 3 de ellos) es el aumento
del ingreso nominal en el periodo corriente (Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (319)xt).


Respecto a la función expresada por (11) se comprueba que el estimador
p es estadísticamente insignificante al nivel de 10% en siete casos; en contraparte, el producto del periodo
anterior ejerció una influencia lineal favorable en la actividad productiva de todos los países (salvo
Italia) en el periodo corriente. Este hecho se corrobora mediante la citada prueba al nivel de significación
del 5 por ciento.


c) Comprobación de las hipótesis fundamentales


Dado que Lucas asume que Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (320)2 y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (321) son relativamente estables en todos los países, se hace evidente que los valores estimados de
Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (322) decrecerán a medida que
aumente la varianza de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (323)xt(véase la ecuación 13). De modo concomitante, los valores de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (324) deberán decrecer a medida que aumente la varianza de la inflación.
Por otra parte, la varianzas del ingreso nominal y de la inflación deberían estar positivamente correlacionadas
si es aplicable el modelo de Lucas al caso de los países investigados. De modo sucinto, tendríamos
tres implicaciones de dicho modelo a comprobar empíricamente:


  1. Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (325) y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (326)2x deben correlacionarse negativamente,
  2. Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (327) y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (328)2p deben estar negativamente correlacionados, y
  3. Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (329)2x y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (330)2p deben estar positivamente correlacionados.

A fin de probar dichos postulados, calculamos los coeficientes de correlación
en cross section y sus correspondientes estadísticos t de Student de acuerdo con la fórmula:

tc = r (n - 2) 1/2 (1 - r 2) -1/2

donde tc = t de Student calculado; n = número de observaciones,
y r = coeficiente de correlación.


El coeficiente de correlación entre 2x y 2p es casi igual a la unidad (0.9997); es
decir, el grado de asociación lineal entre ambas variables es casi perfecta. Su signo (positivo) concuerda
con lo postulado por Lucas. Asimismo, por la prueba t de Student aplicada se puede aseverar que este coeficiente
es significativo al nivel de 1% (inclusive al nivel de 5 por 10 mil), ya que su valor asciende a 180.96.


Sin embargo, los otros dos postulados del modelo no son tan fuertemente avalados
por la evidencia, aunque los signos (negativos) son compatibles con los que se establecen en el trabajo de Lucas.
Tanto el coeficiente de correlación de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (331) y Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (332)2x,
como el de Economía. Teoría y práctica, Nueva Época, no. 6 (333) y 2p indican que los grados de asociación
lineal son pobres (-0.3592 y -0.3659, respectivamente) y resultan significativos sólo en el nivel de confianza
de 10% (los valores calculados de los t son -1.6777 y -1.714, en ese mismo orden).


Conclusiones


En líneas generales, los resultados obtenidos mediante la investigación
nos permiten corroborar algunas evidencias importantes halladas por Lucas (1973). Sin embargo, dichas evidencias
no son lo suficientemente contundentes para aseverar aquí que el modelo de análisis implicado permite,
en efecto, explicar de modo razonable las variaciones en la actividad productiva, su consiguiente resultado (el
producto) y los cambios en la tasa de inflación ante el acaecimiento de modificadores (advertidos o no)
en las políticas de administración de la demanda. Sin embargo, sería muy conveniente extender
la investigación empírica, aplicándola a un mayor número de países de manera
más meticulosa. Así, se podrían obtener resultados más fehacientes en favor o en contra
de la aplicabilidad de este modelo que, como lo señalamos, constituye una pieza clave en la teoría
de los ciclos económicos de la eer.


De un modo más preciso podemos advertir que en los seis países latinoamericanos
que conforman el grupo 1, las políticas expansivas tuvieron un efecto negativo en la actividad productiva
y, por tanto, en el producto real, mientras que la inflación fue afectada en una proporción ligeramente
mayor que la magnitud de la variación que acusó el ingreso nominal.


En el grupo 2, los cambios en el ingreso nominal generaron una variación
paralela, contemporánea, en el nivel de precios en gran proporción (casi de la misma magnitud en
cinco casos), junto con un efecto inicial significativamente menor (con excepción de Bélgica y Honduras)
y positivo (con excepción de Inglaterra) en la producción real.


Se observa asimismo que en dos de los cuatro países con estabilidad de
precios (grupo 3), Estados Unidos y Alemania, las políticas que expandieron el ingreso nominal incidieron
de modo positivo e importante en la producción real, pero su influjo en la inflación fue poco significativo
o casi nulo. No obstante, en Austria dichas políticas afectaron el producto real en proporción apenas
mayor que a la inflación, y en Dinamarca el efecto en la producción real ascendió apenas a
un tercio del que ejerció en el incremento del nivel de precios.


Respecto a las hipótesis fundamentales postuladas por Lucas, corroboramos
la existencia de una correlación negativa entre la variabilidad de la inflación y los términos
del trade off entre el producto y la inflación, lo cual es compatible con su visión de que los agentes
basan sus acciones en los precios relativos y forman sus expectativas de manera óptima en un ambiente caracterizado
por información imperfecta. Asimismo, comprobamos la asociación lineal negativa entre la varianza
del cambio entre el ingreso nominal y los términos del trade off entre el producto y la inflación.
Sin embargo, las pruebas estadísticas realizadas no nos permiten afirmar que los resultados sean concluyentes
en favor de ambas hipótesis. Lo que sí obtiene un respaldo empírico contundente (de acuerdo
con la prueba aplicada a las varianzas de la inflación y del cambio en el ingreso nominal) es la proposición
de que las diferencias en la varianza de la demanda agregada (medida por el ingreso nominal) constituyen la explicación
más importante de las diferencias en las tasas de inflación entre los distintos países.


Octubre de 1995.

Referencias bibliográficas

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    Cambridge University Press.
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    Macroeconomic Theory, Yrjö Jahnsson Lectures, The University of Chicago Press, Gran Bretaña.

NOTAS


  1. Téngase en cuenta que los valores de la primera y la segunda
    columnas del cuadro 1 se refieren a incrementos y son todos positivos. De este modo no resultará sorprendente
    nuestra aseveración.

La política comercial en México, 1988-1994: Efectos y opciones

José Flores Salgado
Profesor-Investigador del Departamento de Producción Económica de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco.


Introducción

El
presente ensayo intenta analizar la práctica de las políticas neoliberales en
México a partir de la crisis estructural del modelo de sustitución de
importaciones (1982), procurando destacar algunas de las principales
características y repercusiones de la política comercial en el sector externo de
la economía, mediante dos etapas. El análisis de la primera etapa (1983-1987) se
orienta hacia la política cambiaria que, con el resultado de la subvaluación, se
condicionó como un mecanismo del ajuste comercial externo. En un ambiente de
franca dificultad para continuar accediendo al crédito foráneo, los superávit
comerciales registrados por el país coadyuvaron a asumir los compromisos
financieros externos provocando, entre otros resultados, un efecto combinado de
apariencia contradictoria: junto con el avance del cambio estructural interno se
presentaron la alta inflación y el estancamiento del producto.

Después del ajuste económico los objetivos de
abatir la inflación y recuperar el crecimiento destacaron en la segunda etapa
(1987-1994), identificada como de estabilización. En esta parte, el texto hace
hincapié en los procesos de sobrevaluación cambiaria y de apertura de la
economía como elementos centrales de la política comercial, indicando que si
bien auxiliaron a reducir la inflación, también influyeron en la generación de
desequilibrios productivos, comerciales y financieros en el país.

Ante los requerimientos de financiamiento
externo para compensar los desequilibrios generados, el trabajo cuestiona la
viabilidad de la política económica seguida, y termina presentando algunas
posibles opciones que, como propuestas para discusión, pudieran delinear nuevas
perspectivas para la conducción económica en México.

I. Antecedentes: La
subvaluación monetaria y el ajuste comercial externo, 1983-1987

El año de 1982 representó el final de un
limitado modelo de sustitución de importaciones, experimentado durante más de
tres décadas en nuestro país. En ese año la crisis estructural del modelo se
manifestó por medio de los resultados adversos de la economía destacados, entre
otros, por el mal desarrollo de indicadores tan importantes como el producto
interno bruto (pib), la inversión, el déficit financiero respecto al pib y la
inflación.

El deterioro de estos indicadores internos de
la economía, junto con el importante peso de la deuda externa y de su servicio
evidenciaron, en conjunto, una problemática macroeconómica compleja, difícil de
enfrentar con el esquema de acumulación creado (véase cuadro 1). Un sector
industrial orientado principalmente hacia el mercado interno, desarticulado y
muy dependiente del exterior se convirtió en uno de los resultados finales del
esfuerzo realizado en muchos años cuestionando, por tanto, el esquema de
industrialización experimentado.

Las consecuencias negativas referidas
oficializaron, desde aquel año, el reordenamiento de la economía del país,
teniendo como fundamento el cauce neoliberal de su implantación. Con el
propósito de orientarse al mercado externo, el proceso parcial de
industrialización fue desplazado. En su lugar, el fomento exportador
(sustitución de exportaciones) se ubicó como punto central de la nueva
conducción económica, con base en el supuesto proyectado del autofinanciamiento
al que conduciría el cambio estructural (modernización productiva), para
resolver la doble problemática de la fragilidad interna y de la vulnerabilidad
externa. Desde entonces la economía del país ha experimentado políticas de
ajuste primero, y de estabilización después, de acuerdo con los objetivos de
controlar la inflación y recuperar el crecimiento, como condiciones para
solventar los desequilibrios macroeconómicos.

No es propósito en este artículo desarrollar
con detenimiento lo relativo a la política económica en México a partir de la
crisis de 1982. Sin embargo, es necesario describir, aunque sea brevemente,
algunas de sus características con el fin de establecer ciertos elementos que el
estudio requiere. En este sentido, cabe destacar tres consideraciones de la
política económica practicada entre 1983 y 1987. La primera, su orientación
neoliberal, en la que sobresalió la menor regulación del Estado, la
privatización creciente y las aperturas financiera y comercial. La segunda, el
objetivo del cambio estructural con base en la reorientación productiva interna
y en su vinculación con el comercio mundial mediante la exportación de
manufacturas como motor de crecimiento. Y la tercera, el compromiso de asumir
las obligaciones financieras provocadas por el endeudamiento
externo.1

Cuadro 1
Relación de la
paridad peso-dólar y la diferencia
inflacionaria México-Estados
Unidos
(1978=100)

Índice de precios
al consumo

Coeficiente que

iguala la
diferencia
inflacionaria

Tipo de cambio
librea
(pesos)

Sobrevaluación

o
(subvaluación)

Año

México

Estados
Unidos

Nominal

Ajustado

1988

16 147.3

178.0

90.72

2.2950

2.0593

-10.3

1989

19 327.9

186.1

103.86

2.6795

2.3576

-12.0

1990

25 112.7

197.6

127.09

2.9419

2.8849

-1.9

1991

29 832.5

204.0

146.24

3.0737

3.3196

8.0

1992

33 393.9

209.8

159.17

3.1174

3.6132

15.9

1993

36 068.5

215.3

167.53

3.1904

3.8029

19.2

1994b

38 629.4

220.5

174.20

3.4280

4.2850

25.0

a Al 31 de diciembre de
cada año.
b La información incluye hasta el mes de
noviembre.
Fuente: Elaborado con base en Banco de México,
Indicadores económicos, varios
años.

Dentro de lo anterior, la política económica se
pronunció por controlar las presiones en la inflación y en el sector externo,
conforme al argumento de la modernización (competitividad) productiva que
contrarrestara la situación de crisis en la economía. En términos sumarios, y
ante las restricciones de financiamiento foráneo por la vía del endeudamiento
para 1983-1987, el manejo monetario con carácter expansivo predominó como
propósito deliberado para enfrentar tanto la negociación como las obligaciones
financieras con el exterior. Durante esos años, la política cambiaria se condujo
por el camino de la subvaluación, frenando la importación e impulsando la
exportación, sobre todo de manufacturas, de acuerdo con el intento de generar
excedentes en las relaciones comerciales con el exterior que permietiera
enfrentar los compromisos de la deuda externa y de sus servicios.

De acuerdo con ese propósito, el cuadro 2
presenta un método de cálculo para aproximarse al poder de compra de nuestra
moneda en el mercado externo.2 Cabe señalar específicamente su contenido. No
existe una metodología única para seleccionar el año base a partir del cual se
pudieran hacer estimaciones sobre la paridad de nuestra moneda. Dicha
metodología depende, entonces, de las características propias de cada
análisis.

En este caso, conforme a los propósitos que
intenta destacar el presente estudio, se ubicó como base a 1978 por ser un año
que registró un equilibrio comercial externo para la economía mexicana y,
adicionalmente, porque es el punto de partida del actual índice nacional de
precios al consumidor (inpc) en nuestro país. A partir de él, el cuadro
relaciona la divergencia inflacionaria entre las economías de México y Estados
Unidos (su principal socio comercial) con el deslizamiento del tipo de cambio
(tc), medido por la variación anual del valor nominal del dólar en pesos. El
cociente de los inpc entre ambos países (ipc México/ipc Estados Unidos),
presentado en la cuarta columna, se convierte así en el factor multiplicador
para igualar el valor nominal del tc al nivel que compensa la brecha
inflacionaria.

Considerando lo anterior, si se multiplica este
factor por el tc del año base (0.0227 pesos por dólar) se obtendrá el valor que
de acuerdo con la diferencia de precios debería tener el dólar ajustado (sexta
columna) para compensar la pérdida adquisitiva del peso en cualquiera de los
años analizados. Finalmente, el grado de subvaluación o sobrevaluación (última
columna) dependerá, respectivamente, de si el tc nominal es mayor o menor que el
ajustado.

cuadro 2
relación de la
paridad peso-dólar y la diferencia
inflacionaria México-Estados
Unidos
(1978=100)

Año

Índice de precios

al consumo

Coeficiente
que
iguala la
diferencia
inflacionaria
México/Estados
Unidos

Tipo cambio
librea
(pesos)

Sobrevaluación
o
subvaluación

México

Estados
Unidos

Nominal

Ajustado

1978

100.0

100.0

1.00

0.0227

0.0227

0.0

1979

120.0

113.3

1.06

0.0228

0.0240

5.4

1980

165.6

127.4

1.30

0.0233

0.0295

26.6

1981

213.1

138.7

1.54

0.0262

0.0350

33.6

1982

423.8

144.1

2.94

0.1493

0.0667

-55.3

1983

766.1

149.6

5.12

0.1614

0.1162

-28.0

1984

1 219.4

155.6

7.84

0.2100

0.1780

-15.2

1985

1 996.7

161.0

12.40

0.4475

0.2815

-37.1

1986

4 108.2

163.2

25.17

0.9145

0.5714

-37.5

1987

10 647.2

170.4

62.48

2.2250

1.4183

-36.3

a Al 31 de diciembre de
cada año.
Fuente: Elaborado con base en Banco de México, Indicadores
económicos
, varios años.

De la información que presenta el cuadro
destaquemos los aspectos siguientes. La inflación en México fue mayor que la de
Estados Unidos. Por lo tanto, el coeficiente de los ipc subió de 5.1 a 62.5
entre 1983 y 1987, indicando la pérdida adquisitiva del peso frente al dólar. No
obstante, la fuerte depreciación del tc, producto del manejo cambiario señalado,
superó la creciente diferencia inflacionaria, generando la subvaluación del peso
que, aproximadamente, llegó a 36.2% en 1987.

Un proceso de subvaluación puede ser buscado
por más de un motivo. Si se produce con el fin de solventar compromisos de pago
al exterior, la subvaluación puede propiciar movimientos monetarios
especulativos adversos al comportamiento de otros indicadores. Suponemos,
precisamente, que mucho de lo anterior se presentó para la economía mexicana en
aquel periodo.

Una repercusión directa de esa subvaluación fue
el desarrollo de las tasas de interés internas. Éstas, medidas en los
Certificados de la Tesorería (Cetes) a 28 días,3 terminaron por subir en esos
años. Después de la relativa estabilidad del tc en el bienio 1983-1984, el
manejo monetario acumuló una depreciación del tc de 361% lo que, a su vez,
obligó a incrementar las tasas de interés en un intento por evitar mayor
especulación monetaria. Después del movimiento descendente que tuvieron en 1984
(-17.9%), los Cetes aumentaron casi 80% en el resto del periodo. Ambas
tendencias a la alza, del tc y de las tasas de interés internas, influyeron
negativamente en otros renglones importantes de la economía (cuadro
3).

Cuadro 3
Indicadores
económicos seleccionados: 1982-1987
(Tasas de variación porcentual
anual)

1982

1983

1984

1985

1986

1987

a. Precios y
producción
inpc

98.8

80.8

59.2

63.7

105.7

159.2

pib
constante

-0.6

-4.2

3.6

2.6

-3.8

1.9

Inversióna

-39.4

0.8

12.4

0.7

-10.9

11.2

b. Monetarios y
financieros
Tipo de cambio
libre (fin de periodo)b

470.5

8.1

30.1

113.6

104.4

143.3

Tasa de
interésc (Cetes 28 días)

57.9

31.2

-17.9

23.9

44.1

10.6

Déficit
financiero/pib

16.9

8.6

8.5

9.6

16.0

16.0

a Se refiere al volúmen
de inversión fija bruta (1980=100).
b Variación promedio anual de las
cotizaciones en pesos por dólar.
c Variación promedio anual.
Fuente:
Elaborado con base en Banco de México, Indicadores económicos; fmi,
Estadísticas financieras internacionales; shcp, Cuenta de la
hacienda pública federal
.

Las tasas de interés en ascenso y la
devaluación significativa del tc mostraron la inestabilidad monetaria de esos
años, afectando al mismo tiempo indicadores como los de la inversión, el
producto y la inflación. Durante el periodo la tasa nula de crecimiento del pib
se acompañó de un bajo nivel de inversión; mientras que, por su lado, la
inflación se realimentó con el tc y con las tasas de interés, alcanzando su
nivel histórico de 159.2% en el último año de aquel lapso.

La mayor inflación y las altas tasas de interés
obstaculizaron el ajuste fiscal, que era otro de los objetivos pretendidos. A
pesar del superávit primario obtenido desde 1983,4 el déficit financiero
respecto al pib finalizó igual (16%) que en 1982; es decir, igual que en el año
de la manifestación de la crisis estructural en México.

Como el crecimiento de los precios siguió
presentándose, la política fiscal restrictiva no permitió alcanzar la
estabilización: la inestabilidad cambiaria propició más inflación. En esta
perspectiva, la inflación creciente obligó a políticas devaluatorias constantes
y a incrementos de las tasas de interés, razón por la cual la inflación impidió
retomar el crecimiento. Esto, por lo contrario, provocó acciones especulativas
sobre el tc y las tasas de interés.5

En estas circunstancias, la fuerte devaluación
del tc, las mayores tasas de interés y el déficit financiero respecto al pib
generaron especulación, influyendo en la baja del producto y en mayor inflación
y dificultando, por lo tanto, la consecución de la estabilidad en el
crecimiento. Sin embargo, junto con lo anterior, también se presentó otro tipo
de resultados. Por ejemplo, la subvaluación y la apertura permitieron frenar la
importación e impulsar la exportación. Con base en los objetivos de la
modernización productiva interna y de asumir los pagos al exterior, la
subvaluación y la caída de la demanda interna provocada por la recesión
productiva,6 actuaron, por otro lado, como condicionantes de impulso a la
exportación y de freno a la importación, dando solvencia a la economía y
eliminando el antecedente del déficit comercial del país.

El fomento exportador se basó en el dinamismo
de las manufacturas que, como un resultado de la subvaluación, dirigieron el
cambio estructural registrado en el periodo y modificaron la estructura de las
exportaciones. Así las cosas, el desplazamiento del petróleo por las
manufacturas como principal renglón de exportación desde 1986, se presentó como
el pretendido cambio exportador de la política seguida (véase cuadro
4).

Cuadro 4
Relaciones
comerciales y financieras externas
(Millones de
dólares)

1982

1983

1984

1985

1986

1987

Exportaciones

21 320

22 312

24 196

21 664

16 031

20 656

Petroleras

16 477

16 017

16 601

14 777

6 307

8 630

No
petroleras

4 753

6 295

7 595

6 897

9 724

12 026

Agropecuarias

1 233

1 188

1 461

1 409

2 098

1 552

Extractivas

502

524

539

510

510

567

Manufacturas

3 018

4 583

5 595

4 978

7 116

9 907

Importaciones
(fob)

14 437

8 551

11 254

13 212

11 432

12 223

Bienes de
consumo

1 517

614

848

1 081

846

768

Bienes
intermedios

8 418

5 740

7 833

8 966

7 632

8 825

Bienes de
capital

4 502

2 197

2 573

3 165

2 954

2 630

Balanza comercial
a

6 793

13 761

12 942

8 452

4 599

8 433

Deuda externa total
b

88 300

92 100

96 700

97 700

101 000

105 400

Pago por servico de la
deuda

15 700

14 800

15 300

15 300

12 900

12 100

a No incluye
maquiladoras.
b Valores cerrados.
Fuente: Elaborado con base en
Banco de México, Indicadores económicos, varios
años.

No obstante, en este aspecto cabe subrayar que
mientras el valor exportado se modificó poco, el de las importaciones registró
una fuerte caída. Como se puede apreciar en el cuadro 4, el valor de lo
importado bajó de 24 mil millones de dólades que registró en 1981 a 12 mil como
promedio anual entre 1983 y 1987, conduciendo a la economía a la contradicción
aparente que combinaba el superávit comercial externo con la inexistencia del
crecimiento económico.

En este contexto, el saldo positivo en balanza
comercial coadyuvaría a enfrentar las obligaciones financieras externas, si bien
con el costo de la contracción. Ante la especulación generada la caída de la
inversión productiva significó, entre otros resultados, agrandar la herencia de
las carencias productivas internas. Por su parte, los límites del financiamiento
extra-fronteras fueron claros durante el periodo. Entre 1983 y 1987 la deuda
externa total del país subió de 92.1 a 105.4 mil millones de dólares; mientras
que el pago de su servicio acumuló poco más de 70 mil millones de dólares (véase
cuadro 4). En consecuencia, la salida neta de recursos provocada sólo por este
renglón fue de 57 mil millones de dólares, resultando una salida neta de
recursos frescos sin la posibilidad de su uso para dinamizar la actividad
económica interna.

En conclusión, aun cuando las manufacturas
cobraron mayor relevancia al interior de la estructura de las exportaciones del
país, la conducción económica fundamentada en el ajuste comercial externo
auxiliado por la subvaluación no logró, finalmente, el control de la inflación
sino que la favoreció, con el añadido de que acrecentó los desequilibrios
estructurales y obstaculizó las condiciones del crecimiento económico
sostenido.

II. La apertura económica y la
sobrevaluación monetaria como condicionantes de la política comercial:
1988-1994

Lo apuntado hasta aquí tuvo como propósito
particularizar respecto a dos de los resultados de la política económica en
México para el lapso 1983-1987. Resultados que, por cierto, presentaron una
relación aparentemente contradictoria entre ellos. El primero fue el paso del
déficit al superávit comercial externo como condición para asumir los
compromisos heredados del endeudamiento foráneo, en el marco de la reorientación
del Estado, la exposición manufacturera al mercado mundial y la apertura de la
economía. Y el segundo referido al nulo crecimiento del pib al lado del alza sin
precedentes de la inflación. Ambos resultados mostraron la magnitud de los
ajustes realizados en el frente externo mediante la política económica
elegida.

Ahora bien, los deficientes comportamientos del
producto y de la inflación implicaron que el objetivo de su estabilización
destacara, a partir de 1988, en los propósitos de la nueva política económica,
sin que esto significara modificar los matices neoliberales de la conducción. La
profundización de los ajustes en las finanzas públicas, de la privatización y de
las aperturas financiera y comercial en el sector externo representaron, en
conjunto, lo esencial del nuevo intento por sentar las bases del crecimiento sin
inflación.

En particular, la continuidad del cambio
estructural destacó también con el argumento de que las exportaciones
manufactureras conducirían al equilibrio comercial con el exterior, en el
sentido neoliberal de restructurar (modernizar) la actividad productiva interna
y hacer más efectiva (competitiva) la vocación exportadora de la economía en el
ámbito internacional.

A partir de 1987, la conducción económica
fundamentada en la política de pactos fue la opción elegida para abatir la
inflación y recuperar el crecimiento.7 De manera especial, y sin pretender
cambiar la orientación neoliberal de la etapa anterior, la política de pactos
incorporó, desde su inicio, un elemento nuevo que destacaría en el propósito
central de política económica para reducir inflación. Es decir, una reforma
monetaria con carácter restrictivo que, a diferencia de los años anteriores, se
sustentaría en la poca variación (depreciación) del tc.

En esta perspectiva, una economía abierta junto
con la lenta depreciación cambiaria fue la combinación que sintetizó el
significado de la política de pactos, con la estrategia principalmente dirigida
a corregir el desequilibrio macroeconómico de la inflación.

Los procesos mayores de apertura y
privatización, más la sujeción del tc, parecían presentarse, no obstante, en
condiciones poco alentadoras para la economía del país. Después de los ajustes
de la etapa anterior las secuelas de la liberalización económica y de la
política monetaria aplicada, proyectadas en la aparente contradicción de
superávit comercial externo sin crecimiento interno, heredaron una cuestionable
capacidad productiva y una falta importante de recursos para su financiamiento.
Todo lo anterior como resultado de subordinar a la opción de negociar el destino
del excedente al cumplimiento de los compromisos financieros
externos.

La situación lamentable del aparato productivo
interno y la orientación de la nueva política cambiaria expusieron a la economía
a la posibilidad de presentar déficit comerciales crecientes. Para 1988-1994 las
principales modalidades de la política comercial (liberalización y
sobrevaluación) reforzaron el supuesto referido.

La desprotección comercial tuvo el propósito de
hacer más competitiva a nuestra economía en el comercio mundial, con la ayuda de
la inversión extranjera (ie). En este sentido el proceso de apertura,
oficializado con la incorporación de México al gatt, se intensificó desde 1988
al apoyarse en el mayor uso de los bajos controles cuantitativos (aranceles) y
en la evidente cancelación de los permisos a la importación. Y así sucedió. Para
fines de 1987 el número de tasas arancelarias se redujo de 16 a 5 niveles, que
iban desde la exención hasta la de 20% como tasa máxima, conduciendo a una
disminución de la tasa promedio ad valorem de protección arancelaria de 16.4 en
1982 a 11.5% para el primer semestre de 1994. Finalmente, la disminución de las
restricciones cuantitativas al comercio exterior presentó la práctica
desaparición de los permisos previos de importación con menos de 2% de
fracciones arancelarias sujetas a control de un total aproximado de 8 mil,
concluyendo de esta manera el programa de apertura a la importación.

El esquema de apertura se complementó con otras
medidas que, como la desregulación a la ie, se presentaron en el periodo,
pretendiendo hacer competitiva a la economía nacional en el contexto de la
globalización de la economía mundial.

En la práctica, sin embargo, dicho esquema de
apertura se tradujo en la desprotección de la débil industria del país ante su
exposición a la competencia externa. La baja competitividad y las carencias
productivas internas se fueron manifestando mediante la aparición primero, y el
crecimiento después, de los déficit comerciales con el exterior. Al mismo tiempo
se cuestionaba la premisa de que la liberalización comercial fomentaría, por sí
misma, la modernización productiva, al suministrar importaciones en mejores
condiciones para promover la eficiencia y la orientación exportadora del sector
industrial, así como para resolver los problemas de crecimiento y de las
relaciones con el exterior. La orientación monetaria del periodo tuvo mucho que
ver con este último aspecto.

III. Algunos resultados de la
apertura y de la conducción cambiaria

Con el propósito principal de controlar la
inflación, la política cambiaria fue conducida por el camino de la
sobrevaluación de nuestra moneda, terminando por repercutir adversamente en los
términos de intercambio del país con el exterior. Nuevamente presentamos la
información que aproxima la capacidad de compra de nuestra moneda en el comercio
internacional. El cuadro 1 incorpora el cociente de los ipc de México y Estados
Unidos. Como la inflación en México aún fue mayor que en los Estados Unidos, el
coeficiente de los índices de precios entre ambos países pasó de 62.5 en 1987 a
174.2 en 1994, indicando la caída de la capacidad de compra del peso ante el
dólar.

A diferencia del periodo anterior, esta caída
en la capacidad de compra del peso no se compensó con fuertes depreciaciones del
tc. Entre 1987 y noviembre de 1994 no se decidió una variación significativa del
tc (cuadro 5). Por tal motivo no se creó un mecanismo que compensara la brecha
inflacionaria entre estos países, generándose la sobrevaluación del peso. En
otros términos, como la depreciación del tc fue menor a la diferencia de precios
entre estos dos países, el nivel de subvaluación apuntado para 1987 (36.3%)
disminuyó hasta desaparecer en 1991 y transformarse en una sobrevaluación
creciente que llegó, aproximadamente, a 25% en 1994.8 Este porcentaje representó
el atraso relativo del tc nominal (3.4280) ante el ajustado (4.2850) para ese
año (cuadro 1).

Cuadro 5
Indicadores
económicos seleccionados
(Tasas de variación anual)

1988

1989

1990

1991

1992

1993

1994

a. Precios y
producción
inpc

51.7

19.7

29.9

18.8

11.9

8.0

7.1

pib
constante

1.2

3.3

4.4

3.6

2.8

0.4

3.5

Inversióna

5.6

6.2

12.2

10.8

8.9

-4.0

9.9

b. Monetarios y
financieros
Tipo de cambio
libreb
(fin de periodo)

3.2

16.8

9.8

4.5

1.4

2.3

10.8

Tasa de
interésc
(Cetes a 28 días)

-27.9

-34.9

-22.8

-44.5

-18.7

-4.4

-5.9

Déficit financiero/pib

12.5

5.6

3.9

-2.0

-3.4

-3.4

-0.4

a Se refiere
a la inversión fija bruta.
b Variación promedio anual de las
cotizaciones en pesos por dólar. Para 1994 la información incluye hasta el
mes de noviembre.
c Variación promedio anual.
Fuente:
Elaborado con base en Banco de México, Indicadores económicos; fmi,
Estadísticas financieras internacionales; shcp, Cuenta de la
hacienda pública federal
.

La sobrevaluación monetaria más la
desprotección comercial se convirtieron en desafíos insalvables ante la
competencia externa. Así, el riesgo de la falta de competitividad internacional
podía conducir a déficit comerciales, en caso de que la capacidad de exportación
se rezagara con respecto a la de importación. En el caso de México eso fue lo
que sucedió. Varios de los resultados de la actividad económica tuvieron como
punto de referencia la orientación monetaria. Para los últimos años del periodo,
podríamos señalar que ésta se convirtió, ciertamente, en un mecanismo
antinflacionario pero que, al mismo tiempo, debilitó la capacidad de compra del
peso ante el dólar. Consecuencia de lo anterior fue la combinación de
sobrevaluación y el déficit comercial que, como tendencia, se presentó como uno
de los resultados más claros de la conducción económica del país en aquel
periodo.

IV. Efectos de la política
comercial en los indicadores internos

Aparte de lo logrado en apertura económica y en
la exportación de manufacturas que coadyuvaron a los superávit comerciales con
el exterior, los problemas del crecimiento y de la inflación mostraron la otra
cara de la política de ajuste creada en la etapa anterior. A partir de 1988, la
sobrevaluación y el mayor uso de la apertura fueron los condicionantes
principales de una política comercial que tenía como estrategia contrarrestar
esos problemas heredados de la etapa anterior.

Igual que en el periodo 1982-1987, la política
de pactos continuó con una orientación neoliberal. Apertura de la economía,
privatización, exportación de manufacturas y, además, entrada en ascenso de
inversión extranjera directa (ied) formaron elementos de la estrategia
elaborada. Lo que ahora se presenta se orienta hacia algunas partes del
fenómeno.

Como la principal variante en la conducción de
la política económica fue la desaceleración del deslizamiento del tc, entre 1988
y noviembre de 1994 la depreciación del peso ante el dólar fue de 48.9%. Esto
es, una devaluación promedio anual de 7% que se mantuvo por debajo de la brecha
inflacionaria entre México y Estados Unidos.

A diferencia del periodo anterior, el carácter
de la política cambiaria posibilitó la reducción de las tasas de interés
internas. Entre 1988 y 1994 su reducción promedio anual fue de 23% (cuadro 5).
Importa destacar, no obstante, que lo anterior no significa afirmar, como más
adelante se detalla, que la disminución de la tasa de interés haya reactivado la
producción interna para evitar la recesión de la economía.

Por su parte, la política fiscal también fue
influida por las nuevas modalidades monetarias y crediticias. La práctica
fijación del tc y el descenso de las tasas de interés auxiliaron al gobierno
para cumplir con el saneamiento fiscal anunciado.9 El déficit financiero con
respecto al pib cayó de 16% en 1987 hasta convertirse en superávit entre 1991 y
1994, uniéndose al superávit primario en relación con el pib, logrado desde
1983.10 Fue así como la mejoría pública en materia fiscal se difundió como uno
más de los objetivos perseguidos y alcanzados por la política de pactos. Ambas
restricciones, monetaria y fiscal, influyeron, a su vez, en el comportamiento de
otros indicadores de la economía. Conforme a los objetivos del trabajo, cabe
hacer su presentación mediante dos subperiodos: de 1988 a 1990 y de 1991 a
1994.

Con niveles inferiores de devaluación, tasas de
interés y déficit público, la inflación se contrajo de manera importante: de su
nivel histórico de 159.2% en 1987, ésta llegó a sólo 7.1% en 1994, difundiéndose
también como otro de los objetivos logrados mediante la política de
pactos.

No obstante, la orientación de dicha política
de pactos incidió adversamente en otros indicadores. Por una parte, la inversión
cayó también desde 1991 hasta tener un movimiento negativo en 1993. Los
movimientos de la inversión y del producto fueron de la mano. En particular, si
bien es cierto que el crecimiento del pib se convirtió en otro de los logros
difundidos, al pasar de 1.2 a 4.4% entre 1988 y 1990; sin embargo, y
coincidiendo también con la sobrevaluación desde 1991, sus ritmos de crecimiento
se desaceleraron mostrando su etapa recesiva, que llegó hasta 1993, cuando
registró una variación de sólo 0.4%. Por varias razones, el año de 1994 tuvo una
diversidad de interpretaciones en cuanto al aparente reinicio en la dinámica de
la inversión y del producto sin que se manifestara obviamente en el mejoramiento
de la actividad productiva interna. La caída espectacular del pib en 1995 (casi
del 7%) es sólo una muestra, aunque importante desde luego, de lo
señalado.

En condiciones de gran especulación monetaria,
a pesar del descenso de las tasas de interés, éstas no llegaron al nivel que
motivara a la inversión orientada a la producción. Por lo contrario, con altas
tasas de interés, las actividades productivas del país se desarrollaron en un
ambiente deprimido durante los últimos años del periodo presionando,
adicionalmente, sobre la eficiencia y la competitividad de la
economía.

En términos más sencillos, el abatimiento de la
inflación se gestó al lado de los movimientos inciertos del producto y de la
inversión, manifestando los obstáculos que la política comercial proyectó al
aparato productivo y al bienestar social. En este contexto, la combinación de
inflación a la baja con recesión productiva se ubicó como otro de los resultados
de la lógica incorporada a la política de pactos. Resultado que, por cierto y a
diferencia de los anteriormente señalados, fue poco difundido.

V. La política comercial y el
sector externo

Con los antecedentes de la crisis de 1982 y del
ajuste productivo de 1983-1987, la política comercial, definida principalmente
por la apertura y la sobrevaluación, repercutió en la actividad productiva
interna hasta proyectarse en las esferas comercial y financiera de México con el
exterior. El aparato productivo interno estuvo lejos de mostrarse competitivo en
el mercado externo. Con la aplicación del programa de estabilización, que
prolongó los costos económico y social de la crisis, se logró reducir la
inflación gracias, principalmente, al control del tc y a la contención de
factores inerciales de inflación. Pero, por otra parte, los proclamados éxitos
de la política económica en inflación y en manejo fiscal, terminaron por no
tener su réplica correspondiente en términos del crecimiento económico. En este
sentido, los déficit externos provocados por la aplicación de la política
monetaria restrictiva resaltaron la vieja característica estructural de la
producción interna: el ascenso de las importaciones con mayor tendencia a los
ritmos de la producción y de la exportación del país.11 Así, los superávit
comerciales de la etapa anterior se convirtieron en déficit
crecientes.

La mayor apertura pretendió la modernización y
la competitividad de la economía para fomentar la exportación y resolver las
necesidades de importación, con fuentes propias de financiamiento. La
continuidad del cambio estructural, encabezado por la producción manufacturera
para exportación, sería, en esta perspectiva, un elemento clave en la búsqueda
de un aparato productivo autofinanciable en sus relaciones comerciales con el
exterior. Sin embargo, los resultados y tendencias que mostró la economía
nacional no llegaron a los propósitos planteados (cuadro 6).

Aun aceptando que una política comercial basada
en la apertura supone incrementar importaciones en sus primeras etapas, para
posteriormente obtener ritmos mayores de crecimiento respaldados por una
política industrial integradora, en el caso de México –con fuertes carencias
estructurales y sin una política industrial definida– la necesidad de
importación fue de tal magnitud que sus consecuencias se reflejaron en los altos
déficit comerciales externos. Entre 1988 y 1994 las importaciones tuvieron un
crecimiento que las exportaciones no pudieron compensar.

A pesar de lo anterior, la continuidad del
cambio estructural se difundió como otro “éxito” de las relaciones comerciales
de México con el exterior. Iniciado en el periodo anterior, el cambio
estructural se presentó mediante el predominio creciente de las manufacturas
dentro de la estructura de las exportaciones totales del país.

No obstante, alguna aclaración cabe destacar en
este aspecto. El crecimiento de las exportaciones fue menor al de las
importaciones. Entre 1988 y 1994 las primeras crecieron 68% (de 20 565 a 34 613
millones de dólares) con una tasa promedio anual de 9.2%, mientras que las
segundas lo hicieron en 212% (de 18898 a 58 900 millones de dólares) con
una tasa promedio anual de 21.3%. Resultado lógico de lo anterior fue el regreso
a los déficit en las relaciones comerciales con el exterior. Interesa subrayar
que no sólo los déficit aparecieron pronto en el periodo (1989), sino que éstos
se profundizaron desde 1991 y hasta el final del periodo como otro resultado de
la sobrevaluación. De un déficit de 4 140 millones de dólares en 1990, su valor
llegó a 11330 en 1991, y a 24 287 millones de dólares en 1994. Sólo entre
1992 y 1994 el desequilibrio en la balanza comercial promedió más de 21 mil
millones de dólares anuales.

Un poco más detenidamente: ante el
comportamiento errático del valor de las ventas petroleras al mercado externo,
las manufacturas presentaron una tasa promedio anual de crecimiento de 12.7%,
convirtiéndose no sólo en el renglón principal sino también en el más dinámico
de las exportaciones nacionales. Su dinamismo, empero, fue superado por el
correspondiente a las importaciones (21.3%), y por cada uno de sus renglones; es
decir, el de bienes de consumo (32.9%), el de bienes intermedios (19%) y el de
bienes de capital (23%).

Cuadro 6
Relaciones
comerciales externas
a
(Millones de
dólares)

1988

1989

1990

1991

1992

1993

1994

Exportaciones

20 565

22 842

26 950

26 854

27 516

30 033

34 613

Petroleras

6 711

7 876

10 104

8 166

8 307

7 418

7 445

No
petroleras

13 854

14 966

16 846

18 688

19 209

22 615

27 168

Agropecuarias

1 670

1 754

2 162

2 372

2 112

2 504

2 678

Extractivas

660

605

617

547

356

278

357

Manufactureras

11 524

12 607

14 067

15 769

16 741

19 833

24 133

Importaciones
(fob)

18 898

25 438

31 090

38 184

48 193

48 923

58 900

Bienes de
consumo

1 921

3 498

5 059

5 834

7 744

7 842

9 510

Bienes
intermedios

12 950

17 171

19 211

23 762

28 893

30 025

36 068

Bienes de
capital

4 027

4 769

6 820

8 588

11 556

11 056

13 322

Balanza
comercial

1 667

-2 596

-4 140

-11 330

-20 677

-18 890

-24 287

a No incluye
maquiladoras.
Fuente: Elaborado con base en Banco de México,
Indicadores económicos, varios
años.

Estos resultados explicaban en buena medida el
déficit de balanza comercial desde un ángulo diferente al planteado en el
párrafo anterior: los requerimientos del cambio estructural encabezados por las
manufacturas fueron superiores a la capacidad de exportación de la economía
alejándose, por tanto, las posibilidades de autofinanciamiento y cuestionado, al
mismo tiempo, el cambio estructural alcanzado por medio de la política comercial
seguida.

En relación con esto último, dos
consideraciones más podemos destacar a partir de la sobrevaluación y de la
apertura. Primero, para 1991-1994 no sólo el crecimiento promedio anual de las
exportaciones (6.6%) se rezagó mucho con respecto a su promedio de todo el
periodo (12.7%); además, el valor de las exportaciones creció menos (28.9%) que
el de las importaciones (54.3%) en los mismos años. Segundo, dentro de la
estructura de las importaciones sobresale el comportamiento de los bienes de
consumo. De 6.3% en 1987, su participación llegó a 16.1% en 1994; ejemplificando
que, de acuerdo con lo apuntado, la economía se expuso al exterior más como
compradora que como vendedora.

Todo en conjunto, insistimos, forma parte de la
explicación de la aparición y crecimiento del déficit de la balanza comercial. A
los problemas estructurales de la economía, que plantean la menor competitividad
productiva interna frente a la competencia externa, se le sumaron los procesos
de apertura (desprotección) y sobrevaluación, conduciendo al sesgo
antiexportador (por ejemplo, mediante las menores tasas de crecimiento de la
exportación de manufacturas), ante el impulso de todo tipo de importación
(incluyendo, por ejemplo, aquellos que poca o ninguna relación tienen con el
sector productivo de la economía).

Asimismo, la modalidad de la composición de las
exportaciones manufactureras no mostró la competitividad del cambio estructural
proyectado, ni mucho menos la presencia de una política industrial integradora.
El crecimiento de la exportación se basó, más bien, en la existencia de un grupo
de ramas y empresas que conformaron, desde entonces y a la fecha, la mayor parte
del sector manufacturero exportador, y donde las transformaciones productivas y
el mejoramiento tecnológico sí se presentaron.12 El resto de las ramas y
empresas quedaba marginado del proceso transformador.

Debido a que buena parte de las exportaciones
no petroleras se centra en un pequeño núcleo de empresas y productos,
frecuentemente de capital externo, su efecto expansivo en el resto de la planta
productiva ha sido limitado. Ellas han representado el cambio estructural
inducido y las innovaciones tecnológicas para que, por medio de ellas, la
economía mexicana se inserte en las relaciones comerciales con el exterior. Las
ramas automotriz, química, alimentaria, del cemento y las maquiladoras son
ejemplos de lo anterior.13

Como es bien conocido, la decisión de devaluar
no se postergó sino que se descartó durante todo el periodo. Por lo tanto, el
financiamiento exigido por los desequilibrios externos se orientó, una vez más,
al exterior pero ahora bajo la modalidad de la desregulación financiera. Con la
política de pactos, la entrada de mayor ie a la economía compensó, aunque
temporalmente, dichos desequilibrios y posibilitó la continuación de la política
de sobrevaluación en la que descansó el control de la inflación, sin requerir el
uso de reservas internacionales.14

La política económica, entonces, llevó a los
déficit comerciales, y la ie llegó en los volúmenes necesarios para compensar
los déficit, heredando tanto la crisis del modelo como la decisión obligada de
devaluar para el siguiente periodo. Finalmente, el fenómeno especulativo de la
ie destacó no sólo por su cuantía sino también por la rápida diversificación de
su composición.15 En consecuencia, las políticas de apertura y desregulación que
buscaban la cooperación de la ie para la modernización productiva interna no
cristalizaron. Las expectativas de altos premios financieros atrajeron ie pero
no ied. Por lo menos no en cuanto a los montos prometidos de inversión para
producir bienes y servicios, que generaran empleo. La disponibilidad suficiente
de recursos externos hizo posible financiar más importaciones, pero sin el uso o
la ampliación de la capacidad productiva interna que se tradujera en crecimiento
económico.

Por lo tanto, con altas tasas de interés, con
sobrevaluación y con aperturas financiera y comercial, el país resultó atractivo
no para la inversión productiva sino para la especulativa. La recesión
productiva interna y la ie no productiva fueron, entre otros resultados ya
referidos, manifestaciones finales de la política comercial seguida. Resultados
ambos –recesión productiva y especulación monetaria– que no han podido ser
contrarrestados a pesar de la fuerte depreciación del tc que, iniciada en
diciembre de 1994, condujo de la sobrevaluación a la subvaluación de nuestra
moneda.

Comentarios finales y
perspectivas

La crisis de 1982 marcó la reorientación de la
conducción económica en México, con el objetivo productivo del cambio
estructural sustentado en la competitividad de la economía nacional en la
internacional. En términos de análisis, el objetivo anterior lo podríamos
visualizar por medio de tres etapas. En la primera, la condicionalidad de
cumplir con las obligaciones financieras externas ubicó la política cambiaria de
subvaluación como elemento significativo de la conducción para acceder a los
excedentes comerciales externos; pero, por otra parte, repercutiendo
adversamente en el comportamiento de indicadores tan importantes como la
inversión y el producto.

Aun cuando el avance en el cambio estructural
pretendido se manifestó en el mayor peso de las manufacturas en la estructura de
las exportaciones del país, la especulación generada junto a la carencia de
recursos para la producción agravaron la problemática estructural interna y, con
ella, sus posibilidades competitivas en el comercio mundial.

Entre 1988 y 1994 la conducción económica se
basó en la llamada política de pactos. Dentro de ella, la continuidad del cambio
estructural (modernidad productiva) destacó al aumentar la presencia de las
manufacturas en las exportaciones del país. No obstante, una economía cada vez
más expuesta al exterior se combinó con la reforma monetaria del periodo, que
pasó de la subvaluación a la sobrevaluación de nuestra moneda, traduciéndose en
un elemento de desprotección para la frágil estructura productiva
interna.

La apertura y la sobrevaluación se convirtieron
en actores destacados de la política comercial de aquellos años, afectando el
comportamiento de otros indicadores relevantes y conduciendo, en gran medida,
tanto a las deficiencias productivas y a la debilidad competitiva, como a los
déficit comerciales y financieros extrafronteras. En particular, la
sobrevaluación, aunque contribuyó a bajar la inflación, se convirtió también en
un costo adicional para la competencia de la producción interna. Al no
modificarse la política comercial de apertura y sobrevaluación los
desequilibrios comerciales externos evidenciaron, claramente desde 1991, la
falta de una política industrial que motivara la competitividad y el cambio
tecnológico. Apertura y sobrevaluación propiciaron, además, los rompimientos de
algunos procesos (cadenas) de la producción interna y llevaron, precisamente, a
la necesidad creciente de importaciones.

El crecimiento de las exportaciones se rezagó
con respecto al de las importaciones. Los déficit externos mostraron la
parcialidad del cambio estructural inducido, y la compensación a estos
desequilibrios comerciales llegó, nuevamente, del exterior vía ie. Sin embargo,
con la política de pactos, la ie se desvió de lo productivo a lo especulativo,
obstaculizando la pretendida modernización productiva interna apoyada en
ie.

El manejo monetario coadyuvó a abatir la
inflación, pero frenó la dinámica del crecimiento, afectando la balanza
comercial y su financiamiento. Por supuesto, el problema referido no era
sencillo como para suponer que, en una economía como la mexicana, se resolvería
con el mecanismo aislado de la devaluación tardía. Éste, aunque importante,
debería formar parte de una opción más completa orientada a la corrección de los
desequilibrios productivos, comerciales y financieros.

Los desequilibrios señalados muestran las
causas estructurales de la nueva crisis de nuestra economía, agravadas por la
política económica vigente que ha obstaculizado retomar el crecimiento, y con él
la mejoría en las relaciones comerciales y financieras con el exterior. Los
magros resultados de periodos anteriores plantean, una vez más, los desafíos de
la modernización efectiva y de la inserción favorable al comercio
internacional.

En esta perspectiva suponemos que la sola
devaluación no podrá implicar el regreso al crecimiento interno. La economía del
país ha registrado muchos años de carencias productivas que han resultado en una
importación en ascenso y en graves límites financieros. En este sentido, la
conducción económica debería ser más complementaria. El nuevo financiamiento
(endeudamiento) de la economía proveniente del exterior, debería relacionarse
(comprometerse) con el aparato productivo interno, en complemento con una
verdadera política industrial del país.

Sin pretender plantear un análisis detenido al
respecto, interesa concluir con lo siguiente. Por supuesto, los elementos que
habría que considerar son varios y diversos. Entre ellos destacaría una nueva
relación con el Estado como agente regulador y con el capital ubicado en la
producción, con el propósito de reorientar las actividades productivas
estratégicas de la economía, considerando la globalización económica
mundial.

Todo lo anterior circunscrito a una política
industrial (hasta ahora inexistente) que, por un lado, motive inversión
productiva y restrinja especulación, apoyando los cambios sectoriales que el
país requiere para resolver su heterogeneidad interna, y que, por el otro lado,
contrarreste las características estructurales de la deformación exportadora y
del sesgo importador presentes en buena parte de la historia económica del país,
apoyando el tránsito de un proceso industrial orientado hacia la importación, a
otro de mayor incidencia hacia la exportación.

20 de junio, 1996

Referencias
bibliográficas

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  • Huerta, A. (1994), La política neoliberal de
    estabilización económica en México. Límites y alternativas, México,
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  • Loria, E., y L. Carvajal (1993), “El efecto
    de las políticas cambiaria y salarial sobre las exportaciones manufactureras
    en México”, Investigación económica, núm. 204, México, fe-unam,
    abril-junio.

  • Novelo, F., y J. Flores (1993), El TLC de
    norteamérica y la persistente incertidumbre, México, uam-Xochimilco, Libros de
    Texto.

  • Sousa, A. (1993), “Desaceleración económica:
    Causas y perspectivas”, Problemas del desarrollo, núm. 94, México, iie-unam,
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  • Tello, P. (1993), “1993, el cuadro
    productivo”, Problemas del desarrollo, núm. 94, México, iie-unam,
    julio-septiembre.

NOTAS

  1. José Flores, “Condicionantes y resultados de
    la exportación de manufacturas en México: 1988-1994”, México, uam-Xochimilco,
    mimeografiado, 1995.

  2. El artículo de H. Ortiz, “La brecha
    inflacionaria con eu, parámetro de valor del peso” (Excélsior, 12 de abril de
    1994), nos auxilió mucho al ofrecernos varias sugerencias al respecto.

  3. Como el mercado de dinero en México presenta
    gran tendencia al corto plazo, estos instrumentos (Cetes) regulan parte
    importante de dicho mercado.

  4. Información de Banco de México, Indicadores
    económicos, varios años.

  5. En este aspecto puede consultarse A. Huerta,
    La política neoliberal de estabilización económica en México. Límites y
    alternativas, México, Diana, 1994, en particular el capítulo I.

  6. Para estos puntos en particular véase, entre
    otros, a E. Loria y L. Carbajal (1993), “El efecto de las políticas cambiaria
    y salarial sobre las exportaciones manufactureras en México”, Investigación
    económica, núm. 204, México, fe-unam, abril-junio.

  7. Para un análisis más detenido véase, entre
    otros, a J. Flores, “Restricciones de las políticas de estabilización en
    México”, Argumentos, núm. 20, México, uam-Xochimilco, septiembre de
    1994.

  8. Como quedó indicado, podemos encontrar otros
    métodos de cálculo para el punto referido. J. Castaingts, por ejemplo, en su
    interesante artículo “México: Las turbulencias de una economía casino”
    (Excelsior, 23 de abril de 1994), acepta el método aquí desarrollado pero
    agrega, sintéticamente, que sería recomendable tener en mente que el Banco de
    México hace un ajuste anual hacia la baja de la tasa de inflación en nuestro
    país de aproximadamente 1%. Habría que retomar este elemento para acercarse
    más a la capacidad adquisitiva real de nuestra moneda. En tal sentido, un
    cálculo que incorporara esta sugerencia indicaría que el peso llegó a un nivel
    de sobrevaluación de 35% para 1994, también en términos aproximados.

  9. Véase, por ejemplo, a A. Huerta, La política
    neoliberal de estabilización...., op. cit. Como otros autores, Huerta plantea
    que el mejoramiento fiscal no se delineó sobre bases sólidas hacia futuro, en
    virtud de que todo movimiento especulativo que repercutiera tanto en el
    aumento de las tasas de interés como en el deslizamiento del tc influiría
    negativamente en el aspecto fiscal, dificultando, al mismo tiempo, la
    posibilidad financiera del Estado para hacer frente a sus obligaciones de
    pago. La menor existencia de activos y las dificultades para acceder al
    financiamiento foráneo no podrían funcionar como opciones sólidas ante dichas
    exigencias de pago.

  10. No sólo la caída de las tasas de interés
    internas mejoraron el aspecto fiscal. Desde 1983 la restructuración del gasto
    público apoyado en la renegociación de la deuda externa, junto con los
    recursos extraordinarios recibidos por el Estado vía reformas tributarias y
    venta de empresas de su propiedad, fueron también factores destacados en el
    logro de los superávit fiscales.

  11. La tendencia de los desequilibrios
    macroeconómicos del periodo pueden apreciarse en varios análisis realizados.
    Uno de ellos es el de A. Guillén, “Las dificultades de la actual estrategia de
    desarrollo”, Problemas del desarrollo, México, iie-unam, julio-septiembre,
    1993, en particular las páginas 15 y 16.

  12. En relación con este punto podrían dirigirse
    análisis futuros. Mientras tanto, adelantemos alguna información basada en un
    estudio en el que participaron el Banco de México y la Secretaría de Hacienda
    y Crédito Público en los términos siguientes (La Jornada, 17 de octubre de
    1994). Poco más de 60% de las ventas externas no petroleras del país ha sido
    dirigida sólo por un pequeño grupo representado por 36 empresas. Dentro de
    ellas seis pertenecen a la rama automotriz, venden más de la mitad de las
    exportaciones no petroleras y acaparan un valor mayor al exportado por la
    principal empresa exportadora del país (Pemex).

  13. Véase, por ejemplo, a F. Novelo y J. Flores,
    El tlc de Norteamérica y la persistente incertidumbre, México, uam-Xochimilco,
    Libros de Texto, 1993, en particular las páginas 69-76.

  14. Con base en la información de Banco de
    México, se podría señalar que, a pesar de los déficit comerciales del periodo,
    las reservas internacionales del país llegaron a 30 mil millones de dólares en
    el mes de febrero de 1994. A partir de entonces, y por los motivos que
    propiciaron un año muy conflictivo y sumamente especulativo, el monto de estas
    reservas disminuyó drásticamente.

  15. Según información del Banco de México, con
    el año de 1993 terminó la fase más representativa en ambos aspectos del
    fenómeno. Algunas de sus características importantes se presentaron en el
    siguiente sentido: si bien es cierto que hasta 1989 sólo entró al país ie
    directa, a partir de 1991 –con la mayor apertura de la economía, la
    sobrevaluación, los desequilibrios comerciales y la no modificación de la
    política económica en el país– la ie se dirigió cada vez más a los mercados
    accionario y de dinero en su modalidad de ie indirecta. Así, para 1993, del
    total de ie que ingresó al país (33 332 millones de dólares) sólo el 15% (4
    901) fue directa, el restante 85% (28 431 millones de dólares) fue indirecta.
    Dentro de ésta última, la que se dirigió al mercado de dinero representó poco
    más de 60% (17 715 millones de dólares), destacando de esta manera los
    principales mecanismos de financiamiento de la economía.

Las perspectivas del conocimiento científico-técnico en la sociedad contemporánea

Luis Felipe Badillo Islas
Estudiante del doctorado en Ciencias Sociales, uam-Xochimilco


Introducción

La
necesidad de analizar algunas de las perspectivas del conocimiento
científico-técnico en la sociedad actual se deriva de las consideraciones que a
continuación se plantean. Después de la última Guerra Mundial el conocimiento
científico-técnico imbricado cobra cada vez mayor relevancia en la sociedad
contemporánea. Esta fusión, que dificulta establecer una delimitación precisa
entre ambos saberes, permite el avance de los procesos de invención, innovación
y adaptación tecnológica. El gran efecto de estos procesos en las diversas
actividades humanas (producción, organización y consumo) implica plantear que la
sociedad del presente (y la del futuro) se están articulando a partir de estos
conocimientos. Ahora más que nunca son replanteadas tesis tales como las que
ligan de manera directa la información con el poder político o
económico.

A partir de la revolución científico-técnica la
producción y la distribución del conocimiento (concebido como parte de una
inversión), se presentan con una importancia igual o mayor que la fabricación de
bienes y servicios tangibles. Este situación se demuestra mediante la
contratación creciente, por parte de las empresas innovadoras, de personal que
tiene como actividades básicas generar y difundir información relativa, entre
otros aspectos, a productos, procesos y materias primas.

Con esta orientación se configuran auténticas
industrias del conocimiento. Es tal la importancia que se confiere al
conocimiento especializado de alto nivel, que a la fecha la mayor parte de los
gobiernos incluyen dentro de sus políticas, de manera implícita o explícita, la
promoción de servicios científico-técnicos aplicados a la producción. Mediante
estas políticas se persiguen, entre otros objetivos, reforzar el vínculo entre
la investigación básica y la aplicada, así como sincronizar las actividades de
investigación y desarrollo que se llevan a cabo en los organismos
gubernamentales, en las universidades y en la industria.

Ante los escenarios esbozados por esta
racionalidad técnica (que recobra la promesa moderna de un futuro mejor al
amparo de la Ilustración) resulta necesaria la reflexión acerca del conocimiento
científico-técnico a partir de cuestiones tales como las siguientes: ¿cómo y en
qué condiciones se está generando?, ¿para qué y para quién se genera?, ¿cuál es
su efecto físico y social?, ¿qué opciones existen a este modo de concebir la
realidad?

El trabajo parte del supuesto de que el
conocimiento científico-técnico, señalado como el conocimiento relevante para la
sociedad contemporánea, se está generando a partir de una racionalidad
instrumental, excluyente, ubicada en una perspectiva reduccionista
(unidimensional) que atiende fundamentalmente los intereses de los grandes
consorcios multinacionales. Esta racionalidad, que se encarna en los modos
burocráticos, económicos y tecnocientíficos, mantiene pretensiones de totalidad
y de universalidad.

Para desarrollar la tarea anterior se abordan
diversas perspectivas relativas al papel que desempeña el conocimiento
científico-técnico en la sociedad contemporánea. Este conjunto de puntos de
vista se agrupan en dos vertientes fundamentales: la que se inscribe, desde una
perspectiva funcional, en el ámbito de la racionalidad técnica y/o instrumental
y la que adopta una posición crítica respeto al qué, al cómo y al para qué de
este tipo de conocimiento. Desde la primera postura se recogen en un primer
momento algunos planteamientos teóricos pertinentes considerados “clásicos” para
el desarrollo de una economía en la que el conocimiento científico-técnico se
torna relevante.

En un segundo aspecto se retoman algunas
reflexiones contemporáneas acerca del papel y de la importancia asignada a este
tipo de conocimiento en la configuración del “nuevo orden mundial”. Para el
análisis del segundo enfoque (la posición crítica ante la racionalidad
instrumental) se toma como hilo conductor la tesis mandeliana relativa a las
ondas largas de la economía. En esta segunda parte del documento también se
consideran algunos cuestionamientos de orden epistémico respecto a la manera en
la que se concibe el conocimiento científico-técnico en el nuevo modo
informacional, y algunas opciones a esta limitada manera de comprender la
realidad social.

En cada enfoque se describen los escenarios de
la producción informacional, particularmente en el caso de los países que se
asignan un papel protagónico clave. De manera tangencial se cita el caso de los
países periféricos a los que se les brinda un rol poco o nada relevante dentro
de la guerra del conocimiento.

I. La perspectiva instrumental
del conocimiento científico-técnico

1. Las propuestas básicas

A finales del siglo XVIII Adam Smith concibió a
la ciencia como una fuerza liberadora. No obstante en sus escritos básicos no se
vislumbra el análisis del efecto que el conocimiento científico-técnico pudiera
tener en el crecimiento económico. En el libro II de La riqueza de las naciones
Smith señala como una de las causales del incremento de la producción anual la
mejora en la capacidad productiva del trabajo, derivado del incremento de la
habilidad o del mayor uso de la maquinaria. En esta lógica (en la que aún
aparece desvinculada la innovación tecnológica del desarrollo científico, y
ambos aspectos del crecimiento económico) se inscriben también los
planteamientos de David Ricardo. Este economista, en oposición a la ley de Say
(que postuló, entre otras cuestiones, el incremento de la productividad y la
reabsorción de la mano de obra como resultado a largo plazo del progreso
técnico), señala que el incremento de la demanda de tecnología (que es paralelo
al aumento del capital) presenta una relación decreciente respecto a la demanda
de trabajo.

Marshall ubica el conocimiento como el
principal motor de la economía. El progreso económico de los pasados 150 años, a
su juicio, es producto del desarrollo en materia de ciencia y tecnología. En
este autor, a finales del siglo xix, se encuentra ya un reconocimiento explícito
del papel de los adelantos científicos en la fabricación, la cual, desde su
perspectiva, depende cada vez menos de los métodos empíricos. De ahí la
recomendación que realiza para hacer un mejor uso de este saber.

Shumpeter, a mediados del presente siglo, hace
hincapié en el efecto que tiene el conocimiento científico-técnico en el
desarrollo industrial. Señala que el capitalismo es un modo o método de
transformación económica que no es, ni puede ser, estacionario. Las continuas
transformaciones industriales, nos dice este autor, revolucionan incesantemente
la estructura económica desde dentro, “destruyendo ininterrumpidamente lo
antiguo y creando continuamente elementos nuevos”. Desde ésta perspectiva, la
investigación aplicada al desarrollo de nuevas técnicas es fundamental para la
sobrevivencia y el fortalecimiento de las empresas.

Galbraith (1967) y Bell (1976), en la
perspectiva de la sociedad posindustrial, nos señalan la importancia creciente
(inevitable y benéfica) de los especialistas. El primero define la tecnología
como “la aplicación sistemática de la ciencia o de otros conocimientos
organizados a tareas prácticas”. El segundo nos remite a la existencia de una
sociedad en la que el trabajo profesional de técnicos y científicos (capaz de
generar información rentable a partir de teorías abstractas) se convierte en una
cuestión nodal. A partir de estos planteamientos se desarrollan líneas de
investigación en las que la variable fundamental sigue siendo el conocimiento
científico-técnico.

2. Del conocimiento empírico al conocimiento
científico-técnico

Durante el siglo xviii y comienzos del xix no
existió un nexo permanente y directo entre científicos e industrias. De tal
manera, gran parte de las invenciones se realizaron de manera aislada, a título
personal, y surgieron de la experiencia práctica de los artesanos.

Las tecnologías subsecuentes requerirían
conocimientos más allá de procedimientos empíricos basados en el tanteo. Los
procesos contemporáneos de investigación y desarrollo se caracterizan por su
intencionalidad explícita y por su tipo y nivel de organización. A partir de la
segunda mitad del siglo xx la innovación tanto de procesos como de productos se
fundamenta casi por completo en el conocimiento científico obtenido en
laboratorios. Desde entonces el empleo de este conocimiento se convierte en un
hecho cotidiano para las empresas. De esta manera el conocimiento considerado
originalmente como una variable exógena pasa a ser reconocido como una fuerza
endógena principalísima en el crecimiento económico. Las innovaciones que se
realizan en el campo tecnológico dependen de las aportaciones que regular y
sistematicamente lleva a cabo la ciencia.

Lo imprescindible de este saber experto lleva a
la apertura, al interior de la empresa, de departamentos conformados por mano de
obra con una formación científica sumamente especializada que, en términos
generales, cuenta con una preparación teórico-práctica de carácter formal. De
acuerdo con Freeman (1975) hasta los inicios de la década de los años setenta
las industrias que realizaron una investigación con carácter intensivo fueron
las que experimentaron un crecimiento más rápido, y asimismo las que generaron
mayor innovación en relación con: productos, procesos, componentes y equipo, uso
de fuentes de energía y empleo de materias primas. Entre este tipo de industrias
se cuentan: la electrónica, las plantas químicas y para refinado del petróleo,
las de plásticos y la nuclear.

En ciertas circunstancias el mantenerse al
margen de la innovación tuvo resultados negativos para la empresa, traducidos en
la reducción de su tasa de crecimiento y/o de la pérdida de su posición de líder
en el mercado. Dado que los productos tienen una vida media (que dependen de
factores como los nuevos descubrimientos y la política empresarial tendiente a
la recuperación de la inversión) es necesario que las “empresas” sean capaces de
innovar o por lo menos de imitar en el menor tiempo posible. Esto implica que,
al margen del empleo que hagan de licencias y de know-how, cuenten con
departamentos de investigación y desarrollo. La información generada en estos
ámbitos es suceptible de ser empleada por la propia empresa, o bien
comercializada.

Freeman (1975) postula, a manera de hipótesis,
que el éxito de la empresa proviene, entre otros, de los siguientes aspectos: la
capacidad que tenga para desarrollar una intensa labor de investigación y
desarrollo a largo plazo (lo cual implica la disponibilidad de recursos para
asumir esta tarea); la realización propia de la investigación básica o del
contacto con quien la lleva a cabo; la eficacia que logre para coordinar la
investigación y el desarrollo con las áreas de producción y comercialización. No
innovar es morir, señala este autor, particularmente en industrias como la
química o la electrónica. La carencia de innovaciones puede conducir a que la
competencia, que logra introducir nuevos productos o procesos y que es capaz de
generar productos estándard a precios más baratos, se apropie del
mercado.

3. El papel del conocimiento
científico-técnico en el nuevo modo de desarrollo informacional

La clave del nuevo modo de desarrollo que se
está conformando es el conocimiento científico-técnico. La producción
informacional se convierte en el eje de las nuevas tecnologías tanto de
productos como de procesos. Los nuevos conocimientos, nos dice Castells (1991),
afectan no sólo la manera de producir, sino que también permean el modo de
consumir, de actuar, de vivir y de morir.

La información se convierte en materia prima y
producto que se incorpora a otros bienes, servicios decisiones y procedimientos.
En el nuevo “modo informacional” de desarrollo, el conocimiento actúa sobre el
conocimiento para generar un mayor saber y un mayor efecto en la productividad.
La información que se genera o se recibe en el nuevo modo de desarrollo, Dosi
(1988) la agrupa a partir de las siguientes dicotomías:

  1. Un conocimiento general o universal (con
    carácter científico) contra un conocimiento especializado (o tecnológico en
    sentido estricto).

  2. Un conocimiento público (al que se accede
    libremente a partir de medios tales como las publicaciones) contra un
    conocimiento privado (cuyo control y usufructo es de carácter
    particular).

  3. Un conocimiento articulado o
    institucionalizado (adquirido por medio de un proceso formal de
    escolarización) contra un conocimiento tácito (adquirido mediante la
    práctica).

Esta última vía con carácter informal para
producir y difundir conocimientos, que se presenta en el interior de los centros
de trabajo y en el ámbito extralaboral, también recibe el nombre de sinergias.
Estas son definidas por Castells y Hall (1994, p. 314) como “la generación de
nueva información de alto valor por medio de la interacción humana”. Algunos
casos de sinergias se pueden presentar entre empleados, ejecutivos,
investigadores y entre clientes y proveedores (Ruffier, 1991).

En el escenario futuro que nos presenta Thurow
(1992) el factor clave en la obtención de ventajas competitivas duraderas será
la tecnología de productos o de procesos (basada en los conocimientos arriba
señalados). La competencia deberá girar en torno de industrias para las que el
saber científico-técnico es fundamental: la microelectrónica, la biotecnología,
las industrias basadas en la ciencia de los materiales, las telecomunicaciones,
la aviación civil, la robótica (aunada a máquinas y herramientas) y los
ordenadores (de manera conjunta con el software).

Todas son industrias
que dependen de la capacidad cerebral. Todas podrán instalarse en
cualquier lugar del planeta. Donde se instalen dependerá de quienes puedan
organizar la capacidad cerebral para aprovecharlas. En el siglo que se
avecina la ventaja comparativa será la creación humana (Thurow, 1992, p.
52).

La formación de capital humano, el desarrollo
de tecnologías (particularmente de procesos) y la capacidad de emplear el
conocimiento científico-técnico serán entonces fundamentales para un mundo en
donde las posiblidades de enriquecimiento se estrechan.

4. Los escenarios del “nuevo modo de
desarrollo informacional”

La tercera revolución científico-técnica tiene
como una de sus características fundamentales la formación de una economía
global. En esta economía la interdependencia, que genera una cultura basada en
el conocimiento, se acrecienta a escala mundial. De esta manera cuestiones tales
como la productividad y la competitividad pasan a depender del acceso que se
tenga a información reciente y de la capacidad para generar nueva
información.

Las regiones o los países capaces de
desarrollar nuevas tecnologías son los que, en los tiempos recientes, desde la
perspectiva del nuevo modo de desarrollo informacional, han experimentado un
crecimiento más acelerado y los que, en consecuencia, tienen mayores ventajas en
la competencia global; forman parte de las regiones que ganan (Benko y Lipietz,
1994).

a) Tecnópolis y/o
aglomeraciones

La posibilidad de lograr una corriente óptima
de información se concreta en proyectos planeados en los que se reúnen
instituciones de investigación (con carácter semipúblico o no lucrativas), mano
de obra sumamente calificada y capitales dispuestos a invertir en innovación.
Estas tecnópolis, que conforman un medio innovador (capaz de generar riqueza a
partir del conocimiento), constituyen una tarea básica dentro de la nueva
economía de la información. Para impulsar el desarrollo de las tecnópolis se
requiere de infraestructura y servicios de alta calidad; mano de obra con un
alto nivel educativo (con formación universitaria y preferentemente con
doctorado); fomento a la investigación básica y aplicada orientada a los
diversos sectores de la economía.

Las tecnópolis como centros de innovación y
alta tecnología pueden ser, de acuerdo con Castells y Hall (1994, p. 32) de tres
tipos: “complejos industriales de alta tecnología construidos sobre un medio
innovador... complejos de investigación estrictamente científicos, sin relación
territorial directa con la fabricación... parques tecnológicos... (y) programas
completos de tecnópolis como instrumentos del desarrollo regional y de
descentralización industrial.”

En una tipología similar a la que nos presentan
Castells y Hall, Arcangeli (1993) define las características de los diferentes
centros industriales o aglomeraciones. Estos centros se definen como una entidad
socio-territorial ubicada en un área delimitada natural e históricamente, en la
cual está integrada una comunidad humana con un conjunto de empresas. En
términos generales el autor reconoce tres grandes tipos de aglomeraciones: el
distrito industrial genérico, el distrito comercial central y el polo de
crecimiento. Al primero pertenecen los distritos de alta tecnología (en los que
se innova, se emplean nuevos materiales, se lleva a cabo investigación básica y
aplicada, se mantiene el contacto con los centros de educación superior y se
invierte capital de riesgo); los distritos automatizados (en los que las
destrezas y la producción son intensivas y se realiza fundamentalmente
investigación aplicada), y los distritos marshallianos (configurados por un
conjunto de pequeñas y medianas empresas independientes).

El distrito comercial central se caracteriza
porque se difunden en él las políticas de ciencia y tecnología, las novedades y
las innovaciones con frecuentes contactos informales cara a cara. Los polos de
crecimiento, que constituyen el punto débil del sistema regional de innovación,
son resultado de políticas regionales fordistas o de ubicaciones tardías
(también fordistas) en poblados manufactureros.

b) Las redes de conocimientos

Un aspecto fundamental en el proceso de
generación de conocimientos científico-técnicos que lleven a la innovación
tecnológica son las redes de conocimientos, constituidas a partir de corrientes
continuas de información. El establecimiento de redes formales o informales
constituye un prerrequisito básico para la configuración de tecnópolis. Las
redes de información que se crean tanto dentro como fuera de la empresa llegan a
ser tan importantes que de ellas depende el éxito o el fracaso de la
misma.

Cuando se plantea la existencia de redes se
piensa en las terminales de ordenador. No obstante, la información obtenida por
esta vía no es suficiente, por lo que se requiere también del contacto cara a
cara para intercambiar información (Benko y Lipietz, 1994). Los productores
organizados en redes se benefician del conocimiento que circula en ellas. La
importancia del beneficio obtenido se deriva del lugar que las empresas ocupan
dentro de la red.

A partir de la intensidad y la reciprocidad con
que se presentan las corrientes de información, al interior de las tecnópolis o
de las aglomeraciones, Arcangeli (1993) jerarquiza los distritos de la siguiente
manera: en primer lugar se encuentran los distritos de alta tecnología, en
segundo los distritos automatizados y en tercer sitio los polos de crecimiento.
El quedar excluidos de las corrientes de información tecnológica o el mantener
un vínculo endeble con ellos ha conducido al debilitamiento de los poblados
manufactureros, de los polos de desarrollo y de los distritos marshalianos. Las
corrientes de información tecnológica que van hacia arriba y hacia abajo en la
jerarquía pueden adoptar los modos de investigación y desarrollo, y de
aprendizaje por el uso. A partir de estas corrientes, nos señala Arcangeli, se
configuran los sistemas regionales de innovación. En estos sistemas se aprecian
dos tipos de regiones: las usuarias (tales como los polos de desarrollo) y las
productoras (conformadas por distritos de alta tecnología y por distritos
automatizados).

El sistema nacional de innovación está
constituido por una jerarquía de sistemas regionales o distritos especializados
que conforman un tejido de afluencia de servicios y de comunicación. Para Nelson
(1988) un sistema nacional de innovación se caracteriza por: la participación
privada de una considerable parte de la tecnología; la existencia de muchas y
variadas fuentes del conocimiento científico-técnico; un mercado que lleva a
cabo el proceso de selección de las tecnologías encarnada en los productos que
llegan a él.

La sinergia, los medios y las redes que forman
parte de los procesos de investigación y desarrollo permiten conformar las
cadenas de innovación en donde las mejoras (en productos y en procesos), en un
proceso de competencia, implican a su vez a nuevas mejoras.

c) El papel del gobierno y de las
universidades en el nuevo modo de desarrollo

Después de la guerra fría la competencia se
define a partir de rubros tales como la capacidad para contar con más calidad
y/o más eficiencia en las organizaciones y en las instituciones (particularmente
las de carácter educativo). Dada la creciente importancia de la información
científico-técnica se plantean, como asuntos prioritarios para cualquier país u
organización, tanto el aumento de las credenciales educativas y de la motivación
de la planta laboral como el establecimiento de un marco institucional que haga
posible maximizar las corrientes de información y las vincule con las tareas del
desarrollo.

En el siglo xxi la educación y las habilidades
de la fuerza de trabajo continuarán siendo, a juicio de Thurow (1992), el arma
competitiva predominante. El nuevo modo de desarrollo basado en la economía de
información globalizada le asigna al Estado y a las universidades un papel de
apoyo a las actividades de investigación y desarrollo que llevan a cabo las
empresas.

Los gobiernos deben implantar proyectos que
presenten un alto riesgo o que sean de gran envergadura. Las universidades, por
su parte, deben aportar materia prima para los procesos de innovación
(conocimientos básicos y aplicados y mano de obra sumamente calificada) que
incida en el crecimiento de “centros industriales tecnológicamente avanzados”.
Otra posibilidad de las universidades (o de sus docentes) es actuar directamente
como empresas, “apoyando el proceso de escisión de sus investigaciones en una
red de empresas industriales y de nuevos negocios (Castells y Hall, 1994, p.
322).

5. Los países periféricos y el nuevo modo de
desarrollo

En relación con el papel que desempeñan los
llamados países en desarrollo en la nueva economía de la información en el
ámbito funcional, existen por lo menos dos posiciones: la que niega cualquier
papel relevante que este tipo de países pudiera tener en la guerra del
conocimiento y la que plantea las oportunidades que se les presentan, derivadas
de la emergencia del paradigma basado en la producción informacional.

Los escenarios arriba descritos están
planteados en función de los países que Thurow (1992) identifica como
protagónicos. Los no protagonistas, a juicio de este autor, son aquellos cuya
desaparición de la faz de la tierra no tendría ningún efecto en la economía
mundial. Su enorme deuda externa, su ineficiencia organizacional e
institucional, su alto crecimiento demográfico, su bajo nivel educativo y de
especialización merman sus posibilidades de desempeñar un papel activo en el
nuevo orden mundial. A esto se añaden cuestiones tales como la pérdida de
importancia, en lo económico, que antaño tenían los recursos
naturales.

No obstante, para autores como Pérez (1994, p.
23) el cambio tecnológico “constituye la herramienta más poderosa para lograr
una restructuración exitosa de los países en desarollo”. Desde esta perspectiva
recomienda a estos países: no marginarse de las transformaciones tecnológicas
recientes, tanto en productos como en procesos, que se presentan en la esfera
mundial.

Dada la importancia creciente de la tecnología
de la información, Pérez (1994) plantea la necesidad de sincronizar el avance
tecnológico con los sistemas de educación y capacitación. Desde la perspectiva
de la creatividad, el espacio está abierto para todos. La labor fuerte en un
proceso de cambio consiste en comenzar a construir “redes y sistemas internos,
de acumular experiencias y de generar sinergias para lograr un crecimiento
autosostenido” (Pérez, 1994, p. 39). En los tiempos de cambio, según esta
concepción, los países emergentes pueden alcanzar a los líderes.

II. La crítica a la concepción
instrumental del conocimiento científico-técnico

La necesidad de problematizar las propuestas
relativas al papel que el conocimiento científico-técnico tiene en la sociedad
actual, inscritas en el marco de la racionalidad técnica, busca romper la
inercia que conlleva a la aceptación acrítica de moldes de pensamiento
prestablecidos (versiones únicas de la realidad) que se deben asumir para hacer
frente a las demandas del entorno. El reconocer la existencia de posiciones
contrapuestas ubica el análisis teórico en una perspectiva que trasciende los
límites de una unidimensionalidad paralizante para la que sólo existe un
proyecto (impuesto por medio de la lógica del capital): el de la
reproducción.

1. Las ondas largas de ascenso del
capitalismo y la emergencia del conocimiento científico-técnico

La caída de la tasa media de ganancia es un
resultado inevitable a largo plazo del crecimiento económico capitalista
acelerado. Después de un descenso persistente volvemos a encontrar un incremento
de esta tasa. En la explicación del paso de las ondas depresivas a las
expansivas los factores extraeconómicos (guerras de conquista, ampliación y
contracción del ámbito del capital, lucha de clases, etcétera) desempeñan un
papel muy destacado. Uno de estos factores (por cierto no el único, ni el más
importante) son las revoluciones tecnológicas.

En la interpretación mandeliana, a diferencia
de las que Kondratiev y Shumpeter nos presentan, los proyectos de inversión y
las personalidades innovadoras no desempeñan un papel clave en las explicaciones
sobre las ondas largas de ascenso del capitalismo. Las innovaciones tecnológicas
no se desarrollan a gran escala durante los periodos de estancamiento, dado que
las expectativas de ganancia son reducidas. Durante este periodo se acumulan
inventos no aplicados o aplicados marginalmente que van a ser explotados
intensivamente durante la onda de ascenso de la tasa de ganancia. El capital
acumulado que no fue invertido en la onda recesiva se emplea en la fase
expansiva para hacer posible la explotación de estos inventos. En este sentido,
las ganancias tecnológicas son mayores para las empresas que primero emplean las
técnicas revolucionarias.

Es importante destacar que, de acuerdo con lo
que expone Mandel (1986), el paso de una onda expansiva a una onda recesiva
tiene carácter endógeno, en tanto que la tendencia contraria (de carácter
ascendente) está ligada con factores exógenos: “...esta última depende más bien
de aquellos cambios radicales que se producen en el medio histórico y geográfico
general del modo de producción capitalista, cambios capaces de inducir un
ascenso fuerte y sostenido de la tasa media de ganancia”. Es decir, la
generalización de las aplicaciones técnicas y científicas, que conducen a una
revolución de corte tecnológico, es mediada por las condiciones sociales de
acumulación.

Durante el proceso de consolidación del
capitalismo se manifiesta la tendencia a subordinar el trabajo
científico-técnico (proletarizado) a las necesidades del capitalismo. Esta
relación subordinada permite consolidar el proceso de sustitución de trabajo
vivo por trabajo muerto. Al respecto Mandel (1986) señala lo
siguiente:

La tendencia del
capital a proletarizar... el trabajo científico está directamente
relacionada con la sed insaciable por conseguir más plustrabajo, más
plusvalor y más ganancia, sed continuamente espoleada tanto por la
competencia como por la lucha de clases entre capital y
trabajo.

De tal manera, este impulso insaciable nos
permite entender, como una de las secuelas del proceso de autoexpansión del
capital, el surgimiento de nuevos conocimientos científico-técnicos y de nuevas
tecnologías. En la medida en que éstas desplazan la mano de obra o que imponen
cargas mayores de producción al obrero sin incrementar su salario, se convierten
en un factor que mantiene el beneficio del capitalista.

Al respecto Heilbroner (1989, p. 66) hace el
siguiente señalamiento: “En la medida en que las ganancias capitalistas de
nuestros días emanan de rentas tecnológicas, la explotación del trabajo se torna
cada vez más difícil de identificar visiblemente como trabajo excesivo u obreros
mal pagados.” Después de la larga onda expansiva de la posguerra (en la que se
presenta un fuerte crecimiento de la producción material y una rápida expansión
del mercado mundial como respuesta al ascenso de la tasa media de ganancia) nos
encontramos, a partir de la década de los años setenta, con un brusco descenso
de la tasa media de crecimiento de la economía capitalista. En la medida en que
la revolución tecnológica comienza a generalizarse decaen las superganancias
provenientes de las rentas tecnológicas en las empresas más
importantes.

Con las expectativas de una baja rentabilidad
en lo sucesivo se comienza a observar a finales de la década de los años sesenta
un descenso en la tasa de innovación como resultado de un estancamiento del
gasto revolucionario en información (Mandel, 1986, p. 76). El desarrollo
tecnológico se estabiliza no por una carencia de conocimientos científicos e
innovaciones, sino por problemas de rentabilidad. La desaceleración del
crecimiento económico (que tiene entre algunos de sus indicadores la
sobreproducción, el subconsumo y la subutilización de la capacidad productiva
instalada) torna arriesgada la producción masiva de productos
innovadores.

Por otra parte, si no se ha logrado la
amortización total de la gigantesca inversión de capital realizada durante el
periodo expansivo, resulta improbable que se canalicen de manera masiva nuevas
inversiones haciaotras innovaciones tecnológicas. La prioridad para el
capitalismo, en condiciones de crisis, es “restablecer la tasa de ganancia
mediante un fuerte ascenso de la tasa de plusvalor (es decir, de la tasa de
explotación de la clase obrera” (Mandel, 1986, p. 87). Esto último nos permite
entender el hincapié de economías como la japonesa, en la innovación de procesos
más que de productos (Aoki, 1990).

2. El conocimiento científico-técnico en los
escenarios de la adaptación destructiva del capitalismo

Las perspectivas de una nueva onda larga
expansiva, basadas en las actuales tendencias, plantean como
prerrequisitos:

...Un desempleo
masivo crónico orientado, a la larga, a erosionar los salarios reales y la
confianza (que tienen en sí mismos) los trabajadores, su combatividad, su
organización, así como a incrementar significativamente la intensidad del
trabajo, llevando a una pronunciada subida de la tasa de plusvalor;
desvalorización masiva del capital mediante la creciente eliminación de
empresas no eficientes, no (sólo) pequeñas y medianas, sino también
grandes, incluidas muchas multinacionales (esto es, mediante un nuevo
salto hacia la concentración y centralización del capital, no sólo a
escala nacional, sino especialmente a escala internacional); nuevos modos
de reducir, al menos en términos relativos, los costos de equipamiento,
materias primas y energía; aplicación masiva de nuevas innovaciones
tecnológicas (ahorradoras de mano de obra); nueva aceleración
revolucionaria de la tasa de circulación del capital (Mandel, 1986, p.
94).

Los avances en la automatización y la
robotización hacen factible la configuración de un escenario como el que se
describe. Este escenario nos indica, por un lado, la capacidad del capitalismo
para adaptarse a los cambios y, por el otro, los altos costos que en términos
sociales se habrán de pagar por esta adaptación destructiva del
capitalismo.

Cuestiones tales como la miseria (que afecta a
más de dos tercios de la población del planeta) y el desempleo con tendencias a
la agudización (a los que no se les concede la suficiente importancia en los
paradigmas de orden científico-técnico) pueden desencadenar problemas que
alteren gravemente el orden socio-político y a los que posiblemente se dé
respuesta por medio del recorte de las libertades democráticas.

Otro problema emergente en este sentido
(carente de una respuesta específica desde el punto de vista de la racionalidad
técnica) es el de la capacidad científica y técnica “subyugadas al móvil de la
ganancia privada” para responder a los altos costos que tiene para el medio
ambiente esta adaptación destructiva. La apuesta a la inagotable capacidad de la
tecnología para dar salida a la crisis económica (y por esa vía enfrentar
problemas complejos de diversa índole), concebida desde una perspectiva
unilineal, presenta muchas limitantes.

La visión relativa al crecimiento económico,
que se plantea desde esta perspectiva, no es compatible con el mejoramiento de
la calidad de vida de las mayorías, a las que los modelos recientes de
innovación tecnológica, basados en el conocimiento de élite, parecen no tomar en
cuenta. La brecha entre países pobres y países ricos es cada vez más profunda.
La promesa de un mejor nivel de vida a partir del empleo de tecnologías modernas
no ha cristalizado. Los logros de la sociedad industrial no han llegado aún a
los países del sur, y éstos siguen enfrentando en su mayoría el problema de
satisfacer sus necesidades básicas.

La situación del llamado Tercer Mundo parece
importar muy poco a los países desarrollados capitalistas, que están
restructurando sus procesos de acumulación y plantean que estas regiones
prácticamente no tiene cabida en el nuevo orden global en el que las materias
primas han dejado de ser un factor de peso en la nueva “economía de la
información”. Muchos de estos países pueden desaparecer sin que su ausencia se
note o tenga un efecto decisivo en la economía mundial (Thurow,
1992).

3. El cuestionamiento epistémico a la
perspectiva instrumental del conocimiento científico-técnico

a) La importancia de la
multidimensionalidad

El quehacer científico-técnico y los paradigmas
asociados a él deben abrirse a las aportaciones de otros campos del conocimiento
y asumir una actitud más crítica en relación con el manejo de los productos que
generan. Es importante cuestionar “las formas de institucionalización y
legitimación de un saber fraccionado, producido en los departamentos
especializados de los centros de investigación... reproducido en la curricula...
dentro de las instituciones de educación y aplicado en las funciones
sectorializadas de la planeación y de la administración pública”. (Leff 1986, p.
10). La integración de conocimientos rompe la perspectiva unidimensional de los
paradigamas basados en el predominio del saber científico-técnico (Marcuse,
1969) y permite articular los procesos ecológicos, culturales, tecnológicos y
políticos como parte de un todo.

Las respuestas a problemas complejos no se
pueden derivar de disciplinas o campos aislados del conocimiento. Desde esta
perspectiva, las posibles “soluciones” llegan a generar más problemas que los
que intentan resolver, al no tomar en consideración variables fundamentales no
consideradas por las especialidades. Este sería el caso del conocimiento
científico-técnico que se genera y se aplica (orientado por la maximizacion de
beneficios) al margen de sus posibles efectos físicos o sociales. De tal manera,
fenómenos tales como “el incremento exponencial de la producción de residuos y
desechos contaminantes”, el gasto irracional de energía y recursos naturales, la
degradación de la calidad ambiental y la concentración excesiva de la riqueza,
aparecen asociados con los procesos de innovación tecnológica (basados en un
desarrollo científico-técnico “neutro” y legitimador) concebidos desde una
perspectiva unidimensional.

No es posible seguir ubicando a la tecnología
(que toma como fundamento el conocimiento científico-técnico) como “un parámetro
constante administrado por una secta especializada” (Tudela, 1991). Esta es una
variable que interrelacionada con otras variables permite explicar, desde una
perspectiva multidimensional, la realidad a partir de recortes conceptuales,
espaciales y temporales.

Las posibilidades que tiene el conocimiento
científico-técnico (concebido de manera instrumental) de incidir de manera
efectiva en la resolución de problemas complejos se restringen más cada vez. En
este sentido, la Fundación Friedrich Ebert (1987, p. 5), en Nuestro futuro
común, señala que: “la velocidad con que se da el cambio (que altera
radicalmente los sistemas del planeta) está sobrepasando la habilidad de las
diferentes disciplinas científicas y nuestra misma capacidad para evaluar y
aconsejar”. Por esta razón es necesaria la construcción de “un conocimiento
capaz de captar la multicausalidad y las relaciones de interdependencia de los
procesos de orden natural y social que determinan los cambios socioambientales,
así como para construir un saber y una racionalidad social orientados hacia los
objetivos de un desarrollo sostenible, equitativo y duradero” (Leff, 1994b, p.
17).

La necesidad de insertar el conocimiento
científico técnico en un nuevo marco epistémico de conocimiento integrado va más
allá de “una concepción errónea sobre la fusión de la ciencia con la tecnología,
que reduciría el conocimiento de lo real a un saber como transformar, dominar y
controlar la realidad (Leff, 1994a). El replanteamiento de cuestiones tales como
la multidisciplina, la interdisciplina y la transdisciplina está asociado con la
idea de construir una nueva racionalidad productiva (opuesta a la racionalidad
dominante) en la que se consideren los valores culturales de las comunidades,
las condiciones ecológicas de las diversas regiones y las estrategias políticas
de desarrollo de un país (Leff, 1986, p. 102).

b) Diálogo y competencia de
interpretaciones

Ante el avance de la racionalidad instrumental
que se impone desde la lógica del poder (que busca la preservación del sistema),
como única versión de la realidad, es necesario recuperar la acción comunicativa
como una posibilidad de construir y reconstruir esta realidad desde una
perspectiva crítica y problematizadora. El encuentro intersubjetivo que nos
propone Habermas (1989) permitirá pasar de los consensos adscritos (o impuestos)
a los consensos adquiridos (en donde lo fundamental son “las contribuciones
cooperativas que en la acción comunicativa han de hacer los propios
agentes”).

La acción comunicativa establecida a partir de
la competencia de interpretaciones se convierte en “un centro virtual de
autoentendimiento” a partir del cual los espacios públicos de opinión pública
desarrollan un saber sobre sí mismos (Habermas, 1989, p. 425). La razón
instrumental, encarnada por el poder político y económico, es incapaz de
traducir organizativamente el saber intersubjetivo que la sociedad posee acerca
de sí misma (esto último se demuestra en la imposibilidad o incapacidad que
tiene para introducir mejoras fundamentales en las condiciones de vida de la
población en general). Estos poderes, amparados en criterios de racionalidad
técnica, han dejado de resolver problemas en muchos aspectos y se convierten en
fuente de los mismos.

La propuesta habermasiana, ante el proceso de
desengaño respecto a los poderes político y económico, se orienta a la
conformación de una nueva conciencia que busca domesticar no sólo a la economía
capitalista, sino también al propio Estado. Por ello, ante la planeación
administrativa de la existencia, Habermas plantea la necesidad de proteger el
intercambio entre sistema y mundo de vida, y de que los “impulsos provenientes
del mundo de vida penetren en la autorregulación de los sistemas
funcionales”.

Esto exige un cambio de relación entre espacios
autónomos autorganizados (que surgen y se mantienen de manera independiente del
sistema político y cuentan con la fuerza de la autorganización que la
solidaridad posee), por un lado, y los ámbitos de acción regulados mediante el
dinero y el poder... En los nuevos movimientos autónomos surgidos a raíz de la
crisis global, y fundados a partir de la acción comunicativa, convergen la
crítica a la razón instrumental y una nueva manera de pensar la realidad por
medio del intercambio intersubjetivo.

Frente a la unidimensionalidad y a la
hiperespecialización del conocimiento generado por expertos, se plantea entonces
como opción la multidimensionalidad epistémica y práctica. Algunos de los
elementos que llegan a formar parte de los discursos, las estrategias y las
demandas de estos espacios autónomos organizados son:

Una mayor
participación en los asuntos políticos... su inserción en los movimientos
por la democratización... la defensa de los recursos y su ambiente... la
búsqueda de nuevos estilos de vida y patrones de consumo... nuevas formas
de lucha apartadas de los sistemas institucionalizados y
coorporativistas... la organización en torno de valores cualitativos
(calidad de la vida)... la crítica a la racionalidad económica fundada en
la lógica del mercado, la maximización de la ganancia, la eficiencia y la
productividad tecnológica (Leff,
1994b).

Conclusiones

De manera paralela al aumento de la importancia
del conocimiento científico-técnico se observa el incremento del papel que la
teoría, ubicada en el espectro de la racionalidad instrumental, le confiere a
éste en el crecimiento económico. De tal manera, en lo que autores como Castells
denominan nuevo modo de desarrollo informacional, la empiria queda desplazada
(aunque no del todo, dada la subsistencia del conocimiento tácito) por un
conocimiento articulado y/o especializado.

Desde esta perspectiva, los escenarios de las
regiones que ganan se configuran en los centros en los que las innovaciones, la
alta tecnología y las redes de conocimiento son una constante. Al gobierno y a
las instituciones educativas de nivel superior les son asignadas funciones
básicas de apoyo a estos procesos. Los países periféricos se vislumbran, dentro
de estos escenarios, a partir de dos posiciones: la que señala la carencia de
posibilidades de acceso a este nuevo modo de desarrollo y la que plantea la
posibilidad que tienen de insertarse en los procesos de cambio en la medida en
que aprovechen las nuevas oportunidades de desarrollo.

La innovación y el desarrollo
científico-técnico como base de la economía de la información, al centrarse de
manera unilineal en el desarrollo tecnológico aplicado a procesos y a productos,
deja de lado la multicausalidad y la interdependencia de fenómenos de orden
natural y social. Esta perspectiva genera o consolida problemáticas no
vislumbradas por muchos de los paradigmas de la innovación y el cambio
tecnológico ubicados en la perspectiva funcional.

El quehacer científico proletarizado y
subordinado al capital se orienta al incremento eficiente de la rentabilidad (el
desarrollo científico-técnico ocurre básicamente durante las ondas largas
favorables al proceso de acumulación de capital), al margen de consideraciones
valorativas o de carácter ético-político. El desempleo crónico, la imposición de
cargas mayores de trabajo sin repercusión al salario, el efecto negativo en la
calidad de vida de los trabajadores y en el medio ambiente, son algunos aspectos
que no se encuentran dentro de las reflexiones fundamentales de los teóricos que
exaltan los escenarios económicos prefigurados por el nuevo orden económico
metropolitano. Estos son algunos aspectos que ponen de manifiesto la
irracionalidad que subyace al reciente modo de desarrollo
informacional.

A pesar de que algunas de las nuevas tesis
acerca de la innovación tecnológica buscan superar las insuficiencias de la
teoría neoclásica (concepción estática y ahistórica de la realidad...
insuficiente papel concedido a las instituciones... concepción estática de
equilibrio (Hualde, 1993) y de que incluyen entre sus preocupaciones el problema
ambiental, finalmente prevalece en ellas una orientación instrumental relativa
al conocimiento científico-técnico y a la tecnología.

Para autores como Dosi (1988) lo fundamental en
un proceso de innovación es la búsqueda, el descubrimiento, la experimentación,
el desarrollo y/o la imitación de nuevos productos y procesos. Nelson (1988)
concuerda con lo planteado por Dosi y subraya el cambio tecnológico como un
elemento básico del funcionamiento de la economía moderna. Para él las
innovaciones tecnológicas presentan un carácter acumulativo e
irreversible.

Hualde (1993) señala que la “alta acumulación
de saberes” constituye un requisito indispensable para el progreso en algunos
aspectos relacionados con el cambio tecnológico. En estos discursos el objetivo
implícito o explícito sigue siendo la rentabilidad (en una sociedad que en los
hechos se asume como terminal), al margen de consideraciones éticas, sociales
culturales y ecológicas. En este sentido la acumulación de capital, por la vía
de conocimientos y tecnologías que se generan a partir de medios cada vez más
refinados sigue siendo, tal como lo señala Heilbroner (1989), el centro de la
vida económica, política y social de las naciones capitalistas.

Ante las perspectivas excluyentes, implícitas
en este modo de concebir la modernización económica, es necesario impulsar
acciones y procesos centrados en la acción comunicativa por medio de la que se
posibilite el paso de los consensos impuestos a los consensos adquiridos. El
involucramiento necesario de la opinión pública en esta competencia de
interpretaciones permitirá configurar otros posibles escenarios, particularmente
para los países periféricos.

Febrero, 1996

Referencias
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La influencia de la biotecnología en la agricultura mexicana: Estudios de caso

Michelle Chauvet
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
mcs@hp9000a1.uam.mx Yolanda Massieu
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
ymt@hp9000a1.uam.mx

La influencia de la biotecnología en la agricultura mexicana: Estudios de caso

Michelle Chauvet
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
mcs@hp9000a1.uam.mx Yolanda Massieu
Profesora-investigadora del Departamento de Sociología, uam-Azcapotzalco.
ymt@hp9000a1.uam.mx

optó por la exposición caso por caso pues se trataban efectos muy diferenciados y en distintos estados de aplicación biotecnológica. Finalmente se ofrecen conclusiones preliminares de cada caso expuesto y se concluye con planteamientos generales respecto a la posibilidad de que la agricultura mexicana adopte un nuevo patrón de modernización biotecnológica.

Introducción

En
el ámbito mundial las aplicaciones de la biotecnología en la agricultura y el
medio ambiente han sido más limitadas que las predicciones que se hicieron al
respecto desde la década de los años setenta. Sin embargo, hay varias
innovaciones que han traspasado el umbral del laboratorio y/o de la prueba
piloto y que ya tienen un uso comercial de varios años que nos permiten evaluar
su influencia. En este trabajo se presentan algunos elementos respecto a esta
influencia, mismos que difieren de aquellos sucedidos en los países
desarrollados.

A nuestro juicio, los intereses en juego son
distintos, si atendemos al hecho de que son diferentes los entornos
socioeconómicos en los que se desarrollan las agriculturas de un grupo de países
y de otro. Por ejemplo, en las naciones industrializadas los efectos de la
biotecnología tienen un espectro más amplio, que van desde los incrementos en la
productividad de la fase primaria hasta la protesta por parte de los
consumidores por la aplicación de avances de la ingeniería genética en la
elaboración de saborizantes, aditivos y conservadores alimenticios e incluso de
alimentos.

Por parte de los grupos ambientalistas también
hay creciente preocupación por la liberación en los campos cultivados de plantas
modificadas genéticamente, pues se desconocen los efectos que podría tener la
interacción de estas plantas con otros organismos del ecosistema.

El eje de la controversia radica en que la
carta de presentación de la biotecnología era su armonía con el medio ambiente;
sin embargo, aunque los avances biotecnológicos llamados de tercera generación
se involucran en el código genético de las plantas y animales, base de la
alimentación humana, estas aplicaciones transgénicas no necesariamente dañan a
la naturaleza.

Se ha albergado la esperanza de que con la
utilización de la biotecnología mejore el cuidado del medio ambiente; de hecho,
esto sería posible en la medida en que existan avances con semillas y variedades
vegetales transgénicas cuyo objetivo sea producir plantas que contengan su
propio bioinsecticida y/o biofertilizante. Sobre todo en el cultivo de
hortalizas es imperiosa la disminución de agroquímicos que frenen el deterioro
ambiental.

En países como México, las biotecnias se
aplican en busca de un mayor rendimiento para aquellos sectores agropecuarios de
exportación o de mayor desarrollo tecnológico; sin embargo, el público en
general ignora los métodos empleados en la elaboración de los alimentos, y esta
falta de conocimiento y de organización de los consumidores es la razón de que
no existan movimientos opositores a su aplicación en la producción agropecuaria
o en la industria alimentaria.

De hecho, el déficit alimenticio y la
dependencia hacia el exterior en este rubro modifican la escala de valoración de
los efectos de la biotecnología en relación con la que prevalece en las
sociedades más desarrolladas; aquí importa más el acceso a los alimentos que el
origen de los mismos. En otras palabras, no existe un cuestionamiento acerca de
los métodos empleados en la producción alimentaria, ya sean éstos agresivos
hacia el medio ambiente o la salud; importa más el incremento en los
rendimientos y la producción que permitan ofrecer a la población grandes
volúmenes de alimentos y a un precio accesible.

Por lo anterior, nos inclinamos por considerar
que los efectos de las nuevas tecnologías en la agricultura deben ser evaluados
de manera particular, porque a pesar de que se trate de un mismo cultivo o
aplicación biotecnológica, las condiciones diversas determinan que sus efectos
sean distintos.

Así, en este trabajo se presentan los
resultados de estudios de caso que se tienen en relación con las innovaciones
tecnológicas en esta materia, con el fin de aproximarnos a la respuesta de una
serie de interrogantes. La aplicación de la biotecnología en la agricultura
mexicana es ya un hecho, pero por ello ¿podemos considerarla una agricultura
moderna?; ¿este desarrollo ha sido exógeno o endógeno?; ¿a qué sectores ha
beneficiado su introducción?; ¿la biotecnología ha orientado la producción
agropecuaria hacia un desarrollo sostenible?; ¿qué perspectivas ofrece este
avance tecnológico?

I. La biotecnología y la
agricultura mexicana

La agricultura mexicana quedó excluida de las
prioridades nacionales en los pasados doce años. La estrategia de desarrollo se
ha fincado en dejar en manos del mercado el curso de la economía, con el retiro
del Estado de su desempeño protagónico en varios procesos productivos,
financieros y de servicios. En este modelo, el sector agropecuario deja de ser
fundamental para el abasto interno y se instaura con mayor fuerza la política de
ventajas comparativas como medio para proveer de alimentos y materias primas al
país. El resultado ha sido la caída de la rentabilidad y la descapitalización
del sector agropecuario. El costo social y ecológico también ha sido
considerable, lo cual se comprueba por el deterioro en la calidad de vida de la
población rural y de los recursos naturales, la profundización de la pobreza y
el crecimiento de las migraciones.

El sector agropecuario está sumido en una
profunda crisis que, tanto por su duración como por sus características, se ha
convertido en su constante. Sin embargo, frente a estas circunstancias los
productores agrícolas y ganaderos han adoptado distintas estrategias, algunas
más exitosas que otras, con miras a resolver las adversidades. Ciertamente hay
cultivos que el sector empresarial produce que ni han sido desplazados por la
competencia extranjera –como la papa que en el Tratado de Libre Comercio quedó
protegida– ni han dejado de tener éxito, al tratarse de productos agropecuarios
de exportación, como la flor y el jitomate. Es justamente en estos cultivos en
los cuales se ha aplicado la biotecnología. No podía ser de otra manera, pues
esta tecnología de punta es la que ha permitido su permanencia en el
mercado.

Por el modo en que se ha aplicado la
biotecnología hasta ahora, todavía no se puede sostener que se haya implantado
un nuevo patrón tecnológico para la agricultura, más bien presenciamos una
combinación de métodos provenientes de la revolución verde y, dada la
heterogeneidad de los sistemas productivos, es común que para un mismo cultivo
coexistan tanto los modos más tradicionales de producción como los más modernos,
dando como resultado una agricultura de contrastes. A continuación exponemos los
estudios de caso realizados hasta la fecha en productos en los que ya existen
aplicaciones de la biotecnología.

II. Estudios de
caso

En términos generales, la superficie
susceptible de ser afectada por la biotecnología abarca hasta el momento a los
cultivos de flor, papa y jitomate y, en cuanto a la producción lechera
estabulada, al ganado especializado. El efecto de la biotecnología en el sector
agropecuario mexicano es aún muy acotado. En cuanto a superficie, corresponde al
0.007% del total y del hato ganadero; las vacas exclusivamente destinadas a la
producción lechera, que son las candidatas a ser tratadas con la hormona del
crecimiento para producción lechera, conocida como somatotropina, son el 16% de
los vientres en existencia. Estas cifras evidencian que el efecto de la
biotecnología es muy limitado para el sector agropecuario en su conjunto y que
sus efectos son de carácter específico por producto; de ahí la decisión de
presentar uno por uno los casos, con hincapié en los cambios que se han operado
y dejando de lado las potencialidades que la biotecnología ofrece.

1. El cultivo del jitomate

El jitomate es uno de los productos hortícolas
mexicanos más importantes. La horticultura representa más riesgos para la
comercialización que los granos básicos, pero la utilidad esperada es mucho
mayor. Muchos productores de hortalizas han creado condiciones y relaciones que
les permiten obtener ganancias considerables en la mayoría de los ciclos. Otros
operan mediante contratos de producción con empresas transnacionales (et), lo
que casi siempre les asegura una utilidad mayor que la que obtendrían con otros
cultivos. También los agricultores que trabajan con agromaquilas como socios
menores cuentan con un método seguro.

La actividad hortofrutícola nacional genera 1
220 000 empleos, de los cuales 970 mil son directos (almácigos, preparación de
terrenos, siembra, aplicación de agroquímicos, recolección, selección y empaque)
y 250 mil son indirectos (distribución, transportación, semillas, material de
empaque, agroquímicos y comercialización) (cnph, 1990). Es decir, 20% de la pea
en el área agrícola (6 100 000 personas) corresponde a actividades
hortofrutícolas (cnph, 1990). Se calcula que el jitomate genera millones de
jornales sólo en Sinaloa (Rudiño, 1996). El jitomate es la hortaliza más
importante para procesamiento en términos de valor y volumen. México se
encuentra entre los once principales países productores de jitomate procesado,
entre Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Grecia, España, Portugal,
Turquía, Israel y China (Banco Mundial de Datos, 1993).

Los costos de producción han seguido una
tendencia creciente. Una parte considerable corresponde al costo en mano de
obra, cerca de 20%, renglón en el que México tiene una ventaja comparativa
importante, pues los jornales fluctúan entre 3 a 4.5 dólares por día, mientras
que en Estados Unidos van de 5 a 6 dólares la hora. Considerando que el jitomate
requiere gran cantidad de mano de obra, la diferencia es cuantiosa.

El cultivo de esta hortaliza es un negocio de
alta rentabilidad y es sumamente especulativo, si se combinan altos rendimientos
con buenos precios en la temporada. Es un cultivo sujeto a múltiples situaciones
impredecibles; por ejemplo, en el ciclo 1989-1990 aumentaron las importaciones
de jitomate por parte de Estados Unidos, al darse simultáneamente condiciones
favorables en México y exceso de lluvias en la Unión Americana. Fenómenos como
estos provocan alzas desmesuradas del precio, como en 1992, cuando las
constantes lluvias que se presentaron en enero y diciembre ocasionaron que el
producto se encareciera notablemente (Crisantes, 1992).

En México la producción de jitomate es cíclica,
es decir, en el periodo comprendido de invierno a primavera se obtuvo el 75% de
la producción anual y en el de verano a otoño el 25% restante. De la superficie
nacional cultivable, 3.5% está dedicada al cultivo de hortalizas, y dentro de
ésta, el jitomate ocupa el 22.6% (sarh, 1993).

La superficie cosechada, el volumen y el valor
de la producción en el periodo 1987-1993 se expone en el cuadro 1, el cual
evidencia los aumentos en los tres rubros durante el periodo. En promedio, en
1989 el costo de producción de una caja de 12 kg fue de 5.5 dólares
aproximadamente (Síntesis Hortícola, 1990) y en 1992 de 6.5 dólares (American
Farm Bureau, 1992). En México el jitomate se produce en diez estados, entre
ellos destacan Sinaloa, Baja California, San Luis Potosí y Nayarit, que producen
el 75%; a su vez, son las entidades con mejores rendimientos. El jitomate
mexicano es un producto competitivo que cuenta con un mercado sólido, tanto en
el interior como en el exterior, y con posibilidades de expansión.

cuadro 1
principales
indicadores de la producción
de jitomate en méxico
(1987-1993)

Año

Superficie
cosechada
(Hectáreas)

Volumen
(Toneladas)

Valor
(Miles de pesos)

1987

28 995

802 293

282 886 753

1988

31 401

883 003

475 975 437

1989

39 420

1 054 339

533 258 321

1990

81 545

1 885 277

1 471 594 686

1991

78 710

1 860 350

1 897 367 920

1992

77 539

1 696 639

––––

1993

75 222

1 692 651

2 542 746 863

Fuente: Instituto Nacional de Estadística, Geografía e
Informática (inegi),
El sector agroalimentario, (1994, p. 59);
Secretaría de Agricultura y
Recursos Humanos (sarh), Anuario
estadístico de la producción agrícola
de los Estados Unidos
Mexicanos
, tomo I, (1993, p. 321).

El volumen producido de jitomate creció 4.9%
entre 1990 y 1993 y su proporción respecto al total de exportaciones se mantuvo
en 0.01% entre 1990 y 1993, mientras que esta cifra para el total de
exportaciones de frutas y hortalizas fue de 54.4% en 1990 y de 66.7% en 1993
(sarh, 1994). La ventaja comparativa del jitomate mexicano es evidente si se
comparan los costos de producción en Sinaloa y Florida, pues éstos casi se
duplican en el estado de la Unión Americana, y sucede lo mismo con los
rendimientos –que se duplican respecto a los de México–, por lo cual, la
diferencia en el costo por cartón por hectárea es mínima a pesar de los menores
costos del jitomate mexicano. De esta diferencia en rendimientos se deriva que
México, aunque tiene ventajas comparativas importantes que hacen sus costos
mucho menores, éstas no se enfocan a la productividad.

De aquí se desprende la necesidad de invertir
en tecnología y la conveniencia de usar variedades resistentes a distintos
factores para obtener mejores rendimientos o con características especiales que
permitan incrementar su aceptación en el mercado internacional, agregando valor
e incrementando la productividad.

En el cuadro 2 se muestran el volumen y el
valor de las exportaciones de jitomate de 1986 a 1994.

cuadro 2
exportaciones de
jitomate
(Dólares)

Año

Volumen
(Kilogramo)

Valor
(Dólares)

Total
nacional
(Dólares)

1986

588 323 000

407 665 000

16 030 999 000

1987

516 444 000

200 039 000

20 657 633 000

1988

466 544 000

242 586 212

19 691 701 166

1989

439 132 000

198 916 145

21 800 375 057

1990

392 157 129

428 380 342

24 849 953 138

1991

443 192 000

261 739 000

27 175 096 000

1992

196 976 000

151 494 000

28 216 940 000

1993

442 469 000

362 308 000

33 393 907 000

1994 (julio)

326 664 000

33 598 126 000

Fuente: secofi (1994,
p. 467).

Los aranceles para el jitomate mexicano en
Estados Unidos van de 3.3 a 4.6 centavos de dólar por kg y también existen
barreras no arancelarias, como las órdenes de comercialización (reglamentación
que opera en razón del monto total de la oferta interna) y las reglamentaciones
fitosanitarias y de salud. Las importaciones se refieren sobre todo a jitomate
procesado. Su volumen aumentó 44% entre 1988 y 1991 y su valor en 737%. De estas
importaciones, el 99% proviene de Estados Unidos y el resto corresponde a
Guatemala y Canadá. El valor de las importaciones no es despreciable, aunque no
se compara con el de las exportaciones de jitomate fresco.

En el Tratado de Libre Comercio, el jitomate
está considerado entre los productos susceptibles de salvaguardas especiales
para Estados Unidos y Canadá y se encuentra en las listas de estos países de la
siguiente manera: Canadá: jitomates que no sean enteros (pasta de jitomate);
Estados Unidos: jitomates (menos jitomate tipo cereza), frescos o congelados, si
son importados durante el periodo de noviembre 15 al último día de febrero
siguiente, inclusive. Jitomates (menos jitomate tipo cereza) frescos o
congelados. Si son importados durante el periodo de marzo primero a julio 14,
inclusive. La salvaguarda especial consiste en aranceles-cuota, es decir,
aplicar una tasa arancelaria sobre el excedente de cuota o tomar una medida de
urgencia (secofi, 1993).

Destaca el hecho de que México no tiene
establecido en el acuerdo comercial ninguna protección frente a la posibilidad
de importaciones de jitomate, y que Estados Unidos dedica toda su protección a
los jitomates frescos, de los cuales México es su principal abastecedor durante
el invierno, mientras que Canadá sí establece protección hacia las importaciones
de jitomate procesado a modo de puré.

La producción de jitomate enfrenta problemas
como la dependencia tecnológica y comercial, la falta de financiamiento, el
crecimiento de costos por el factor inflacionario y devaluatorio, altos
aranceles en los mercados tradicionales, proteccionismo fitosanitario en el
extranjero y la diversificación de los mercados. Aun así, es un cultivo
rentable, para quien tenga la capacidad económica de sostenerse ante las
oscilaciones de precios y el alza de costos, y es uno de los principales
productos de exportación de México.

Quizá la principal dificultad a vencer es que
el jitomate es sumamente perecedero y requiere de transportación rápida y
eficiente; de no ser así, este factor se puede convertir en causa de grandes
pérdidas. Aquí es donde desempeña un papel importante la biotecnología, con las
semillas transgénicas. Hasta ahora, el primer jitomate transgénico que ha salido
al mercado en Estados Unidos estaba programado para sembrarse en México,
California y Florida en 1995 (dialog, 1994). Dicho jitomate transgénico se llama
Flavor Saver (flvr svr), es de la compañía Calgene, y se ha comercializado como
MacGregor. Proviene de semillas que han sido modificadas genéticamente para
hacer más lenta la pudrición del fruto; se dice que tiene tres semanas de vida
de anaquel y un mejor sabor que los jitomates tradicionales.

El jitomate incorpora un nucleótido que bloquea
la expresión del gen de la poligalacturonasa del jitomate. Esta enzima es
responsable del rompimiento de la pectina, lo que hace que el jitomate madure.
El bloqueo de la enzima hace al jitomate más fresco y firme. El proceso
patentado por Calgene implica quitar un gen en la semilla de jitomate que causa
el deterioro, invertir la estructura del dna de dicho gen y reinsertarlo en la
semilla. Ello produce un jitomate firme y de buen sabor que no se pudrirá antes
de 2.5 semanas. Estrictamente no se trata de un producto transgénico, sino de
uno modificado genéticamente, porque lo que se hace es sólo bloquear al gen que
provoca la maduración, a partir de un gen que ya estaba en la planta.

Por lo anterior, Calgene no necesitaba la
aprobación de la Food and Drugs Administration (fda), entidad oficial encargada
de autorizar la venta de alimentos y medicamentos, pero consideró que era mejor
tenerla para enfrentar cualquier riesgo que surgiera en los consumidores. La
compañía planteó que existía la remota posibilidad de clasificar al gen marcador
como un aditivo alimenticio y que, por tanto, caía bajo la jurisdicción de la
fda. Los lineamientos de la fda en cuanto a alimentos transgénicos a la fecha
consideran que las aprobaciones deben analizarse caso por caso y que los cambios
genéticos pueden considerarse aditivos alimenticios.

Este jitomate modificado genéticamente fue
autorizado por la fda en el primer semestre de 1994. Ha habido protestas de
grupos de consumidores que no están de acuerdo con la comercialización de
alimentos modificados genéticamente y que realizan una campaña de boicot al
consumo del jitomate. Sin embargo, al parecer, a la fecha Calgene ha tenido
éxito en las ventas, a pesar de que el jitomate se comercializa a un precio más
alto que los tradicionales.

Calgene invirtió cinco años y 25 millones de
dólares para desarrollar el jitomate y esperar la aprobación gubernamental. La
aprobación de la fda ha sido impugnada por los productores de jitomate de
Florida, quienes consideran que atenta contra sus intereses durante una estación
en especial mala para la producción. La aprobación del jitomate flvr svr abre
todo un campo para otros alimentos transgénicos. Se anticipan muchos resultados
positivos, incluyendo mejor sabor, bajo contenido de grasas, alimentos más altos
en proteínas que requieren menos fertilizante, pesticidas y agua para producir.
Calgene hace hincapié en la seguridad de sus técnicas de adn recombinante y dice
que la reacción del consumidor al flvr svr ha sido buena.

Dna Plant Technology Corporation (dnap) está
desarrollando un jitomate similar al de Calgene mediante la manipulación
genética. Se considera que este jitomate puede tener mayor éxito comercial que
el de Calgene porque puede llegar a tener hasta tres meses de vida de anaquel.
El jitomate flvr svr está saltando el limitado mercado en California e Illinois
que ha tenido hasta ahora y los jitomates saben mejor que sus competidores, los
jitomates de invierno. Dado que estos últimos son abastecidos principalmente por
México, la expansión de las ventas del flvr svr representa un riesgo potencial
para las exportaciones mexicanas.

Hay que tomar en consideración, por otra parte,
que el uso de esa variedad también podría beneficiar a los productores mexicanos
para expandir su mercado a otros lugares, como Canadá, o ganar presencia en el
abastecimiento a la industria de procesamiento al brindar un jitomate de mayor
calidad. Otras aplicaciones biotecnológicas al cultivo del jitomate en el mundo
comprenden el jitomate israelí resistente a virus, un jitomate resistente a
insectos desarrollado por la compañía hindú Proagro, y en México existe en el
Centro de Investigación y Estudios Avanzados (cinvestav), de Irapuato, la
tecnología para desarrollar jitomate resistente a insectos, aunque este esfuerzo
no ha tenido un desarrollo empresarial a la fecha (Lorence, 1992).

Como conclusión respecto a este caso, podemos
decir que el dinamismo y la rentabilidad sostenida de las exportaciones de
jitomate mexicano se enfrentan actualmente a problemas relacionados con el
comercio bilateral y de orden tecnológico, pues a pesar de tener ventajas
comparativas importantes ante Estados Unidos, como los bajos salarios, no tiene
suficiente competitividad en cuanto a rendimientos. Esta falta de competitividad
podría solventarse aplicando biotecnología, lo cual, a la fecha, se hace en la
producción jitomatera de Estados Unidos, atentando contra las exportaciones
mexicanas. Los jitomateros mexicanos, por tanto, se encuentran en la disyuntiva
de invertir en la aplicación de biotécnicas para lograr mayor competitividad y
desarrollar mecanismos negociadores en defensa de sus intereses dentro del tlc y
de los foros internacionales, o de otra manera este mercado de exportación
tradicional disminuirá considerablemente en los tiempos por venir.

2. El cultivo de papa

La estructura productiva del cultivo
corresponde con la predominante en todo el sector agropecuario, de coexistencia
de sectores tradicionales con modernos. Las condiciones de producción de unos y
otros difieren desde la variedad de semilla de papa que siembran hasta el tipo
de insumos y técnicas de cultivo que utilizan. No obstante, se enfrentan a
problemas similares, como el de contar con una semilla sana que pueda ser
multiplicada varios años. Los productores modernos están en posibilidades de
comprar semilla libre de virus que les garantice su producción por varios ciclos
con un buen rendimiento. Los productores tradicionales se limitan a la selección
de sus mejores tubérculos para usarlos como semilla en la cosecha siguiente. El
primer sector se compone de empresarios que abastecen el mercado interno, con
semilla y/o con papa en fresco y de los que solamente proveen a la industria de
frituras. Ambos tienen acceso a la tecnología de punta, pues están en
condiciones de costearla y aprovechar sus ventajas, tal es el caso de algunos
productores que poseen laboratorios de cultivo de tejidos y producen su propia
semilla. Por su parte, los pequeños agricultores obtienen ésta a partir del
material cosechado, y producen para el autoconsumo y mercados
regionales.

En el mercado internacional de la papa, México
no desempeña un papel importante. En cuanto al mercado nacional, la producción
de semilla y papa en fresco se encuentra protegida. Desde 1991 quedó prohibida
la introducción de semilla para siembra, la cual se importaba fundamentalmente
de Holanda y Canadá. No así la papa prefrita y congelada que consumen hoteles y
restaurantes. Las fuentes nacionales de materiales de siembra son: i) lo que se
retiene de la cosecha; ii) materiales obtenidos en áreas de menor endemia de
virus en las más elevadas altitudes, incluyendo Sonora y Sinaloa, y iii)
pequeñas cantidades producidas regionalmente usando cultivo de
tejidos.

Es precisamente en la semilla de papa donde se
encierra el potencial de la biotecnología, tanto para aumentar las toneladas
obtenidas por hectárea como en la protección del medio ambiente, al bajar o
eliminar las cantidades de pesticidas o fungicidas. Las plantas transgénicas de
papa pueden lograr distintos fines: resistencia a virus, a insectos, a hongos y
a herbicidas, y aumentar la calidad nutricional del producto. En el entorno
mundial se está trabajando en todas estas líneas; Monsanto es la empresa que más
ha avanzado en cuanto a semillas libres de virus y resistencia a hongos. En el
Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba la investigación se enfoca
a virus y resistencia a hongos.

En México las principales variedades que se
producen son: Alpha, con 65%; Atlantic, que abarca el 28%, y el 7% restante son
una serie de variedades tales como: Gigante, Herta, Premier, Norteña, Granola,
Diamante y White Rose. Sólo la Alpha tiene uso industrial y de consumo fresco, y
la Atlantic es exclusivamente para industrialización. Sin embargo, de todas
éstas la producción de semillas por medios biotecnológicos, de cultivo de
tejidos, se da en las variedades Atlantic y Alpha, principalmente, y en menor
medida en Granola, Diamante y White Rose.

Por lo que se refiere a la aplicación de
ingeniería genética, en 1991 la compañía biotecnológica estadunidense Monsanto
estableció un acuerdo con el Centro de Investigación y Estudios
Avanzados-Irapuato, del ipn (cinvestav) para transformar las papas para consumo
en fresco con resistencia a los virus pvx y pvy. Los fondos fueron
proporcionados por la Fundación Rockefeller, usando tecnología donada por la
compañía.

Posteriormente, las variedades Alpha, Rosita,
Monserrat y Mexicana fueron transformadas exitosamente. Alpha y las tres
variedades locales del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales,
Agrícolas y Pecuarias (inifap) entraron en pruebas de campo en enero de 1995. El
comité de bioseguridad –formado por miembros de la Secretaría de Agricultura,
Ganadería y Desarrollo Rural (sagdr), el Sistema Nacional de Investigación y
Certificación de Semillas (snics), el cinvestav, el Instituto Nacional de
Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (inifap) y la Dirección de
Sanidad Vegetal de la sagdr– estuvo involucrado en regular la aprobación para
las pruebas de campo. Se espera que para 1997 estas variedades ya estén
comercializándose.

La relevancia de esta iniciativa de aplicación
biotecnológica en la presente coyuntura radica en que este periodo de protección
es un momento estratégico para desarrollar una producción endógena de semilla.
De lo contrario, al finalizar el lapso de protección –establecido por el tlc
hasta 2004– el país volvería a caer en la dependencia de las importaciones de
este insumo fundamental. Actualmente la producción de papa se dirige de manera
mayoritaria al consumo en fresco, sin embargo, el beneficio que pueden tener los
productores de papa con la introducción de la biotecnología, es la expansión
hacia las variedades de uso industrial para la fabricación de frituras y
botanas, mismo que por ahora no está totalmente satisfecho.

En este caso, la coyuntura de protección para
la no introducción de semilla de papa del exterior representa una oportunidad
estratégica para lograr una producción interna suficiente. Ello, a nuestro
juicio, podría provenir de las empresas que ya cuentan con laboratorios de
cultivo de tejidos, que en la actualidad producen semilla sólo para sus propias
necesidades. Proyectos de colaboración como el de Monsanto y cinvestav-Irapuato
pueden ser útiles si se toman en cuenta las necesidades reales de los
productores del país, por lo que es necesaria su participación.

3. La producción de flor

La floricultura en México se expande
notablemente entre 1980 y 1990, pues la superficie dedicada a ella crece de
cerca de 3 mil hectáreas a más de 13 mil en estos años. Aunque el porcentaje que
significa la superficie sembrada de flores en relación con el total agrícola
nacional es mínimo –de apenas 0.04% de la superficie agrícola cosechada total en
1991–, destaca que el valor de este producto resulta significativo en relación
con la superficie, sobre todo en los estados de México y Morelos. En el primero,
el valor de las flores representa 8.7% del total agrícola estatal y en el
segundo 18.5%. Con respecto a las gruesas (doce docenas) cosechadas en 1991, la
gladiola es el producto más significativo, con 297 gruesas cosechadas, seguido
del clavel, con 228 y del maragaritón con 141 (Bancomext, 1988; sarh,
1991).

El volumen producido creció en los ochenta,
pues la superficie cosechada se incrementó en 3.49% entre 1981 y 1984. En
particular, la producción de rosa casi se triplicó, al pasar de 2 480 tons en
1981 a 7 220 en 1984 (sarh, 1985). Para 1991, aunque la superficie ha disminuido
29%, la producción en toneladas aumentó a 7 822, lo que puede relacionarse con
una intensificación de la producción, por el crecimiento de la superficie bajo
invernaderos.

En México existen alrededor de 10 mil
floricultores de campo abierto y entre 100 y 150 productores de exportación en
invernadero, que ocupan alrededor de 600 hectáreas. Es en Villa Guerrero, estado
de México, donde se localiza el 70% de la floricultura de exportación
(Floricultura intensiva, 1992). La mayor empresa de México en el ramo es
Visaflor, que está claramente adelante del resto y tiene 30 hectáreas de
invernadero en producción. Cuenta con un sistema de producción refinado y un
punto de distribución en Houston. Esto permite entender que cuente con capital
de riesgo para su expansión en proyectos como cosmoflor, que más adelante se
detalla.

Existen otras empresas en plena expansión:
Florymar, de Villa Guerrero, estado de México, exportó flores con valor de 100
mil dólares en Estados Unidos en 1991. Entre las principales empresas
exportadoras podemos mencionar: Agroindustria la Rosa Azul y Q-Flor, Querétaro;
Unión de Productores de Flor el Edén, Atlixco, Puebla; Fiestamor, Morelos (el
proyecto de participación gubernamental); Flor de Altura, Puebla; Super Rosa
Monrog y Florymar de Villa Guerrero, estado de México; Gimsaflor y Mexblumen, de
Tenancingo, estado de México (Tapia, 1992, p. 20).

Para México, sólo Estados Unidos constituye una
oportunidad importante, aunque hay floricultores en Villa Guerrero que
comercializan su producción regularmente en Canadá y existe un proyecto del
grupo visaflor, con financiamiento de Nacional Financiera, para alcanzar los
mercados japonés y europeo. Dicho proyecto es ambicioso: pretende una capacidad
instalada para producir anualmente 53.1 millones de tallos (mdt) de rosas; 3.1.
de clavel; 1.2 de gerbera; 2.2 de nerine; 3.5 de lilium y 0.8 millones de tallos
de otras variedades.

El monto total de las inversiones a efectuar es
de 23521 millones de dólares (mdd), de los cuales 20.1 (el 86%) serán
inversión fija; 3.4 (14%), inversión diferida y 100 mil dólares al capital de
trabajo inicial. El proyecto se ha denominado cosmoflor y en él participan las
empresas filiales y asociadas al grupo visaflor, integradas vertical y
horizontalmente, entre las que se pueden mencionar: visaflor, Flores Selectas de
México, Invernaderos Tecnificados (Invertec), Empacadora Mexicana de Flores,
Florcalli, Multivía, Transamérica Floral, Hulco Blumen y Flores de Oro (nafin,
1990, pp. 27-32).

México tiene un enorme mercado interno, una
riqueza apreciable en germoplasma –no menor de 30 mil especies (fira, 1989)–, y
la producción históricamente se ha destinado al mercado interno. Por ello, la
producción de exportación había quedado sólo como posibilidad, hasta los años
ochenta, en que la política económica de liberalización comercial creciente
evidenció ventajas en producir flores para el mercado internacional,
principalmente el estadunidense.

En los años noventas, fira y Bancomext han
puesto en práctica un Programa Especial para la Floricultura de Exportación
(pefe), el cual ha identificado 33 proyectos que implican la ampliación de 639
hectáreas para cultivar flores en invernadero. Para echar a andar el pefe se han
destinado 812 millones de dólares, de los que aproximadamente la mitad es
capital de riesgo. Este programa tiene como meta generar divisas por 200
millones de dólares anuales como mínimo, la actual es de 25 millones de dólares.
Ello implica aumentar la participación de México en el mercado mundial de 1% con
el que participa en 1989, a 2% (fira, 1989, p. 28).

Resulta evidente, dentro de la pérdida de
importancia del sector agropecuario en el actual proyecto neoliberal, el interés
gubernamental por promover la floricultura de exportación, la cual se inserta
perfectamente en los objetivos de esta política económica como generadora de
divisas. No cabe duda de que la exportación de flor mexicana, sobre todo a
Estados Unidos, está registrando un incremento significativo. Según datos de
secofi, en 1990 cuarenta y dos empresas mexicanas de floricultura fueron
responsables de exportar a Estados Unidos 112.5 millones de tallos de diversas
flores, con un valor de 13.8 millones de dólares. El valor total de las
exportaciones a este país en 1990 fue de 12.866 millones de dólares y el 93.32%
de éstas se vendió en el mercado estadunidense. Canadá siguió con distancia a
Estados Unidos como el principal comprador, con el 4.25% de las exportaciones
mexicanas (compex, 1991).

La transportación se hace en su mayor parte por
vía aérea, que resulta lo más viable por la atomización de la demanda: no
existen compradores de grandes volúmenes en el mercado norteamericano, aunque
los productores tengan capacidad de mayor escala. Es una rama sumamente
competitiva. Una ventaja que se puede tener es la relación con un comprador
confiable, dado que es frecuente que los compradores norteamericanos hagan
falsas reclamaciones por el deterioro del producto o retrasen pagos. Esta
información se confirmó en las entrevistas a los productores de Villa Guerrero,
en 1993.

Otra debilidad de los exportadores mexicanos es
que adolecen de información acerca de los mercados, dado que el mercado de la
flor se caracteriza por súbitas y bruscas variaciones de precios. Además,
ciertos meses representan fechas pico importantes: el 14 de febrero, que
coincide con el invierno y abre nichos para exportadores a Estados Unidos, así
como el 10 de mayo en México y una fecha cercana móvil en Estados Unidos, época
de primavera en que comienza a aumentar la oferta estadunidense. Estos meses
marcan dos temporadas de distinta demanda de la flor, pues la producción de
exportación en invierno (noviembre a febrero en algunas zonas de Estados Unidos
y noviembre a marzo en Canadá) se da en la época en que el precio es rentable,
por la escasez de producción interna en los países compradores. Durante el
verano, la oferta interna de flores en Estados Unidos y Canadá conduce a que el
precio baje y resulte más atractivo para los floricultores mexicanos vender al
mercado nacional.

Es conocido el dominio que ejercen las grandes
corporaciones holandesas, francesas y estadunidenses respecto al material
genético de la floricultura. La inversión extranjera puede ser atraída para usar
a México como puente para introducirse en el mercado estadunidense, ya que el
mercado florícola interno resulta limitado para la cobertura de estas
empresas.

En lo que respecta a los floricultores
tradicionales a cielo abierto, se dedican al mercado nacional, el cual no
demanda alta calidad. Estos floricultores no pueden lograr la calidad de
exportación por falta de infraestructura e insumos. Dicho sistema de producción
adolece de un manejo y de un modo de cosechar adecuados. A pesar de ello, no se
puede minimizar la importancia de la floricultura tradicional para mercado
interno, que en Xochimilco, Distrito Federal, representa una fuente importante
de empleos e ingresos, según consta en estudios recientes acerca del tema
(Canabal et. al., 1992).

Los productores tradicionales representan un
sector potencial importante de aplicación de la biotecnología, que en la
actualidad no ha tenido acceso a estas técnicas. Ello contrasta con el hecho de
que la mayor parte de los centros e institutos de investigación que realizan
cultivo de tejidos y micropropagación, lo hacen en especies ornamentales. De
cualquier manera, para que las plantas clonadas puedan rendir todo su potencial,
requieren de la condiciones controladas del invernadero, por lo cual la
innovación tecnológica induce un aumento de costos en capital fijo.

Un caso de biotecnología vegetal aplicada a la
floricultura para mercado interno es la empresa Invernamex, que produce tres
millones de plantas al año por medio de un laboratorio completo de cultivo de
tejidos vegetales, lo cual la transforma en el mayor productor in vitro de
material genético para la floricultura; cuenta con tres hectáreas de invernadero
y es de las escasas empresas interesadas en patentar sus propias variedades, las
cuales son adquiridas por exportadores. Ello puede ser un indicador de que están
logrando competitividad y aceptación en el mercado internacional, aunque también
existen acusaciones de piratería en su contra. A diferencia del jitomate, en
este cultivo el componente salarial es una parte mínima de la gran inversión
necesaria para la floricultura de exportación.

En un estudio realizado entre 1993 y 1995
(Massieu, 1995) se compararon costos y productividad en la floricultura
tradicional y en la intensiva. En comparación con este aumento de costos, que
tiene que demostrar una rentabilidad por encima de estos incrementos, el costo
de la mano de obra resulta casi insignificante. De acuerdo con el trabajo de
campo del estudio citado, las diferencias en los montos de inversión en
innovación tecnológica (material genético obtenido por biotecnología e
infraestructura de invernadero) y salarios es considerable entre la floricultura
intensiva y la tradicional, como se observa en el cuadro 3.

cuadro 3
costo total en innovacion
tecnológica y en salarios en la floricultura tradicional y en las

intensivas privada y
gubernamental

(Porcentaje)a

Tipo de
floricultura

Innovación
tecnológica

Salarios

Tradicional

88

Intensiva gubernamental

73

24

Intensiva privada

69

37

aLos
porcentajes no suman 100 porque hay otros gastos, como el transporte,

que no tiene que ver directamente con la innovación
tecnológica.
Fuente: Investigación de campo en el estado de Morelos, en
Villa Guerrero, México,
y en Actopan,
Hidalgo,1989-1993.

Lo anterior no implica la disminución relativa
en el uso de fuerza de trabajo, pues genera toda una gama de actividades nuevas
y específicas en cuanto a la preparación del producto, además de las habituales
de corte y cosecha. Aun cuando la densidad de mano de obra baja con la
producción intensiva en invernadero, ésta es aún muy alta en comparación con
otras actividades agropecuarias. Las compañías florícolas holandesas, francesas
y estadunidenses mantienen el control de los esquejes y las plantas madre por
medio del dominio de biotécnicas (cultivo de tejidos vegetales y clonación) para
su obtención, de manera que dichas técnicas no se conocen entre los
floricultores mexicanos.

También los insumos necesarios, como
fertilizantes y pesticidas especiales, se obtienen del exterior. Lo anterior
representa una limitación al desarrollo de la floricultura nacional, cuyo origen
se encuentra en el monopolio de la innovación tecnológica, de manera que si no
fuera por el bajo costo de la mano de obra, la aplicación de la biotecnología a
la floricultura mexicana de exportación sería incosteable. Aunque ha habido
argumentos respecto a la falta de necesidad de un paquete tecnológico para la
aplicación de la biotecnología, en este caso resulta claro que las nuevas
variedades de flores obtenidas por estos medios sí requieren de un costoso
paquete para rendir todo su potencial, que comprende la construcción y el
mantenimiento del invernadero. Este aumento de costos induce a una mayor
productividad y rentabilidad, lo que le da sentido a la inversión para la
aplicación de la innovación tecnológica.

En este caso podemos apreciar la característica
que está adquiriendo en el agro mexicano la modernización excluyente de la
actual política económica: una gran cantidad de inversión y recursos se canaliza
a actividades que encuentran un mercado rentable y limitado en el exterior, para
productos de lujo. Para esta producción es necesaria la aplicación de la
tecnología de punta (en este caso, la biotecnología) que requiere de costosos
paquetes, y es el bajo nivel de los salarios el que permite costear estas
cuantiosas inversiones.

III. Biotecnología y
ganadería

El desarrollo de la ganadería en México abarca
el 65% del territorio nacional, esto es tomando en consideración la superficie
de pastoreo, más los cultivos agrícolas que se destinan a la alimentación animal
(Chauvet, 1993). Las variables básicas a tomar en cuenta para la producción
ganadera son: alimentación, sanidad y manejo. Estos tres parámetros para la
ganadería en México se caracterizan por ser heterogéneos entre los productores,
incluso de una misma región y con una tendencia hacia los niveles de menor
desarrollo tecnológico. La ganadería bovina de carne se basa en los pastos
naturales y éstos en el régimen de lluvias. Por ello el carácter
extensivo-extractivo es el que prevalece. Un reducido sector en la zonas áridas
cuenta con riego y siembran pastos, o en las áreas tropicales introducen
praderas con gramíneas, pero tan sólo corresponde a 8.2% de la superficie con
actividad ganadera (Chauvet ,1993).

La ganadería intensiva es la que tiene un
control en todas las variables productivas. La alimentación del ganado es
equilibrada y uniforme durante todo el año, se previene al hato de enfermedades
y la reproducción no se deja a la espontaneidad, sino que por medio de la
inseminación artificial se va manteniendo o mejorando la calidad genética del
ganado. La producción lechera estabulada, la de engorda en corrales y la
avicultura y porcicultura comerciales se inscriben en esta clasificación, y su
nivel tecnológico es semejante al que tienen estas ganaderías en los países
industrializados; de hecho se han importado los modelos productivos a modo de
paquete de estos países.

En dichos sectores ganaderos es en donde se han
aplicado las biotecnologías, en particular tres de ellas: Biofermel, que es un
compuesto con base en esquilmos agrícolas para la alimentación del ganado; su
efecto económico consiste en que puede abaratar 50% los costos de alimentación.
Esta innovación se desarrolló en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de
la unam con la asesoría para la producción y la comercialización del Centro de
Innovación Tecnológica, también de la unam. Se instauraron dos plantas en la
región agrícola del centro del país y ello benefició a los campesinos de la
zona, que pudieron vender sus esquilmos, y los ingenios cercanos surten la
melaza (Castañeda, 1991).

A pesar del potencial que esta fuente de
alimentación tiene para el ganado, la limitante fundamental para su diseminación
hacia un amplio sector de productores son los problemas de comercialización y de
difusión entre los clientes potenciales. Los otros productos biotecnológicos
provienen de laboratorios extranjeros, como los probióticos para animales y
forrajes, de Alltehc Inc. y la somatotropina bovina (stb) de Monsanto. Los
probióticos más usados son los que van dirigidos hacia los programas
alimenticios para una mejor asimilación de los nutrientes y los microorganismos
que promueven la fermentación de los forrajes y su mejor conservación. En la
región de Aguascalientes se investigaron los efectos de estos productos
biotecnológicos para la producción lechera y de aves. Ciertamente los
productores que los utilizan tienen un nivel tecnológico medio y la capacidad
financiera para adquirirlos.

La conclusión del estudio fue que el uso de la
biotecnología no se ha generalizado por las resistencias al cambio que plantean
los ganaderos. Desde su percepción, con las condiciones con las que cuenta el
rancho han logrado mejores rendimientos que diez años antes y, como la política
económica sectorial no los acompaña, no ven estímulos que justifiquen modificar
su proceso productivo. El efecto demostración es el que los va orillando, poco a
poco, a introducir cambios, pero si su esfuerzo no se ve reflejado en la
política de precios, el proceso se frena (Chauvet, et al., 1992).

La somatotropina ha sido una de las
aplicaciones de la biotecnología más controvertidas; a raíz de la prohibición de
su uso en Estados Unidos y en Europa, el laboratorio Monsanto buscó otros
mercados. México ofrecía condiciones favorables debido al grave déficit que
acusa en producción lechera, mismo que le ha proporcionado el nada honroso
primer lugar como país importador de leche en polvo. Fue así como en 1990 se
empezó a aplicar en una de las cuencas lecheras mexicanas. En cuanto a su efecto
socioeconómico, sucede algo semejante: la hormona muestra sus efectos
inmediatamente; sin embargo ese ritmo intenso de producción “desgasta” a la vaca
más rápidamente y ello desencadena mayores inversiones que, como ya se dijo, no
se compensan con el precio del mercado.

Un grupo de investigadores de la Facultad de
Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Nacional Autónoma de México,
junto con un representante de Monsanto realizaron una evaluación del efecto de
la somatotropina bovina en vacas mestizas lactantes en el trópico húmedo, en la
zona de Gutiérrez Zamora, Veracruz. Para el estudio se tomaron 20 vacas mestizas
(Bos taurus y Bos indicus); a un grupo de 10 vacas se le aplicaron 7 inyecciones
de 250 mg de stb por 14 semanas y el resultado fue un aumento de 1.2 kg-vaca-día
de leche. Al otro grupo no se le aplicó la hormona y se mantuvo en las mismas
condiciones alimenticias, sin reportar cambios en su producción diaria de leche.
Al grupo de vacas del estudio en el trópico se le suministró la mitad de la
dosis que se acostumbra con ganado estabulado, a este tipo de hatos se le dieron
500 mg y la respuesta promedio que se ha tenido en establos mexicanos ha sido un
aumento de 5.2 kg-vaca-día en el estado de Querétaro y de 4.7 kg-vaca-día en
Torreón, Coahuila (Morales, 1992).

Por último, el transplante de embriones se ha
realizado pero de manera muy esporádica, siendo bajo el nivel tecnológico y sin
generalizarse aún el nivel previo –la inseminación artificial–, por lo que esta
práctica se encuentra muy lejos de consolidarse. Se hizo una campaña oficial
para intentar por esta vía un mejoramiento genético del sector lechero, pero no
prosperó.

En cuanto a los beneficios potenciales de la
biotecnología para la ganadería mexicana, está la reciente introducción de la
vacuna recombinante contra la garrapata, de origen cubano, entre cuyas ventajas
se encuentran: i) inmuniza activamente a los bovinos contra la garrapata; ii)
disminuye la población de garrapatas en los potreros; iii) disminuye la
aplicación de los baños garrapaticidas; iv) reduce costos de manejo del ganado,
y v) a diferencia de los garrapaticidas químicos, no contamina la carne, la
leche ni el medio ambiente.

Para que la vacuna recombinante contra la
garrapata tenga éxito comercial se necesitarán librar dos batallas, la primera
contra las grandes empresas farmacéuticas que fabrican los garrapaticidas, ya
que este producto atenta contra su mercado. La segunda, es que levanta otra
serie de obstáculos el hecho de que un país subdesarrollado, en particular,
Cuba, sea quien tenga este desarrollo tecnológico.

En conclusión, la biotecnología ofrece opciones
para el desarrollo ganadero, sin embargo, no corresponden a las condiciones
económicas y tecnológicas de la ganadería mexicana. Cabe hacer notar que para el
caso de la btp, el efecto real de esta biotecnología se dio en condiciones no
esperadas. Una ganadería de corte tradicional, en un país en desarrollo, adopta
una tecnología de punta generada en el Primer Mundo, la cual se esperaría que
hubiera beneficiado, en primera instancia, a los productores de los países
industrializados. Por ello, el análisis de los efectos de las biotecnologías
tiene que ser abierto y flexible, no puede ser lineal; en este caso, las
condiciones económicas y políticas determinaron el curso que siguió la
aplicación mundial de la somatotropina.

Conclusiones

Aunque la aplicación de la biotecnología en la
agricultura mexicana es ya un hecho, no podemos considerarla una agricultura
moderna debido a que las condiciones socioeconómicas del campo continúan sin
cambios profundos, y un sector en su mayor parte de productores no tiene acceso
a las innovaciones tecnológicas. México cuenta con científicos de primer nivel,
sin embargo el desarrollo de la biotecnología ha sido exógeno; las compañías
extranjeras son las que se han encargado de su introducción, lo que obliga a
concluir que no hemos capitalizado la experiencia sufrida con la revolución
verde (Barajas, 1991) y que la introducción de la biotecnología en el agro
polarizará aún más la estructura social existente. De las empresas
biotecnológicas que tienen productos para la agricultura, Monsanto ha sido hasta
ahora la que tiene mayor presencia, al desarrollar la stb y las semillas
transgénicas de papa.

Hasta ahora la biotecnología no ha cumplido su
promesa de favorecer también a la pequeña producción, a pesar de que
técnicamente es factible. De hecho, sólo los sectores empresariales o las
compañías transnacionales están en posibilidad de aplicar sus avances. Esta
nueva tecnología tiene cuentas pendientes con los pequeños productores, pues aún
no los ha beneficiado. No se ha ganado la denominación de tecnología apropiada;
de ser así se amoldaría a las condiciones prevalecientes del productor. Hasta
ahora, las aplicaciones que se han dado en países como México han sido en los
sectores que cuentan con condiciones productivas similares a las que se tienen
en los países industrializados y, como es de esperarse, las respuestas han sido
exitosas. Por ahora la experiencia de la introducción de la sbt en el trópico
húmedo mexicano es la excepción. Se ha tenido éxito con vacas mestizas, donde la
alimentación se basa en gran parte en pastos naturales y no en concentrados. No
obstante, esta práctica no se ha generalizado en el total de los productores
lecheros que cuentan con esas condiciones productivas. Por el momento, en lo que
a la introducción de los avances biotecnológicos se refiere, la balanza se
inclina hacia las promesas más que a las realidades.

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Una comparación del salario relativo entre México y Estados Unidos, 1960-1990

B. Gloria Martínez González
Profesora-investigadora de la Facultad de Economía, División de Estudios de Posgrado, unam


Este trabajo recibe financiamiento de
dgapa, unam, proyecto: “Comparaciones internacionales e intemporales de precios,
salarios, ganancias y productividades”. División de posgrado de la Facultad de
Economía. Agradezco al doctor Alejandro Valle su asesoría en esta investigación,
y a los colaboradores del proyecto: Marco Esquinca, Daniel Fajardo, Florentino
Salazar, César Sánchez y Eusebio Cabrera por sus comentarios y apoyo. Los
errores son responsabilidad de la autora.

En este trabajo presentamos un estudio
descriptivo de la comparación del salario relativo entre México y los Estados
Unidos. El análisis de este indicador constituye una manera de abordar el
problema de la distribución del ingreso entre asalariados y capitalistas desde
la perspectiva de la teoría económica marxista. El salario relativo en esta
teoría está estrechamente vinculado con el problema de la tasa de explotación de
la fuerza de trabajo productiva del capitalismo, es decir, la tasa de plusvalor.
Por tal razón este trabajo muestra las diferencias de explotación promedio entre
los obreros mexicanos y los estadunidenses, y también que los mexicanos son dos
a tres veces más explotados que los estadunidenses.

En la sección I definimos el concepto de
salario relativo y su relación con la tasa de plusvalor. Asimismo, nos referimos
a la discusión marxista acerca de la distinción entre trabajo productivo e
improductivo, aspecto teórico que consideramos en el cálculo del salario
relativo. En la sección II presentamos los resultados de la comparación.
Finalmente, en la sección III exponemos un modelo contable que relaciona
productividad y salarios, presentamos los resultados de su aplicación a la
industria de ambos países y señalamos algunas dificultades de un análisis de
este tipo. Tales dificultades son la medición del salario real y de la
productividad de la industria.

I. Acerca del concepto y la
medición del salario relativo

1. El concepto marxista de salario
relativo

Marx tenía la idea de que la acumulación
capitalista produce dos fenómenos contrapuestos: el crecimiento del salario real
y la disminución del salario relativo, entendido como la participación del
salario en el producto social generado por la clase obrera. La relación
fundamental que subyace a este fenómeno es la tendencia creciente de la tasa de
plusvalor. Dicho de otra manera: el salario que percibe la clase obrera es
tendencialmente menor con respecto a las ganancias. Marx se refiere a este
fenómeno cuando habla de la contradicción entre acumulación de capital y
acumulación de miseria, y menciona que por más que se incremente el salario real
éste se reduce cada vez más comparado con las ganancias capitalistas. En la
sociedad capitalista sólo una parte del valor del producto generado es nuevo
valor, el cual fue denominado producto de valor por Marx y su modalidad
dineraria es el valor agregado. De éste, una parte repone el valor de la fuerza
de trabajo empleada en el proceso de producción o capital variable y el resto
constituye valor excedentario o plusvalor.1 Estas dos magnitudes puestas en
relación nos dan la medida de explotación de la fuerza de trabajo o tasa de
plusvalor (p’). Definimos a esta última según Marx:

Marx pensaba que p’ tendría una tendencia
creciente en el capitalismo. Explicaba que el capital incrementa la
productividad del trabajo, por lo cual hace descender el valor de la fuerza de
trabajo –y por tanto el capital variable– y al mismo tiempo incrementa el
plusvalor. De acuerdo con el autor, el desarrollo creciente de la productividad
del trabajo en las ramas productoras de bienes de consumo obrero permite una
disminución del valor unitario de tales bienes, junto con un enriquecimiento de
la canasta de consumo y, por lo tanto, un crecimiento del salario real. En este
sentido Rosa Luxemburgo (1988, p. 224) afirmaba que el salario relativo, la
participación que representa el salario del obrero en el producto total de su
trabajo depende de la productividad del trabajo. “Cuanto menor la cantidad de
trabajo con que se produzcan sus medios de vida, tanto menor será su salario
relativo.”

Dicho salario es la proporción entre el trabajo
retribuido a los obreros y el trabajo vivo total. Tomando la expresión (1)
llegamos a:

Por lo tanto, los movimientos de las variables
p’ y s’ son contrarios. A una tasa creciente de plusvalor le correspondería un
salario relativo descendente, en tanto que a una tasa descendente de plusvalor,
un salario relativo creciente.

Por otra parte, existe en efecto una fuerte
vinculación entre el salario relativo y lo que acontece con el salario real,
pero pensamos que analizar aquél con base en la relación entre salario y
ganancia –entendida ésta en su sentido más práctico y cotidiano– no aclara
suficientemente el problema. Esto es debido a que el concepto tradicional de
ganancia no comprende todo el excedente social producido por los trabajadores
cuya participación en el producto estamos analizando. En lo que sigue nos
referiremos a un problema relacionado con esta idea.

2. El problema de la distinción entre
trabajo productivo y trabajo improductivo

Como hemos dicho, este trabajo se ocupa de las
diferencias de tasas de plusvalor entre México y Estados Unidos, estimada ésta
indirectamente mediante el salario relativo. La explicación de algunos problemas
como el comportamiento de la tasa de plusvalor o la tasa de ganancia difiere,
según se considere o no la distinción entre trabajo productivo y trabajo
improductivo. En relación con la primera, autores que consideran dicha
distinción obtienen una tasa de plusvalor ascendente, en cambio cuando la
distinción no es considerada la tasa de plusvalor llega a aparecer como
descendente.2

La definición más conocida de Marx es la de que
el trabajo productivo es el que produce plusvalor, por lo cual para analizar
tanto la tasa de plusvalor como el salario relativo es imprescindible tratar
este problema. A grandes rasgos, los trabajos desempeñados en la circulación de
mercancías (comercio y finazas) y en la supervisión de los trabajadores
productivos son pagados con plusvalor. También el capital constante de las
actividades improductivas es parte del plusvalor generado, por ejemplo los
inmuebles.

Existe un fuerte debate respecto a la
naturaleza productiva o improductiva de las actividades. Jorge Cadena Roa (1995,
pp. 175-206) ha hecho una revisión de los conceptos de trabajo productivo y
trabajo improductivo en Marx y en otros autores. Dicha revisión muestra las
dificultades para definir con precisión el concepto, y por consiguiente para
solucionar el problema. A mí me parece que más allá de ponerse de acuerdo con la
nomenclatura y la clasificación de cierto tipo de trabajo, tienen que analizarse
los efectos del mismo en el funcionamiento del capitalismo o en ciertos aspectos
de éste. Por ejemplo, parece claro que el capitalismo ha tenido necesidad de
incrementar el trabajo dedicado a las actividades que hemos definido más arriba
como improductivas, y que tal crecimiento ha terminado por afectar la tasa de
ganancia.3 De modo que este trabajo necesario, productivo o no, ha traído
efectos perniciosos al capitalismo y esto es lo que, me parece, es más relevante
analizar.

En este trabajo tenemos entendido que la
distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo es un problema que no
está resuelto en la teoría marxista y no nos proponemos resolverlo. Por ello
vamos solamente a mostrar la discusión exponiendo en lo general dos opiniones
encontradas de economistas estadunidenses: la de Fred Moseley y la de David
Laibman.

De acuerdo con Moseley la definición de
producción no incluye dos tipos de actividades: i) actividades de circulación
relativas al intercambio de bienes y de dinero, y ii) actividades de supervisión
consistentes en el control y la vigilancia de los trabajadores productivos.
Estas actividades –dice– se caracterizan porque no añaden nada al valor de las
mercancías. Se trata de actividades que requieren una inversión que no puede ser
considerada capital productivo debido a que no producen valor ni plusvalor;
dicha inversión constituye más bien capital improductivo. Moseley coincide con
Marx en que la inversión se recupera junto con una ganancia que se deduce del
plusvalor que producen los trabajadores productivos en la producción
capitalista. Laibman plantea que para Moseley el trabajo de los supervisores no
agrega nada al valor de los bienes porque este trabajo no es técnicamente
necesario para la producción. Para David Laibman la definición tanto de trabajo
productivo como de trabajo improductivo no está clara ni es precisa; prueba de
ello es que al trabajo improductivo se le han dado una variedad de definiciones
de diferente índole.4

Laibman sostiene que en la sociedad capitalista
el trabajo de los supervisores es ciertamente necesario, y que lo mismo es
válido para el trabajo de la circulación. Es decir, la compra, la venta, las
finanzas son actividades socialmente necesarias para la producción y para la
realización de los valores de uso. Laibman señala que existen esfuerzos
frecuentes por atribuir solamente al carácter explotador y relativamente
irracional de la sociedad capitalista, aspectos de actividades corrientes y
socialmente necesarias en el capitalismo, y que no se justifica el cargo al
plusvalor que se hace del trabajo improductivo con base en la definición
evaluativa, según la cual el trabajo improductivo es despilfarrador, irracional
o innecesario desde un punto de vista social.

Laibman dice que Marx y escritores marxistas
subsecuentes niegan explícitamente que sea relevante la aproximación según la
cual el trabajo que no produce valor o plusvalor tenga que ser improductivo, sin
tomar en cuenta la calidad de los valores de uso producidos. Laibman, sin
embargo, no precisa en qué parte Marx niega esa relevancia ni especifica cuáles
otros autores lo hacen.

Por lo que a este trabajo concierne, la
distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo es un aspecto
relevante en el comportamiento de la tasa de plusvalor en cada país, mismas que
estamos comparando mediante el cálculo del salario relativo.

Aquí compartimos las ideas de Marx y de Moseley
respecto a dicha distinción en virtud de tres aspectos: i) tal distinción no es
un problema resuelto; ii) nos parece que Moseley hace un estudio sistemático de
un problema económico relevante, como es la tasa de ganacia, y muestra que el
trabajo improductivo es determinante, y iii) no conocemos un trabajo análogo con
una concepción de trabajo productivo contraria a la de Moseley.

Con base en estas consideraciones definimos el
salario relativo en última instancia como la participación de los trabajadores
productivos en el producto. En la siguiente sección presentamos los resultados
del cálculo del salario relativo, los diferentes niveles que alcanza el mismo,
según se distinga o no a trabajadores improductivos de productivos, y las
diferencias del indicador entre México y Estados Unidos.

II. Una comparación del
comportamiento del salario relativo entre México y Estados Unidos

Como hemos dicho, el salario relativo de los
trabajadores improductivos es el que nos muestra de una manera más tangible,
aunque indirecta, lo que acontece con la tasa de explotación de los mismos o de
la tasa de plusvalor. En lo que sigue vamos a ver la participación de los
salarios de todos los trabajadores en el producto y la correspondiente a los
salarios de los trabajadores productivos en ambos países.5

1. Participación salarial en el producto
interno bruto

De acuerdo con la gráfica 1 la participación
salarial de Estados Unidos representa en general el doble de la correspondiente
a México (aproximadamente 60% y 30%, respectivamente. Aun durante la segunda
mitad de los años setenta, con el crecimiento de la participación salarial de
México, la razón fue de 1.5 a 1. En la gráfica 1 podemos ver que la
participación salarial de México crece de 31% a 40% entre 1960 y 1976 mientras
que decrece en los siguientes años llegando al nivel de 25% en 1990. Dicha caída
comienza a ser más notable a partir de 1983 ya que disminuye de 35% en 1982 a
29%. En la misma gráfica se observa que la participación salarial de Estados
Unidos crece muy ligeramente en los primeros años para después estancarse. Entre
1960 y 1965 disminuye de 58 a 57% mientras que en los siguientes cinco años
asciende a poco más del 61%. A partir de 1970 fluctúa entre el 59% y 61% y en
1990 se sitúa en 59.5 por ciento.

Según la gráfica 2 la participación salarial de
Estados Unidos en este caso es también de aproximadamente el doble que la de
México. En éste último, el comportamiento de la participación salarial
correspondiente a la industria, no difiere en general del de toda la economía,
pero su nivel sí es diferente. Podemos ver que en México la participación
salarial creció entre 1960 y 1976, de 33 a 39%, disminuyó a 36% en 1982 y en los
años posteriores decreció más marcadamente, pues pasó de 30 en 1983 a 26% en
1990.

La misma gráfica muestra que en Estados Unidos
el comportamiento y el nivel de este indicador son muy semejantes al de la
economía total. Disminuyó de 59 a 58%, entre 1960 y 1965, y en los siguientes
cinco años creció hasta llegar a 62% en 1970. Entre 1970 y 1982 fluctuó entre 60
y 63%, y de 1983 a 1990 más bien se estancó, fluctuando entre 59 y 60 por
ciento.

2. Salario relativo

Con base en la gráfica 3 podemos decir que la
relación entre el salario relativo estadunidense y el mexicano es de 2 a 1. El
salario relativo en Estados Unidos fue de 38% en 1960, mientras que en México
fue de 21%. En 1987 el primero fue de 31%, mientras que el segundo fue de 14%.
Podemos ver que el primero no tiene tendencia entre 1960 y 1979, y que descendió
a 31% en 1987, mientras que el segundo ascendió hasta 1976, y fue descendente el
resto del periodo.

s: salarios de los trabajadores
productivos
G: excedentes de explotación
I: impuestos indirectos
Z:
subsidios
si: salarios de los trabajadores
improductivos.

Por lo dicho en la sección I.2, hemos
restringido el análisis a la industria no agrícola, pues consideramos que en el
sector agrícola existe una parte muy importante de trabajo no asalariado cuyos
caracteres productivo o improductivo no están claros.6

En la gráfica 3 podemos ver que este indicador
tuvo una tendencia ascendente entre 1960 y 1976, y una descendente a partir de
1977, que se acentúa a partir de 1982. Sin embargo, su tendencia a lo largo de
todo el periodo de estudio es descendente. Entre 1960 y 1976 pasa de 21 a 23% y
disminuye en 1982 a 19%. La caída más drástica ocurre en el año siguiente en el
cual desciende hasta 15%, de 1984 a 1988 se estanca en 14% y desciende después a
13 por ciento.

En el caso de Estados Unidos hemos calculado el
salario relativo para toda la economía con base en las estimaciones de algunas
de las variables marxistas hechas por Fred Moseley (1991, apéndice B). En la
gráfica 4 podemos ver que dicho salario no presenta tendencia entre 1960 y 1977:
es de 38% tanto en 1960 como en 1977 y nunca varió más allá de 37 o 39% en el
periodo. Durante los siguientes años el comportamiento del indicador es
descendente, pues éste baja a 31% en 1987. No hemos hecho los cálculos sólo para
la industria no agrícola pero pensamos que es muy probable que encontremos
resultados muy semejantes. Esto en virtud de que la exclusión del conjunto de
actividades agrícola, pecuaria y forestal no produce ninguna diferencia
significativa en el indicador.

III. Salario relativo y su relación con
productividad y salario real. Aplicación de un modelo contable

1. El modelo

Hemos hecho un análisis de la relación entre
productividad y salario en la industria no agrícola de México con base en un
modelo contable. Los resultados muestran claramente que el movimiento de la
participación salarial en el pib está determinada por los movimientos de la
productividad y del salario producto.

En el modelo se relacionan los cambios en el
salario medio con cambios en el pib por hombre ocupado y en la participación
salarial.

Y: producto total
y: producto por hombre
ocupado
e: participación de los salarios en el producto total

s: tasa de crecimiento de s
e: tasa de
crecimiento de e
y: tasa de crecimiento de y

De acuerdo con el modelo, la tasa salarial por
hombre ocupado está determinada por la suma de: la tasa de crecimiento de la
participación salarial, la tasa de crecimiento del producto por hombre ocupado
–el cual hemos tomado como la productividad– y el producto de ambas tasas. De la
ecuación (11) se desprende que los cambios en la participación salarial están
determinados por los cambios en la productividad y en la tasa
salarial.

De tal manera que si el crecimiento de la tasa
salarial y el crecimiento de la productividad son iguales, la participación
salarial se mantiene; si el primero es mayor que el segundo la participación
aumenta y viceversa.

Para nuestro cálculo definimos a y como pib por
hombre ocupado, dividido por el deflactor implícito del pib, y a s como
remuneración por hombre ocupado, deflactado con el mismo índice (a éste le
denominamos salario-producto). Todos ellos se refieren a la industria no
agrícola mexicana y provienen del sistema de cuentas nacionales de México. La
tasa de crecimiento del salario producto calculada con el modelo coincide
perfectamente con la tasa observada.

2. Una comparación de los resultados de la
aplicación del modelo entre México y Estados Unidos

En la gráfica 4 podemos ver los resultados de
nuestros cálculos en el caso de la industria no agrícola de México. A
continuación los resumimos.

1. Entre 1960 y 1976 la tasa de crecimiento
anual del salario producto en general fue mayor que la de productividad, por lo
cual la participación salarial tendió a crecer. La productividad creció a una
tasa promedio anual de 1.73%, mientras que el salario lo hizo a una tasa de
2.77%, y la participación salarial pasó de 33 a 39 por ciento.

2. Entre 1976 y 1981 la tasa de crecimiento
anual del salario-producto fluctúa de manera alternada por abajo o por arriba de
la de productividad. El resultado es un estancamiento de la participación
salarial en esos años. La tasa de crecimiento promedio anual de la productividad
fue de .69%, en tanto que la de salario producto fue de .49% La participación
salarial en 1981 fue de 38 por ciento.

3. Finalmente, desde 1982 la tasa de
crecimiento anual del salario-producto en general fue menor que la de
productividad, por lo cual la participación salarial tendió a disminuir. Entre
1981 y 1990 la productividad creció a una tasa promedio de .24% y el salario
producto disminuyó 3.65% cada año. La participación salarial en 1990 fue de 26
por ciento.

Por lo que respecta a la industria no agrícola
de este país podemos hablar de tres periodos, los cuales se pueden apreciar en
la gráfica 5. Entre 1960 y 1965 la productividad crece más que el salario
producto, mientras que durante los siguientes cinco años el comportamiento se
invierte. El resultado es una participación salarial descendente en el primer
caso y ascendente en el segundo. En el periodo restante, 1970-1990, la
productividad creció a una tasa promedio de 0.72% mientras que el salario
producto lo hizo a una tasa promedio de 0.53%, de ahí el descenso, aunque
pequeño, de la participacón salarial.

Nuestros resultados, con base en el modelo
contable son inobjetables, pero queremos señalar sus limitaciones y algunas de
las dificultades para hacer el análisis.

3. Algunas dificultades del
análisis

Las principales dificultades tienen que ver con
la calidad de lo que hemos tomado como indicadores de tasa salarial real por
hombre ocupado y de productividad. Un primer problema consiste en que el salario
producto no es un buen indicador del salario real. El salario real requiere otro
deflactor, un índice de precios representativo de la canasta de bienes de los
asalariados. Sin embargo, si deflactamos con índices distintos los elementos del
pib, elementos también de nuestra ecuación, la relación entre el salario real y
la productividad con el salario relativo no se mantiene.

Por otra parte, al aplicar un modelo contable
hemos hecho abstracción de un problema aún no resuelto en la teoría (la
distinción entre trabajo productivo e improductivo), pero nos queda otro
problema que consiste en medir la productividad del trabajo.

De acuerdo con la teoría marxista, la
productividad con la que se produce cierta canasta de mercancías es igual al
recíproco de su valor. Esta definición, llevada al ámbito específico de su
medición, entraña serias dificultades. En relación con este punto Alejandro
Valle Baeza (1991) sólo ha demostrado que el modo de medir la productividad
mediante el pib a precios constantes por hombre ocupado es válida cuando se
trata de toda la economía y de un bien homogéneo. Valenzuela Feijóo (1984, pp.
125-148), por su parte, planteó hace tiempo que la productividad en
bienes-salario puede ser cuantificada como el pib por hombre ocupado, medido a
precios constantes, correspondiente a ciertas ramas que él considera
representativas de la producción de bienes-salario.

Sabemos que el valor de cualquier canasta está
determinado en parte por la productividad media de las ramas que producen los
medios para la producción de dicha canasta. Entonces haría falta demostrar que
el índice de precios de los bienes-salario incluye la medida de las variaciones
de productividad de los medios que emplea para su producción. Esta demostración
hasta ahora no la ha realizado Valenzuela ni nadie. Como se puede apreciar, cabe
la posibilidad de que el índice de productividad de bienes-salario que utiliza
Valenzuela y el de la industria que usamos en este trabajo midan defectuosamente
lo que se proponen. Por lo tanto, las comparaciones de tales índices de
productividad con el salario real también pueden ser defectuosas.7 Así las
cosas, avanzar en la solución de los problemas que aquí señalamos es una tarea
pendiente de nuestra investigación.

Con base en los resultados de este trabajo
podemos decir que, en promedio, los trabajadores mexicanos son más explotados
que los trabajadores estadunidenses. El porcentaje del producto que reciben los
trabajadores de Estados Unidos representa dos veces el que reciben los
trabajadores mexicanos (alrededor de 60 y de 30%, respectivamente). Los salarios
relativos son claramente más bajos que la participación de los salarios de todos
los trabajadores dentro del producto en cada país. No obstante, la razón entre
los salarios relativos de ambos países es también de 2 a 1. El salario relativo
en Estados Unidos fue de 38% en 1960, mientras que en México fue de 21. En 1987
el primero fue de 31%, mientras que el segundo fue de 14%. La participación
salarial en Estados Unidos no ha variado significativamente, mientras que en
México después de 1976 disminuyó 12 puntos porcentuales. El salario relativo en
Estados Unidos no varió entre 1960 y 1979, y disminuyó 7 puntos porcentuales
entre 1979 y 1987, en tanto que en México creció hasta 1976 y disminuyó 10
puntos porcentuales entre 1976 y 1990.

Utilizando un modelo contable, hemos mostrado
que las diferencias en sentido o magnitud entre productividad y salario-producto
explican tanto el comportamiento de la participación salarial en cada país como
las diferencias entre ambos países. La participación salarial disminuye siempre
que la productividad crece más o disminuye menos que el salario producto y
viceversa. La magnitud de la diferencia entre dichas variaciones ha sido
distinta en México en comparación con Estados Unidos, y esto explica las
diferencias entre ambos países.

Modernización en la industria electrónica
mexicana, 1980-1993. Una nota metodológica
Jesús Lechuga Montenegro
Profesor-investigador,
Departamento de Economía, uam-Azcapotzalco

A
partir de la apertura comercial se ha dado un cambio cualitativo: de un fuerte
sesgo antiexportador manufacturero, en mercado protegido, a un gran dinamismo
exportador del mismo en economía abierta, en el contexto de una pretendida
política de modernización industrial para alcanzar estándares internacionales de
competitividad.1

Pero parecería que la crisis actual es la
prueba fehaciente de la incapacidad de las políticas instrumentadas para
modernizar la planta industrial en su conjunto, y poder así reinsertarse
eficientemente en la economía mundial. Los avatares monetario-financieros en los
cuales se desarrolla la economía mexicana desde el crack de 1987, se han
repetido con mayor severidad a partir de los “errores de diciembre” de 1994; y
el anhelado despegue modernizador del aparato productivo es obstaculizado por la
inestabilidad financiera.

Sin embargo, la apertura comercial es un hecho
irreversible que ha expuesto a los productores nacionales a la competencia
internacional, obligándolos a restructurar sus activos, o bien a desaparecer del
mercado. En este contexto, la formación de capital fijo sirve como punto de
referencia para evaluar la renovación de la planta productiva y,
consecuentemente, la incorporación de activos que inciden en el nivel
tecnológico.2 Por medio de la formación de capital fijo se puede analizar de
manera adecuada la capacidad instalada, el grado de obsolescencia de la
maquinaria y del equipo, y la eventual modernización de la planta
industrial.

El objetivo de este artículo es estudiar el
efecto de la modernización en la industria electrónica en particular, tomando la
rama 54 “Equipo y aparatos electrónicos” del sistema de cuentas nacionales como
representativa de la misma. Esta es una industria dinámica en sí misma, con un
rápido desarrollo tecnológico, a tal grado que del consumo restringido de los
bienes electrónicos a principios de los años setenta –por sus altos costos de
producción y las dificultades técnicas para su uso generalizado– se ha pasado a
una masificación de su producción y de su uso en prácticamente todos los
procesos productivos y administrativos. Asimismo, se han incorporado partes
electrónicas en una gran diversidad de productos.

En la sección I de este artículo se presenta la
metodología utilizada para analizar el “efecto modernizador” en la industria en
su conjunto, y se desarrollan dos índices de modernización que expresan las
relaciones técnicas de producción en la industria; estos índices son el de tasa
de obsolescencia y el de tasa anual de renovación de la planta.3 En la sección
II se analiza la industria electrónica en lo particular a fin de evaluar los
posibles procesos de reconversión tecnológica en el periodo de estudio. De
manera general, la capacidad instalada de la industria se estudia mediante el
acervo de capital (acervos brutos) y del flujo anual de la inversión (formación
bruta de capital), como parámetros para identificar los cambios de largo y corto
plazos, respectivamente, en la incorporación de tecnología. Y una aproximación
analítica más puntual de la industria electrónica se hace por medio de los
índices de modernización señalados, así como por los de productividad y de
intensidad de capital (capital fijo por trabajador).

Las fuentes de información estadística parten
de la Encuesta de acervos, depreciación y formación de capital del Banco de
México; y del sistema de cuentas nacionales del inegi. De la encuesta se tomaron
los datos referentes a los acervos brutos, formación bruta de capital y el de
sus componentes: Construcción, Maquinaria y equipo, Equipo de transporte, y
Equipo de oficina. Las series estadísticas fueron tomadas a precios constantes
de 1980. En el caso del sistema de cuentas nacionales las variables utilizadas
son las de personal ocupado y las de valor bruto de la producción a precios
constantes de 1980. En ambas fuentes los datos utilizados son los que
corresponden a la rama 54.

I. El “efecto modernización”
Nota metodológica
4

1. Acervos brutos y formación bruta de
capital

En lo fundamental, en una economía abierta las
competencias interna y externa pueden enfrentarse exitosamente con la
modernización de la planta productiva. En la industria manufacturera lo anterior
puede aplicarse de manera preferente a la innovación y al desarrollo tecnológico
para aumentar la productividad total, tomando a la inversión en capital
productivo como la principal variable de inversión. Lo anterior se debe a que el
desarrollo tecnológico se incorpora preferentemente en medios de producción cada
vez más eficientes para aumentar la productividad y con ello disminuir costos. Y
del total de la inversión, la que corresponde a maquinaria y equipo dentro de la
formación bruta de capital fijo es la que absorbe el mayor porcentaje, tanto
para cada empresa en particular como para la industria en general.

La evaluación del desarrollo tecnológico en el
sector manufacturero se hace a partir del análisis de la inversión productiva en
acervos y formación bruta de capital. En este análisis el concepto de desarrollo
tecnológico es muy restrictivo, y se refiere más al de incorporación tecnológica
que al de generación de tecnología en sí misma. En efecto, si partimos de la
hipótesis de que la inversión productiva, ya sea de adición o de reposición,
incorpora bienes de capital que por definición son más eficientes que los
existentes, ello implica innovación tecnológica al utilizar dichos bienes en el
proceso productivo.

La construcción de los indicadores para
analizar la inversión se hace tomando como información básica los acervos brutos
(ab) y la formación bruta de capital (fbc). El concepto de ab indica la
capacidad instalada (acervo) de la planta productiva, en tanto la fbc expresa el
flujo anual de inversión. En el caso de ab el análisis se centra en el
comportamiento tendencial, pues el acervo se refiere a la inversión acumulada en
el largo plazo, en tanto que la fbc expresa con mayor propiedad los cambios
coyunturales o de corto plazo en la inversión.

El proceso de acumulación de capital es, por
naturaleza, un movimiento de largo plazo, dado que los acervos se constituyen
con los activos que tienen un periodo de depreciación que cubre cinco años en
promedio, en tanto que las adiciones o disminuciones netas se contabilizan
anualmente en función de las condiciones específicas del mercado. Es decir, en
circunstancias de auge puede experimentarse una especie de fiebre inversora que
puede rebasar la capacidad de absorción del mercado para la nueva producción. Y
en un entorno de crisis, la contracción de la inversión puede superar el ajuste
normal esperado si la incertidumbre permea el ánimo inversionista más allá del
corto plazo, o bien en condiciones inflacionarias puede darse una depreciación
acelerada. Esta oscilación de la inversión en la coyuntura se subsume en él, y
le da sentido al, movimiento de largo plazo de la acumulación, el cual toma así
su carácter tendencial.

Los componentes de la fbc (construcción e
instalaciones fijas; equipo de transporte; mobiliario y equipo de oficina;
maquinaria y equipo de operación) tienen un efecto diferenciado en el proceso
productivo y, por tanto, en la incorporación de tecnología. En este sentido
destaca el componente de maquinaria y equipo, el cual es el de mayor efecto en
la innovación tecnológica en las actividades productivas; en tanto que en el
otro extremo el componente de mobiliario y equipo de oficina no tendría un
efecto significativo en este aspecto, ya que se trata de inversión orientada en
lo fundamental a los procesos organizativos, distributivos y de
comercialización.5

Así, al analizar la inversión en fbc en el
sector manufacturero en 1980-1993, se observa que el rubro de mayor importancia
por el monto gastado es el de bienes de capital (maquinaria y equipo), el cual,
en ese lapso, absorbió en promedio dos tercios de la fbc manufacturera, y en la
rama 54 en particular este gasto fue casi de 70% (véase cuadro A.7). Estos datos
muestran la importancia de este componente; sin embargo, para poder evaluar con
mayor precisión el dinamismo de la inversión se analizan los índices de volumen